Disclaimer: Los personajes de Naruto no me pertenecen.

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Recuerdos familiares

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—Estoy en el aeropuerto todavía, Hana-chan —bufó al auricular, dejándose caer pesadamente sobre una de las sillas de la sala de embarque —Parece que hay retrasos por la nevada en Hokkaidō.

Oh, Naruto-kun… Estábamos esperándote para decorar el árbol —respondió una decepcionada voz femenina al otro lado. Naruto suspiró y se pasó una mano por el cabello, tan decepcionado y molesto como ella.

—Lo sé; lo siento.

—Está bien, no es tu culpa —Hanabi rio con suavidad, haciéndole sentir una extraña sensación en el estómago. Eso se había vuelto algo usual en las últimas semanas, y como cada vez, Naruto solo intentó ignorar el sentimiento.

—¿Qué están haciendo?

Boruto y yo hacíamos galletas navideñas, ¿quieres que te guardemos algunas?

—¿Hechas por ti? ¿Y ese milagro? No intentas envenenarnos, ¿o sí? —Naruto rio también, imaginando la cara de su interlocutora.

¡Eres un idiota! —Hanabi se burló —¿Acaso no puedo cocinar para mis dos hombres sin que pienses que intento envenenarlos? —dijo sin pensar; Naruto se tensó —E-Es decir, para mi sobrino y su padre —añadió, aclarándose la garganta con nerviosismo, mismo impulso que tuvo Naruto —Yo… Emm… ¿Quieres hablar con Boruto?

—¿Eh? Oh, sí, sí. Cla-

¡Yo no quiero hablar con ese mal padre! —escuchó gritar tras Hanabi, y no pudo reprimir una sonrisa.

—Dile que puedo escucharlo —resopló.

Él lo sabe… No debes hacerle caso, sólo está molesto porque no pudiste llegar a su obra de navidad; pero eres un gran padre.

Naruto enrojeció levemente, sintiendo incrementar aquella sensación en su estómago.

—No soy tan bueno; nunca lo hubiera conseguido sin ti, Hanabi.

No, creo que no —bromeó ella. Después pareció dudar un momento —Este año... Lo hemos hecho bien, ¿verdad?

—Sí; Tú y yo... ¡E-Es decir! Boruto, tú y yo realmente lo hemos hecho muy bien.

Somos un gran equipo; tú y yo —Hanabi hizo una pausa —Naruto…

—¿Sí, Hana-chan?

Yo…—Naruto tragó grueso, oyendo los latidos de su corazón acelerándose y haciendo eco en sus oídos. Contuvo la respiración por un momento sin saber por qué, pero de pronto sintió que estaba esperando ansiosamente lo que fuera que Hanabi tuviera que decirle.

—¡Tía Hanabi! ¡Cuelga ya con ese idiota y saquemos las galletas! —escuchó la voz de su hijo nuevamente, y eso lo regresó a la realidad, haciendo que se aclarara la garganta mientras escuchaba a su cuñada moviéndose al otro lado de la línea.

Ya voy, Boruto-kun. ¡No toques el horno! Te estaremos esperando, Naruto-kun —se despidió. Naruto le sonrió a la distancia

—¡Claro, Hana-chan! Si ese avión no despega me iré en autobús o a pie —bromeó —No debes preocuparte; llegaré antes de la noche, a tiempo para que puedas salir con tus amigos; supongo que a Konohamaru no le hará gracia que te acaparemos también en Nochebuena; debes querer pasarla con tu familia —dijo, sintiendo un sabor amargo en la boca después, así como un extraño calor subiendo por su rostro.

—Tú y Boruto son mi familia, Naruto —declaró la chica; él enrojeció aún más, sintiendo que debía decir algo, pero no estaba seguro de qué.

—Hanabi...

—¡Tía!

—¡Ya voy! Lo siento, Naruto-kun. Hablamos cuando llegues, ¿sí?

— ¿Eh? Ah, sí, claro… Adiós. Saluda a Boruto de mi parte. Yo… Emm… Te veré en la noche, y…— volvió a quedarse callado, pensativo por un momento —No, nada. Adiós, Hana-chan.

Colgó la comunicación y se echó hacia atrás sobre su asiento, desviando la vista hacia la ventana, contemplando los copos de nieve cayendo perezosamente sobre la ciudad.

"Deberías pensar en rehacer tu vida; Hanabi es una buena opción. Boruto la adora"; recordó las palabras de su mejor amigo y suspiró, pasándose una mano por el rostro. Era una idea tonta, pensó. ¿Él y Hanabi? ¡Eso era ridículo! Hinata era la chica perfecta para alguien como él, pero ella se había ido, y no se sentía correcto pensar en su hermana menor de otra forma que no fuera como la tía de su hijo.

Hanabi solo era su cuñada, se dijo, un gran apoyo tras la muerte de su esposa, una buena amiga y compañera, pero no quería confundir las cosas. Y todo se había vuelto muy confuso entre ambos desde hacía un tiempo, ni siquiera él era tan distrido para negarlo.

—Si ella estuviera aquí— murmuró, negando con la cabeza. A veces extrañaba lo simple de su vida antes del accidente. Todo era mucho más sencillo, y él era feliz, pero no quería pensar en eso —Es mejor así —suspiró al aire, sacando su computador portátil del bolso de mano.

—Disculpe, ¿está ocupado? —Naruto reaccionó y observó a la anciana que le había hablado, apresurándose a negar con la cabeza mientras quitaba su abrigo del asiento de junto para dejarlo libre, sujetando el computador portátil con la mano libre y moviéndose unos centímetros a la derecha. La anciana le sonrió maternalmente —Gracias, jovencito. Feliz Navidad.

Él no respondió más que con una simple mueca incómoda. ¿Cómo podría ser una Feliz Navidad si era la primera que pasaba sin su esposa y su hija?

Un año... Increíblemente había sobrevivido un año sin su Hinata y su hija; Boruto y él lo habían hecho. Mejor dicho, Boruto, Hanabi y él.

Boruto, Hanabi, y él.

Se removió sobre su lugar, incómodo, y volvió a concentrarse en su computador sin mucho éxito.

Nunca se había sentido tan solo como cuando había perdido a las dos mujeres de su vida. Estando con Boruto y Hanabi le era imposible sentirse triste, a pesar de que las recordaban casi a diario; sin embargo, allí, sin ellos en aquella sala de espera, por primera vez en meses hallaba tiempo para sentir nostalgia.

—¿Es su hijo?

—¿Disculpe? —se sobresaltó, volteando el rostro para mirar nuevamente a la anciana, que señalaba la imagen de la pantalla, una fotografía de la obra navideña de Boruto que Hanabi le había enviado la noche anterior —Eh… Sí, sí lo es— suspiró. La anciana asintió con la misma sonrisa amable, girándose hacia el ventanal sin hacer más preguntas.

Naruto entonces volvió a suspirar y cerró los documentos que debía leer con resignación, volviendo a dejar la fotografía de su hijo en el escritorio, contemplando la sonrisa de su hijo; la sonrisa que Hanabi le había devuelto, su único apoyo, y la única persona que comprendía a ambos.

Era extraño; antes nunca se había fijado en lo mucho que tenía en común con su antigua cuñada; su esposa era muy diferente. La había querido, la quería mucho, después de todo, ella lo había amado incondicionalmente durante años a pesar de sus múltiples defectos. Cuando se casó con ella no lo había hecho enamorado, Hinata lo sabía, pero eso no había impedido que durante años fueran felices.

Había escuchado sobre el amor muchas veces, de sus efectos y de lo 'locos' que volvía a los hombres, pero Naruto se había resignado a nunca sentir aquella necesidad de sólo respirar por una persona, la pasión arrolladora y esa sensación de plenitud que todo el mundo describía cuando hablaba de amor; nunca lo había necesitado para ser feliz; tenía una vida tranquila y una familia amorosa, no buscaba nada más.

Sin embargo, ese día entre las góndolas de la sección de lácteos del supermercado, en su peor momento, ahogándose en aquel mar de conmiseración, Hanabi había llegado a su vida como un salvavidas, y algo había cambiado desde entonces.

De pronto, sus ojos se posaron en la carpeta titulada como: "Fotos de Hanabi", la misma que le había enviado el día anterior; Naruto la abrió y observó todas las fotografías de su hijo y su tía en la obra de la escuela; lo dos luciendo felices, cosa que llevó gran alivio a su corazón. Siguió mirando imágenes y encontró un video bastante viejo ya, con el nombre: "Los primeros pasos de Boruto", y cuya fotografía de muestra era la sonrisa de Hanabi.

Curioso, decidió abrirlo, y el rostro de una adolescente Hanabi apareció en pantalla de inmediato, acomodando la cámara con una mano; cuando se apartó de ella Naruto se vio a sí mismo con el cabello más corto y con un Boruto pequeño y tembloroso de pie entre sus brazos.

¡No puedo creer que no estés aquí, hermana! —exclamó la Hanabi adolescente, hablando a la cámara. Naruto recordó entonces que Hinata, su esposa, no estaba en casa aquel día.

¡Shh! ¡Hana-chan! ¡Por fin va a hacerlo! —no pudo evitar sonreír. La joven Hanabi corrió hasta posarse delante de Boruto para extenderle sus brazos.

¡Vamos, Boruto! ¡Camina para nosotros! —aplaudió mientras sonreía para llamar su atención. El pequeño dudó unos momentos, pero finalmente se lanzó en brazos de su tía, quien lo recibió después de sus primeros pasos.

¡Lo hizo, lo hizo! —Hanabi y él se abrazaron con Boruto en medio, entonces, Naruto pausó el video y capturó el fotograma en el que los tres estaban unidos por aquel abrazo, sonriendo casi sin darse cuenta. Lo guardó y pasó a las fotografías del último cumpleaños de su hijo, donde Hanabi, Boruto y él sonreían para la cámara con la cara embarrada de pastel. También había fotografías de su cumpleaños, una de Hanabi y él que Boruto había insistido en tomar. Los dos sonreían ampliamente; no recordaba haberse visto tan feliz antes.

—Tiene una hermosa familia —comentó nuevamente la anciana a su lado. Naruto parpadeó y volvió a mirarla, ligeramente confundido.

Una familia... No lo había pensado antes, pero, para él, Hanabi le había devuelto el significado a esa palabra.

Parpadeó y volvió a mirar la fotografía de la pantalla.

Había perdido a su esposa y a su hija en aquel accidente, pero no estaba solo; Hanabi y Boruto eran su familia ahora, las únicas personas que le brindaban amor y consuelo. Eran todo lo que tenía en el mundo. Boruto, su único hijo, y Hanabi…la mujer que inesperadamente se había convertido en alguien indispensable en su vida.

Y ahora le resultaba imposible imaginarse un futuro en el que ella no estuviera en sus vidas.

—Sí; es muy hermosa —respondió, sin borrar esa sonrisa radiante y sincera que sólo esbozaba desde que Hanabi formaba parte de su familia.