Disclaimer: La idea original de Harry Potter, así como sus personajes son propiedad de J.K. Rowling.
EL OCASO DE LOS DIOSES
...
Summary: No fue sino hasta ese momento que comprendieron lo que estaba pasando; precisamente cuando el mundo se desmoronaba frente a unos ojos que ya no podían ver. – Hermione...- susurró una voz rota. – Nada es para siempre- dijo ella como si le hablara a un extraño y eso rompió su corazón un poco más. ¿Cómo llegaron a ese punto? AU EWE
[Capítulo 6: Asfódelo]
...
"De la carne de Ymir la tierra fue creada,
y de sus huesos las rocas,
la bóveda del cielo fue hecha con el cráneo del gigante de hielo,
y el mar se formó con su sangre."
- "Vafprúonismál" (los relatos de Vafthrudnir)
…
…Flashback…
- Necesito ver a Malfoy- solicitó la mujer desde las llamas de la chimenea, su interlocutora la miró con extrañeza.
- ¿A Lucius o a Draco?- preguntó con educación.
- A tu esposo- aclaró la otra sin demasiada paciencia, estaba en un situación complicada- ¿Puedo pasar?- pidió enseguida.
Astoria asintió apartándose de la chimenea en una muda aceptación, luego movió su varita para darle acceso a la castaña quien aterrizó sobre la alfombra de una manera poco elegante.
- ¿Pasa algo malo?- inquirió la aristocrática mujer pensando que se trataba de un asunto oficial.
- No, lamento haberte alarmado- se disculpó al ver el rostro preocupado de la otra- En realidad, vengo a pedirle un favor…
- ¿Un favor? ¿A mí?- una tercera voz intervino y Draco entró en la sala con su aire de arrogancia de siempre.
Hermione se tragó su orgullo y respondió.
- Sí Malfoy, necesito de tu ayuda- confesó sintiendo que cada segundo que pasaba era crítico.
Draco no pudo ocultar su sorpresa y miró a su esposa con suavidad.
- Astoria ¿puedes dejarnos solos?- pidió sin sonar grosero, y la mujer asintió saliendo del lugar sin más.
Entonces el rubio conjuró una serie de hechizos de privacidad y se sentó en uno de los sillones indicándole a la otra que hiciera lo mismo.
Ella se acomodó conteniendo su creciente nerviosismo, si alguien descubría que había ido a ese lugar…un lugar que por cierto no le traía buenos recuerdos.
- Ginny está encerrada en una prisión búlgara- confesó de golpe a lo que el otro enarcó una de sus cejas.
- ¿Weaselette?- inquirió a lo que ella asintió- Confieso que me sorprende un poco, ¿qué hacía en ese país? ¿Y por qué crees que yo podría ayudarte en algo?- preguntó.
- Ginny firmó un contrato con la selección de Quidditch búlgara hace un par de años y se mudó a ese país- inició- Pero las cosas se salieron de control y ahora está detenida- resumió sin querer entrar en detalles- Necesito tu ayuda para sacarla de ahí y traerla a Inglaterra sin que nadie se entere…
- Potter podría hacer una solicitud, tú misma podrías hacerla y seguramente el Ministerio iniciaría con la extradición- alegó el rubio- Después de todo, Bulgaria es un aliado y hasta tu amigo Krum podría servir de enlace.
Todo eso ya lo sabía, ambos sabían que lo sabían por eso la conversación se hizo interesante.
- Si eso pasa, Ginny no podrá volver a jugar Quidditch y probablemente pase algún tiempo en Azkabán…no puede quedar historial de esto- adujo la castaña habiendo analizado cada uno de los posibles escenarios.
Draco comprendió lo que le estaba pidiendo, pero no iba a ayudarla a cambio de nada.
- ¿Qué fue lo que hizo?- preguntó.
- No te interesa…
- Me interesa porque así podré saber qué tan custodiada está o hasta dónde cederán las autoridades búlgaras respecto a los cargos- cortó secamente.
La mujer apretó sus labios pero aceptó el razonamiento.
- Se involucró en una pelea y conjuró magia en frente de varios muggles; hubo algunos heridos pero ningún muerto- informó lo que sabía.
- Al parecer los viejos hábitos no se pierden- soltó el otro en un tono medio burlón.
- ¿Qué quieres decir?
- Bueno, Weaselette tiene antecedentes de agresividad después de todo, ya antes te atacó y te envió a San Mungo- dijo con naturalidad.
Eso dejó helada a la mujer, no se esperaba tal argumento.
- Ella no me atacó- negó.
Draco esbozó una sonrisa ladeada.
- Si quieres que te ayude, deja las mentiras de lado- declaró.
- ¿Ese será el precio por tu ayuda?- quiso saber en un intento de que su deuda no fuese tan grande.
- No- negó el otro reconociendo el truco al instante- Es sólo un capricho, pero si prefieres mantener tu versión hazlo; no entiendo por qué sigues defendido a Weaselette pese a todo lo que ha hecho pero supongo que es tu problema- continuó dejando escapar un suspiro- Voy a ayudarte a regresarla al país, pero debes mantenerla con un perfil bajo durante un tiempo, además todos necesitarán una sólida coartada- detalló comenzando a pensar en un plan, no lo veía tan complicado.
- ¿El precio?- insistió.
El antiguo slytherin miró a la mujer a los ojos y mantuvo una grave expresión en su rostro de afiladas facciones, con los años se parecía cada vez más a su madre y menos a Lucius. No obstante, era un Malfoy y no hacía favores sin más.
- Una deuda futura- dijo extendiendo su mano para cerrar el trato.
- Nada que me ponga en peligro a mí o a mi familia- condicionó ella antes de aceptar las condiciones.
- Hecho- asintió el hombre y ella estrechó su mano.
En ese momento no lo supo, pero esa deuda le saldría muy cara.
…Fin del Flashback…
- Adelante- dijo la clara voz de un hombre quien se encontraba sentado tras su escritorio, revisaba lo que parecía ser un gran repertorio de documentos.
La puerta se abrió dejando pasar a una aristocrática mujer de impecable apariencia.
- Draco- saludó la rubia mujer a su único hijo que había heredado varias de sus características pero indudablemente era un Malfoy.
- Madre- el otro la reconoció sin dejar de mirar sus papeles.
Ella caminó hasta sentarse en la silla frente al escritorio, su pose no varió en lo que parecieron ser minutos enteros cuando en realidad fueron segundos hasta que el hombre inspiró profundamente para dejar todo de lado y prestarle atención a su progenitora.
- Exijo que me digas en qué estás involucrado- le preguntó ella mirándolo con genuina preocupación, a lo que el otro enarcó una de sus cejas.
- En múltiples negocios madre, eso lo sabes bien- le dijo con un tono aburrido.
- No me subestimes hijo, te conozco y sé que tu idea de esa 'secta' que me mencionaste hace tiempo, no desapareció simplemente porque tu padre no presentó el suficiente entusiasmo- declaró ella sin variar su tono de voz.
- Permíteme recordarte madre, que soy lo suficientemente mayor como para ocuparme de mis propios asuntos, además es claro que el juicio de mi padre no siempre ha sido el más sabio- espetó el otro en clara alusión al pasado del hombre que involucraba el haber seguido a Voldemort.
Narcisa lo miró con severidad pero también con un claro rastro de dolor, era cierto que las decisiones de Lucius no siempre fueron las más sabias pero todo lo había hecho por ellos, por su familia. Había cometido errores que terminaron pagando con su prestigio y muchos galeones de su bóveda, pero seguían vivos y juntos, por esa razón no dejaría que su hijo cometiera sus mismos errores.
- Draco, debes tener muy claro que ahora tienes una esposa y un hijo a los cuales cuidar, por lo que todas tus decisiones los afectarán de una forma o de otra- le dijo- Tu padre cometió un terrible error al unirse al Señor Tenebroso, pero lo ha pagado muy caro, tú mejor que nadie sabe que también nosotros lo pagamos caro. No quiero que tú cometas ese mismo error…- declaró con deliberada lentitud en un intento de que sus palabras penetraran en el testarudo cerebro del joven.
El aludido miró a su madre recordando aquella época en la cual temió por sus vidas, cuando no sabía si podría protegerla cuando llegara el momento, en el tiempo de Voldemort y de la Segunda Guerra de Sangre. Sabía que la mujer estaba preocupada por él, que sospechaba algo y, por un segundo, su resolución se tambaleó.
Su corazón se agitó en su pecho y quiso confesarlo todo, abrazarse a su madre y decirle que estaba involucrado en algo terrible…sin embargo, no pudo decirle la verdad, no logró que las palabras se formaran en su mente ni salieran por su boca.
- No lo haré- fue lo único que pudo decir convencido nuevamente de que hacía lo correcto, si el miedo lo había hecho sentir impotente, el poder lo redimiría- Mi propósito es y siempre será proteger a mi familia, de una manera o de otra los Malfoy siempre debemos tener un as bajo la manga; eso es justamente lo que estoy procurando- declaró con una familiar prepotencia.
Narcisa lo miró con sus ojos grises repletos de preocupación.
- Hijo, no estamos en Azkabán por una afortunada coincidencia- le aclaró frunciendo el ceño- Ni nos salvamos por la astucia de tu padre o la tuya, ni siquiera por mi impetuosa decisión de ocultarle la verdad al Señor Tenebroso- aclaró recordando aquel día de la Batalla Final donde ella tuvo que tomar la decisión de traicionar a Lord Voldemort por el bien de los suyos.
Esa declaración heló el gesto de Draco, no le agradaba recordar que Potter los había ayudado a librar la prisión mágica, detestaba estar en deuda con el Cara Rajada.
- Eso fue un error de cálculo, pero mientras tengamos el suficiente oro y nuestra astucia, la familia estará bien; los Malfoy prevalecerán- replicó totalmente convencido de lo que decía.
- Harry Potter nos salvó la vida, más te valdría tener eso muy claro antes de que cometas una tontería- insistió su madre verbalizando lo que bien sabían los dos- Jugar al enmascarado contra él, no terminará bien para ti ni para la familia- agregó mirándolo con acusación.
El rubio obscureció su mirada por instinto y sus manos se tensaron, su madre conocía su secreto.
Entonces algo en su interior se encendió.
- No estoy jugando a nada madre, las cosas son muy distintas ahora; Voldemort era un mago demente, pero una nueva era se acerca donde la verdad y el orden prevalecerán sobre todas las cosas- dijo en un tono insistente, sus ojos chispearon y el nudo en su garganta disminuyó.
Narcisa observó los gestos de su hijo y supo que estaban en problemas, esa misma chispa la había visto en Lucius cuando le dijo que se había convertido en un mortífago…no quería ver cómo la historia se repetía ante sus ojos.
- Por favor, piensa en Scorpius- rogó sin saber de qué otra forma hacerlo entrar en razón.
- Eso hago- le dijo el otro- Le estoy forjando un futuro brillante…
- Hablas como tu padre- se lamentó la mujer al saber que no podría hacer cambiar de opinión al joven hombre que tanto había heredado de Lucius.
- Te equivocas, no soy como mi padre…soy mejor que él- declaró conteniendo su creciente enojo, no permitiría que nadie lo cuestionara.
Un Malfoy no se dejaba dominar por las emociones ni cedía ante los demás.
Un Malfoy no reía en público ni lloraba frente a nadie más que su reflejo.
Un Malfoy siempre ganaba sin importar a quién tuviera que aplastar en el proceso.
Un Malfoy nunca dudaba.
Y, sin embargo, al ver los asustados ojos de su madre, algo en su interior se removió.
¿En qué se estaba convirtiendo?
…-…-…-…-…-…-…-…-…-…-…-…-…-…-…-…-…-…-…-…-…-…-…-…-…-…-…-…-…-…-…-…-…-…
- Buen día señor Potter- lo saludó una joven mujer con amabilidad.
- Hola Cath, buen día- respondió el hombre- ¿Hermione está muy ocupada?- inquirió.
- Solamente está leyendo algunos reportes, pase por favor- le sonrió retomando su propia revisión de documentos.
- Gracias- le dijo el hombre entrando a la oficina de su esposa, tuvo que sonreír al verla concentrada en la lectura de lo que seguramente era proyectos de leyes o casos específicos- ¿Se puede?- preguntó.
La castaña miró al hombre saliendo del trance de su lectura.
- Harry, claro que sí, adelante- lo saludó regalándole una sonrisa.
El ojiverde rodeó el escritorio para darle un suave beso en los labios y luego se sentó frente a ella.
- Necesito pedirte un favor- comenzó sin rodeos y ella sonrió recordando lo franco que podía ser, lo cual era refrescante entre tanta burocracia.
- Te escucho- le respondió prestándole toda su atención.
- Autoriza una orden de cateo- soltó sin mucho tacto pero esperando lograr que accediera.
- ¿Para dónde exactamente?- le preguntó ella sacando un pergamino y comenzando a escribir la directiva, su esposo no le pediría algo sin buenos fundamentos.
- La mansión Malfoy- confesó a lo que su interlocutora paró de escribir y frunció el ceño para encararlo.
- Eso es…
- Sé que nada es imposible para ti amor- la cortó el otro antes de que terminara la frase.
- Iba a decir complicado, pero me alegra que me tengas en tan alto concepto- sonrió, aunque internamente estaba algo preocupada por el repentino interés de Harry para con Malfoy- ¿Bajo qué argumentos debo basar esta orden?
- Bajo el argumento de sospecha de conspiración- dijo el otro.
- ¿Tienes pruebas?
- Todavía no, pero las tendré con la ayuda de esta orden- le aseguró.
- ¿No tienes aunque sea una ligera pista incriminatoria?- insistió ella internamente más aliviada.
- No, es por eso que necesito de tu ayuda con esta orden- aclaró el ojiverde observando los gestos de su esposa con atención, ella suspiró.
- Tal vez con otro individuo podría hacer esto, pero estamos hablando de Malfoy- declaró dejando su pluma de lado.
- Precisamente por eso insisto, podemos alegar que es sospechoso debido a sus antecedentes, estoy seguro que tienes alguna idea de cómo formar un caso con eso, tú eres la que estudió Leyes después de todo- dijo el hombre sin entender por qué la castaña dudaba en ayudarlo.
Hermione nunca tuvo más claro que en aquel momento que su Harry era un combatiente, un mago muy capaz y poderoso, el líder que los Aurores necesitaban pues era un ícono de valor y de esperanza; y lo amaba por eso. Sin embargo, no tenía madera de político y, por eso mismo, no comprendía las influencias ni acuerdos internos del Ministerio de Magia, un arte tan engañoso como sutil. Por otro lado, Malfoy era un experto en política, había sido educado su vida entera para ello y era infortunadamente bueno; ella misma sabía lo básico del sistema pero jamás se compararía con la maestría del rubio quien prácticamente tenía un océano de conexiones a su disposición.
Eso era lo que Harry no comprendía.
- Lo que me pides es complicado Harry, pero hagamos esto, habla con Kingsley y si él te da el visto bueno, yo misma firmaré la orden de cateo- le propuso sin ánimos de explicarle las cosas, además Kingsley lo haría mejor y ofrecería un punto de vista imparcial.
- Pero precisamente por eso vine contigo amor, para pedirte este favor y no pasar por Kingsley- debatió el hombre poniendo su mejor cara de súplica; no obstante, la mujer no suavizó su expresión y miró a su marido con algo de dureza.
- Por respeto al Ministro, y como su amigo, debes ir a consultarlo primero con él. Te lo repito, si él lo aprueba con gusto te daré la orden- le aseguró sosteniendo la verde mirada del auror para dejarle claro que ese era el protocolo y no lo rompería por más que le rogara.
Harry entrecerró sus ojos pero aceptó lo dicho, era un adulto después de todo y comprendía que su esposa era alguien que no cedía ante caprichos con facilidad.
Así que salió de la oficina sin despedirse y caminó directamente hacia donde el Ministro se encontraba, cuando se anunció no se molestó en esperar y entró al despacho.
- Harry, buen día ¿alguna novedad con el caso de los Pilares?- lo saludó el moreno con amabilidad, su escritorio estaba repleto de papeles, cartas y libros de todo tipo, sin duda era un hombre ocupado.
- Ninguna- negó ligeramente molesto por el nombre pero tomándose la libertad de sentarse frente al otro- Por eso vengo a verte Kingsley, no tenemos nada qué rastrear y creo que si seguimos otra línea de investigación podríamos obtener algo- explicó detenidamente.
- ¿Qué necesitas? Si lo tengo, sabes que es tuyo- asintió el otro genuinamente interesado en apoyar a su joven amigo y Jefe de Aurores.
- Una orden de cateo- declaró Harry queriendo hacer la petición tan sutilmente como fuera posible.
- Ah bueno, Hermione puede otorgarte ese permiso ¿a quién quieres investigar?- preguntó mirándolo con curiosidad.
- A Draco Malfoy, estoy seguro que trama algo y su mansión es el único lugar donde podríamos encontrar una pista- confesó con seriedad mientras el rostro de Shaklebolt se tornaba inexpresivo, era su rostro político.
- Supongo que ya hablaste de esto con Hermione…- el otro asintió- ¿Qué fue lo que te dijo?- quiso saber pues desconocía qué tanto era con lo que Hermione podía navegar por esas aguas tan profundas y peligrosas.
- Me dijo que sin pruebas sería complicado, que debía hablarlo contigo antes de hacer algo más- contestó con un suspiro cansado, solamente quería una orden de cateo, no era la gran cosa.
- Hizo bien- asintió el otro complacido con el comportamiento de la otra, su decisión de hacerla Jefe de Departamento había sido bien fundamentada- Escucha Harry, la familia Malfoy es aún muy influyente en nuestra sociedad y, por lo tanto, no podemos abusar de las Leyes o hacer que las mismas se manipulen para nuestro beneficio- explicó con extrema amabilidad, sabía bien que Harry era algo explosivo y no quería causar una escena.
- Debes estar bromeando, los Malfoy fueron acusados de mortífagos durante la última guerra, esa no es la mejor reputación y sobre esa base puedes autorizar la orden- afirmó el otro.
- Eso es claro, no obstante fueron absueltos luego de los juicios correspondientes y Draco Malfoy ha luchado por recuperar el prestigio de su familia, hizo muchas donaciones después de la guerra…
- ¿Me estás diciendo que no podemos tocar a los Malfoy porque dieron mucho dinero al Ministerio?- insinuó el auror comprendiendo hacia donde se dirigía esa conversación, y no le gustó.
Kingsley lo miró con algo de dureza pero no perdió su gesto cordial.
- Los Malfoy aportaron muchos galeones al Ministerio, a San Mungo y a Gringotts para reparar los daños de la guerra- aclaró haciendo énfasis en la mención del banco, institución que fue casi destruida justamente por Harry, su actual esposa y su mejor amigo.
Harry, como buen héroe de guerra, había asumido erróneamente que los impuestos y las donaciones en general habían sido los impulsores del restablecimiento de esos edificios. No el dinero de Malfoy.
- No puedo creer lo que dices, ¿cómo pudiste aceptar su dinero en primer lugar?- reclamó el ojiverde poniéndose de pie para pasar una de sus manos por su cabellera, no podía creerlo.
El moreno lo miró y suspiró profundamente, la conversación sería poco placentera para el auror pero no iba a mentirle.
- El mundo mágico estaba en un caos total tanto civil como burocrático y económico; la euforia de la victoria no era suficiente como para restaurar el orden, tú sabes mejor que muchas personas sobre esa parte. Gringotts sufrió daños considerables y los goblins se negaron a prestarnos más oro, además estuvimos al borde de una guerra con su nación; algunas familias con recursos juntaron su capital para apoyar al gobierno pero no era suficiente…la inyección del oro Malfoy fue lo que nos salvó de la banca rota, lo que impulsó nuevamente a la economía y lo que finalmente rehabilitó a la sociedad- confesó recordando cuán difícil fue la decisión de aceptar ese dinero, pero no se arrepentía de ello. Algunas veces debía tomar decisiones difíciles por el bien mayor.
Harry lo miró frunciendo el ceño y con sus ojos verdes llenos de indignación.
- Mis padres me dejaron una generosa herencia- alegó con evidente molestia, no sabía de dónde habían provenido los recursos que ayudaron a reconstruir su mundo y no le gustaba saberlo.
Kingsley miró al joven héroe del mundo mágico y le dedicó una triste sonrisa.
- No podíamos pedirle dinero al Hombre-Que-Venció…además, la cantidad que donó Malfoy fue, por decirlo de alguna manera, millonaria- explicó sin querer dar una cifra exacta pero recordando que había sido mucho oro.
- De acuerdo, comprendo que los Malfoy son asquerosamente ricos y donaron mucho oro al Ministerio- resumió con un suspiro, no tenía caso pelear por lo pasado- Aun así, no creo que esa sea una razón suficiente como para ignorar sus crímenes- espetó retomando el tema inicial.
- Claro que no lo es, por eso es que Lucius Malfoy pasó diez años en Azkabán y su esposa estuvo bajo arresto domiciliario por cinco años- concordó tratando de razonar con el otro- No obstante, precisamente porque pagaron sus deudas con la sociedad y la ayudaron a recuperarse, no podemos abusar de nuestra autoridad allanando su mansión sin las pruebas necesarias…sería un insulto directo a su honor- concluyó.
- ¿Cuál honor?- preguntó el otro- Los Malfoy no tienen honor, sé que ocultan algo, lo siento en mi interior- exclamó- Tú sabes cómo es eso, es un sexto sentido…lo recordarás de tu época como auror- pidió mirándolo con insistencia.
- Lo siento Harry pero no puedo concederte esto, mis manos están atadas- sentenció inflexivamente- Dame pruebas y entonces te daré la autorización.
El pelinegro se puso de pie al instante, se sentía traicionado por semejante respuesta; no podía creer que su amigo y mentor le estuviera dando la espalda. Poco le importaba la política, esto era más importante, debían descubrir la verdad de los dichosos Pilares para evitar otra guerra…pero parecía que Kingsley no lo veía del mismo modo.
Recordó cuando habían luchado lado a lado, cuando la Orden del Fénix desafió al mismo Ministerio porque lo descubrió corrupto, cuando nada más que la justicia importaba…sin embargo esa época había terminado, y el hombre frente a él había cambiado.
- Pensé que eras el Ministro de Magia- pronunció con dureza.
- Lo soy- respondió el otro con firmeza, no se doblegaría ni siquiera ante Harry Potter.
El auror asintió, dio media vuelta y salió de la oficina.
…-…-…-…-…-…-…-…-…-…-…-…-…-…-…-…-…-…-…-…-…-…-…-…-…-…-…-…-…-…-…-…-…-…
- ¡Mira papá! ¡Un gnomo me mordió el dedo! ¡El abuelo Lovegood dice que es medicinal!- chilló un niño pelirrojo de enormes ojos azules que eran idénticos a los de su madre.
Ron miró a su hijo quien llevaba en alto su dedo índice, mismo que tenía un rastro de sangre en él.
- Hugo, te he dicho que no todo lo que dice el abuelo Lovegood es cierto- le recordó sacando su varita para detener la pequeña hemorragia, además se prometió hablar con Luna sobre estos temas.
- Pero mamá también lo cree- insistió el menor mirando su dedo con tristeza.
Tenía que ser…Luna poniéndose del lado de su padre y sus poco probadas teorías.
- Tu mamá cree en muchas cosas, pero tú debes aprender a tener tus propias creencias- explicó el adulto con la madurez que solamente un padre podía lograr, y eso era decir mucho pues se trataba de Ronald Weasley, el chicho menos maduro del grupo.
- ¡Ronald! ¡Creo que tenemos un gnomo de la suerte en el jardín!- dijo una rubia mujer vestida como jardinero y con una expresión sinceramente emocionada.
- ¿De verdad? ¿Es el mismo que me mordió?- saltó Hugo a lo que su padre rodó sus ojos con una sonrisa.
- Creo que sí, tendremos suerte todo el año con él en nuestro jardín- señaló Luna cual niña pequeña.
- Me voy a la tienda, regresaré por la tarde- se despidió el hombre decidiendo dejar a ese par con sus juegos.
- Cuídate- su esposa se acercó para besarlo a manera de despedida.
- Lo haré, y por favor Luna, no quiero encontrarme con dos seres repletos de mordidas de gnomo cuando regrese- bromeó creyéndolos capaces de terminar precisamente así.
- Lo intentaremos- le sonrió la mujer mirando a su hijo con ojos cómplices.
El pelirrojo mayor sonrió por lo bajo pensando en lo afortunado que era al tener a su familia, luego se fue por la chimenea rumbo a Sortilegios Weasley en el Callejón Diagon.
Al llegar, distinguió a Lee atendiendo a los clientes en el mostrador.
- ¡Hola Lee!- saludó el recién llegado.
- ¿Qué pasa Ron?- le respondió el joven moreno.
- ¿Dónde está George?- pregunto sin lograr ver a su hermano por el lugar.
- En el sótano experimentando con un producto nuevo- dijo el otro como si nada pero Ron se tensó por instinto.
- Voy a verlo- declaró prácticamente corriendo al sótano, o mejor dicho al bunker que habían construido por todos los hechizos protectores que tenía para evitar accidentes.
En medio del lugar, encontró a su hermano inclinado sobre un enorme caldero que expedía un sospechoso humo de tonos violáceos.
Por instinto, se aplicó un hechizo burbuja para evitar aspirar el humo y se acercó al otro con cautela.
- ¿George?
- ¡No funciona!- gritó el gemelo con frustración, su rostro estaba contraído en una mueca de preocupación, luego agregó otra substancia a la mezcla y una pequeña explosión dio como resultado que esta vez expidiera un humo amarillento- ¡Maldición!- exclamó sin conseguir el resultado deseado.
Ron lo tomó del brazo en un intento de llamar su atención, pero George lo miró a través de sus lentes protectores como si no lo viera. Sus ojos azules estaban llenos de lágrimas.
- Tranquilo hermano, lo solucionaremos- le sonrió el otro.
El mayor ignoró el comentario y fijó nuevamente su mirada en el caldero, la poción estaba arruinada y no había nada que pudiera hacer para salvarla…seguramente él hubiera tenido una idea.
Él sabría qué hacer.
Él le daría un golpe en el brazo diciéndole que podían intentarlo otra vez o las veces que fueran.
Él se carcajearía a su lado sobre lo ridículo que estaba siendo.
Fred…
Al pensar en él, un profundo dolor invadió su pecho, era como si realmente alguien estuviera estrujando su corazón con dolo.
Fred
Miró nuevamente al pelirrojo que estaba a su lado y supo que ese no era el tono de anaranjado que buscaba, ni el número de pecas que contaba en su propio rostro.
No era Fred.
- ¿Qué haces aquí, Ron?- lo reconoció súbitamente- ¡Estoy en medio de un importante experimento!- espetó tratando de regresar su atención al caldero.
- Lo sé, lo sé y vine a ayudarte- asintió su hermano conociendo de sobra esos momentos en los que George tenía una de sus crisis.
- ¡No necesito de tu ayuda!- negó con furia.
Él no era Fred.
No necesitaba a nadie que no fuera Fred.
Ron resintió esas palabras con una pulsación de dolor en su pecho, pero sabía que su hermano no lo decía con la intención de herirlo sino porque él mismo sufría.
También extrañaba a Fred.
- De todas formas vengo a ayudarte George, no estás solo- insistió acercándose para abrazarlo con fuerza.
George se resistió al inicio pero luego perdió toda su furia transformándola en tristeza y de sus ojos salieron las lágrimas que luchaba por contener.
- Lo extraño tanto- susurró finalmente refiriéndose al nombre que no se habían atrevido a decir en voz alta- A veces, en la mañanas me miro al espejo tratando de imaginar que es él… ¡pero este oído falso arruina la ilusión y me doy cuenta que no es él! ¡Nunca es él y nunca volverá a serlo!- exclamó separándose de Ron para tocar su oreja metálica con desprecio.
- Eso te ayuda a no perderte a ti mismo George- le dijo Ron con increíble amabilidad- También yo lo extraño pero tú no eres Fred, y estoy seguro que él no querría verte así de triste- le animó palmeándole la espalda mientras pronunciaba el nombre de su fallecido hermano- Así que dime qué tratas de hacer con esta poción y te ayudaré, no seré tu gemelo pero sigo siendo tu hermano- declaró con un renovado entusiasmo, sus propios ojos azules parecían húmedos.
George miró al menor de sus hermanos y le dedicó una sonrisa rota.
Cierto, no era Fred pero era Ron y, afortunadamente, era más de lo que imaginó.
- Sí, eres mi hermano- le dijo mostrándole sus notas.
Así, la mañana fue consumida entre sus experimentos.
Más tarde, Ron atendió a los clientes del negocio quienes siempre se alegran al verlo, entre otras cosas, debido a su peculiar sentido del humor; si bien no se reían de sus bromas como tal, les divertía que él mismo se comportara tan cómicamente.
La vida de Ron no era perfecta, sin embargo era muy feliz con sus pequeñas bendiciones: una familia que lo adoraba y unos valiosos amigos que darían la vida por él.
Todo estaba bien…
…hasta que, de pronto, no lo estuvo.
Inesperadamente, el mejor de todos sus amigos, entró a la tienda con un semblante realmente molesto; al parecer había tenido una mala mañana en el Ministerio, precisamente por ello recordó que una de sus mejores decisiones había sido justamente no trabajar para el gobierno, así evitaba tener días malos como el del recién llegado.
- Lee, me voy temprano; cuida que George se vaya a casa temprano por favor- informó sin esperar otra cosa, el aludido asintió.
Entonces Ron alcanzó a su mejor amigo en medio camino hacia el mostrador, portando una sus despreocupadas sonrisas.
- Hola Ron- lo saludó el otro nada más al verlo.
- Vamos por una cerveza de mantequilla Harry, o mejor por un whisky de fuego, yo invito- propuso pasando su brazo por los hombros del pelinegro sin siquiera esperar a que dijese algo.
El otro no se resistió agradeciendo que el otro lo conociera tan bien que no necesitara palabras.
Ambos llegaron al Caldero Chorreante donde Tom les sirvió dos vasos de whisky de fuego por cortesía de la casa, después de todo no era raro que la gente reconociera a dos de los héroes del mundo mágico y se ofrecieran a invitarles una copa.
- ¿Qué te pasa?- preguntó el pelirrojo luego de haberse tomando su bebida de un trago.
El ojiverde suspiró sin tomar su propia bebida, parecía no tener ánimos de nada.
- Ron, ¿el dinero es realmente importante?- preguntó de manera inesperada.
El aludido no supo qué responder, para él definitivamente lo había sido durante mucho tiempo. Durante su infancia y juventud, su familia había tenido lo suficiente como para vivir cómodamente aunque con modestia, pero él siempre resintió su ropa de segunda mano y la varita heredada de sus hermanos, constantemente vivió con el anhelo de tener tanto dinero como para gastarlo en lo que quisiera sin pensar en que dejaría a sus hermanos sin comer por sus caprichos.
Pero esa había sido otra vida, una en la cual pasó de ser un niño para convertirse en un hombre, uno que comprendió que había cosas mucho más importantes.
- No- contestó con seguridad, el otro lo miró con un sonrisita culpable.
- Me refiero a su importancia en cuestiones políticas- aclaró sabiendo muy bien lo que ese tema representaba para su amigo y arrepintiéndose por haber sido tan vago en su pregunta.
Ron soltó un bufido disolviendo toda su seriedad.
- En ese contexto claro que sí tiene mucha importancia- dijo el otro comprendiendo mejor el dilema- Por eso las familias con más galeones son siempre las más influyentes- agregó.
- Como los Malfoy…
- Sí, como ellos- concordó frunciendo el ceño ante la mención de ese apellido- ¿Ahora qué hizo el hurón?- preguntó imaginando que el rubio nunca era motivo de buenas noticias.
- Todavía no lo sé, pero tengo un presentimiento y quiero averiguarlo…el asunto es que no me lo permiten- suspiró- Sin pruebas, Kingsley se niega a darme una orden de cateo para la mansión Malfoy- explicó.
- Bueno, siempre podemos escabullirnos ilícitamente en su tonta mansión, le administramos un poco de veritaserum o sencillamente lo amenazamos en convertirlo otra vez en un hurón albino- sugirió Weasley haciendo reír al otro ante la idea.
- Así ambos compartiremos una celda en Azkabán ¿no?
- Claro que no, nadie nos podrá incriminar y si lo hacen sacas tu carta del Hombre-Que-Venció y listo- recalcó fingiendo seriedad.
- Es tentador, pero prefiero hacer esto de manera legal- negó sonriente.
- Te lo pierdes, eso de casarte con Hermione realmente te afectó- bromeó pidiendo otro trago a Tom.
- Al menos yo no tengo de residentes a gnomos o ciruelas dirigibles por todo mi jardín- rio Harry recalcando las excentricidades de Luna.
- Ni me lo recuerdes, creo que Hugo terminará en Ravenclaw por como se parece a Luna- confesó entre frustrado y orgulloso.
- Pues eso sí sería irónico, apuesto a que Hermione le da un infarto si un hijo tuyo queda en Ravenclaw- bromeó Harry- Consuélate al saber que al menos tienes a Rose quien es tan igual a ti que temo por mi pobre e inocente Albus- añadió recordando el carácter tan explosivo de su sobrina.
- Hn, ya verás que serán mejores amigos como nosotros, serán el dúo Potter, Granger y Weasley- se carcajeó ante la perspectiva.
- Mientras no tengan que luchar contra un troll para hacerse verdaderos amigos, estaré tranquilo- declaró el pelinegro en remembranza de su propia aventura.
- Y que no traten de robar una piedra filosofal- añadió Ron también con su mente sumida en los recuerdos.
Ambos suspiraron.
- Ha pasado tantos años ya de eso y aún me parece que fue ayer cuando Hagrid me dijo que era un mago- recordó el ojiverde con nostalgia.
- También parece que fue ayer cuando traté de cambiar a amarillo el color del pelaje de Scabbers- sonrió el otro con esa escena clara en su mente, sus hermanos lo habían engañado como era usual.
- Scabbers que resultó ser Pettigrew- añadió el ojiverde ya sin ese tono amargo de antes.
Ron hizo una mueca de asco.
- Ni me lo recuerdes Harry.
- ¿Por qué? ¿Acaso no te gusta recordar que dormiste con un hombre mayor por tres años?- lo molestó.
El otro se puso tan rojo como un tomate al saber que no podía negar ese argumento, pero la verdad no era tan vil como se escuchaba.
- Cállate y tómate tu whisky de fuego antes de que yo lo haga por ti- replicó Ron sin querer entrar en detalles con ese tema.
Harry soltó una carcajada y tomó su trago para beber el contenido de un jalón.
La garganta le escoció.
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Mi querida Victorie,
¿Cómo va todo en Hogwarts? Espero que nada inusual haya sucedido ni que decidieras volver a ponerte en peligro como ya lo hiciste, sabes que yo antes que nadie aplaudo tu valor al romper las reglas pero nunca en una situación que te ponga en peligro.
Sé que te lo he repetido muchas veces, pero en verdad quiero que lo tengas muy en claro: te amo Victorie y, si algo llegara a pasarte, terminaría en Azkabán tratando de vengarte o en un manicomio si llegara a perderte.
Tampoco digo que quiero tenerte encerrada en una torre (sí quisiera pero te conozco y sé que primero me encerrarías a mí), pero las cosas en nuestro mundo están cada vez más peligrosas y necesitas tener mucho cuidado…Harry se nota bastante preocupado y todos los aurores están bajo un constante estrés.
Nadie sabe exactamente a qué nos enfrentamos, por lo que desconocemos cómo protegernos…no sé cómo protegerte…temo por tu seguridad y la de nuestra familia, parece ser que el peligro nunca ha podido mantenerse lejos de nosotros durante mucho tiempo.
Te pido tengas mucho cuidado y seas la hechicera prudente que siempre has sido.
Te extraño y no puedo esperar a Navidad para poderte tener de nuevo entre mis brazos.
Un frustrado, Teddy Lupin.
La rubia dobló la carta habiéndola leído por décima vez, adoraba a su peculiar novio como jamás pensó amar a alguien. Su madre le había dicho que era normal tener esas emociones tan intensas por la edad que tenían, sobre todo porque poseía sangre de veela que acentuaba esa parte de su ser.
- ¿Victorie?- una conocida voz la llamó tocando la puerta de su cuarto, solamente pocas personas sabían cómo entrar a la Torre de Premios Anuales así que supuso quien era.
- Pasa- concedió.
Una joven de piel de alabastro, rasgos delicados y cabellera dorada, entró en la habitación con paso firme.
- ¿Qué está sucediendo?- inquirió cruzándose de brazos y poniendo un gesto hostil que desentonada radicalmente con su angelical figura.
- ¿A qué te refieres Dominique?- le preguntó la otra mirando a su hermana menor con aparente inocencia.
- No insultes mi inteligencia hermana, también soy una ravenclaw y una Weasley- bufó la otra sin humor- Quiero saber exactamente qué pasó para que nos hicieras perder tantos puntos y que nuestros padres se pusieran tan furiosos contigo, ellos y prácticamente todos nuestro tíos- exigió.
Ambas rubias se miraron fijamente como en un duelo de voluntades, físicamente las dos eran muy parecidas pero internamente era polos opuestos. Mientras una era dulce pero tenaz, la otra era agresiva pero inocente.
Finalmente, una de las dos emitió un sonoro suspiro.
- Escucha…
- ¿Estás embarazada?- la interrumpió la menor sin perder su semblante serio.
Victorie parpadeó un par de veces y luego su rostro se tornó rojo cual carmín.
- ¡No!- exclamó vehementemente- ¿Cómo puedes pensar eso?
- Teddy y tú son adultos, así que es una posibilidad- Dominique se encogió de hombros visiblemente más relajada al haber descartado esa opción.
- No lo es, así que borra esa idea de tu cabeza y ni se te ocurra mencionarla ante nuestro padre- enfatizó imaginando que si su padre llegaba a escuchar dicha teoría, se armaría un desastre.
- Como sea, entonces ¿qué hiciste?
La mayor nuevamente suspiró.
- Estuve presente cuando los enmascarados vinieron a Hogwarts…- confesó rápidamente sabiendo inútil tratar de ocultarle los detalles a la otra.
Dominique arrugó su nariz en un gesto que la hacía parecerse enormemente a Fleur Weasley neé Delacour.
- Una acción más propia de Louis que de ti- comentó con un tono que peculiarmente se parecía a la admiración- Aunque todo esto me parece muy sospechoso…
- Lo es, en la fiesta de Lily todos los adultos se notaban preocupados, estoy segura que saben más de lo que nos revelan- observó- Como sabes, estos enmascarados se hacen llamar los Pilares pero creo que son mucho más que una simple secta de fanáticos- concluyó para sí misma, la carta de Teddy la había dejado intranquila.
- Detesto que los adultos nos traten como niños y nos oculten cosas- se quejó la otro tirándose en la cama de su hermana como si nada.
- Para ellos, aún somos niños…
- Ellos pelearon en una guerra a tu edad, esa no es una excusa válida
- Pelearon porque no tuvieron opción y, personalmente, no quiero participar en ninguna guerra- declaró la mayor con sinceridad.
En ese momento, una lechuza tocó en la ventada de la torre, Victorie se levantó para abrirle y recibir la carta que llevaba para ella.
- Gracias- susurró al ave mientras le ofrecía un bocado de alimento para lechuzas y un saquito, luego el ave se retiró sin más.
La chica leyó la misiva y su gesto se alteró.
- ¿Qué pasa?- inquirió su hermana sentándose para verla mejor.
- Los profesores siguen reforzando el escudo exterior- informó- Definitivamente están preocupados por algo…
- ¿Se puede saber cómo te enteraste de eso? ¿Quién te envió esa carta?- le cuestionó la menor.
- Tengo mis fuentes…
- ¿Qué fuentes?
- Personas que me informan sobre detalles importantes o cualquier cosa fuera de lo común, tú mejor que nadie sabes el valor del conocimiento- sonrió la mayor con autosuficiencia mientras destruía la misiva, no podía evitar sentirse orgullosa de su inteligencia.
- ¿Y qué es lo que haces para que te mantengan informada? ¿Los amenazas con quitarles puntos?- aventuró sin imaginar que su perfecta hermana estuviera abusando de su posición.
- Claro que no, ¿cómo puedes creer eso de mí?- fingió indignación- Simplemente les pago a cambio de sus servicios- declaró como si fuera lo más natural del mundo.
- ¿Les pagas?- eso extrañó enormemente a la otra- ¿Con qué oro? Todo el dinero que te mandan nuestros padres lo gastas en dulces, ropa y maquillaje, ¡te he visto!- acusó, además no era como si les enviaran una fortuna.
- Tu error hermanita, es creer que sólo cuento con el dinero que me mandan nuestros padres- dijo tocando la punta de la nariz de la otra con diversión.
- No trabajas, no vendes tareas ni das tutoría. ¿Acaso Teddy te da dinero?- indagó analíticamente, ahora tenía curiosidad por conocer esa parte oculta de la vida de su hermana mayor.
- Jamás le pediría dinero a Teddy- negó con renovada seriedad- Pero resulta que tengo una madrina que siempre se asegura de que cuente con algunos galeones extraoficiales- soltó con picardía, desde que ingresó a Hogwarts su madrina le enviaba una cantidad de oro mensual que había ido incrementando con el paso de los años, nadie más que ellas dos sabían del asunto, bueno y ahora también lo sabía Dominique.
- ¿Por qué haría algo así la tía Hermione?- se preguntó la otra más para sí que para su hermana.
- Porque soy una ahijada modelo, tengo excelentes calificaciones, fui prefecta y actualmente soy Premio Anual- enlistó sus cualidades con orgullo- Además, mi madrina siempre ha dicho que el saber es poder, pero que éste no se consigue únicamente en los libros- agregó.
- Entonces decidiste formar tu propia red de espionaje- concluyó la menor.
- Si así quieres llamarla…
- Hermana, creo que comienzo a respetarte- bromeó Dominique.
Victorie tan solo se encogió de hombros.
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Una figura encapuchada caminaba lentamente a través del bosque, se deslizaba como una sombra en medio de la neblina que cubría un piso de hojas secas y moho.
El ambiente no era precisamente propicio para el canto de las aves o en general para cualquier animal no letal, por eso es que el sonido de un seco gruñido no sorprendió a la figura.
Hubo otro gruñido, esta vez más cerca.
- Deja de compórtate como un animal salvaje y muéstrate ante mí- exigió la figura deteniéndose con una calma envidiable.
Esta vez el gruñido vino acompañado de la silueta de un enorme hombre quien avanzaba ligeramente encorvado. Conforme se fue acercando al encapuchado, sus rasgos se fueron definiendo y no podían clasificarse más que como ferales.
- ¿Qué buscas aquí, hechicera?- preguntó el hombre con brusquedad mostrando unos afilados dientes amarillos, su aliento apestaba como si algún animal hubiera muerto en su boca.
- Quiero el apoyo de tu manada para hacer un trabajo- dijo la misteriosa figura.
- Nosotros no hacemos tratos con los de tu clase, mucho menos aceptamos trabajos- gruñó el 'hombre' de ojos ambarinos.
La mujer le lanzó un saquito que, con reflejos de animal, el otro atrapó en el aire. Se lo acercó a la nariz para olfatearlo con sospecha y luego lo abrió, de él sacó un puñado de monedas doradas.
- ¿Es ese el suficiente incentivo?- dijo ella todavía impasible.
- ¡A nosotros no nos sirve tu sucio oro! ¡Y no pienses ni por un segundo que somos una bola de perros entrenados que os magos pueden usar a su antojo!- espetó lanzándole el saquito de regreso, éste no llegó a impactar a la otra pues se quedó flotando en el aire.
La encapuchada levantó una de sus manos y la criatura que se asemejaba a un hombre sintió una terrible fuerza oprimiéndole el pecho, era como si estuvieran estrujando su corazón.
- Escucha lobo- pronunció con lentitud- Todos tienen un precio y me dirás cuál es el tuyo o te mataré a ti y luego acabaré con toda tu patética manada uno por uno- amenazó fríamente.
El hombre se arrodilló en el suelo incapaz de mantenerse de pie debido al dolor, sentía que se acercaba el fin de su vida cuando la opresión lo liberó sin más, permitiéndole respirar con desesperación.
- ¿Qué…eres?- inquirió realmente asustado, su instinto le decía que esa mujer podía matarlo tan fácilmente como si aplastara a una hormiga. Ni su fuerza sobre humana o sus uñas afiladas podrían defenderlo contra ese poder que amenazaba con destruirlo si osaba desafiarlo.
- No necesitas saberlo, ¿cooperarás o no?- inquirió con poca paciencia.
El aludido la miró incorporándose con lentitud, un escalofrío recorrió su espalda y supo que no tenía otra opción más que someterse ante aquella poderosa hechicera o morir desafiándola.
Pero él era un cobarde.
- Te llevaré con nuestro Alfa, con él podrás discutir el precio de nuestra cooperación- asintió recuperando parte de su previa hostilidad- Si eres tan poderosa, ¿qué necesitas de nosotros?- agregó sin poder evitarlo.
Ella lo miró desde la obscuridad de su capucha.
- Eso es una sorpresa, tú sólo ocúpate de llevarme con tu Alfa- sonrió la otra.
Ambos se adentraron en las profundidades del bosque milenario sin preocupación alguna, pues ellos eran en ese momento las criaturas más letales que lo cruzaban.
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Percy estaba cobrando algunos libros a una señora muggle de edad avanzada, su porte de intelectual inspiraba confianza en la gente mayor y él era feliz peinándose con su raya de lado dejando su cabello rojizo brillante por el gel empleado en el proceso.
Vivir en el mundo muggle no era tan extraño como creyó cuando era pequeño, había muchas invenciones que fácilmente podían sustituir a la falta de magia, y le fascinaba aprender a usarlas. Dejar el Ministerio y poder conocer a Audrey había sido una de las mejores decisiones de su vida.
- Excelente elección señora- le dijo a la canosa mujer regalándole una sonrisa.
- Gracias Percival, eres un encanto- ella le pellizcó uno de sus cachetes con diversión- Escogiste bien Audrey querida, tu esposo es raro pero adorable- añadió mirando a la otra mujer que acomodaba unos libros en las estanterías.
- Lo sé señora, supongo que tuve suerte de que él me encontrara- sonrió Audrey con su gesto angelical, era fácil amar a esa mujer que tanta bondad poseía.
El pelirrojo la miró embobado durante unos segundos, la campanilla de la puerta sonó indicando la salida de su cliente más reciente.
- ¿Qué te parece si hoy cerramos temprano y te llevo a cenar a un lugar bonito?- propuso el hombre haciendo brotar su lado más romántico que solamente su esposa conocía.
- Me encantaría, Lucy puede quedarse un poco más de tiempo con Molly- asintió girando para acomodar otro libro.
La campanilla de la entrada volvió a sonar y un hombre de mirada turbia se acercó al mostrador medio tambaleándose en el camino.
- Buenas tardes señor, ¿qué título buscaba?- le preguntó el pelirrojo con amabilidad aunque un tanto distraído.
El recién llegado sacó una pistola de su chamarra con la cual apuntó al otro.
- Dame todo el dinero de la caja- exigió con hostilidad y con un dedo en el gatillo.
El mago miró hacia la pistola con curiosidad, nunca había visto uno de esos aparatos muggles en vivo, no se veía peligrosa en lo absoluto, pero el hombre sí se notaba alterado. Por reflejo, convocó su varita moviendo su mano derecha sin prever las consecuencias.
- ¡Percy, no! ¡Es un arma!- le gritó su esposa saliendo de entre los estantes con un gesto aterrorizado.
Un disparo se escuchó por toda la tienda, el ladrón se dio a la fuga sin el dinero y Percy sostuvo entre sus brazos el sangrante cuerpo de su esposa.
¿Qué había sucedido?
¿Por qué había sucedido?
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A/N: Poco a poco, todo comienza a cobrar sentido y las cosas se complican más y más.
esdm.- Hola, es un gusto leerte y saberte interesado en la historia; el capítulo 1 efectivamente trató de hacer creer que estaba continuando con el Epílogo de Rowling sin embargo no fue así y en los flashblack trato de reflejar qué fue lo que sucedió. Espero leerte pronto.
Yuuki Kuchiki.- Hola, gracias por tus comentarios. Teddy tendrá un papel importante y claro que sospecha que algo anda mal aunque no se ha acercado a la verdad. Los Pilares se mueven rápido pues ya estaba en su etapa final de la búsqueda, lo que quieres es el Oro del Rin que es forma parte de la obra El Cantar de los Nibelungos. Nos leemos pronto.
Viridianasag.- Hola, lo sé, esos flashbacks son breves pero pronto se armarán como piezas de un rompecabezas y todo tendrá más sentido. Hasta entonces.
Scathach.- Eso suena drástico pero me alegra, de alguna manera, haber contribuido a que no dejaras de leer estas historias; sé que consumen tiempo pero algunas valen la pena. Es un gusto saber que mi otra historia te agradó tanto y, aunque sé que el final es abierto, aprecio tu percepción; mis mejores deseos para ti también y espero saber más de ti.
LuiNott.- Todo peligra, cierto pero ahí está lo interesante ¿no lo crees? Aquí otro capítulo y en espera de tus comentarios.
