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Las Fuyoshis
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En clase de matemáticas, Daisuke tiró la goma de borrar con el codo. Al darse cuenta de su torpeza dio un respingo. Se agachó a recogerla, pero en el puesto a su costado estaba Hiroshi, que al verlo también se le adelantó cogiéndola primero. Daisuke la recibió con la mano extendida y un rápido gesto de agradecimiento.
Y los ojos de ambos amigos se encontraron, con sus dedos unidos por la pequeña goma que cogían por los extremos. Un resplandor, como una tímida campanada, envolvió como un halo el suave roce apenas disimulado por la pequeña goma. La brisa cálida de primavera entró meciendo las cortinas y los cabellos de ambos muchachos se balancearon enroscándose de manera inusual, con puntas más estilizadas. Sus rostros acentuaron una belleza más viril y delicada, embellecidos por la tenue luz que rodeó sus siluetas en contraste a la oscuridad que envolvía al resto del salón, como si los demás hubieran dejado de existir en su íntimo mundo. Los labios de ambos se movieron tímidamente. ¿Susurraron sus nombres, o sus auténticos anhelos contenidos por tantos meses, años, desde que se conocían? Daisuke, más tímido, tartamudeó. Hiroshi, dominante, afiló los ojos siendo incapaz de ocultar la determinación y el deseo de un impulso que…
—¿Qué están mirando? —preguntó Daisuke extrañado.
Hiroshi arqueó las cejas.
Tras ellos y también sentadas juntas, Sayuri y Yuka los miraban como hipnotizadas. Se encontraban sonrojadas, sorprendidas, violentadas por esa pregunta que pareció agitarlas como si hubieran reventado un globo dentro de sus corazones con una aguja.
—N-No es nada…
—Métanse en sus asuntos, chicos.
Ante el regaño y la mala cara de las chicas, ambos amigos se encogieron de hombros. Murmuraron un «quién entiende a las chicas», y volvieron a sus cuadernos.
Yuki se sonrió, Sayuri también, e intercambiaron cómplices miradas. Antes de contener un murmullo, como un ahogado grito de emoción, ocultándose tras sus textos de clases.
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