Disclaimer: La idea original de Harry Potter, así como sus personajes son propiedad de J.K. Rowling.


EL OCASO DE LOS DIOSES

...

Summary: No fue sino hasta ese momento que comprendieron lo que estaba pasando; precisamente cuando el mundo se desmoronaba frente a unos ojos que ya no podían ver. – Hermione...- susurró una voz rota. – Nada es para siempre- dijo ella como si le hablara a un extraño y eso rompió su corazón un poco más. ¿Cómo llegaron a ese punto? AU EWE


[Capítulo 13: Mandrágora]

...

"Cielo lo llaman los hombres,

Lo alto, los Ases,

los Vanes, El tejedor de vientos;

los gigantes, El mundo superior,

los elfos, El techo hermoso,

los enanos, La sala de lluvias."

-Alvíssmál (Dichos de Alvíss).


- ¡Hermione!- el grito la sobresaltó- ¡Hermione!- se tensó más al reconocer la voz de su esposo.

Era de noche cuando llegó a su casa del Ministerio, el día había sido extenuante y no había tenido ocasión de ver a Harry desde la reunión de la Orden de la cual se retiró dramáticamente.

- ¡Hermione!- escuchó el grito nuevamente y sacó su varita corriendo hacia el lugar donde provenía el ruido, quizás Harry estaba en problemas.

Lo encontró recostado en un sillón de la sala con su cabellera más despeinada que de costumbre, sus lentes estaban un poco ladeados y su verde mirada parecía desenfocada.

Además, apestaba a alcohol.

- Harry- lo llamó conteniendo un suspiro, no era normal que el hombre bebiera tanto.

- ¡Hermione! ¡Te he estado buscando!- la reconoció tratando de incorporarse para saludarla pero no lo consiguió y la mujer frunció el ceño.

- ¿Dónde está Lily?- quiso saber de inmediato, no creía que su marido pudiera dejar que su hija lo viera así.

- Con Audrey- musitó como si no fuera importante.

Eso tranquilizó a la otra quien movió las piernas de su esposo para sentarse a su lado en el sofá.

- Estás tomado- declaró sin sonar realmente molesta, podía adivinar las razones de su ebriedad y no se sentía orgullosa por ello.

- No, no no…sólo estoy algo mareado- negó el auror acercándose a su esposa para sonreírle de una manera casi ausente.

- Déjame ayudarte a subir al cuarto, necesitas descansar- le dijo ella sin querer antagonizarlo en ese estado, el aliento alcohólico de su esposo comenzaba a marearla.

- No quiero descansar, quiero que hablemos- negó sin intenciones de levantarse- ¡Tenemos que hablar!- soltó con ímpetu.

- Ahora no es buen momento Harry, no estás en tus cinco sentidos…

- ¡Debe ser ahora!- objetó el otro mirándola con súplica mientras la tomaba suavemente de los brazos.

Harry Potter era el tipo de mago que, cuando tomaba demasiado, se ponía entre melancólico y depresivo. Por esa razón, Hermione cedió ante el ruego y lo tomó de la mano para indicarle que tenía su atención.

- De acuerdo, ¿de qué quieres hablar?- preguntó con gentileza.

- De nosotros- declaró el otro de inmediato.

- Nosotros estamos bien- lo calmó ella levantando una mano para acariciar su rostro con cariño, realmente amaba a ese hombre.

- ¿Lo estamos?- preguntó- Porque ya no lo sé…te siento distinta, no lo sé…tienes algo que me preocupa y no me lo dices…actúas diferente…- comenzó a decir con su voz desbalanceada- No entiendo por qué me dejaste solo- añadió alterándose un poco más con cada palabra.

En sus ojos había miedo, duda y amor.

- No te dejé solo amor- le dijo ella con pesar- Pero las cosas son complicadas y es mejor para todos que no me involucre en la Orden. Eso no significa que no te ame- aclaró deseando poder consolarlo más, poder decirle que lo seguiría hasta el fin del mundo…pero eso no era posible

- No puedo perderte- declaró el hombre aferrando entre sus brazos a la mujer de su vida sabiendo que no podría vivir sin ella por mucho que en ese momento estuviera lleno de incertidumbre.

- Eso nunca pasará, no mientras tú me ames lo suficiente- contestó ella recargando su mentón en el hombro del otro mientras dejaba escapar dos solitarias lágrimas.

- Te amo más que a mi vida- afirmó él con el corazón en la mano.

- Te amo tanto que duele- respondió ella con una abrumadora sinceridad.

Harry se separó del abrazo para besar a su esposa en los labios con un gesto desesperado, como si temiera perderla en cualquier momento. Las lágrimas de los dos se mezclaron dejando correr el sabor salado en sus bocas pues se amaban profundamente y sus corazones retumbaban con fuerza para proclamarlo a los cuatro vientos.

Entonces el ojiverde levantó a Hermione dejando de lado su ebriedad y ella envolvió sus piernas en el torso de su esposo quien caminó hacia la habitación más cercana con el único propósito de amarse de cualquier manera posible, de volverse uno sólo y pertenecerse hasta lo imposible.

Él se sintió completo sabiendo que indudablemente era amado y que haría lo que fuera por conservar ese amor, por conservarla a ella.

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- Señor Malfoy- una mujer de cabellera negra entró a los invernaderos donde los alumnos tomaban su primera clase del día.

El rubio giró su cabeza de inmediato.

- ¿Si profesora Parkinson?- inquirió el niño con educación.

- Acompáñeme- pidió intercambiando una mirada con Neville quien supo que no le estaba pidiendo permiso así que soltó un suspiro pero asintió.

Scorpius miró a Albus rápidamente y salió de los invernaderos caminando a un lado de su profesora quien miraba hacia el frente con una expresión seria.

- 'Sorbete de limón'- pronunció la adulta una vez que estuvieron frente a la gárgola que conducía al despacho de la directora.

El menor se limitó a subir las escaleras mientras éstas continuaban con su asenso; finalmente llegó a la puerta de hierro y madera donde seguramente lo esperaba su madre pues le había enviado varias cartas preguntando sobre noticas sobre su padre.

Tocó una sola vez antes de escuchar 'adelante' a lo que entró para ver a su madre sentada frente a la profesora McGonagall con un semblante demasiado serio para ser bueno.

- Señor Malfoy, tome asiento por favor- le pidió la anciana con amabilidad.

Astoria no se giró para ver a su hijo hasta que estuvo acomodado en la silla.

- Madre- la saludó el niño.

- Tengo que tratar un asunto con Hagrid, siéntase con la libertad de utilizar mi oficina Señora Malfoy- declaró Minerva al tiempo que se levantaba para salir del lugar y brindarles algo de privacidad.

Astoria permaneció en silencio un par de minutos más hasta que inspiró profundamente para ver a su único hijo a los ojos.

- El Wizengamot ha declaro a tu padre oficialmente como desaparecido- declaró la mujer con una voz que atentaba con romperse en cualquier momento.

- Pero…

- Actuaré como la cabeza de la familia Malfoy hasta que tú estés en condiciones legales de hacerlo- siguió tratando de ser fuerte ante toda esa situación.

Scorpius no podía creer lo que estaba escuchando, ¿acaso su madre se había dado por vencida? Él sabía que su padre estaba con vida y que eventualmente lo encontrarían…

- No dejarán de buscar a papá ¿o sí?- preguntó con preocupación.

- El Ministerio sí, ahora que Harry Potter renunció a su posición de Jefe de Aurores, no les importa lo que pueda pasar con Draco- espetó la otra frunciendo el ceño en clara frustración.

El rubio se sorprendió ante tal argumento, había sido una noticia amarillista el que el padre de Albus hubiera renunciado pero no imaginaba que los aurores perdieran sus principios por eso.

- La madre de Albus puede presionar para que sigan buscando- argumentó recordando que esa mujer tenía mucho peso político en el Ministerio.

Astoria soltó un bufido poco propio de su persona.

- La señora Potter me dejó muy claro que ese asunto no le correspondía- soltó con resentimiento- Pero eso no importa, contraté a varios magos que se dedican a encontrar a otras personas y no se detendrán hasta saber dónde está tu padre- agregó con más resolución- Mientras tanto, necesitas mantenerte alerta Scorpius, estoy segura que los llamados Pilares fueron quienes secuestraron a tu padre, luego atacaron la mansión y ya han irrumpido en Hogwarts…- su expresión pasó de seria a preocupada- Si las cosas siguen así, nos iremos del país- añadió.

Tal declaración enfureció al menor, no podía creer que su propia madre se estuviera comportando de esa forma, los Malfoy no eran unos cobardes.

- La solución no es escapar, madre- respondió- Si ellos tienen a papá, seguramente es porque él sabía algo importante o representaba una amenaza para ellos- explicó seguro de sus palabras- No podemos irnos y dejar que hagan lo que quieran.

Astoria miró a su hijo con orgullo, no era que le entusiasmara su inusual valentía pero se sentía aliviada al saber que tenía su corazón en el lugar indicado; no era como Lucius Malfoy y le agradeció a Merlín por eso, sin embargo su principal preocupación era mantenerlo a salvo costara lo que costara.

Eso hubiera querido Draco…

- No fue una pregunta hijo, si las cosas empeoran nos iremos del país- declaró la mujer con contundencia.

Entonces Scorpius supo que su tiempo estaba contado, debían apresurarse a encontrar el significado de lo que fuera que su padre le dejó.

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- ¿Cómo sigue el auror Finnigan?- preguntó un joven hombre de apariencia decaída y cabellera café.

- Estable aunque sin señales de progreso- respondió la enfermera a cargo, luego miró al joven con pena- ¿Quieres pasar a verlo?- preguntó.

Teddy no pudo responder pues se sentía el único culpable de toda esa situación pese a que Padma le hubiera asegurado que habían sido las circunstancias y riesgos de su profesión.

- ¡Teddy! Qué bueno que te encuentro, necesitamos hablar- lo sorprendió una conocida voz.

El joven tuvo ganas de ocultarse en ese instante pero sabía que no podría engañar tan fácilmente a su tía Luna quien se le acercaba con una gran sonrisa en su angelical rostro.

- Hola tía Luna- la saludó a lo que la rubia lo envolvió entre sus brazos con fuerza, su túnica de un color verde lima la camuflaba con los sanadores del hospital.

- Te noto muy poco azulado para ser bueno Teddy, ¿por qué no vamos a alimentar a algunos threstrals?- le propuso entusiasmada.

El otro suspiró por lo bajo forzándose a cambiar su cabello al usual tono azul que prefería en un intento de hacerle ver a la mujer que estaba bien, pero esa acción no le sirvió de nada pues la rubia seguía mirándolo con sus grandes ojos azules llenos de expectación.

- ¿Es realmente necesario?- preguntó tratando de resistirse a la excursión, después de todo las criaturas mágicas no eran su fuerte.

- No lo es, pero me ayudarás a atraerlos con tu pésimo estado de ánimo- respondió ella como si nada.

El joven suspiró nuevamente pero asintió a lo que la otra amplió su sonrisa y lo tomó de la mano para dirigirse al punto más cercado de aparición y esfumarse del hospital sin perder otro segundo.

Ambos aterrizaron en medio de una claro del bosque con altos pinos rodeándolos, hacía un poco de frío por la época del año pero no era nada que un buen hechizo calefactor no pudiera solucionar.

- ¿Dónde estamos?- preguntó el metamorfomago maravillado por el bonito paisaje invernal del lugar.

Luna Weasley no se dignó en contestarle y simplemente comenzó a caminar rumbo al riachuelo que pasaba muy cerca de ahí, el agua estaba helada aunque ya no estuviera congelada pero no le importó y la rubia se sentó en la orilla disfrutando del silencio.

Teddy la siguió sin extrañarse ante la peculiar actitud de su tía, la conocía y no le quedaba más remedio que seguirle la corriente, así que se sentó a su lado.

Pasados unos segundos comenzó a relajarse, el aire era freso y limpio, el silencio reconfortante y su corazón se permitió disfrutar de esa calma.

- Este es el Bosque de Dean- dijo finalmente la ojiazul mirando el agua como ausente.

El chico reconoció el nombre al instante, lo había escuchado innumerables veces en historias de la Segunda Guerra de Sangre…pero jamás había ido a conocerlo.

- Es donde Harry y la tía Hermione se ocultaron luego de…- en ese punto se interrumpió al recordar con quien estaba.

- Luego de que Ron los abandonara, sí, esa fue una realidad- completó ella sin alterarse en lo más mínimo, amaba a su esposo pero no era ciega a sus defectos y errores pasados- También es en donde Hermione le propuso a Harry que se hicieran viejos- agregó con una sonrisita.

El peliazul la miró confundido, esa parte de la historia nunca la había escuchado.

- ¿Qué?

- Hermione apareció aquí porque a este lugar había venido con sus padres alguna vez y le encantaba- relató la mujer- Abandonados por su mejor amigo, conscientes de que Albus Dumbledore no era el mago intachable que creían y con la varita de Harry destruida…Hermione tuvo la idea de que ambos se quedaran aquí para siempre- explicó conociendo bien la historia de boca de los protagonistas.

El otro miró el paisaje una vez más y sintió que él también podría albergar la misma fantasía; quedarse en ese bosque no sonaba mal, ahí no existían sus problemas ni había peligro alguno, solamente el murmullo del agua y el canto de las aves.

Era un lindo sueño.

- Puedo entenderla- confesó.

- Pero al final, ambos se fueron de aquí. ¿Sabes por qué?- le preguntó mirándolo a los ojos a lo que el chico se mordió su labio inferior en un gesto aprendido de Hermione, eso divirtió a la rubia pues podían no ser familiares sanguíneos pero Hermione era como su madre.

- Porque el mundo mágico confiaba en ellos y ellos querían luchar por sus seres queridos- respondió.

- Cierto, aunque no creas que Harry no cometió numerosos errores, se culpó por la muerte de muchos y aún lo hace, sin embargo no se rindió. Cuando intentó irse, Hermione no se lo permitió y caminó a su lado sin importarle el peligro- comentó para luego levantarse y cruzar el riachuelo- Están aquí- susurró apresurándose a sacar un trozo de carde cruda de la bolsa que llevaba, luego la arrojó con pericia.

El joven Lupin miró el trozo de carne fijamente y se sorprendió al verlo desaparecer aparentemente en la nada.

- ¿Son los threstrals?- preguntó.

- Hermosas criaturas- asintió la rubia lanzándoles más carne. El chico no supo qué decirle pues había visto dibujos de esos caballos y no le parecían bonitos en ningún sentido- En cierta ocasión, Harry y yo tuvimos una plática respecto a los threstrals porque yo los he podido ver desde pequeña pero él pudo verlos a partir de la muerte de Cedric…es una lástima que ese sea el precio para conocerlos- suspiró.

- ¿Crees que yo pueda verlos algún día?- preguntó el peliazul mirando a la nada.

Luna lo miró nuevamente.

- Temo que sí- asintió- Será mejor que volvamos antes de que las ciruelas dirigibles partan sin mí- declaró con seriedad.

Teddy le sonrió tomándola del brazo para desaparecer el bosque, sin duda esa plática le había ayudado a pesar de las partes algo absurdas que la conformaron.

No podía escapar de sus problemas ni culparse de todo lo malo que sucedía.

Debía ser fuerte.

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- Harry, sé razonable- pidió un hombre alto y de cabeza rapada.

- Soy razonable Kingsley, no confío en esas personas y no trabajaré con quien lo haga- respondió el ojiverde tratando de no perder los estribos.

- Tampoco yo confío en ellos pero es necesario conocerlos antes de tomar otras acciones, lo sabes- explicó el Ministro con un semblante cansado.

- ¿Para qué me llamaste?- espetó el otro.

El moreno soltó un suspiro, no era sencillo ser el líder de la sociedad mágica en tiempos así; había llamado a Harry para tratar de convencerlo de regresar a su puesto pero parecía una tarea imposible.

- Eres una de las personas en las que más confío, te quiero de vuelta en la Oficina de Aurores para que tomemos decisiones en conjunto- ofreció.

- Me parece que fui claro en la última reunión, no voy a doblegarme ante unos terroristas- declaró arrepintiéndose de haber acudido al Ministerio.

- Uno de ellos vendrá el día de hoy- confesó el otro.

- ¿Invitaste a uno de ellos?- el ojiverde se levantó indignado, no podía creer que el antiguo auror fuera tan descuidado.

- Viene para hablar- aclaró el otro- Debes entender que no tenemos otra opción, quiero lo mejor para nuestra sociedad y debo tomar las mejores decisiones para lograrlo; quédate a la reunión y saca tus propias conclusiones- le pidió al que fuera un adolescente atormentado.

Harry frunció el ceño pero no pudo evitar ver el beneficio en quedarse, al menos así podría conocer al enemigo de primera mano; nada que pasara lo haría regresar al Ministerio ya que la Orden del Fénix era su prioridad, y obtener información de los Pilares era crucial si querían ganar la guerra que se fraguaba.

- Me quedaré- accedió- ¿Quién más estará presente?- inquirió sin deseos de ver a Flint o a algún otro Jefe de Departamento.

- Un inefable por seguridad pero nadie más- le dijo el otro más tranquilo- La representante de los Pilares es Mina Barone, una hechicera de padre italiano y madre galesa; de acuerdo a sus registros está limpia- informó pasándole un pergamino con los detalles.

Harry lo tomó para leerlo rápidamente.

- Nadie de ellos puede estar limpio, menos cuando atacaron a Seamus- espetó el ojiverde.

- No tenemos pruebas de eso Harry, lo mejor es no mostrarnos hostiles hasta saber más- razonó el Ministro sintiéndose impotente pero sin tener otra opción.

En ese momento, alguien tocó en la puerta de su oficina.

- La señorita Barone ha llegado- le informó una voz del otro lado.

- Adelante- asintió el Ministro a lo que la puerta se abrió para dejar pasar a dos figuras.

El primero era el inefable que los acompañaría y la segunda era una mujer de apariencia impactante por decirlo de alguna manera. Harry reconoció que era hermosa, su altura era imponente con su escultural figura repleta de curvas sólo ocultas tras su elegante túnica, su sedoso cabello color ébano caía en exquisitos rizos por su espalda y hombros, además su rostro era de proporciones perfectas resaltado solamente por un par de seductores ojos color caoba y de largas pestañas.

Era el tipo de mujer que no pasaba desapercibida y que dejaban tanto a hombres como a mujeres sin aliento.

- Buen día caballeros- los saludó en un perfecto inglés acariciando a los otros con su profunda voz, sus labios llenos parecían decir más cosas.

- Un placer señorita Barone, soy Kingsley Shacklebolt Ministro de Magia y este es Harry Potter Salvador del Mundo Mágico- inició el moreno ligeramente afectado por la presencia de esa mujer.

Harry se cruzó de brazos sintiendo la magia que inundaba el ambiente, era casi como el efecto de las veelas pero no podía afectarlo pues Fleur le había enseñado un par de técnicas para resistir esa peligrosa atracción.

- El gusto es mío señor Ministro, señor Potter- respondió ella ingresando de lleno en la oficina.

- Por favor tome asiento- la invitó Kingsley regresando a su propia silla.

La mujer se acomodó y el inefable permaneció de pie detrás de ella por si algo sucedía, el hombre estaba alerta y aparentemente sin afectación por el allure de esa mujer.

- Vaya, tres hombres para hablar con una indefensa mujer- bromeó la hechicera claramente divertida, su piel tostada era tan suave que, al sonreír, parecía un crimen ver líneas en su rostro.

- Indefensa no es la palabra que usaría para describirla- soltó el ojiverde sin poder contenerse, Kingsley lo miró con advertencia.

- ¿No? ¿Entonces qué palabra usaría?- inquirió la aludida sin perder su sonrisa.

- ¿Es usted una integrante de los Pilares?- preguntó el auror de vuelta, no pensaba caer en su juego.

- Así es, fui bendecida con la runa de la Gracia- asintió con orgullo.

- ¿Qué implicaciones tiene eso? ¿No es solamente para darles nombres dentro de su secta?

Mina amplió sonrisa dejando entrever una recta fila de perlas blanquecinas.

- Es evidente la implicación de mi runa- declaró señalándose a sí misma.

Harry mantuvo su gesto adusto pensando cómo sería útil poseer gracia pero, al ver la mirada de Kingsley sobre la mujer, supo que en la política era importante.

- Dígame señorita Barone, ¿qué es lo que pretenden los Pilares?- intervino el Ministro queriendo desviar el rumbo de la conversación a lo realmente importante.

- Eso es algo muy simple, queremos paz- declaró ella- Buscamos orden, proteger lo que se deba proteger y redimir lo redimible; no pretendemos alterar el sistema de gobierno sino sencillamente añadirle un peldaño que permita unificar no sólo al Reino Unido sino a toda Europa- elaboró con convicción.

- ¿Un peldaño? ¿Es decir que quieren colocarse por arriba de cualquier Ministro o Corte Mágica?- increpó el ojiverde a la defensiva, la reunión le parecía inútil si esa era la mentalidad de la mujer.

- Es lo más natural señor Potter, cuando tengamos lo necesario, no habrá poder en este mundo que pueda superar el nuestro- explicó.

- ¿Es eso una amenaza?- el ojiverde parecía cada vez más agitado.

- Es un hecho- le respondió Mina- Visitaremos su Ministerio para instaurar el orden, en unos días más nos reuniremos nuevamente para afinar los detalles de la transición- declaró como si fuera lo más normal.

El Ministro se sorprendió ante la sinceridad de lo dicho, literalmente esa mujer les estaba diciendo ríndanse o aténganse a las consecuencias; lo peor del caso era que sabía que no podían ganarles y solamente se desataría otra guerra.

- Nunca- negó Harry con una ira sorprendentemente controlada, ahora se revelaban las intenciones de los Pilares.

- ¿Habla usted en nombre de toda la comunidad mágica, señor Potter?- le preguntó la mujer enarcando una de sus cejas, Destino había dicho que Potter sería un problema y no se equivocaba.

- No, no lo hace- intervino Kingsley antes de que el otro pudiera decir algo más- Hablaremos de los detalles en nuestra siguiente reunión- declaró el hombre.

Harry le dirigió una mirada de completa incredulidad, luego miró la complacida expresión de Mina y se sintió traicionado nuevamente. No podía creer que Kingsley entregara tan fácilmente al Ministerio, que cediera su libertad y autonomía, no después de lo mucho que habían perdido al tratar de defender esas mismas cosas de Voldemort.

Sintió que su magia podía salirse de control en cualquier momento así que se retiró de la oficina sin molestarse en despedirse de nadie, atravesó el Atrio sin detenerse hasta llegar a la salida muggle donde siguió caminando hasta poder aparecerse.

Aterrizó en un conocido parque casi por instinto y se sentó en un columpio sin importarle quién pudiera verlo o el frío que estaba haciendo.

Nada parecía importar en ese momento pues el Ministerio no lucharía.

La Orden del Fénix debía defender su mundo una vez más.

Se balanceó suavemente manipulando el peso de su cuerpo para conseguirlo, hacía varios años que no hacía eso y lo extrañaba casi tanto como a la infancia que jamás tuvo.

- ¿Harry?- una voz lo sobresaltó.

Se giró para ver la figura de un corpulento hombre claramente muggle, estaba parado a un lado del pasamanos cuidando de un niño muy parecido a él, seguramente su hijo.

Los pequeños ojos del extraño lo miraron con sorpresa y algo de pena, mientras el niño se dejaba caer para también verlo con intriga.

- Dudley- lo reconoció pasados unos segundos, después de todo el rencor que le guardaba había quedado sepultado y ocasionalmente su escribían pero jamás se habían vuelto a ver- Este debe ser tu hijo- agregó recordando la mención del pequeño.

- Sí, su nombre es Bryan- informó el otro tomando al niño por los hombros- Bryan, saluda a tu tío Harry- instó sin estar seguro de poder presentar a su primo de esa manera.

Pero el ojiverde sonrió.

- Hola tío Harry- el pequeño lo saludó como si nada.

- Hola Bryan- respondió el aludido sin saber qué otra cosa decir.

Se había aparecido en el parque de Privet Drive encontrándose con la única familia de sangre que le quedaba del lado de su madre y realmente no sabía qué hacer.

Su primo debió percibir su confusión y optó por hablar antes de que el otro decidiera irse.

- ¿Por qué no vienes a cenar con nosotros? Mamá querrá verte y finalmente conocerás a Maggie- propuso con una gran sonrisa, Maggie era su esposa según recordaba de la invitación a la boda que nunca fue.

- No sé si…

- Así podremos ponernos al corriente, además Maggie no me perdonará el tenerte tan cerca y no haberte convencido de conocerla- bromeó con amabilidad.

Harry decidió que no había daño en aceptar la invitación, después de todo su primo se veía como un hombre cambiado y él necesitaba un respiro de la magia.

- De acuerdo- aceptó.

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- Esto no sirve de nada- bufó Scorpius examinando el décimo libro en el día.

- Pronto encontraremos lo que necesitamos- le dijo Albus sin dejar de leer su propio libro.

Gracias al pase que les había dado Hagrid, habían podido revisar varios libros de la Sección Prohibida pero ninguno parecía ser el indicado pues la poción que tenían no aparecía en ningún lado.

- Creo que deberíamos probar la poción y ver qué pasa- declaró el rubio exasperado con la falta de información, enseguida sacó el pequeño vial de su túnica y lo abrió.

- ¿Estás loco?- el otro le arrebató el frasquito antes de que su amigo cometiera algo nefasto- No sabemos qué tipo de poción es, sería peligroso probarla- aclaró cerrando el vial nuevamente.

- Es la única manera de averiguar algo útil- insistió el rubio con terquedad.

- ¿Qué te pasa Scorpius? Normalmente eres más astuto que intempestivo- le reclamó el ojiverde notando que su amigo se notaba ojeroso.

El ojigris soltó un suspiro pero dejó de tratar de recuperar la misteriosa poción.

- El Ministerio ya no busca a mi padre- declaró.

Albus contuvo una exclamación, su padre ya no era el Jefe de Aurores y no podía prometerle nada a su amigo, especialmente porque su madre no había respondido sus cartas solicitándole precisamente de su ayuda.

- Lo lamento- fue lo único que pudo decir.

- Por eso necesito saber qué demonios es esta poción- dijo el otro con desespero- Mi padre me la dejó por algún motivo y eso podría darnos alguna pista sobre dónde está o por qué se lo llevaron…

- ¿Crees que fueron los Pilares?- preguntó el pelinegro con un gesto de extrañeza, el otro lo miró- Piénsalo, si tu padre es uno de ellos ¿por qué lo secuestrarían?

- Porque sabe algo que no les conviene o se volvió una amenaza- respondió el rubio sacando la conclusión más plausible que podía pensar.

- Nada de esto tiene sentido- declaró Albus recargándose su cabeza sobre la mesa de la biblioteca.

Scorpius frunció el ceño concordando mentalmente con su amigo, nada tenía sentido y no sabía por dónde empezar.

- Tenemos que pedir ayuda- concluyó el otro sabiendo que no podrían resolver ese misterio por su cuenta.

Albus se incorporó para mirarlo a los ojos, esa era una sugerencia peligrosa.

- ¿Estás dispuesto a decirle de tus sospechas a otra persona?- quiso saber notando el grado de frustración de su amigo si estaba dispuesto a revelar el secreto de su padre.

- Haré lo que sea necesario para encontrarlo- asintió éste, luego apretó sus puños con resolución- ¿Crees que tu prima quiera ayudarnos?

- ¿Rose?- inquirió el ojiverde con escepticismo.

- Evidentemente esa prima no, se mataría antes de ayudarme- negó el otro con una sonrisa ladeada- Victorie- aclaró recordando que la ravenclaw podría darles una idea más clara de lo que buscaban.

- ¿Con que hablando de mí a mis espaldas?- como conjurada, la joven rubia se sentó en su mesa mirándolos con diversión.

Los otros se sobresaltaron por un momento pero luego se pusieron serios, Albus miró a Scorpius quien asintió para enfocar sus ojos en la recién llegada.

- Señorita Weasley, ante las circunstancias por la que estoy pasando me veo en la necesidad de solicitar su ayuda- solicitó el niño con una formalidad que correspondía a las familias más antiguas.

La joven, poco acostumbrada aunque no ajena a ese tipo de gesto, borró su sonrisa y consideró que el joven Malfoy realmente hablaría de algo grave.

- No hay necesidad de seguir protocolos Scorpius, y puedes llamarme por mi nombre- aclaró intercambiando una mirada con su primo.

- Esto es serio Victorie, no puedes decirle a nadie más lo que vas a escuchar- le dijo Albus con un tono que no correspondía a su edad.

La adolescente consideró la situación, parecía que ese par tenía información que consideraban tan importante como para hacer todo ese preámbulo, si seguían por ese camino le pedirían hacer un Juramento…

- Joven Malfoy, te ofrezco la ayuda que solicitas- respondió finalmente, era la respuesta al diálogo del rubio que se utilizaba antiguamente e implicaba que estaban en confianza.

Scorpius cerró sus ojos por un momento y luego los abrió para hablar.

- Mi padre es parte de los Pilares de la Magia- declaró.

Victorie se mantuvo inexpresiva barajeando las probabilidades de que eso fuera verdad, muchas cosas comenzaron a cobrar sentido pero había unas cuantas que no encajaban.

- ¿Estás seguro de eso?- preguntó.

- Encontré su capa y su máscara en la mansión- asintió.

Dichas pruebas eran algo innegable además de peligrosas, su tío Harry sospechaba del señor Malfoy y ahora sabía que esas sospechas no eran infundadas.

- Necesito saberlo todo- pidió la joven escuchando atentamente el relato de los niños y guardando en su memoria lo que consideraba útil para un futuro cercano- ¿Puedo ver la poción?- pidió cuando hubieron terminado de contarle sus sospechas y descubrimientos.

Albus sacó el vial de su túnica y se lo ofreció a su prima quien lo tomó con delicadeza para examinarla visualmente primero para luego abrirla y aspirar su aroma.

Sacó un sickle de plata de su bolsillo y lo colocó sobre la mesa, a continuación vació apenas una gota del líquido dorado sobre la moneda; en cuanto la poción hizo contacto, la moneda comenzó a tornarse líquida cual mercurio para después desaparecer en una halo de humo grisáceo.

Los tres alumnos contemplaron el suceso con atención y sorpresa ante semejante acontecimiento.

- Alkahest- musitó la mayor sin poder creerlo.

- Salud- dijo Albus sin salir de su impresión, la mesa de madera parecía intacta pero no había rastro del sickle.

- ¿Qué dijiste?- le preguntó Scorpius con la esperanza de que la rubia tuviera la respuesta que buscaban.

- Alkahest- repitió ella como asimilando lo dicho- Es una poción que se decía era un mito, se supone que era un hipotético disolvente capaz de reducir cualquier metal del universo a su material original o éter- elaboró examinando nuevamente el dorado líquido, jamás lo había visto y dudaba que existiera pero ahora lo tenía en sus manos.

- ¿Para qué te daría esto tu padre?- inquirió el pelinegro con la duda impresa en sus infantiles facciones.

- No lo sé- dijo el rubio mirando la poción de manera inquisitiva.

¿Acaso necesitan disolver algún metal?

La respuesta que creyó lo ayudaría a saber dónde estaba su padre, solamente le había generado más preguntas.

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- ¡Mamá!- gritó una niña de enormes ojos color avellana.

- ¿Cómo estás amor?- la saludó su madre estrechándola entre sus brazos.

- Bien la abuelita Jean y yo horneamos un pastel y el abuelo Edward se lo comió todo- informó con alegría.

Los aludidos sonrieron entrando en la sala tomados de la mano.

- ¿Ah sí? Creí que el abuelo Edward estaba a dieta- señaló la castaña mirando a su padre con falsa severidad, el hombre tuvo la decencia de sonrojarse aunque no era gordo debía cuidar su dieta.

- Sabes que tu padre no puede resistirse a mis postres- intervino su madre con dulzura- ¿Cómo estás cariño?- le preguntó besándola en la mejilla a manera de saludo.

La aludida frunció ligeramente el ceño, tenía que alertar a sus padres sobre lo que pasaba de alguna manera.

- Lily, ¿quieres cortar algunas flores para mí?- pidió a su hija quien asintió al instante saliendo al jardín de la casa, desde la ventana podía vigilarla.

Los esposos Granger se tornaron serios mirando a su única hija con gravedad.

- ¿Qué pasa? ¿Harry está bien?- inquirió Edward preocupado.

- Harry está bien pero han sucedido varias cosas…- en ese punto tomó aire, no sabía cómo manejar el tema cuando ella era en parte responsable del mismo- El mundo mágico está en una etapa de cambio, aunque no todos han reaccionado bien; las cosas se han tornado algo tensas.

- ¿A qué te refieres?

- Harry renunció a su puesto dentro del Ministerio- inició.

- ¿Por qué? ¿Pasó algo malo?- quiso saber su madre más intrigada que nunca.

- Han habido ciertos disturbios y Harry no está de acuerdo cómo es que el Ministerio pretende resolverlos- relató.

- Asumo que tú sigues en el Ministerio- intervino su padre.

- Sí

- Entonces ¿tú sí estás de acuerdo con el curso de acción del Ministerio?

- Creo que es lo mejor que puede hacerse- asintió- Especialmente porque así evitaremos otra guerra y, a consecuencia de ella, la pérdida de innumerables vidas- puntualizó sin deseos de darles demasiados detalles.

Sus padres intercambiaron una mirada.

- Nosotros siempre estaremos aquí para ti, no importa lo que pase o lo que decidas- le dijo su madre en un intento de consolar la tristeza que veía en el rostro de su hija.

- Si algo llegara a pasar, confíen en Harry- soltó conteniendo sus lágrimas, no imaginaba qué podía pasar pero sabía que su esposo procuraría a sus padres.

- Hermione…- pero su padre no pudo terminar la frase.

- ¡Las tengo mamá!- exclamó Lily regresando a la sala con un ramito de flores en sus manos- ¿Te gustan?- preguntó ofreciéndole el ramo.

- Me encantan- sonrió la castaña moviendo su varita para conjurar un jarrón con agua donde acomodó las flores- Las dejaremos con tus abuelos de regalo- propuso borrando su tristeza de momento.

- De acuerdo, ¿ya es hora de irnos?- preguntó tan feliz como siempre.

- Sí amor, es hora de irnos- asintió la mayor- Nos vemos mamá, papá- se despidió dándoles a cada uno un beso en la mejilla.

Sus padres no pudieron responderle antes de que ambas mujeres Potter desaparecieran entre las llamas verdosas de la chimenea.

Las cosas no hacían más que complicarse.

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- ¿Por qué haces esto?- le preguntó el pelinegro sin dejar de extrañarse ante el comportamiento de esa mujer.

La aludida sencillamente esbozó una amarga sonrisa.

- Porque alguna vez lo perdí todo y le debo un favor a alguien- confesó sin encontrar motivos para ocultar sus intenciones.

El auror frunció el ceño inconforme con esa explicación, era su tercera reunión y hasta entonces no terminaba de confiar en la antigua slytherin, menos cuando habían secuestrado a Malfoy.

- Hubo rumores…- inició.

- No sabía que el gran Harry Potter se prestara a rumores- bufó ella bebiendo su whisky de fuego de un solo golpe, ambos estaban sentados en la mesa más oculta de la taberna.

- Debes entender que no es fácil confiar en ti después de todo lo que hemos pasado- soltó dando un trago a su cerveza de mantequilla.

Pansy suspiró cerrando sus ojos por unos segundos, al parecer era momento para disipar esas dudas, no había otro camino.

- Sabes que me casé con Blaise ¿cierto?- inquirió decidida a mantenerse firme ante lo que contaría.

- Con Zabini, sí; ambos se fueron a vivir a Italia con su familia según recuerdo- asintió sin conocer todos los detalles.

- El plan era escapar de las repercusiones provocadas por la guerra y en Italia nadie nos juzgaría por nuestro pasado- continuó- Creí que finamente seríamos libres, pero no imaginé que los Zabini estuvieran en medio de una de sus vendettas…- en esa parte obscureció su mirada.

- ¿Vendetta?

- Los Medici habían perdido a su heredero en un duelo contra los Zabini, y ansiaban obtener venganza- detalló- Por desgracia, Blaise era el segundo nieto y principal heredero de su abuelo así que a nadie de su familia le pareció conveniente que hubiera regresado con una esposa- agregó recordando las frías miradas que le dirigió esa familia al conocerla.

- Los Medici son la familia más poderosa de Italia, si querían ejercer su vendetta ¿quiere decir que trataron de asesinarte?- preguntó atando los cabos.

Pansy soltó una risita llena de desprecio.

- No, con su poder hubieran podido eliminar a los Zabini pero sólo exigieron que una de las nietas del patriarca de los Medici se casara con el heredero Zabini; de esa manera obtendrían el control de esa familia y dominarían Italia por completo- explicó- El único problema era que ese heredero ya estaba casado y yo esperaba un hijo suyo- soltó tocando su vientre de manera instintiva.

- Pansy- el hombre presentía que esa historia terminaría en una tragedia y sintió pena por la mujer.

- Perdí a mi bebé en una emboscada que los mismos Zabini prepararon, me querían muerta y Blaise no era capaz de defenderme- en ese punto sintió que sus ojos se humedecían pero se resistió- Tuve que escapar y apenas logré regresar a Inglaterra luego de que Blaise me pidiera el divorcio…mis padres me creyeron una deshonra y terminé en Hogwarts…la ironía…- terminó resumiendo su historia, aún después de tantos años seguía añorando lo que jamás pudo ser, al bebé que no tuvo la oportunidad de amar…porque lo hubiera amado más que a nada en el mundo.

Hubo un pesado silencio luego de esa confesión.

- Lamento lo que pasó con tu bebé- dijo finamente el ojiverde- Pero eso no explica por qué nos estás ayudando, en realidad no explica nada- insistió.

- Le debo un favor a alguien y esta es la única manera de garantizar la seguridad de ese alguien- acotó la mujer dando por finalizada su explicación- Si de algo sirve, estoy dispuesta a unirme a tu Orden y darles todo el apoyo del que sea capaz- agregó.

Eso definitivamente sorprendió al otro.

- ¿Qué te hace creer que te aceptaríamos?- replicó el hombre con suspicacia.

La pelinegra terminó con su bebida y miró al auror con sus profundos ojos azules, mismos que adquirieron una chispa divertida, los Gryffindor siempre eran tan predecibles.

- Sé cómo fabricar un Gleipnir- soltó.

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A/N: Un capítulo nuevo y otra vez los dejo con más intrigas.

Scathach.- Esa es parte de la esencia que quería darle, la zona terriblemente gris en la que Hermione se encuentra y en la que sufre. Es cierto que los Potter son buenos el uno para el otro pero la vida sucede y las personas cambian como vimos al inicio de este capítulo. Respecto a Ginny, es un personaje complicado pero decidió apoyar a Hermione ante todo y veremos qué pasa con esa decisión. Nos leemos pronto!

Drys-1.- Entendido; ya vimos las fracturas en la relación de Harry y Hermione además Pansy salió a la luz; todo puede pasar. Saludos.

Aid4.- Hola, justamente pasó algo más con Pansy y ya veremos lo que sigue; sobre tus comentarios sobre Hermione temo que no puedo darte más detalle sin soltar spoilers así que lo dejo a tu interpretación. La lealtad que mostró Ginny no es más que el reflejo de su carácter (cuando no está cegada por un amor mal habido) lo cual lo percibimos en los libros (no en las películas); ya veremos qué pasa. Agradezco tus comentarios, hasta la próxima.