Hola a todos.
Este fic participa de la actividad ¡Escribe si puedes!" para el 4 Aniversario del foro I am sherlocked"
Dedicado para Violette Moore.
Primer Prompt.- Nunca Creeré Lo Que Acabo De Oír.
VEINTICUATRO HORAS
Por
Adrel Black
V. Ocho Horas Antes
Intentó huir del auto negro durante horas, caminó entró a un par de edificios abandonados, y caminó más, pero el auto seguía saliéndole al paso a cada momento. Podría quedarse simplemente en una azotea, pero cerca de las cuatro de la mañana ya no deseaba huir. Calado hasta los huesos, con el cabello goteante y los uñas de las manos tomando un color leve azulado, se rindió y entró al auto.
— ¿Se puede saber a dónde voy? —vociferó Sherlock al teléfono en cuanto Mycroft descolgó.
—A un lugar seguro.
— ¿Qué significa eso?
—Has estado vagando toda la madrugada Sherlock, irás con alguien de confianza que te mantenga quieto mientras la hora de la boda llega.
—Oh. —Sherlock no necesitaba más pistas. Confirmando sus sospechas el auto enfiló un camino conocido para el detective. —Ya que tú no puedes controlarme me mandas con tu niñero de confianza.
—El inspector Lestrade está esperándote.
Y así era en cuanto el auto se detuvo en la puerta Lestrade salió del edificio de departamentos donde se había radicado luego de su divorcio.
Sherlock anduvo el camino hacia el interior junto al hombre de Scotland Yard rumbo a un departamento pequeño pero confortable con un leve aroma a café y tabaco que a Sherlock se le antojó tibio.
Lestrade sin una palabra le acercó una toalla y una manta. Luego le dejó una taza de café humeante en el diminuto desayunador y se alejó un poco para hablar por el móvil.
—Sí, ya está aquí. —Un silencio. —No te preocupes cuidaré de él —otro silencio —de acuerdo.
—Dando cuentas al amo —le dijo Sherlock con sarcasmo sentándose y tomando el café, las manos al momento recuperaron un poco de temperatura, Greg por su parte se sentó al otro lado.
—Tu hermano fue quien te envió aquí, él sabe perfectamente que llegaste. —Luego aclaró: —no, Molly se quedó muy preocupada cuando te fuiste de Sant Barts, por tu aspecto y con la lluvia que está cayendo, me llamó y me pidió que le avisara si venías por aquí.
Sherlock no dijo nada y bebió un sorbo, un escalofrío le recorrió al sentir el contraste de la infusión caliente con su cuerpo aterido por el frío.
El moreno no dijo nada.
— ¿Quieres comer algo?
—No, Lestrade.
— ¿Cuándo comiste por última vez?
—Ayer por la mañana, John y yo desayunamos juntos antes de ir por los trajes.
—Hace casi veinticuatro horas de eso, Sherlock.
—Lo sé.
— ¿Y qué harás?
—Todos preguntan eso, —retobó Sherlock —que se supone que debo hacer, no puedo dar para atrás el tiempo, John va a casarse en ocho horas Lestrade, yo debo acompañarlo mientras espera a la mujer con la que va a casarse junto al altar, debo ponerme de pie a su lado en la mesa y hablar sobre lo feliz que estoy de que se quede con ella, de que se acueste con ella, de que tenga hijos, familia, perros, deudas, todo con ella.
—Nunca creeré lo que acabo de oír. —Luego medio sonriendo dijo: —Yo me preguntaba si comerías algo —dijo Lestrade mientras se aclaraba la garganta, Sherlock le miró, parecía muy mortificado por el desliz. —Pero ya que mencionas a John… —Sherlock se mordió los labios, sin decir una palabra. No quería que nada más escapara. —Puedes decir lo que quieras, te garantizo que no mencionaré a nadie jamás esta plática.
— ¿Sabías que cuando los tiradores de Moriarty amenazaron con matar a John, también te matarían a ti y a la Señora Hudson?
Lestrade frunció el ceño, Sherlock podía ver el cerebro del inspector trabajar intentando descubrir lo que aquello quería decir, aunque por su mirada no estaba llegando a nada.
—A lo que me refiero —aclaró Sherlock —a que Moriarty sabía lo importantes que ustedes tres son para mí. —Lestrade asintió —no sé porque estoy aquí.
—Porque necesitas hablar con un amigo y yo soy tu amigo, Sherlock.
—Quiero ir a otro lugar. No te ofendas, —murmuró el moreno —es solo que quisiera hablar con alguien más.
—Que hables es bueno.
—Pero es alguien que está lejos…
—Tengo un auto —le dijo el hombre mientras se estiraba y alcanzaba desde su silla un juego de llaves colgado a su lado izquierdo.
—Serán un par de horas de camino.
—Y tengo tiempo… —Lestrade le sonreía, Sherlock asintió.
Ambos hombre abandonaron el departamento cuando pasaban de las cinco.
Amo a Lestrade. Todos en el mundo deberíamos tener un amigo como Greg.
Adrel
