Hola a todos.

Este fic participa de la actividad ¡Escribe si puedes!" para el 4 Aniversario del foro I am sherlocked"

Dedicado para Violette Moore.

Primer Prompt.- Sin Dolor No Hay Ganancia.


VEINTICUATRO HORAS

Por

Adrel Black


III. Dieciséis Horas Antes

Empezaba a sentirse enfermo a causa del tabaco, colillas de cigarro tapizaban el suelo del salón. Luego de haber dado cuenta de la cajetilla que estaba bajo el cráneo se había fumado la que guardaba en la zapatilla árabe, la de detrás del cuadro del cráneo y la que escondía detrás del espejo. Fue con una colilla en la boca, la habitación en penumbras y el ambiente sumergido en humo de cigarro como la Señora Hudson le encontró alrededor de las ocho.

—Sherlock, mira el desastre que has hecho.

Él apago el cigarrillo en el tapete de la sala provocando una quemadura circular.

—Sherlock, querido estás bien.

—Estoy perfectamente Señora Hudson.

—Escuché como le gritabas al hombre que vino hace unas horas.

La mujer dejó la charola que llevaba en las manos en la mesilla de centro y abrió las ventanas para disipar el humo, luego encendió las lámparas que arrojaron su luz amarillenta a la estancia.

—Te ves horrible, querido.

Sherlock levantó la vista hasta su casera, esa mujer que le había pedido su ayuda cuando estuvo desesperada hacía años, allá en Estados Unidos, la mujer que le había abierto las puertas de su casa cuando él lo necesitó, que había accedido a cobrarle una renta irrisoria y que le toleraba todas sus futilezas y excentricidades.

El detective se sentó en el sofá, tenía el cabello revuelto, el saco desabrochado y torcido y la camisa desfajada.

La mujer le acercó una taza de té y un par de pastas diminutas. Luego muy despacio hizo a un lado la charola y se sentó en la mesa, no era nada propio de ella, pero aun así quería estar junto al chico. Claro que ya no era un chico y mucho menos, era un hombre en toda la extensión de la palabra, pero para ella siempre sería el chico listillo de cabello indomable que le había ayudado.

Buscó las mejores palabras que expresaran lo que necesitaba decir y rogó a Dios que fueran esas mismas palabras las que Sherlock necesitaba escuchar.

—Cuando conocí al Señor Hudson, —Sherlock que de forma habitual le interrumpía en cuanto ella comenzaba a hablar estaba silencioso —yo sabía que lo nuestro era absurdo.

Sherlock se llevó el té a la boca, pero no probó las pastas, el olor a cigarro se le había pegado a los huesos e inundaba tanto su nariz como la de la Señora Hudson. El simple sorbo de la infusión hizo que su estómago se resintiera, pero después de tanto tabaco agradeció tener algo con que humedecerse los labios.

—Yo estaba muy segura de que no duraría, éramos muy diferentes, él era un mujeriego y yo habría sido una tonta si no hubiera sabido que aquello no iba a cambiar. Siempre he dicho a todo el mundo que no sabía a lo que él se dedicaba, pero por Dios, los autos nuevos, la ropa cara, los viajes, las casas, era claro que había algo turbio en sus negocios.

Aun así me gustaba el glamour de toda aquella vida, la sensación de vértigo —el hombre levantó la vista hasta ella los ojos se le veían hundidos, a ella le dio la sensación de que deseaba llorar y no podía. —Luego me llevó a Florida y tuvimos grandes días —los ojos de ella ya no buscaban los grises del detective sino que se habían perdido en la lejanía de los recuerdos —la playa el calor, los bikinis, —ella soltó una risilla y el medio le sonrió —los bares abrían toda la noche y el Señor Hudson siempre olía delicioso. Pero como siempre debe de ser a los días buenos le siguen días malos; y como mis días buenos los debía a malas causas mis días malos fueron terribles. Me di cuenta entonces de todas las otras mujeres y luego él me obligó a… —ella frunció el ceño ante aquel recuerdo —bueno… tu sabes sobre los bailes exóticos. Y los asesinatos.

— ¿Por qué me está contando todo esto, Señora Hudson? —la voz de Sherlock salió rasposa a causa del humo del tabaco.

La Señora Hudson le acarició la mejilla.

—No me arrepiento de lo que hice, fue bueno y malo a la vez, pero no me arrepiento Sherlock porque vi y viví montones de cosas. Me aferré y pagué las consecuencias, pero creo que si algo es lo suficientemente bueno, valen la pena las consecuencias. Al final de cuentas sin dolor no hay ganancia.

Se puso de pie y dejó un beso en la frente a aquel al que quería como a un hijo.

—Tal vez algunas veces debemos estar dispuestos a pagar el precio a cambio de tener algo realmente bueno en nuestra vida. Y John y tú, juntos, es bueno. Bueno para ti y bueno para él.

La mujer le regaló otra sonrisa triste antes de salir del salón.


La Señora Hudson es muy sabia ¿cierto?

Adrel