Capitulo 4: Una visita inesperada.
Albert tomaba una taza de café sentado en su escritorio, todos se habían marchado, pero él necesitaba terminar unos documentos antes de regresar a Lakewood; desde la muerte de la tía Elroy trataba de pasar mas tiempo refugiado en su oficina, la casa estaba sola y triste sin ella y los muchachos.
Despejo su mente un poco sorbiendo de su humeante taza cuando alguien tocó a su puerta
-Señor, hay una dama afuera que dice es urgente hablar con usted- Dijo el cuidador
-Sabes quien es?- Pregunto Albert mirando su reloj, eran pasadas las seis de la tarde
-Si...si señor es la Señora Eleanor Baker, la actriz-
-Dejela pasar- Albert estaba sorprendido con aquella visita, sabía bien quien era, la madre de Terry.
La elegante dama subió las escaleras del despacho con rapidez, esto era impulsivo pero su corazón le dictaba con cada paso que hacía lo correcto. Albert le esperaba junto a la puerta, impaciente por saber las razones de aquella visita.
Se sentaron en su despacho, uno frente al otro, sin decir una sola palabra por algunos instantes hasta que Eleanore respirando profundamente se decidió de una vez por todas a soltar la verdad
-Vengo a hablarle de mi hijo Señor Ardley-
-Puede llamarme Albert, Terry es un gran amigo, acaso le ha sucedido algo malo?-
-No en realidad, pero, si es muy importante-
-Adelante señora, puede decirme que pasa-
-Eleanore, por favor, llámeme Eleanore- Dijo la dama sonrojada
-Digame Eleanore en que le puedo ayudar-
La expresión de Albert se fue deformando al escuchar el relato de la mujer que sentada frente a él parecía quedar sin aliento, estaba nerviosa, sus manos se movian torciendo un pañuelo a cada instante y su rostro sonrojado le delataba aún mas
-Aquí estan las cartas, si gusta leerlas- dijo ella
-No creo que sea necesario, estoy seguro del amor que siente su hijo y...- Albert se detuvo a pensar por un segundo. Era acaso correcto decirle a Candy, él bien sabía que a pesar de su silencio, todavía amaba a Terry con locura
-Gracias, mi hijo le tiene gran aprecio, y se que usted es la persona que adopto a Candy-
-Así es, ella es mi hija adoptiva pero también mi amiga, por eso no se si es correcto...que...-
-Le ruego, como madre, que considere lo que le he pedido, mi hijo, él, yo, quiero verlo feliz de nuevo-
-La comprendo Eleanor, yo no quisiera mas que ver a Candy dichosa-
La mujer le sonrio dulcemente, algo en ella le hechizaba, le recordaba la manera de implorar de su hermana que hacía tantos años había muerto, pero eso no cambiaba las cosas, Candy estaba dejando atrás su doloroso pasado, el haber perdido a Terry; desde que había regresado de Chicago, exhausta de los meses que trabajo sin parar, había retomado su vida en el hogar, era acaso lo mejor perturbar esa paz con aquellas cartas que ahora quemaban su mano?.
-En este momento no puedo mas que prometer que tomare una decisión antes de que usted y Terry partan a Esocia-
-Gracias, de mil formas gracias Albert, le aseguro que yo también tengo miedo, mi hijo no sabe nada de esto, de las cartas, de mi presencia en este lugar, pero, era lo correcto, lo se-
Albert no pudo mas que asentir con la mirada aún perdida en sus pensamientos, se despidíó de ella con cortesía, su hijo y ella partían en menos de diez días y debía tomar una decisión.
Después de aquella visita le fue imposible concentrarse de nuevo en el trabajo, salio de la oficina llevando consigo las cartas de Terry; condujo sin prisa por los serpenteantes caminos que le llevaban a la mansión; la casa estaba en silencio, el servicio estaba reunido en la cocina cenando, así que subió a su cuarto para tomar una ducha fría.
Mientras tanto Eleanor trataba de disimular mientras peparaba una sencilla cena para ella y su hijo quien estaba en el teatro, deseaba con el alma que aquel amable hombre le hubiese escuchado, en su pecho estallaba una tormenta de sentimientos, quería mas que nada que Terry recuperara su sonrisa.
Albert bebía una copa de Coñac mientras caminaba por el jardín de las rosas, la noche había caido y el aire frío se colaba bajo su ropa haciendole temblar un poco, Candy estaba en su mente, ella y aquella maldita petición que le comprometía, sabía que lo correcto era callar, dejar todo en el pasado y permitirle a su amiga continuar con su vida, pero, una voz conocida en su cabeza imploraba equivocarse, entregar aquellas cartas y dejarle tomar a ella las riendas de su destino.
La fecha del viaje estaba cerca y Eleanor aún no recibía noticias de Albert, había empezado a perder las esperanzas, temiendo que su silencio fuera la perdición de su hijo; las maletas estaban preparadas, al igual que los boletos, pasaportes y todo aquello necesario, estarían un mes en Esocia aproximadamente.
El teléfono sonaba sin cesar en la sala de estar, ella sacudío su cabeza y atendío sin prisa
-Residencia Baker-Grandchester diga?-
-Eleanore, es Albert- Sus ojos se abrieron de golpe, el momento que habia esperado llegaba
-Si, lo escucho Albert-
-Quiero que sepa que he decido faltarle a mi cordura- Ella respiro alterada -Este fin de semana entregare las cartas a Candy-
No pudo decir mas, sus ojos dejaban caer largas lagrimas de alegría, su hijo sería feliz de nuevo, estaba segura.
