Capitulo 2: Los días grises.
La gran gripe Española había azotado al mundo entero, miles de personas morían a diario, dejando los hospitales abarrotados de personas enfermas. Candy recibió un telegrama urgente de quien fuese un día su maestra, Mary Jane le rogaba regresar por un tiempo a la ciudad para ayudar con aquella crisis; las negativas de la familia dado al riesgo de contagio no se hicieron esperar, pero ella le era fiel a su voto de ayudar a los enfermos y tres días después partía hacia la ciudad dispuesta a dar todo de si, prometiendo a sus seres queridos cuidarse y escribir con frequencia.
Cedric le acompaño hasta la estación, tenía miedo de perderla, pero sabía que ella nunca aceptaría quedarse en casa mientras otros le necesitaban, beso sus manos y sus mejillas antes de verla partir hacía un destino incierto. Le había propuesto matrimonio en secreto tan solo dos semanas atras, y aún esperaba su respuesta.
En Lakewood rondaban las malas noticias, la tía Abuela Elroy había enfermado de gravedad debido a aquella espantosa enfermedad, fue trasladada al hospital central de Chicago, en donde Candy se encargaría de cuidarla hasta su ultimo respiro unas semanas después
-Candy, hija, perdoname por tanto mal causado- rogaba la mujer
-Tía no hable mas, usted siempre quiso lo mejor para mi-
-Niña, tu siempre tan buena, mi Anthony tenía razón en amarte tanto, y espero encontrarme con él en el cielo para contarle lo hermosa que eres-
-No diga eso tía, usted se va a recuperar y regresara a casa con todos nosotros, yo le prometo visitarle mas seguido y portarme como una dama-
-Candy, mi dulce niña, se que pronto morire, soy vieja y ha llegado mi hora de partir-
Candy lloraba amargamente cada vez que aquella mujer que tanto le desprecio en el pasado le pedía perdón, no era facíl ver morir a las personas. Se acerco a la mujer y beso su frente con ternura
-Vallase tranquila tía, que todo esta perdonado (sollozos) y cuando este en el cielo con Anthony y Stear digales que los amamos mucho todavía igual que a usted siempre le amaremos-
La anciana cerro los ojos y murió junto a su nieta adoptiva y su sobrino Albert quien lloraba en un rincón del cuarto.
Aquella fatidica epidemia afectaba todos los rincones del país, en New York un afligido Terry miraba como Susana perdía lentamente a su madre. Las cosas nunca fueron faciles entre ellos después de aquel accidente, el había prometido casarse con ella, pero evadía su responsabilidad a toda costa; Susana sabía bien que el no dejaba de pensar en aquella rubia llamada Candice White-Ardley, era consciente de que su egoismo era la causa de su separación, pero no supo perderlo, no supo comprender en aquel momento que su amor enfermo nunca sería correspondido, y ahora su madre, la unica amiga que jamas tuvo estaba muriendo sin remedio. Susana se había convertido en una persona debíl, siempre dependiente de los demas, siempre dispuesta a recibir las migajas que le daba Terry por no dejarle ser feliz con quien realmente le merecía, ella quizá ya no le recordaba, pensaba la chica dandose fuerzas con cada nuevo insulto recibido; su madre le había rogado desistir de aquella locura en la que ella fue complice, pero su hija no parecía comprender, estaba cegada por la obsesion que sentia por aquel hombre de ojos profundos.
Terrence Grandchester se había convertido en un actor reconocido, miembro de la empresa mas presitigiosa de aquella época, se presentaba en las tablas de toda America y Europa; su madre era su refugio al dolor que aún le quemaba las entrañas, ella quien con tanto desprecio había tratado en el pasado, le abrio las puertas de su casa para siempre. Las cosas con su familia en Londres eran casi las mismas, el duque después de ver a su hijo dar todo por amor, le busco por largo tiempo hasta dar con él en aquella ciudad, empezaban a limar sus asperezas con el pasar de los años, compartiendo cartas ocasionales, contandose de sus vidas, la familia del Duque todavía odiaba al hijo bastardo, por lo que Terry preferia no visitar a su padre cuando viajaba a Inglaterra.
En su mente siempre estaba Candy, aquella chica revoltosa que le había hecho conocer el amor, era poco lo que sabía de ella, Candy era feliz, pensaba con frequencia, pero acaso pensaría todavía en él?: A Susana le despreciaba con el alma, se había propuesto llevar a cabo el matrimonio, pero decidido a no dejarse llevar por la desdicha que dejo a su madre herida de por vida, deshizo el compromiso tan solo unos meses después. Siempre quiso buscar a su amada niña de ojos esmeralda, pero la ultima conversación con Albert muchos años atrás le había hecho desistir, ella merecía ser feliz, y el no era mas que un cobarde que no supo luchar por ella, era mejor no volverle a ver.
Aquella tarde estaba en el hospital por insistencia de Susana, sabía que estaba sola y que su madre era la unica persona en el mundo para acompañarle, le causaba lastima y asco a la vez, verla postrada en aquella silla de ruedas, pretendiendo dulzura, pero Terry tenía un gran corazón y no podía dejarla sola en un momento como ese a pesar de no haberle visto en poco mas de un año.
Eleanor y él acompañaron a la chica al funeral de su madre unas semanas después, Susana estaba desolada e irremediablemente sola, aquello ultimos días habían confirmado su peor temor, Terry, por mas que luchara nunca sería suyo; acabado el funeral de su madre se dejo caer sobre su cama, el pequeño apartamento que compartía con ella estaba oscuro, y la mucama se había marchado ya. Susana se incorporo con dificultad y se arrastro hasta la silla a la que había sido confinada años atrás, fue hasta la habitación de su difunta madre y saco unos cuantos objetos de su boudoir, seguido de una enorme botella de Brandy reservada para sus exclusivos invitados, tomo entre aquellas cosas una libreta en la que solía escribir poesia mientras bebia con grandes embestidas de la botella
Querido Terrence,
Mi madre se ha marchado para siempre y mi corazón con ella, he de irme yo ahora, ella me espera al lado de mi padre en un hermoso jardín de azaleias, con ellos espero encontrar paz, lo lamento tanto Terry, debí haber sido comprensiva, desde aquella vez que te ví con los ojos cargados tocando tu armonica, aquella bella melodía que yo supe de inmediato era para quien amabas, pero no quise entender, no quise aceptar que no eras mio.
Se que he sido yo la causante de muchas de tus lagrimas, y por ello te pido mi mas sincero perdón, pero antes de despedirme quiero pedirte que la busques, se que la amas, con la misma locura que cuando te conocí, no pierdas la fe, los años han pasado pero se que aún puedes ser feliz. Te vi llorar muchas noches por ella, y hoy aunque tarde, me arrepiento de haber sido tu mas cruel verdugo, se que me odias y yo no puedo mas que comprenderlo, pero ve y busca a esa chica, busca a Candy, ve y encuentra la felicidad que yo te arrebate.
Querido Terry, te amo con locura, pero se que nunca serás mas que esta ilusion que me he creado, y hoy te dejo libre, no mas cartas, no mas llamadas, no mas lastima, solo quiero que busques en ti un poco de perdón para mi. Me alejo de tu vida, no puedo regresarte estos años que has perdido a su lado por mi culpa, pero he prometido no llorar mas, he prometido irme y encontrar allí un recuerdo calido de tus ojos, de tus manos tersas, de como un día me llamaste Susie, te quiero, te amo, y por eso quiero que seas feliz con ella, yo te cuidare desde donde este, velando porque tus sueños se hagan realidad.
Siempre tuya, Susana Marlowe.
Terry recibió la carta de Susana casi una semana después de su muerte, estaba en casa de su madre cuando un hombre le entrego el sobre de tonos nacar. No supo que pensar de aquella que tanto daño le había causado, pero de sus ojos brotaron dos grandes lagrimas, no por amor, ni por odio, sino porque en ese momento en su alma se liberabán las cadenas de la culpa que no le dejaban vivir en paz.
Susana Marlowe, quien una vez fue la gran promesa de Broadway se había suicidado en su casa después de la muerte de su madre. Anunciaba el periodico que Albert leía aquella mañana, la joven actriz que en un accidente perdió su pierna, utilizo el revolver que una vez perteneciera a su padre William Marlowe y de un disparo en la sien acabo con su vida, es una pena ver partir a una joven tan hermosa. Esperamos ver la respuesta de quien fuese su prometido el también actor Terrence Grandchester. Aquella nota era amarillista y de mal gusto, pero Albert no salía de su impresión, justo ahora que Candy había encontrado a alguien capaz de hacerla feliz, el bien sabido amor de su vida era libre de nuevo; Albert sabía bien que aquel compromiso había terminado muchos años atrás, el mantenía contacto con Terry a pesar de todo, pero era acaso lo correcto contarle a Candy aquella noticia, que pasaría con Cedric; el joven rubio inclino la cabeza sobre el escritorio, la felicidad de quien mas quería dependía de muchas cosas ahora y el no estaba seguro de que hacer.
