Ranma ½ desafortunadamente —para ustedes— no me pertenece. Fufufu…
.
.
.
.
Caperucita Escarlata
.
.
.
Había una vez una chica llamada Caperucita Escarlata.
—Esa soy yo —dijo Caperucita Escarlata apuntándose con un dedo.
La llamaban así porque…
—La gente me llama Caperucita por mi caperuza.
Tiró de los bordes de su caperuza de color…
—De color escarlata es mi caperuza y también mi bonito vestido corto —posó coquetamente extendiendo los bordes del vestido—, también lo son mis delicados zapatos de charol.
Es por eso que…
—Por eso la gente del pueblo me llama Caperucita Escarlata.
Pues gracias «por ayudarme a hacer mi trabajo».
—De nada, fue un placer —respondió honestamente, la muy ingenua y despistada chica, que no entendía una ironía.
—¡Caperucita Escarlata! —llamó la madre de Caperucita, la siempre sonriente aunque tan joven que más parecía ser su hermana mayor—. ¡Caperucita Escarlata! ¿Dónde estás?
—¡Voy, mamá tan joven que más pareces ser mi hermana mayor, siempre alegre y servicial!
Caperucita Escarlata dejó de recoger flores y corrió a las puertas del dojo sobre la colina donde vivía.
—Aquí estás, Caperucita Escarlata, que vive en nuestro dojo sobre la colina. ¡Oh, y qué bellas flores! —exclamó la muy alegre madre con una mano en su mejilla, que más parecía ser la hermana mayor de Caperucita, siempre muy alegre y servicial.
—¿Verdad que son bellas?
—Lo son… ¡Oh!, Caperucita Escarlata, casi me olvidaba. ¿Podrías hacerme un pequeño favor?
—Por supuesto, querida mamá tan joven y bella que más pareces ser mi hermana mayor por apenas tres años, y que siempre estás alegre y eres muy servicial. ¿Qué necesitas?
—Mi querida y también servicial hija, de buen corazón pero de orgullo duro como una montaña, que además pareces ser mi hermanita menor por apenas tres años y que vive en nuestro dojo sobre la colina; aunque es un poco extraño que haya un dojo sobre una colina cerca de los Alpes. Necesito encarecidamente que lleves comida a tu abuelita.
—¿Cómo dices, querida mamá que apenas te ves como si fueras mi hermana mayor?... ¿Llevar comida a mi abuelita, que vive en una solitaria cabaña en lo más profundo del bosque?
—Así es, Caperucita, necesito que lleves comida a tu abuelita que sospechosamente vive sola en una cabaña en el bosque, donde todo es más oscuro y peligroso.
—Ah… ¿O-Oscuro y p-peligroso?
—Oh, mi querida hija, no debes temer, pues no está tan lejos la casa de tu abuelita que misteriosamente también aparenta menor edad que yo y apenas un año mayor que tú, y que vive sospechosamente en lo más profundo del bosque.
—¿No lo está, querida mamá tan joven que nadie comprende el por qué no aparentas mayor edad, y por lo que en el pueblo las mujeres pasan comprando los ungüentos milagrosos de la abuela, que también se ve tan joven que hasta parece menor que tú, sin saber que en realidad les vende lodo del bosque mezclada con orina de…?
—¡Ah, caperucita, que vives en nuestro dojo, con el temperamento de una tormenta y el orgullo inamovible de una montaña de los Alpes!, ¿no te he dicho que no digas esas cosas de tu abuelita?
—¡Pero es verdad!...
—Después discutiremos eso, mi querida hija a la que no puedo enseñar a no pensar mal de su abuelita. Ahora debes llevarle la comida.
—¿Por qué debo ir yo, querida mamá que más te pareces a una hermana mayor por apenas tres años, tan dulce y bondadosa, y que extrañamente deseas enviar sola a tu hija única, al bosque, para llevar comida a mi sospechosa abuelita, dónde todo es… es muy… p-peligroso y muy o-oscuro?
—Mi hija querida, Caperucita Escarlata, que te dice así la gente del pueblo porque vistes caperuza escarlata, femeninos zapatitos de charol escarlata y un lindo vestido escarlata, y que debo repetir me parece inapropiadamente corto para tu edad porque ya no eres precisamente una pequeña, que más pareces una hermana menor para mí por apenas tres años, que vive el dojo en lo alto de la colina muy cerca de los Alpes, a la que no puedo enseñar a no hablar a espaldas de su abuelita, la que es extrañamente tan joven que parece menor que yo, y que vive en lo más profundo del bosque… —suspiró la joven madre de Caperucita, con el cabello castaño un poco revuelto, tras decir lo que yo iba a explicar primero de no ser por… Y tomó una profunda bocanada de aire para continuar—, ¿por qué temes ir a casa de tu abuelita, que no queda tan alejada a pesar de encontrarse en lo profundo del bosque de «Aokigahara Dzyukai», más allá de la «ciénaga de los muertos», vadeando el lago junto a ese bonito pueblo pesquero llamado «Innsmouth», allí donde en el centro de las aguas está la encantadora «isla de las muñecas abandonadas», por el sendero a los pies de «Los picos gemelos», cruzando por frente a ese lugar de nombre tan raro… ¿«área cincuenta y uno» se llamaba?, pasando por el cruce del camino a «Hashima», frente a «la iglesia de Lukova», que guardan con tanta ternura a esos pobres muertos en tan acogedoras catacumbas, poco antes del «mercado mágico de Akodessewa» donde tu abuela va de compras cada sábado, y de «la colina de las cruces», en que la vista es tan hermosa desde «el puente de Overtoun», además de estar cerca de la atractiva cueva de «Actun Tunuchil Muknal»?
—Ah…
El rostro de la «valiente Caperucita» perdió tanto color, que en contraste con su caperuza escarlata, ella parecía ya una deliciosa porción de cheesecake de frutos rojos. Entonces reaccionó respondiendo a su madre…
Reaccionó…
Y reaccionó…
Ella reaccionó…
Demonios.
¡Y Caperucita reaccionó preguntando si alguien podía acompañarla!
—¡Ah! ¡Ya! Eso… Digo, mamá que quieres enviar a tu hija única a ese feo bosque, ¿no podría…? Pues… que yo… yo…
Caperucita preguntó «¡si-alguien-podía-acompañarla!»
—Eso, digo… —tosió todavía temblando la «valiente Caperucita Escarlata» —¿P-Pero no debería acompañarme a lo menos un cazador del pueblo, querida y compasiva madre que más te pareces a una hermana mayor para mí por muy pocos años; y que sabes muy bien no soy ninguna miedosa, ni nada parecido, pero que aun así sería imprudente de enviar a tu única y adorable hija, o sea yo, a un bosque alejado, peligroso y muy, pero muy oscuro?
Bosque tan oscuro, no sabía la chica, que además aparecían fantasmas incluso de día… Y Caperucita Escarlata dio un grito ocultándose tras su madre, hasta que ella la miró preocupada y la niña volvió a su lugar frotándose los brazos con desconfianza. Su madre respondió con tierna paciencia.
—Oh, vaya, mi querida hija. Me encantaría poder hacerlo, pero hay un problema, ¿pues te recuerdo, Caperucita Escarlata, que eres la más fuerte del pueblo aledaño a la colina donde está el dojo, aunque no debería saber lo que es un dojo porque vivimos en los Alpes, que todos los cazadores del pueblo se encuentran hospitalizados tras haber pedido tu mano en matrimonio?
—¡Esos pervertidos de la aldea aledaña a la colina donde se encuentra el dojo en el que vivimos, ellos se lo buscaron!... ¿De dónde sacaron que me casaré con uno de ellos si me derrotaban? ¡Jamás ofrecí cosa semejante!
—Y por eso, Caperucita Escarlata… que vive… y pareces… colina… —la madre de caperucita tomó otra larga bocanada de aire—, tendrás que ir sola… al bosque… oscuro… abuelita… cabaña…
—¿Deseas, mamá que más pareces mi hermana mayor por tan solo tres años, un poco de agua?
La muy joven madre de Caperucita Escarlata asintió avergonzada. Un poco de agua y unos minutos después, volvía a hablar con dulce y amena voz.
—Caperucita Escarlata, ten mucho cuidado en el bosque.
—Lo tendré.
—Y recuerda tomar el camino oscuro y peligroso, para visitar todos esos lugares atractivos que son tan lindos de ver, aunque si quieres llegar rápido podrías tomar el otro camino más corto, seguro e iluminado a casa de tu abuelita…
—¡¿Hay un camino seguro e iluminado para llegar a casa de mi abuelita?!
—Lo hay.
—¡¿Y por qué no me lo dijiste antes?!... Digo, querida mamá que más pareces una hermana mayor para mí y todo lo que sigue después —respondió Caperucita Escarlata, moviendo la mano con cansancio.
—¿Por qué no te lo dije antes? —la muy joven madre de Caperucita Escarlata inclinó la cabeza, puso la mano en la mejilla y encogió los hombros, contrariada—… Pues porque no me lo preguntaste antes, mi querida hija Caperucita Escarlata que vive en el dojo en lo alto de la colina, junto a la aldea que…
—¡Ya!... Ya, ya, no te preocupes, mamá y todo lo demás. Mejor me voy antes que…
.
Continuará
.
—¡Lo sabía!
Ya es suficiente.
—¿Por qué?
Tengo hambre y se me antoja un rico cheesecake.
—¿Y solo por eso? Qué glotón…
Dijo la miedosa Caperucita Escarlata.
—¡¿Qué dijiste?!
¡Miedosa! Es todo, nos vemos la próxima semana.
—Ya… Esto todavía no acaba.
Se acabó.
—¡Espera!
Continuará.
—¡Pero…!
.
.
.
¡Este capítulo continuará!
.
.
.
.
