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Receta casera
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Era de noche en casa de la familia Tendo. Un ruido se escuchó. Parecían pasos como de pies descalzos, cortos, rápidos y silenciosos. Cruzó la sala con una práctica de años, apenas en penumbras se deslizó evitando chocar con la mesa y continuó hasta el otro extremo, por el pasillo que guiaba hacia la salida, pero antes, se encontraba la puerta de la cocina donde se metió. La luz se encendió iluminando con un corte en diagonal el oscuro pasillo.
—¿Kasumi? —preguntó Nodoka en su yukata de noche, mirando a la muchacha desde la puerta de la cocina—, ¿qué haces levantada a estas horas?
—¡Tía Nodoka! —giró asustada, y en ese momento dejó caer varias botellas de detergente, lavalozas, limpiavidrios, jabón en polvo para la ropa—. Yo…
—Querida, ¿es que pretendías hacer la limpieza a estas horas? —Nodoka guardó silencio llevándose el dedo a los labios al ver aquello que Kasumi tenía enrollado y arrugado contra su vientre—. Oh…
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Ambas mujeres se encontraban sentadas en torno a la pequeña mesa de la cocina, vistiendo ropas de dormir y un poco despeinadas. El lejano ruido de un perro ladrando fue lo único que las distrajo haciéndolas mirar hacia la pared. Volvieron la vista al frente a la pequeña tela blanca y traslúcida que se encontraba entre ellas. Kasumi miró a su tía y tímidamente la evitó inclinando el rostro.
—Entonces, querida, manchaste el velo de tu vestido de novia.
Kasumi asintió silente.
—Y querías limpiarlo.
Asintió nuevamente, temblando como una pequeña avecilla empapada bajo la lluvia.
—¿Y por qué a estas horas?
Nodoka tomó el velo arrastrándolo hacia su lado. Kasumi pareció querer negarse a que lo viera, pero no pudo pronunciar palabra.
—Kasumi, querida, los accidentes suceden. No tienes que avergonzarte. Comprendo que te emociones con tu matrimonio y no pudieras evitar jugar con tu vestido, no debes sentirte mal si lo ensuciaste por accidente. ¡Hasta te pareces un poco a Akane ahora!... Oh, no, querida, no temas, que no existe mancha que no pueda sacar —Nodoka deslizó el dedo sobre la mancha en el velo—. ¿Qué es esto? Parece que fuera algo pegado a la tela.
—T-Tía Nodoka, ¡no lo toque!
Demasiado tarde, Nodoka le pasó el dedo. Se quedó quieta, estupefacta, mientras que Kasumi palideció. Entonces Nodoka hizo algo que le provocó a la muchacha tal miedo como si ya no sintiera latir su corazón. Acercó el velo con la mancha seca a su nariz y la olfateó. Una vez, dos veces. La tercera vez fue una respiración larga. El rostro de Nodoka mutó a sorpresa, después enrojeció un poco mirando a la muchacha.
—K-Kasumi, oh, querida, esto es…
—¡Por favor, tía, se lo ruego, no le diga a nadie!
—Ah… bien, ahora lo comprendo todo —Nodoka tosió un poco nerviosa intentando calmar el candor de su rostro—. Querida, no te avergüences, los jóvenes son jóvenes después de todo, no tiene nada de malo que tu novio y tú… después de todo, la pasión es… un elemento más de la vida íntima y… bien… estas cosas… pasan… de alguna manera… y… ¿Por qué no le pediste ayuda al joven…?
—¡Él no tiene que saberlo!
Kasumi casi se levantó golpeando la mesa. Ante la mirada espantada de su tía volvió en sí, dándose cuenta de lo que había dicho, y se dejó caer en la silla cubriendo su rostro con ambas manos al borde del llanto. El labio inferior de Nodoka tembló violentamente. ¿Por qué esa niña no quería que su novio se enterara, si él fue el culpable de…? ¿O no, no fue su novio…? ¿Entonces Kasumi…? ¿Y esa mancha no era de…? ¿Sino que de…?
—Oh, Kami…, Kasumi, ¿no me digas que tu novio no lo sabe?
Kasumi no sabía dónde meterse en ese momento. ¿Cómo explicarle lo que sucedió cuando sus amigas la arrastraron a esa despedida de soltera? ¿Lo que pasó después con…? ¿Cómo?
Nodoka tosió con solemnidad. Más calmada se sonrió. ¡Qué juventud!
—Si usas cualquiera de esos productos lo arruinarás. Tienes que usar solamente agua y jabón, con mucha delicadeza para no dañar la tela, usa un cepillo de dientes y en unas horas estará seco y como nuevo para el matrimonio.
Kasumi abrió los ojos, recobró el color en las mejillas con mucha intensidad cuando alzó el rostro.
—¿Tía?
—No, no, niña, no me mires así, que todos fuimos jóvenes alguna vez. ¿Qué, no me crees que funcione? Pues lo probé yo misma una vez —agregó la señora Saotome sin dejar su seriedad maternal a pesar del color de su rostro—, ¿o no te conté lo apasionado que era el padre de Ranma?... Pues, también manché mi kimono nupcial de la misma manera, querida.
—¿Es verdad, tía Nodoka?
—Sí, querida, es verdad. ¡Qué vergüenza confesarlo tras tantos años! Te comprendo, este será nuestro secreto —Nodoka se levantó lentamente de la mesa y se dirigió hacia la salida—. Recuerda, querida, solo agua y jabón.
La joven parecía aturdida todavía por lo que estaba sucediendo, y apenas murmuró.
—Oh, tía, nunca imaginé que el tío Genma y usted… antes del matrimonio…
—Querida, ¿quién te dijo que fue Genma el que manchó mi kimono nupcial?
—¿Pero, tía, no dijo que…?
—¿El padre de Ranma? Sí, querida, él era muy apasionado, realmente apasionado.
Le cerró un ojo a la confundida joven y se fue.
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