"Hello Eeveryone" La verdad no tengo nada preparado para decir así que solo pasen con el capítulo :v


Matt era atacado una y otra vez. Golpes, rasguños, incluso mordidas, no había descanso ni tregua para él, a penas y le daban tiempo para respirar. Las garras iban y venían, lograba esquivar algunos ataques, pero al final la mayoría acertaban, después de pocos minutos Matt cayó rendido al suelo, agotado, herido, su vista era borrosa, su respiración pesada, su propio cuerpo resultaba ser un peso demasiado grande como para soportarlo.

De entre las aves que lo atacaron Roberto finalmente hizo su aparición, caminando lentamente hacia Matt.

-Se acabó Matty… Hace 5 años escapaste una vez, hace 3 lo hiciste de nuevo… Pero ahora, nada te va a salvar- Decía al mismo tiempo que dos aves sujetaban a Matt hasta dejarlo frente a frente con Roberto.

-(Agotado) Vete… Al demonio…- Respondió débilmente como una última muestra de resistencia.

-Haha… Simplemente patético- Respondió altaneramente. Todo había terminado, Roberto al fin había ganado, sin importar lo que hicieran, sin importar que Matt lograse salvar a Blu y escapar ¿Qué sentido tendría? Ahri estaba muerta, Blu había roto todo lazo con Perla, Yaqui y Leo estaban en el territorio de Roberto. No había nada qué salvar, nada por lo que valiese la pena luchar. Mientras Roberto alzaba su garra para terminar con la vida de Matt, este considero enormemente rendirse, entregarse a la muerte y así poder estar junto a Ahri una vez más, parecía ser la mejor alternativa, la más dulce, la más piadosa… Por desgracia, Matt era más terco de lo que una mula podría llegar a ser.

La garra de Roberto descendió rápidamente, en un último gesto de locura, Matt mordió fuertemente el ala de uno de sus captores, logró evadir el daño letal del ataque, más no por completo. Las dos garras de Roberto se incrustaron profundamente en el rostro de Matt, cortando la piel y parte del músculo, dejando la gran herida cerca de su ojo izquierdo.

-El infeliz me mordió- Replicó furioso el guacamayo azul que sostenía a Matt, quien después de haber retomado la consciencia de lo que había pasado, de lo que acababa de hacer, juntó las pocas energías que le quedaban, se movió lo más rápido que su cuerpo se lo permitió hasta llegar a Blu, y empujarlo hacia el río. Ambos cayeron y la corriente se los llevó.

-Déjenlos…- Dijo Roberto al verlos alejarse por el río –Que las pirañas terminen el trabajo… Yo tengo otro trofeo qué ir a buscar-

Ya no había más qué hacer, Matt estaba oficialmente derrotado. Ahora solo la corriente decidiría dónde irían a terminar él y Blu, las heridas de ambos teñían de rojo el agua alrededor de ellos. Ambos inconscientes y sin seguridad de que volverían a despertar.

-¡Blu! ¡Blu!- Gritaba Perla una y otra vez, volando a través de los árboles, mirando en todas direcciones esperanzada en encontrarlo. Después de varios minutos de vuelo Perla estaba a punto de darse por vencida, hasta que escuchó las ramas de los árboles moviéndose a su alrededor.

"¿Y ahora qué?" Se preguntó deteniéndose sobre una rama, a ese punto ya no tenía ni la más mínima idea de qué esperar ahora.

-Miren quien está aquí…- Finalmente Roberto apareció de entre los árboles.

-¿Roberto?- Respondió Perla confundida.

-Espero que no estés molesta por lo que pasó… Escuché que Blu y tú terminaron qué triste- Dijo de manera altanera. Perla estaba por estallar, ahora que sabía que Roberto hizo todo a propósito.

-¿Dónde está Blu?- Cuestionó Perla, en su mirada podía reconocerse fácilmente la ira, aunque también la preocupación y en parte el miedo.

-Blu… Blu… Ah sí, acabo de ver cómo la corriente se llevaba su cadáver, junto con el idiota de Matt… Ahora somos solo tú y yo cariño- Respondió con una voz burlona y una sonrisa maliciosa, lo cual Perla no tomó nada bien. De la nada saltó hacía Roberto aunque solo logró arrancar algunas plumas con sus garras antes de ser detenida por dos guacamayos azules de los muchos que acompañaban a Roberto –Vaya, sigues siendo igual de agresiva… Qué pena que tu querido esposo no esté aquí para salvarte esta vez-

-¡Suéltenme ahora!- Gritaba Perla, forcejeando y tratando de liberarse, hasta que fue sofocada al ser golpeada fuertemente en el estómago.

-Te aconsejo que cierres el pico, ahora es tiempo de regresar a la tribu, y no quiero que tú me eches a perder la celebración ¿Quedó claro?- Dijo Roberto en un tono amenazador. Perla no se atrevió a responder, solo trataba de recobrar el aliento –Qué bien que nos entendamos Perla, ahora vámonos-

Mientras Perla era escoltada por las aves de Roberto, al pasar por el lugar en el que se había dado la pelea contra los taladores, vio algo más que solo maquinaria pesada abandonada… Por todas partes cientos de cadáveres de Spix azules, no podía creer lo que veía, no quería creerlo. Roberto era el responsable de todo eso.

Después de algunos minutos de vuelo finalmente todos arribaron a la tribu, en donde todos quienes se habían quedado, estaban recibiendo a Roberto como a un héroe. Perla veía con asombro aquella escena, después de ello, se dirigieron al árbol en el que Bia, Tiago, Carla, Yaqui y Leo se habían quedado a esperar.

-¡Mamá!- Exclamó Bia al ver cómo Roberto la lanzaba bruscamente hacia el suelo en cuanto entraron.

-Bien, ya estamos todos juntos… Ahora hay que pasar a las cosas importantes ¿No creen?- Dijo Roberto con una sonrisa maliciosa, haciendo una señal a las aves que lo acompañaban para sujetar a Yaqui y a Leo.

-¡Oye!- Exclamó Tiago de inmediato, como respuesta fue sometido rápidamente por las demás aves.

-¡Tiago!- Gritó Carla tratando de ayudarlo, aunque al final todos fueron detenidos.

-Voy a decirlo solo una vez… Eduardo está fuera de mi lista de problemas, Blu y Matt ahora están muertos, y todos ustedes no tienen ningún otro lugar al cual ir, o mejor dicho, no los dejaré ir a otro lugar. Pero tranquilos, después de todo, esta es una tribu de guacamayos azules, por lo tanto ustedes pueden quedarse sin ningún problema, en cambio ellos… No pertenecen ni a un bando ni a otro…- Decía mirando a los pequeños y aterrorizados Yaqui y Leo –Ahora que no tienen padres… Lo mejor que podemos hacer es terminar con su agonía…- Lentamente se aceró a ellos, ambos habían empezado a llorar en silencio y Roberto estaba listo para cumplir su cometido.

-¡Alto!- Gritó Perla.

-Perla, creí haberte dicho… ¡Que cerraras el pico!- Exclamó furioso, golpeando a Perla fuertemente en el rostro, haciéndola caer al suelo.

-¡Eres un infeliz!- Replicó Tiago, forcejeando y tratando de liberarse, aunque todo esfuerzo fue inútil, y de igual manera, Roberto estaba ignorándolo.

-Por… Por favor no los lastimes…- Dijo Perla débilmente.

-¿No quieres que los lastime? Y dime por qué debería hacer caso de lo que tú…- Antes de terminar de hablar, una idea saltó en la mente de Roberto. Perla ya no era la misma de antes, aquella salvaje e indomable ave, después de todo lo que había pasado no era más que una indefensa, derrotada, asustada y sometida presa –Te diré algo… Estoy dispuesto a hacer un trato contigo Perla: Dejaré que estos dos errores de la naturaleza se queden en la tribu, nadie los tratará mal, nadie los juzgará, serán como parte de la familia, y solo tengo una condición-

-C… ¿Cuál?- Preguntó temerosa.

-Harás lo que yo te ordene-

-¡Mamá no lo hagas!- Exclamó Bia.

-Prometes… ¿Qué no les pasará nada? Ni a ellos ni a mis hijos-

-Aunque no lo creas, siempre cumplo mi palabra- Respondió Roberto, estirando su ala hacia Perla, quien aún se encontraba en el suelo -¿Qué dices?-

No hubo más palabras después de eso. Perla simplemente tomó el ala de Roberto, al levantarse éste susurro algo a su oído, ella simplemente asintió, ya no había nada que pudiese hacer. Perdió a Matt, Ahri, Blu, a todos, y todo había sido culpa suya. Lo único que podía hacer ahora, lo único en lo que podía ser útil era mantener a salvo a los ahora huérfanos Yaqui y Leo. La vida para Perla, técnicamente había acabado, había perdido lo que con tanto fervor había protegido toda su vida… Su libertad.


Llevados por la corriente hacia un destino misterioso, Blu y Matt permanecían inconscientes, aunque a pesar de todo eso tuvieron la enorme suerte de no toparse con ningún depredador de los ríos. Pirañas, cocodrilos u otra cosa. Pasaron varios minutos hasta que finalmente tocaron tierra, por desgracia en un lugar desconocido, aunque eso no importaba mucho para ellos en ese momento, de igual manera estaban condenados al quedarse ahí en el estado en el que se encontraban.

Ambos cubiertos de lodo, sangre y plumas quemadas, se encontraban a merced de cualquier cosa. Tal vez fue suerte, tal vez una simple casualidad, pero la parte de la selva en la que se encontraban no estaba abandonada. Volando cerca del lugar una Spix azul, acompañada de otras dos aves, una igual a ella y la otra de color rojo, lograron divisar a Blu y a Matt a la distancia.

-En el nombre de… ¿Qué fue lo que les pasó?- Dijo la hembra, aterrizando frente a ellos.

-¿Recuerdan la explosión de hace un rato?- Respondió el guacamayo rojo que los acompañaba.

-¿Crees que estuvieron ahí?- Preguntó el Spix azul.

-Tal vez… Solo míralos-

-No importa si estuvieron ahí o no… Estoy segura de que también han sido víctimas de esa estúpida guerra entre aves al sur… Hay que sacarlos de aquí-

Mientras que los dos machos revisaban a Blu, quien al parecer era el más delicado de ambos, la hembra levanto a Matt del suelo, mirándolo fijamente, algo en él le parecía conocido, y algo en ella también era inusual, sus ojos no eran de un color normal, era un color singular y muy raro de ver en un ave… Sus ojos eran de color violeta.


Después de algún tiempo. En la tribu todo parecía marchar a la normalidad, ahora que no había nadie ni nada de qué preocuparse. Los taladores se habían ido, Eduardo había desaparecido y Blu, Matt y Ahri habían sido dados por muertos hacía ya mucho tiempo. Las cosas no podían marchar mejor para Roberto, pero lo que él había obtenido a alguien se lo arrebató.

-¿Mamá?- Dijo Tiago al ver a Perla preparándose para salir.

-Tranquilo, estaré bien, solo… Quédate y cuida a tus hermanas ¿Está bien?- Respondió con una sonrisa humilde.

-¿A dónde vas?-

-Solo… Yo… (Suspiro) Creo que sería mejor si no lo sabes ¿De acuerdo?- Dijo Perla con la mirada baja, dando media vuelta, lista para salir del árbol.

-Espera- Dijo Carla, acercándose a ella junto con Tiago –En verdad sentimos lo que pasó…-

-Lamentamos haberte tratado así con lo que pasó con Eduardo… Solo tratabas de protegernos- Agregó Tiago desviando la mirada.

-No… Tenían toda la razón en estar molestos conmigo… Pude haber evitado todo esto… Merezco todo lo que está pasando… Cuídense ¿Sí? Volveré pronto- "Eso espero" Pensó preocupada.

-¿Qué crees que vaya a hacer?- Preguntó Tiago en cuanto Perla salió del árbol.

-No lo sé… Por ahora tenemos que cuidar a Yaqui y a Leo ¿Dónde está Bia?- Dijo Carla.

-Aquí estoy- Respondió entrando en el árbol –Salí a buscar algo de comida ¿Saben a dónde va mamá?- Preguntó curiosa, a lo que Tiago y Carla simplemente negaron con la cabeza –Bien, traigan a Yaqui y a Leo-

Los dos pequeños polluelos, aunque no lograban entender del todo lo que pasaba, sentían que las cosas no iban bien, sumando el hecho de que sus padres no estaban.

-Bia… ¿Cuándo veremos a papá?- Preguntó Leo inocentemente.

-Y a mamá- Agrego Yaqui.

-No… No lo sé… Algún día, se los prometo- Respondió Bia con la voz ahogada, tratando de contener las lágrimas.

-Oye… SI quieres sal un rato, nosotros nos hacemos cargo aquí- Dijo Tiago con una pequeña sonrisa, poniendo su ala sobre el hombro de Bia.

-Adelante, ve a respirar un poco- Dijo Carla, a lo que Bia simplemente asintió y se fue del lugar.

Mientras tanto Perla estaba volando por la tribu, acercándose cada vez más a los límites de la misma, en donde se topó con los vigilantes.

-¿A dónde crees que vas?- Preguntó uno de ellos.

-Voy a ver a Roberto… Dijo que…-

-Adelante- Interrumpió cortante, ignorando lo que Perla decía. Ella simplemente suspiro y continuó con su vuelo hasta que llegó a un viejo árbol.

-Perla te estaba esperando- Dijo Roberto al verla entrar en el lugar –Dime ¿Recuerdas este lugar? Cuando éramos niños solíamos divertirnos aquí… Aunque ahora nos divertiremos otra vez- Agregó con una sonrisa maliciosa.

-Solo… Por favor quiero hacer esto rápido- Respondió Perla con la mirada hacia el suelo. En respuesta, Roberto voló rápidamente hacia ella plasmándola contra el suelo bruscamente.

–Créeme Perla… Voy a tomarme todo mi tiempo contigo…-


Finalmente… Después de un largo tiempo inconsciente, Matt logró despertar. Estaba agitado, confundido, su respiración era muy pesada, no lograba llenar sus pulmones con el aire suficiente, trataba de moverse, de levantarse, parte de él quería gritar.

-Oye, oye tranquilo- Decía la hembra que lo había salvado tiempo atrás –Estás bien, solo respira… Inhala y exhala ¿Sí?- Dijo con una sonrisa humilde. Matt aún no lograba entender nada, pero decidió hacer caso, después de todo era lo más lógico.

-Dónde… ¿Dónde estoy? ¿Qué pasó? Cómo…- Decía agitado, aun tratando de recobrar el aliento.

-Solo una pregunta a la vez. Estás bien, a salvo, tu amigo igual y…- Repentinamente la hembra se detuvo, no dijo otra palabra, solo veía a Matt fijamente a los ojos, y éste hacía lo mismo –Eres… Pero… Hace… Hace 9 años que…-

-No… No eres… No puedes ser…- Dijo Matt poniéndose en pie con dificultad –Tú no puedes ser mi madre…-

-Claro que sí…- Respondió con lágrimas en los ojos y una gran sonrisa en su rostro, Matt por otro lado, no tenía la misma expresión –Ma…-

-No te atrevas a llamarme así…- Interrumpió furioso.

-¿Qué? Pero…-

-¡9 años!- Gritó furioso -¿Dónde estuviste?-

-Yo… Escucha… No creí que hubieras sobrevivido… Todo estaba en llamas… Los humanos se habían llevado a muchos…-

-¿Y por qué no me buscaste? ¿Por qué no trataste de encontrarme?- Interrumpió nuevamente, su madre no tuvo nada más para decir –Pase 4 meses buscándote a ti, a mi padre… Solo era un niño… Y no quería darme por vencido… ¿Por qué no hiciste lo mismo?-

-No tenía esperanza alguna en volverte a ver… Pero créeme que quería hacerlo… Eres mi hijo, creí que te había perdido…-

-No tienes idea de lo difícil que fue crecer sin ti… Pase 4 meses vagando por la selva yo solo… Alguien me encontró… Pero nadie podía cumplir el trabajo que tú no hiciste…- Matt estaba herido, una herida de hace mucho tiempo, profunda y dolorosa –Me dejaste solo… No sabes lo dolorosa que ha sido mi vida hasta ahora-

-Sé que un lo siento no va a bastar… Sé que nada lo hará… No puedo compensar esos años perdidos… Eras solo un polluelo, creí que no lograrías sobrevivir a algo así…-

-Me sorprende ver lo rápido que perdiste la fe en mí… Yo nunca la perdí en ti… Al menos no en ese tiempo… Por favor vete- Dijo Matt dándole la espalda.

-No, ha pasado mucho, estás malherido y…-

-Naia… Vete- Interrumpió fríamente. Ella no supo cómo responder. El simple hecho de que la llamara por su nombre de esa manera, había sido suficientemente doloroso.

Al salir del árbol dirigió su mirada una última vez hacia su hijo, quien con dificultad se sentó recargado en una de las paredes del nido.

El lugar en el que todos se encontraban se trataba de lo que parecía ser un viejo pueblo abandonado. Había chozas en ruinas, despedazadas por el tiempo y las inclemencias del clima, ningún humano podría vivir en algo así eso era seguro, pero para los cientos de aves que volaban por el lugar era lo más parecido al paraíso, siendo que las ruinas eran lugares perfectos para hacer nidos. Aves rojas azules, todas conviviendo en un solo lugar, sin conflictos, sin guerras sin sentido. Todos en paz.

Naia voló hasta el techo de una las cabañas, perdida en sus pensamientos, recordando la amarga historia detrás de lo que acababa de pasar.

-Naia te estaba buscando, hay algo que debes ver y…- Decía un guacamayo rojo.

-Ahora no- Interrumpió sin dirigirle la mirada.

-¿Pasa algo?-

-No… Solo que… (Suspiro) Iré a verlo después ¿Está bien?-

-Claro-

Una vez más Naia se encontraba sola, aunque no se quedó mucho tiempo en el mismo lugar. Una vez más se alzó al vuelo, rumbo a un árbol que se encontraba en el centro del lugar, se trataba de su nido. Una vez dentro, empezó a buscar algo entre un montón de hojas hasta que encontró lo que buscaba: Un pequeño "Brazalete" armado con un trozo de liana y adornado con pequeñas flores. Una pequeña sonrisa se dibujó en su rostro.

-Quizá me di por vencida en encontrarte… Pero jamás me olvidé de ti…-


Las horas pasaron y la noche se cernió sobre la selva, ahora todo era quietud.

Bia, Tiago y Carla se encontraban dormidos a esa hora, al igual que Yaqui y Leo, todo parecía normal, hasta que Bia y Tiago despertaron al escuchar a alguien entrar. Discretamente bajaron a la entrada, esperando ver a Roberto tramando algo, en vez de ello vieron a Perla entrar desplomándose hacia el suelo.

-¡Mamá!- Exclamaron al unísono, volando rápidamente hacia ella.

-¿Estás bien?- Preguntó Tiago.

-S… Sí…- Respondió con una sonrisa forzada.

-No, claro que no lo estás- Dijo Bia al notar un golpe en su rostro –Tiago ve a despertar a Carla- Agregó mientras la ayudaba a sentarse.

-Ya voy-

-Mamá ¿Qué te hicieron?-

-Bia… Es importante que te diga esto… Todo lo que me pase lo merezco y lo hago para protegerlos… Estaré bien solo… Necesito descansar- Dijo aun con esa sonrisa en el rostro.

-Pero…-

-Bia mañana tendré que hacer lo mismo, a la misma hora… Y el día siguiente… Y el que sigue… No hay nada que puedan hacer… Yo acepté esto- Interrumpió sobando levemente su mejilla con su ala, con la mirada baja.

-No, no digas eso… Se… Se nos ocurrirá algo- Dijo Bia, tratando de sonar optimista.

-No claro que no… Ya hice mucho daño tratando de librarme de mis problemas… No volveré a hacerlo…-

-Mamá…-

Sonriendo nuevamente, Perla abrazó a Bia, derramando un par de lágrimas, borrando finalmente la sonrisa de su rostro, tratando de desahogarse.

-Todo va a estar bien Bia... Todo va a estar bien-


Bueno eso fue todo, espero les haya gustado y de paso: Pequeño dato, este capítulo contiene una escena eliminada que yo espero poder subir mañana en la noche o si no en alguno de los días siguientes, esten al pendiente. Bueno nos vemos en el próximo capítulo

"See you next time"