.

.

Una rápida

.

.

Kuno giró y se sentó en el borde de la cama, dejando que la sábana enrollada sobre sus muslos fuera lo único que cubriera la parte baja de su desnudo cuerpo, con la espalda inclinada, la cabeza baja, las manos juntas y los ojos perdidos en el piso.

Nabiki se sentó lentamente cubriéndose el pecho con el otro extremo de la sábana, y lo miró enfadada.

—¿Ya?

.

.