Disclaimer: La idea original de Harry Potter, así como sus personajes son propiedad de J.K. Rowling.
EL OCASO DE LOS DIOSES
...
Summary: No fue sino hasta ese momento que comprendieron lo que estaba pasando; precisamente cuando el mundo se desmoronaba frente a unos ojos que ya no podían ver. – Hermione...- susurró una voz rota. – Nada es para siempre- dijo ella como si le hablara a un extraño y eso rompió su corazón un poco más. ¿Cómo llegaron a ese punto? AU EWE
[Capítulo 7: Corazón de Cocodrilo]
...
"Sé que estuve colgado de aquel árbol que el viento azota,
balanceándome durante nueve largas noches,
herido por el filo de mi propia espada,
derramando mi sangre por Odín,
yo mismo una ofrenda a mí mismo:
atado al árbol
cuyas raíces ningún hombre sabe
adónde se dirigen."
- (Las palabras del Altísimo: Hávamál)
…
…Flashback…
- ¡Déjame salir de aquí!- bramó una voz llena de miedo e ira, llevaba una bata de dormir y su cabello parecía haber sido cortado con un pedazo de vidrio.
- Guarda silencio niña, nadie te escucha- espetó la profunda voz de Severus Snape quien miraba a la pelirroja desde su cuadro, todavía no sabía cómo había aceptado que pusieran su pintura en esa habitación.
- ¡Exijo que me dejen salir! ¡No soy su prisionera!- bramó golpeando la puerta de la habitación con todas sus fuerzas.
- Y deberías ser un poco agradecida por no estar pudriéndote en una prisión búlgara- recalcó el recuerdo de un hombre poco amable pero valiente hasta el final.
La mujer miró la pintura como si se tratara de su peor enemigo, sus ojos castaños brillaban entre lágrimas contenidas.
- ¡¿Agradecida?!- repitió con sarcasmo- ¡Soy una prisionera!- gritó.
- Estás enferma y sólo serás retenida aquí hasta que te recuperes- aclaró el otro cada vez con menos paciencia.
- ¡No estoy enferma!- negó- ¡Quiero hablar con McGonagall! ¡Llámala!-exigió sin importarle cómo le estuviese hablando a su antiguo profesor de pociones.
Severus arrugó su nariz pero desapareció del cuadro sin agregar otra palabra, por lo que la pelirroja supuso que llamaría a la directora así que se sentó en uno de los sillones del lugar.
Tenía que convencer a la mujer de dejarla ir o, por lo menos, de regresarle su varita y quizás así pudiera escapar de algún modo.
La puerta de la habitación se abrió pero no fue la anciana mujer quien la encaró, sino un joven hombre a quien conocía demasiado bien pero no se alegó de verlo.
- Hola Ginny- la saludó Neville Longbottom vestido con una túnica profesional y portando un aire de confianza que no tenía en su juventud.
- Pedí ver a McGonagall- fue el parco saludo de ella.
- La directora está ocupada y me ofrecí para ver qué necesitas- explicó sin perder la calma mientras cerraba la puerta y se sentaba frente a su antigua compañera.
La observó atentamente, notando con tristeza que la valiente mujer que había luchado a su lado en la Batalla de Hogwarts no era más que una sombra de la hechicera que algún día fue; su rostro estaba demacrado y su cuerpo demasiado delgado para ser sano, su cabello estaba cortado irregularmente y en sus ojos no había más que desesperación.
Esa no era la Ginny Weasley que llegó a admirar.
- Necesito que me liberen- espetó la desconocida.
- No eres una prisionera…
- ¡Entonces déjame salir! ¡No puedo estar aquí ni un segundo más!- elevó su voz mirando al joven con reclamo.
Neville contuvo un suspiro, al principio no creyó que las cosas estuvieran tan mal pero ahora sabía la verdad y no flaquearía ante la adversidad.
- Lo siento pero eso no será posible hasta que te recuperes- dijo- Cuando seas tú misma nuevamente, prometo que nadie te retendrá en contra de tu voluntad- agregó en un intento de suavizar las cosas.
Cuando Minerva le dijo que llevarían a Ginny a Hogwarts supuso que sería para un descanso, nunca imaginó que era para su recuperación y que sería en contra de su voluntad…no obstante, era mejor eso que verla encerrada en alguna prisión extranjera o, peor, en Azkabán.
- ¡Bastardo!- gritó la mujer al tiempo que se lanzaba para atacar al hombre pero éste la detuvo de las muñecas sorprendido ante la poca fuerza de la otra.
- ¿Qué pasó contigo Ginny?- le preguntó con dolor, no podía soportar el verla en esa condición, no a ella…
Pero la pelirroja no les respondió sino que derramó las lágrimas que luchaba por contener, y su cuerpo perdió toda su fuerza.
Estaba enferma pero no le importaba.
Quería dormir para nunca más despertar.
Quería dormir para no sentir más…porque su corazón aún latía.
Latía por un hombre que ya no la amaba.
…Fin del Flashback…
- Vamos Molly, solamente será una vez- le rogó una joven de tez apiñonada a su prima quien tenía un corto cabello pelirrojo y un sinfín de pecas adornado su rostro.
- No puedo Roxanne, sabes que nos meteríamos en muchos problemas- respondió la aludida en un tono demasiado maduro como para estar en segundo año.
- Al tío Neville seguro no le molestará…por favor- insistió la otra casi colgándose del brazo de la pelirroja mientras se dirigían al Gran Comedor para cenar.- Sólo será una vez, y ahora sería excelente porque casi no habrá nadie en la Sala Común de Hufflepuff- exclamó con ojos suplicantes.
Molly emitió un profundo suspiro, era la única Hufflepuff de la familia pero eso no le molestaba en lo absoluto, le encantaba la camaradería de sus compañeros y el sentido que compartían sobre el valor del trabajo duro; además, su tío Neville era su Jefe de Casa, lo cual era genial…sin embargo, su prima Roxanne algunas veces la fastidiaba demasiado.
- También a mí me gustaría conocer tu Sala Común pero…
- ¡Pues vamos! ¡La conoces y luego me llevas a la tuya!- sonrió la otra.
- ¡Molly!- una tercera figura las interrumpió justo cuando llegaban a la puerta del Gran Comedor.
Las niñas vieron a su tío Neville y se alarmaron al instante, se le notaba alterado.
- Hola tío- saludó una de las dos con cautela.
- Molly, por favor acompáñame no tenemos tiempo para explicaciones. Roxanne avisa a tus primos que Molly está conmigo- dijo el hombre tomando a la primera de la mano.
- ¿Qué sucede?- increpó Roxanne totalmente confundida.
- Te lo explicaré luego- se disculpó el hombre caminando rápidamente hacia la oficina de la directora.
Molly no dijo una sola palabra en el camino pues tenía un mal presentimiento de todo esto, cuando llegaron a la chimenea por la cual se transportarían, su tío lanzó polvos flú al fuego pronunciando claramente el nombre de San Mungo…esa no era una buena señal.
- ¿Tío?- preguntó sin poder articular otra cosa, el adulto la miró de reojo pero no soltó su mano.
- Molly, tienes que ser fuerte- le murmuró mirando al frente.
Esas palabras solamente lograron asustar a la menor quien miró también al frente encontrándose con una aglomeración de gente, al parecer toda su familia estaba presente y con gestos que iban desde la tristeza hasta la furia.
Sabiendo que algo malo había pasado, buscó a sus padres por instinto y, cuando localizó a su padre, su corazón dio un doloroso latido…
- ¿Papá?- lo llamó soltándose de su tío para correr hacia su progenitor quien levantó sus azules ojos para mirar a su hija mayor, en ellos había un profundo dolor.
Eso congeló a la aludida en su lugar.
- Oh Molly- sollozó el hombre sin poder seguir mirándola al tiempo que Lucy se lanzó hacia su hermana para abrazarse a ella y soltándose a llorar en el proceso.
- ¿Qué pasa? ¿Por qué estamos aquí? ¿Dónde está mamá?- preguntó al ver a todos tan alterados, especialmente a su padre y hermana.
- ¿Por qué la sacaste del Colegio?- intervino la Molly adulta mirando a su yerno con reproche, sus ojos castaños estaban llenos de lágrimas y su expresión era una de claro pesar.
- Porque yo se lo pedí, ella tiene tanto derecho a estar aquí como Percy o Lucy- se adelantó Ginny con voz firme mientras tomaba la mano de su esposo.
- ¡Es muy pequeña para pasar por esto!- le espetó la matriarca Weasley convirtiendo su frustración en furia como Ron había aprendido a hacer.
- Lo es, pero no vamos a ocultarle las cosas, tiene que comprender lo que pasó- respondió la otra con idéntica intensidad pero sin levantar la voz.
- ¡No debería! ¡Esto no debería haber pasado!- replicó nuevamente la mayor dejando que las lágrimas salieran de sus ojos libremente.
Ginny suavizó su expresión al ver el gesto de su madre y se adelantó para abrazarla con fuerza.
- Pero pasó mamá, sabes que lo mejor siempre es la honestidad, no subestimes a tu nieta- le dijo mientras su padre se acercaba también a consolar a su esposa.
Fleur decidió que era momento de dejarse tanto drama y explicarle las cosas a la pequeña quien se veía cada vez más asustada.
- Molly- inició la rubia mirando a la pequeña hufflepuff- Tu mamá está herida porque un hombre intentó robar su librería y la lastimó- le explicó con el mayor tacto posible pero sin tratarla como a un bebé.
- ¿Un ladrón?- preguntó la menor comenzando a comprender lo que estaba pasando.
- Sí, el hombre le disparó con una pistola- le dijo su tío Harry haciendo notar su presencia y sabiendo que la niña comprendería la gravedad de la situación.
Molly inspiró profundamente mientras la lágrimas escurrían también por sus mejillas sin que se hubiera dado cuenta cuándo empezaron, miró a su padre y a su hermana quien seguía aferrada a su cintura; en ese momento supo que ella podía imitar el comportamiento de su madre mientras ésta se recuperaba, ella sería uno de los soportes de su familia.
Lo haría porque podía hacerlo.
En ese momento, mostró a todos los presentes que un hufflepuff era más que un dedicado trabajador, y recordaron a Cedric Diggory quien había luchado por sus creencias hasta el final, porque un hufflepuff no era solamente leal sino que era fuerte.
- ¿Cómo está?- preguntó mostrando esa misma fortaleza cuando miró directamente a su tío Harry, de todos los presentes él le diría la verdad.
- Todavía no nos dicen nada- confesó con sinceridad, luego miró de reojo a su esposa quien caminaba en pequeños círculos un poco más alejada de la familia, estaba claramente nerviosa.
Bill se acercó a Fleur para tomarla de mano con cariño, Ron estaba sentado a un lado de Percy y del otro lado estaba George, los tres consolándose mutuamente; Angelina estaba recargada contra una pared con gesto intranquilo mientras Luna miraba hacia el techo sumida en su eterna pasividad.
Molly despegó los brazos de su hermana de su cintura para tomarla de la mano y colocarse frente a su padre, luego colocó su mano libre sobre las manos de éste, y le habló con firmeza.
- Mamá estará bien- declaró tan segura como que el sol saldría mañana.
Todos observaron la escena y supieron, con un amargo orgullo, que la niña había crecido en esos minutos frente a sus ojos y que ya no sería la misma nunca más.
- El esposo de Audrey Weasley- llamó un sanador de túnica color verde lima.
Percy saltó de su lugar ante el llamado y todos se acercaron para escuchar las noticias.
- ¿Cómo está mi esposa?- increpó el pelirrojo de lentes a lo que el sanador lo miró con seriedad.
- La bala perforó parte de su estómago y dañó su hígado, sin embargo la trajeron a tiempo y se recuperará con un poco de reposo- informó para gran alivio general- Mañana mismo podremos darla de alta si todo avanza bien y, con las pociones adecuadas, estará como nueva en un par de semanas- agregó satisfecho con su trabajo.
- ¡Gracias a Merlín!- exclamó la Molly adulta.
- ¿Podemos verla?- quiso saber Percy aliviado pero deseoso de comprobar con sus propios ojos que su esposa estaba bien.
- De momento no es posible, la señora Weasley debe descansar- dijo el sanador- Les avisaré cuándo podrá recibir visitas- añadió retirándose cuando lo llamaron con urgencia por otro asunto.
Percy emitió un sonoro suspiró y miró a su hija mayor, en ella vio el reflejo de su propio alivio y la abrazó abarcando a Lucy en el gesto, los tres lloraron al saber que no perderían a la mujer más importante de sus vidas.
Harry, por su lado, también sintió un inmenso alivio, sin embargo un profundo enojo comenzó a embargarlo… ¿cómo era posible que un ladrón muggle dañara a alguien de su familia? Habían sobrevivido a cosas peores y ahora esto…
En ese momento, Teddy llegó agitado colocándose al lado de su padrino y envestido en el uniforme de auror en entrenamiento.
- Harry- lo llamó casi en un susurro- Fui a revisar la librería pero no hay rastros del ladrón, dado que es un muggle no podemos rastrear su aura mágica y nuestros métodos usuales no parecen servir de mucho- explicó.
El ojiverde frunció el ceño, asintió y se acercó a Percy sin importarle interrumpir su emotiva escena.
- Percy, necesito tu memoria del incidente- solicitó decidido a localizar al ladrón tan pronto como fuera posible.
El aludido miró al auror con una expresión confundida, no parecía haber entendido la petición del otro.
- Quizás este no es el mejor momento Harry…- intervino Molly adulta con precaución.
- Este es el mejor momento, necesitamos atraparlo lo antes posible- espetó el ojiverde con dureza a lo que la mujer retrocedió un paso, conocía bien a Harry y sabía que estaba furioso.
- Harry- una mano se posó gentilmente sobre su brazo derecho- Aún no sabemos cómo vamos a manejar este caso, la implicación del Ministerio de Magia debe ser discreta de momento…- inició Hermione un poco más tranquila luego de la noticia sobre la recuperación de la mujer, apreciaba mucho a Audrey y se había preocupado por ella.
El hombre de gafas circulares miró a su esposa con exasperación, si bien ya no era el adolescente de antes con bruscos cambios de humor y ciega valentía, sí era un hombre testarudo cuando se trataba de su familia y las emociones solían dominarlo en esos casos.
- No me importa el protocolo Hermione, esto es algo personal; no podemos esperar al absurdo papeleo- aclaró hostilmente separándose del agarre.
- Si lo estás tomando de esa manera tan personal, no puedes usar tu condición de Jefe de Aurores para resolverlo y, como civil, estarías rompiendo una de las leyes más importantes de nuestra sociedad- replicó tratando de hacerlo entrar en razón, ella también estaba furiosa y quería encontrar al dichoso ladrón, pero no permitiría que arrestaran a Harry por cometer una locura como dar cacería a un muggle.
- ¡No me importa!- gritó el hombre con evidente furia, su magia hizo vibrar un poco el lugar.
Los demás se quedaron mudos al contemplar la discusión de la pareja, no era usual que pelearan de esa forma; además, cada uno de ellos tenía razón en sus respectivos argumentos, aunque la mayoría debía admitir que favorecía más la postura de Harry, querían venganza…
- Hermione- una nueva voz la llamó rompiendo con el tenso silencio- Tengo algo que informarte- añadió acercándose a la aludida con gesto serio.
- Adelante Hermione, ve a atender asuntos más importantes que la familia- espetó Harry al reconocer al dichoso interno de su esposa.
Hermione le dirigió una dura mirada a su esposo y apretó sus labios para no responderle con agresividad, en cambio solamente se limitó a dar media vuelta para caminar a un lugar apartado y hablar con el recién llegado que tan oportuno era.
- ¿Qué pasa Charles?- inquirió con rastros de molestia.
Peasegood conjuró varios hechizos de privacidad antes de hablar, no deseaba correr ningún riesgo.
- Sabemos quién es el culpable de herir a tu cuasi cuñada Audrey Weasley- declaró en un tono neutro- Sabes que solamente necesitas decirlo…
Hermione se tensó ante la insinuación.
- No recuerdo haber concordado con el tema de ser el juez y verdugo- acusó ella con renovada amargura, otra migraña crecía en su interior.
- Si queremos orden, eso es lo que debemos hacer; además en este caso no hay otra solución- explicó tranquilamente- Tú lo sabes mejor que nadie, nosotros somos la única respuesta posible a este dilema- elaboró sabiendo que sus palabras eran perfectamente ciertas.
La mujer tensó su postura, no quería ceder ante semejante tentación.
- Encontraré otra forma, no todo puede resolverse de esa manera, no todo tiene que acabar en violencia- negó ella frunciendo el ceño, sentía la influencia de ese hombre y se resistía a caer en sus juegos.
- Pero ya sabes en qué va a acabar: Potter hará justicia por su cuenta- asumió con un ligero matiz de burla- Lo cual podría mandarlo a prisión, en cambio nosotros podemos encargarnos de este asunto sin mayores consecuencias, considéralo como un favor que hacemos tanto a la comunidad mágica al eliminar un muggle peligroso- propuso con una sonrisa ladeada.
- No permitiré que me sigas manipulando- gruñó ella alterándose ante semejante insistencia, detestaba que siquiera estuvieran hablando sobre matar a más personas.
- ¿Preferirías que no te molestara?- inquirió alejándose un paso y llevándose consigo ese halo de tranquilidad con el cual constantemente la envolvía.
Entonces Hermione sintió que el monstruo en su interior se agitaba, el dolor en su cabeza creció de una manera explosiva y tuvo que concentrarse para poder mantenerse de pie…era demasiado, quería detener su agonía, quería escapar de ese purgatorio...
- Charles- susurró casi como un ruego.
El joven hombre mantuvo su sonrisa y tomó a la castaña de la mano provocando que una poderosa ola de tranquilidad la invadiera, sus sentidos se tranquilizaron y pudo respirar con mayor tranquilidad; el hombre actuaba como un sedante y supo que no tenía otra opción.
Recordó que no había vuelta atrás.
- Destino se ofreció a encargase del muggle ella misma en cuando el Buscador lo localice- le informó el hombre como si la aceptación fuera un hecho.
- Chantajear a un oficial del Ministerio, es un delito grave- susurró la mujer.
- También lo es conspirar a espaldas de dicho Ministerio ¿no?- replicó totalmente relajado- Todos estamos involucrados en esto Hermione, solamente deja que nos ocupemos de las cosas- agregó.
- ¿Cómo?- inquirió finalmente dando a entender que aceptaba la oferta.
- Será rápido, no debes preocuparte por eso hermana, haremos esto por ti y por la justicia- declaró a lo que la otra se limitó a asentir- Ahora voy a soltarte y quizás sientas algo de dolor pero te di suficiente energía como para que no aumente en unas horas, sabes que este es el único camino- le advirtió.
Hermione se preparó para lo que viniera y, cuando el contacto terminó, sus ojos se cristalizaron y una solitaria lágrima escurrió por su mejilla. No era enojo lo que sentía sino una profunda tristeza al saberse parte de un asesinato, al saberse diferente de la persona que era, que debía ser…
¿En qué se estaba convirtiendo?
- Vete Charles, no puedo verte en este momento- lo despidió dando media vuelta para regresar con su familia.
Su rostro de gentiles facciones se notaba sombrío y su andar no tenía el aplomo acostumbrado, Harry la miró con preocupación pues todo enojo que pudiera sentir con ella, era sobrepasado por todo el amor que le tenía.
- ¿Qué pasa? ¿Malas noticias? ¿Qué te dijo ese tipo?- Ron se le adelantó a su amigo a preguntar lo que todos pensaban.
- Sí, malas noticias- asintió ella.
- ¿Más?- Angelina no pudo evitar soltar ese comentario.
- Temo que sí…- asintió la castaña- Charles corroboró mis sospechas, el Ministerio no puede involucrarse en este caso de ningún modo legal por diversas circunstancias- explicó la elaborada mentira aunque era una triste realidad- El ladrón es un muggle, el incidente ocurrió en un zona muggle con un arma muggle, y Audrey en sí es una muggle…
- Pero está casada dentro de una familia mágica, debe poderse hacer algo- replicó Arthur de inmediato, conocía de sobra las leyes de su mundo.
- Su conexión con los Weasley podría haber bastado, pero Percy no trabaja en el mundo mágico desde hace años por lo que está clasificado como mágicamente inactivo y las niñas aún no son mayores de edad- señaló la mujer con un tono de derrota.
- ¿Dejarán entonces que la policía muggle se encargue? Sus métodos son anticuados y poco fiables- inquirió Harry visiblemente inconforme.
- Desafortunadamente eso tampoco será posible- negó ella- En el momento en el que Audrey ingresó a San Mungo, toda prueba del ataque es inservible para las autoridades muggles debido a la intervención de la magia…
- ¡Hubiera muerto de no traerla aquí!- exclamó Percy mirando a Hermione con rabia.
- Lo sé y no sugerí que no la trajeras aquí, solamente les expongo los hechos- defendió la mujer sabiendo que esa parte sería difícil.
- ¿Lo hechos Hermione?- espetó Ginny con un tono agresivo que no había usado en mucho tiempo- Estamos hablando de la familia y ¿dices que esto quedará impune? ¿Qué nadie puede hacer nada? ¿Qué el ladrón seguirá libre para lastimar a otros?- le preguntó la mujer comenzando a ponerse roja de la furia.
La castaña se mantuvo callada.
- Sí, eso es exactamente lo que dice- respondió Harry mirando a su esposa con dureza, como acusándola del crimen y eso dolió.
- Harry- la mujer lo miró con súplica- Sabes que haría todo lo necesario para atrapar a ese hombre, Audrey es parte de mi familia y la quiero con locura- le dijo con sincera convicción.
- Pues demuéstralo Hermione, eres la Jefa del Departamento de Entrada en Vigor de la Ley Mágica, busca una solución o déjame hacer lo que tenga que hacer para encontrarla- le exigió agitando sus manos para enfatizar sus palabras, él estaba dispuesto a infringir cualquier norma con tal de atrapar a ese hombre.
- No puedo abusar de mi posición Harry, la Leyes existen por una razón y esa es impedir el caos- replicó de vuelta, no le había gustado el comentario anterior- Y no puedes ir cazar a ese muggle como si nada, el gobierno muggle declararía una guerra en nuestra contra si se siente amenazado- añadió viendo el panorama general.
El otro le dirigió una mirada que jamás le había dedicado, era como si no la conociera.
- No puedo creer que no quieras hacer nada, que te quedes de brazos cruzados ante esto- la acusó con cierta decepción, ella simplemente esbozó una amarga sonrisa, si tan sólo supiera lo que había hecho, a lo que había accedido…algo tan atroz que la encerrarían en Azkabán sin dudarlo.
Ambos Potter se miraron fijamente durante unos segundos hasta que un grito los interrumpió.
- ¡Harry!- un conocido auror irlandés llegó corriendo a su encuentro.
- ¿Qué pasa Seamus?- inquirió el pelinegro duramente.
- Llegó otro paquete, esta vez es un muggle- declaró a lo que todos lo escucharon y Hermione sintió cómo un escalofrío recorría su espalda.
- ¿Un muggle? ¿Pudieron identificarlo?- preguntó el jefe algo confundido.
- No, pero tomamos una fotografía para poder publicarla y averiguar su identidad- le informó el otro mostrándole la imagen inmóvil del cadáver.
- ¡Es él!- exclamó Percy llamando la atención de todos- ¡Es él quien le disparó a Audrey!- aclaró acercándose a los aurores para ver la fotografía más de cerca.
Todos contuvieron el aliento y los dos aurores presentes intercambiaron una mirada.
- Creo que ya nadie tendrá que buscarlo- declaró George sombríamente.
- Seré un desalmado, pero me alegro- dijo Bill sin poder contenerse.
- ¿Estás complemente seguro de que es él, Percy?- inquirió Harry a lo que el otro asintió- ¿Cómo murió?- esta vez miró a su compañero.
- El sanador de la morgue concluyó que murió por una especie de compresión en el corazón- informó.
- ¿Compresión?- se extrañó Neville, no había escuchado de una muerte así antes.
- Dice que es casi como si una mano invisible le hubiera oprimido el corazón hasta hacerlo estallar- explicó Seamus consciente de que estaba revelando demasiada información a civiles, pero no le importó, tenían derecho a saberlo.
Hermione escuchó esa declaración atentamente, al fin conocía el devastador poder de Destino, pero ¿acaso ese sería su mayor potencial?
- ¿El remitente es el mismo?- preguntó Harry nuevamente, no podía alegrarse por la muerte de alguien aunque claramente lo mereciera.
- Sí, son los Pilares- asintió Finnigan mostrándole la ahora conocida moneda.
'No hay marcha atrás' repitió Hermione una vez más y con la vista fija en la moneda, ella había sido parte de eso, ella era parte de Ellos.
Miró a Lucy quien la miró de vuelta con sus antes inocentes ojos llenos de dudas, mezclados entre un tinte de furia y uno de alivio.
Su dulce sobrina había pasado por tantas cosas en meros minutos, y sabía que era culpa de la maldad de ese mundo, la maldad que le había arrebatado su pureza infantil.
Si los Pilares podían asegurar un mundo donde los niños jamás tuvieran que madurar antes de su edad, sería parte de eso.
Sería parte de cualquier otra atrocidad con tal de conseguir la felicidad de sus seres queridos.
Se convertiría en un monstruo por ellos.
No existía otro camino.
…-…-…-…-…-…-…-…-…-…-…-…-…-…-…-…-…-…-…-…-…-…-…-…-…-…-…-…-…-…-…-…-…-…
- ¿Qué se supone que debemos hacer?- gruñó una ronca voz repleta de hostilidad.
- Lo que yo les diga que hagan- respondió otro personaje de intimidantes ojos ambarinos.
- ¿Y qué es eso exactamente?- espetó de vuelta aún inconforme con la respuesta del otro.
El segundo le soltó un fuerte golpe en el rostro que lo derribó, ante eso todos los demás detuvieron su marcha para mirar la escena.
- Jamás vuelvas a cuestionarme o te desgarraré la garganta- lo amenazó en medio de un gruñido, luego miró a los demás- Iremos a divertirnos con algunos magos demasiado arrogantes como para prestarnos atención- agregó esbozando con una siniestra sonrisa.
- ¿Tenemos permiso de comernos a algunos?- inquirió otro hombre de rasgos lobeznos y expresión ansiosa, no parecía preocupado por saber a dónde iban.
- Claro, será como un festín- rio su Alfa con placer.
- Nuestro último festín- declaró otra voz con algo de recelo mientras ayudaba a su compañero caído a levantarse.
- Hagamos que cuente, hagamos que esos magos jamás puedan olvidarnos- dijo su Alfa muy seguro de sí mismo.
El grupo llegó a los límites del Bosque Prohibido entrando a una pradera completamente seca.
- Aquellos que puedan aparecerse ayuden al resto- ordenó el Alfa olfateando el ambiente- ¡Vamos al Callejón Diagon!- ordenó girando en su sitio para desvanecerse con un sonoro 'pop'.
Todos los demás lo siguieron.
…-…-…-…-…-…-…-…-…-…-…-…-…-…-…-…-…-…-…-…-…-…-…-…-…-…-…-…-…-…-…-…-…-…
El Callejón Diagon estaba lleno de vida y color como era costumbre después de terminada la Segunda Guerra de Sangre, la gente iba de un lado a otro viendo los diferentes productos ofrecidos en las tiendas. El día era soleado para ser principios de diciembre, sin embargo esa luz no duraría mucho tiempo por esa misma razón.
Uno de los locales más coloridos del lugar, Sortilegios Weasley, era también uno de los más populares precisamente por su increíble variedad de artículos de broma; además claro por ser un sitio frecuentado por varios héroes de guerra.
- Después de cerrar tenemos que ir a ver a Audrey, Angelina dice que ya está casi como nueva- sonrió George despachando a un niño de 10 años.
- Lo que no entiendo es cómo es que se las está arreglando Percy para cuidarla, atender la librería y pasar tiempo con Lucy. Yo me vuelvo loco cuando Luna se va a una de sus excursiones y su padre decide ir de visita- bromeó Ron acomodando mágicamente unos sombreros que cambiaban el color de tu cabello a verde intenso.
- Sabes que Pers es demasiado intenso como para quejarse, seguramente está tomando alguna poción vigorizante o está en drogas muggles- bromeó el otro de lo más natural.
- ¡George! ¡Necesito más poción de fantasía líquida!- gritó Lee rodeado de varias jóvenes brujas de expresión soñadora.
- ¡Va para allá!- se adelantó el menor de los hermanos de buena gana- Yo me encargo- añadió en dirección a George quien asintió tácitamente.
Ron bajó hasta la bodega del local donde mantenían sus reservas de productos de línea, afortunadamente el negocio era un éxito y nunca les faltaban clientes. Detectó las cajas de la poción que buscaba pensando en si debía regalarle una a su esposa…aunque lo mejor sería no hacerlo pues era suficientemente soñadora como para necesitar más incentivos.
Un grito en la parte de arriba lo alertó de inmediato, sacó su varita y subió las escaleras a toda prisa; ahí, los clientes comenzaron a correr hacia las salidas de emergencia.
- ¡Ron! ¡Hay licántropos en el Callejón!- le dijo George con su varita en alto y dispuesto a defenderse.
- ¡Debemos aparecernos, es muy peligroso quedarse aquí!- espetó Lee Jordan también con su varita en alto y una expresión asustada.
- ¡No! ¡Hay gente indefensa allá afuera! ¡Hay niños!- negó Ron corriendo hacia la salida sin esperar a nadie más, no dejaría que lastimaran a inocentes mientras él huía como cobarde.
Cuando salió a la calle, para su gran horror, vio una manada de licántropos a medio transformar atacando a la multitud como si se trata de un deporte.
¿De dónde demonios habían salido?
Esos seres eran del tipo salvaje que despreciaban a los magos y asumían su condición de licántropos con orgullo; precisamente por eso no frecuentaban las ciudades o pueblos, preferían habitar en los bosques…verlos ahí era especialmente preocupante pues esa noche sería luna llena y ya comenzaban a manifestar algunas de sus facultades más letales.
- ¡Expecto Patronum!- exclamó Ron convocando a su clásico fox terrier- ¡Harry, hay hombres lobo en el Callejón Diagon!- dijo a lo que el animal salió despedido a entregar el mensaje.
- ¿Dónde están los guardabosques cuando se les necesita?- inquirió George colocándose junto a su hermano mientras sonreía divertido por su propia broma.
- Parece que hoy nos tocará cuidar a los perros hermano- bromeó el otro pelirrojo a la vez que varios hechizos ya volaban por el aire.
- ¡Pues adelante!- gritó George corriendo rumbo a la acción.
Ron lo siguió de cerca vigilando su espalda, en cuanto tuvo al primer licántropo al alcance le disparó un hechizo aturdidor haciéndolo caer al suelo de inmediato. Al darse cuenta, otro lobo le gruñó lanzándose al ataque pero el ojiazul lo esquivó disparando otro rayo que derribó al primero.
Repentinamente, un rayo azulado rozó su mejilla cortando su piel con profundidad a lo que el hombre se giró en busca de su agresor topándose con la ambarina mirada de un licántropo poseedor de una varita. Ron hizo una mueca y comenzó a atacarle, los licántropos que coincidentemente poseían magia eran especialmente peligrosos siendo Remus Lupin una muestra clara de ello.
Aunque, a diferencia de Remus, este licántropo no se veía ni remotamente amigable.
Por su lado, George utilizaba diversos conjuros para incapacitar a los licántropos mientras trataba de ayudar a los magos presentes. Contempló varios duelos mágicos entre ambos bandos, incluyendo el de su propio hermano, y suspiró con molestia; ese día había comenzado maravillosamente bien y ahora esa jauría de perros rebeldes se lo estaba arruinando.
El sonido de varias apariciones que abrieron paso a un grupo de magos de características túnicas azules, hizo que los dos Weasley aliviaran un poco su tensión.
Habían llegado los aurores.
Harry Potter hizo acto de presencia con la guardia en alto, luego derribó a dos licántropos de un solo golpe abriéndose paso hasta donde estaba su mejor amigo.
- ¿Todo en orden Ron?- lo saludó noqueando a su oponente sin miramientos.
- Espléndido Harry- sonrió el aludido sin dejar de respirar agitadamente.
El grito de un niño los alarmó y contemplaron cómo uno de los atacantes le arrancaba la mano de un mordisco, Harry sintió que la sangre le hervía y se lanzó al ataque sin esperar un segundo más.
El sitio era un desastre con los licántropos corriendo por todos lados, varios magos habían sido heridos y algunos hasta asesinados; después de todo, pocos eran capaces de enfrentarse a esas criaturas y salir ilesos.
El Hombre-Que-Venció maldijo por lo bajo cuando se dio cuenta de que los lobos caídos eran reanimados por sus compañeros sin esperar ni un segundo, por eso sus números no parecían disminuir.
- ¡Noquéenlos para que no despierten en una semana!- ordenó mediante un sonorus y todos asintieron habiendo detectado también el problema de su táctica inicial.
A partir de ese momento, la defensa fue más efectiva sin embargo el ojiverde debía terminar con ese conflicto lo más rápido posible para evitar más víctimas pues evacuar a los civiles estaba resultando ser bastante complicado. Si conseguía ubicar al Alfa de esa manada, podría dispersarlos.
En su entrenamiento como auror había estudiado todo un año sobre criaturas mágicas, él se había enfocado en los licántropos pues el haber conocido a uno y considerarlo familia lo había incitado a querer saber más del tema. En esos estudios, estaba documentado que dentro de una manada, siempre existía un Alfa quien fungía como líder puesto que era el más fuerte y astuto de todos, una vez ocupada esa posición, los demás dependían de sus órdenes.
Por eso, comenzó a buscar al lobo que cumpliera con esas características y, con sorpresa, lo identificó luchando contra dos de sus aurores; era un hombre fornido con una inmensa cicatriz que deformaba su rostro desde su ceja derecha hasta su quijada pasando por un ojo completamente blanco. Utilizaba su varita con maestría y no parecía estar dominado por sus crecientes instintos, aunque era claramente sanguinario.
Harry se abrió paso hasta ese ser dispuesto a derrotarlo, le lanzó un rayo bastante poderoso que casi logró impactarlo de lleno en el pecho, pero el otro rodó sobre su espalda en el último segundo guiado por su agudo instinto animal. Luego fijó su único ojo ambarino en su atacante y emitió un fuerte gruñido.
Ese ojo le recordó a la mirada de Remus, pero en lugar de amabilidad encontró rencor.
- ¡Incarcerus!- vociferó el ojiverde tratando de detener al lobo, pero las cuerdas mágicas no resistieron ni un segundo ante la fuerza sobre humana del otro.
- ¡Avada Kedavra!- gritó el Alfa mientras el conocido rayo verdoso atravesó el aire en pos de Harry quien conjuró un enorme trozo de escombro para bloquearlo.
Los dos intercambiaron algunos rayos más hasta que el licántropo estuvo lo suficientemente cerca como para lanzar su propio cuerpo contra el auror derribándolo al suelo con fuerza. Harry trató de quitárselo de encima expulsando su magia para así apartar a su atacante lo suficiente como para incorporarse.
- ¡Voy a destrozarte!- soltó el otro mirando al auror con verdadera saña.
- ¡¿Qué rayos hacen aquí?! ¡No se les persiguió luego de la guerra! ¡¿Por qué regresaron?!- espetó el aludido mientras se limpiaba la sangre que escurría de su ceja, si la dejaba correr seguro tendría problemas para ver con ese ojo.
- ¡No tuvimos elección mago!- le respondió el otro con inmenso odio.
- ¡¿A qué e refieres?!- quiso saber intrigado por semejante declaración.
La bestia solamente soltó una carcajada y volvió a la carga, gracias a los reflejos de buscador del ojiverde, ninguna de sus garras malditas laceró su piel, pero el potente hechizo aturdidor que le siguió, lo mandó a volar contra una pared.
Harry trató de levantarse pero una poderosa mano rodeó su cuello estrellándolo nuevamente contra la pared, el otro sintió cómo su garganta se cerraba y tomó el brazo agresor con sus propias manos en un intento de liberarse.
- No tienes ni idea de lo que pasa a tu alrededor, mago despreciable- declaró la criatura con sincero odio.
De la nada, una fuerza invisible golpeó al Alfa rompiéndole el cuello con la caída…murió de manera instantánea.
El Jefe de Aurores cayó nuevamente al suelo tomando grandes bocanadas de aire.
Todo el Callejón se llenó de exclamaciones de sorpresa, mientras uno a uno todos los licántropos eran exterminados; ya fuera por golpes que destrozaban sus pechos, por rayos absorbiendo sus vidas o caídas que rompían sus cuellos. Fue una masacre sin que se derramara una sola gota de sangre, pero masacre a final de cuentas, pues no quedó ni un solo licántropo con vida para arrestar.
Los aurores se miraron confundidos y los civiles aliviados; Ron tenía un feo corte en su brazo izquierdo y George había perdido su oído de plata, pero ninguno había sido mordido.
En medio de todo, diez figuras encapuchadas hicieron acto de presencia, sus túnicas portaban runas únicas pero todos tenían la misma máscara dorada.
- ¡Ciudadanos!- habló una mujer, la misma que siempre hablaba- ¡Hemos exterminado a la amenaza inhumana de una vez por todas! ¡No volverán a dañarlos!- anunció con orgullo.
Los espectadores se mantuvieron callados mientras contemplaban a los recién llegados, algo en su porte transmitía seguridad, una engañosa sensación de confianza.
- Los…mataron- declaró un auror tomando el pulso de uno de los licántropos caídos.
- Desde luego, así nunca volverán a hacerles daño o a amenazarlos- asintió la mujer con obviedad.- Eliminados una plaga que infestaba nuestro mundo- añadió.
- ¡No tienen derecho!- exclamó Harry una vez recuperado el aliento, en su cuello se empezaba a formar una gran irritación y sus ojos se mostraban irritados por la presión.
- Salvamos tu vida Harry Potter, ¿o acaso no lo notaste?- evidenció la aparente portavoz.
- ¡Asesinaron a personas!- repicó el otro con furia- ¡No tenían ningún derecho a intervenir!
La enmascarada con voz de mujer se limitó a reír, su risa era fresca como si se tratara de alguien joven.
- Lo dice el hombre que desafió al Ministerio de Magia para asesinar a Voldemort- declaró divertida por su propia declaración.
El hombre de gafas circulares obscureció su mirada.
- En ese momento no hubo otra alternativa…
- Nosotros tampoco tuvimos opción, estas no eran personas sino criaturas salvajes que estaban a punto de matarlos a ustedes- explicó.
- Eran personas, y seguramente tuvieron familias…- susurró mirando el rostro sin vida del Alfa que efectivamente pudo haberlo asesinado.
Remus no era como ellos, pero había sido un licántropo.
Y todo licántropo era una persona, buena o mala pero una persona.
- ¿Acaso te recordaron a Remus Lupin?- increpó la desconocida mujer adivinando los pensamientos del pelinegro.
- ¡No te atrevas a mencionar su nombre!- estalló el hombre con renovada furia.
- No lo digo para desestimarlo Potter, sin duda Remus Lupin fue un héroe pero también fue una excepción- siguió ella- ¿Acaso has conocido a otro licántropo como él?- inquirió.
- Si son tan poderosos como dicen serlo, pudieron evitar asesinarlos- señaló negándose a contestar a esa pregunta que atentaba con destruir la igualdad por la que su esposa tanto tiempo había luchado- Pudieron noquearlos o contenerlos de algún modo. ¡No quieran parecer salvadores cuando sólo son asesinos!- acusó.
- Si nos hubiéramos enfocado en noquearlos como dices, les hubiéramos dado la oportunidad de volver a dañar a alguien más. La única solución era poner fin al problema de una manera definitiva- explicó como si le diera clases a un niño- Aunque asumo por tu gesto que sigues siendo incapaz de comprenderlo, quizás lo hagas en un futuro cercano y entonces nos des la razón. Nosotros sólo queremos orden y paz- declaró.
- ¡¿Acaso tus seguidores no tienen voz?! ¡¿Tú hablas por todos ellos?!- gritó la indignada voz de Ron.
Otro de los encapuchados se adelantó un paso.
- En lo absoluto Ronald Weasley, tenemos una voz- declaró con una voz profunda y masculina- Simplemente dejamos que el Destino hable en nuestro nombre, además no somos sus seguidores sino sus hermanos- aclaró con un tono repleto de poder a lo que la mujer retrocedió para darle el foro.
- Deben entender, que lo único que queremos es proteger al inocente y preservar la paz que tanto sufrimiento les costó alcanzar- intervino otra voz masculina mucho más delgada pero tan llena de poder como la otra.
- La única amenaza que veo en este momento, son ustedes- espetó George en apoyo a su hermano, tampoco le parecían las acciones de ese misterioso grupo de magos.
Los labios llenos de la llamada Destino se curvaron de una manera casi perversa.
- Con el tiempo, verán la verdad- dijo otra voz masculina pero de matices arrastrados.
- Hasta nuestro próximo encuentro- se despidió otra figura de voz suave y femenina.
Los enmascarados desaparecieron aprovechando el impacto que habían tenido sus revelaciones, dejando caos y destrucción alrededor además de una velada advertencia: regresarían.
- ¿Jefe?- un auror miró al pelinegro en busca de guía, nunca antes habían presenciado algo similar y no sabían qué hacer, un sincero temor invadió su ser.
- Llamen a los sanadores para atender a los heridos, ellos son la prioridad. Levanten los cuerpos, vean si puede identificar a alguno de ellos, después los enterraremos como se debe y envíen al equipo de limpieza para comenzar con las reparaciones- ordenó en base al procedimiento pero con gesto ausente.
Ron miró a su mejor amigo y tragó saliva, algo grande estaba por impactarlos.
¿Estarían ante las puertas de otra gran guerra?
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- ¡Mamá!- chillo una niña de voz aguda.
La adulta corrió a toda velocidad siguiendo el sonido del grito de su hija, entró al sótano de su casa encontrándose con una escena conocida.
Lily lloraba con fuerza ante una amenazante figura con siniestra capucha negra y largos dedos esqueléticos, quien no podía ser otra cosa que un dementor…
El temor estrujó su pecho hasta que la razón dio paso al reconocimiento.
- ¡Riddikulus!- exclamó la mujer rápidamente transformando al dementor en un vieja sábana- Cariño tranquila, es solamente un boggart, no podrá hacerte daño- le dijo abrazando a la pequeña para escudarla de la temible criatura.
- ¡Pero es muy feo y me da frío!- protestó la menor aferrándose a su madre con todas sus fuerzas- ¡Quítalo mami!- pidió en medio del llanto.
Hermione se incorporó colocando a su hija tras ella y levantó su varita dispuesta a encerrar al boggart en algún cofre para enviarlo al Departamento de Regulación de Criaturas Mágicas del Ministerio…sin embargo, el instinto de la criatura fue más veloz que su magia.
La vieja sábana comenzó a tomar forma y volumen transformándose poco a poco en la figura de una persona cubierta por una capa color escarlata, su rostro estaba oculto por una máscara dorada. La figura se quedó completamente inmóvil y, cuando Hermione se movió para deshacerse de ella, ésta se movió como su reflejo.
- ¡Diffindo!- el hechizo cercenó limpiamente la cabeza de la figura con increíble rapidez.
El boggart se convirtió en una masa amorfa de color verde mientras una especie de baba se esparcía a su alrededor…la criatura estaba muerta.
Lily se le quedó mirando con mórbida fascinación, jamás había visto morir a alguien o a algo.
- Hija, ve a tu cuarto- le dijo su madre con la respiración agitada.
Su voz sonó diferente a la usualmente cariñosa que utilizaba con sus hijos, por eso la niña obedeció sin reparos y salió corriendo del sótano.
Hermione contempló lo que había hecho y se forzó a no sentir nada más que satisfacción, no podía permitir que ese boggart jugara con su mente o que revelara su secreto.
Tenía que protegerse hasta el último momento porque sabía que habría uno, el instante cuando Destino decidiera que no podían seguirse ocultando tras las máscaras, cuando decidiera revelar su identidad al mundo mágico.
Cuando encontraran el Oro del Rin y Destino lo usara como corona para gobernar a todos.
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Harry salió a las calles londinenses dispuesto a investigar un extraño rastro de magia que había detectado casi como una coincidencia, iba saliendo del Ministerio habiendo decidido tomar la ruta muggle cuando percibió algo raro.
Suponía que podía estar dirigiéndose a una trampa pero no le importó, estaba demasiado furioso por el ataque de ese día como para preocuparse por su seguridad.
Llegó a un callejón sin salida donde la luz de una farola iluminó la sombra de una persona.
Parecía estarlo esperando.
- Sabía que vendrías Potter- dijo la voz entre las sombras.
El ojiverde enarboló su varita pero no atacó.
- ¿Qué es lo que pretendes Parkinson?- fue la única pregunta que salió de su boca.
Ante eso, la mujer se le acercó un paso y le dedicó una sonrisa altanera.
- Tengo información que te interesará escuchar.
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A/N: Luego de una pausa, nuevo capítulo.
Scathach.- Hola, los nombres de los capítulos realmente no tienen mucho qué ver pero son ingredientes de pociones y me pareció curioso ponerlos de títulos (aunque habrá algunos casos donde puedan relacionarse de alguna manera). Ron no me parece una mala persona, solamente algo flemático pero, como dices, ha madurado mucho; Hermione ciertamente se metió en algo peligroso y cada vez se da más cuenta de ello, al igual que Draco. En fin, agradezco tus comentarios y nos leemos pronto.
Lui Nott.- Muy cierto, el fin no justifica nada pero la venganza es un veneno perverso que no se detiene ante nada y veremos qué tan profundo corre. Me alegra que te gustara, espero tus comentarios.
Aid4.- Hola, me alegra que le dieras una oportunidad. Creo que precisamente porque Hermione tuvo demasiado de Voldemort es que tiene miedo, y el miedo (por desgracia) nos orilla a hacer cosas irracionales, es claro que habrá un punto cuando todo se descubra (aún falta para eso) y será interesante tanto para Hermione como para Draco. Espero leerte pronto, saludos.
Au revoir!
