Disclaimer: Los personajes de Naruto no me pertenecen.

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Familia

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Con las manos firmemente sujetas al asa de su carrito de mercado y los sonidos del exterior apagándose en sus oídos, Naruto Uzumaki se encontró paralizado y aturdido de repente, solo sintiendo el helado toque del aire acondicionado de la sección de lácteos enfriándole la nariz. Y frente a él, el pequeño Boruto dormía sentado sobre el compartimiento especial para niños, con lágrimas secas aún en sus regordetas mejillas luego de llorar por horas, preguntando hasta el cansancio por su madre y su hermana, mientras su padre no tenía el corazón para hacerle entender que ellas ya no volverían.

Bloqueando los pensamientos tristes, Naruto soltó un suspiro y contempló las botellas de leche de diferentes marcas que tenía frente a él, dudoso y aturdido. Todos los días extrañaba a su esposa, sobre todo cuando debía encargarse de aquellas actividades que ella solía ocupar; sin embargo, no podía permitirse estar triste cuando aún debía cuidar de su hijo, lo único que le quedaba en el mundo, y que ahora sólo lo tenía a él. Ahora solo eran ellos dos. Y sin poder evitarlo, Naruto apretó la mandíbula y sintió las cálidas lágrimas picar sus ojos.

Una vez más se sentía perdido, impotente y asustado. Una vez más se vio a si mismo sin saber qué hacer ni cómo seguir adelante con un pequeño que dependía sólo de él, un hombre solo que no sabía adónde iría su vida, o si podría cuidar de su hijo solo.

Hinata era una madre natural, dulce y amorosa, hecha para la vida familiar mientras que él solo era un torpe que había tenido la suerte de que una mujer como ella lo amara. No podía hacerlo solo, y el pensamiento le aterraba, sobre todo porque su hijo merecía tener una familia. Él había crecido sin una, y no quería lo mismo para Boruto. Todo niño merecía tener a su madre, y pensar en la injusta que era la vida al prohibirle eso, primero a él y ahora a su hijo hacía que todo solo fuera aún más difícil.

Las dudas y el miedo se arremolinaban en su mente, haciendo que todo a su alrededor fuera borroso, excepto por el rostro lloroso de su hijo y el aire helado del congelador a su lado.

—¿Naruto?

Sobresaltado y sorprendido, Naruto levantó la mirada, apresurándose a limpiarse el rostro con la manga de su chaqueta mientras fingía una sonrisa amable y risueña.

—¡Hola, Hana-chan! —exclamó, intentando sonreír con sinceridad, aunque la tensión de su rostro se sintió como lo opuesto. No obstante, Hanabi lo miró fijamente y parpadeó con comprensión, pasando su canasta de víveres de una mano a la otra.

—¿Estás bien? —preguntó, dando un paso hacia adelante con preocupación.

—¿Eh? ¡Ah! ¡Claro que sí! —él rio, pasándose una mano por el corto cabello rubio; luego la miró con atención, notando los detalles que no había visto a primera vista —Te cortaste el cabello —observó, limpiándose la nariz con disimulo —Luces muy bonita —murmuró, y Hanabi se sonrojó, bajando la mirada mientras acariciaba la cabeza de Boruto con cariño.

—Eres muy amable —musitó, balanceándose sobre sus pies mientras seguía observando a su sobrino con cariño —Ha crecido mucho… ¿Cómo lo ha estado llevando?

—No muy bien —suspiró Naruto, rindiéndose al fin y bajando la mirada con tristeza. Después los dos se quedaron callados, sabiendo que no había nada más que decir en ese momento.

—Lo he extrañado, ¿sabes? —admitió Hanabi entonces, acariciando la cabeza de su pequeño sobrino en el proceso —Sé que todo es muy reciente, pero… ¿te importaría si lo saco a pasear una o dos veces a la semana? No sé, tal vez llevarlo a tomar un helado o al parque.

—Eso sería estupendo, Hana-chan —Naruto suspiró, más con pena que con tristeza esta vez —. Sabes que Boruto te adora, pero...no quiero molestarte. Sé que estás muy ocupada con la universidad; no sería justo.

—Pero yo quiero hacerlo —refutó ella, mirando entre los lácteos y sacando una de las botellas de leche que Naruto había estado contemplando hacía rato, y lo metió en su carro —Ésta es la marca que él toma —le sonrió. Él entonces parpadeó y tomó otra botella, mirándola con ojos bien abiertos mientras una pequeña sonrisa de alivio nacía en su rostro sin que apenas lo notara.

—Oh, gracias —rio mientras pasaba una mano por su cabello, avergonzado, y casi al instante la sombra del pánico cruzó por su mirada —Debes creer que soy un pésimo padre, ¿verdad?

Naruto bajó la mirada hacia sus pies mientras dejaba la segunda botella de leche en su carrito, evitando mirar a Hanabi, a pesar de que podía sentir su mirada todavía fijamente en él.

—Jamás podría creer eso —sentenció, volteando hacia la sección de congelados para elegir más productos —Eres un buen hombre, Naruto, y un gran padre. Solo atraviesas por un mal momento. Todos lo hacemos —suspiró, haciendo que él volviera a mirarla, primero a los ojos, luego a su mano reposando suavemente contra su antebrazo —Pero no estás solo, y puedes contar conmigo para lo que necesites, lo sabes, ¿no es así? —Hanabi le sonrió, ajustando un poco más el agarre de su mano —Boruto y tú son parte de mi familia; y las familias siempre se cuidan entre sí, sin importar que tan mal estén las cosas.

Naruto contuvo la respiración por un momento, sintiendo que las lágrimas volvían a molestarle en los ojos. No sabía qué hacer o cómo responder a las palabras de su cuñada, pero si sabía que, al menos, su hijo y él no estaban tan solos después de todo.

—Además, eres pésimo en la cocina, así que alguien tiene que supervisarte para que no incendies la casa —añadió Hanabi, dejando sus compras en el piso para alzar a Boruto y pasárselo a su padre; luego acomodó sus víveres dentro del carro, comenzando a observar el anaquel una vez más, ante un todavía turbado Naruto —Necesitarás queso cottage; Boruto lo adora. ¡Ah! También yogurt de durazno. Y debemos pasar a la sección de congelados para buscar sus croquetas favoritas… ¡Oh! Y no podemos olvidarnos de tu ramen instantáneo —le sonrió, deslizándose por el supermercado con gran soltura, mientras Naruto la observaba, todavía de pie frente a los lácteos y con su hijo dormido en brazos

—¡¿Qué esperas?! —Hanabi volvió a sonreírle, acercándose a él para tomar una de sus manos y arrastrarlo consigo.

Y Naruto sólo la siguió, sintiendo que, de pronto, no todo estaba tan perdido.

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Gracias por leer.

Hasta la próxima!

H.S.