Ellos detuvieron la guerra…

Siglos atrás cuando Crystalia estuvo sumida en la oscuridad, un grupo de valientes tomaron la decisión que cambiaría el transcurso de la historia. Aseguraron que la magia prevaleciera y que los inocentes no sufrieran.

Ahora una nueva batalla se está formando…

Mikan Yukihara ha vivido gran parte de su vida en la tierra, ha visto y experimentado horrores que nadie a su corta edad de veinticuatro años debería haber pasado. Su vida se ha visto oscurecida por la ambición y codicia convirtiéndola en lo que siempre ha temido. Pero ahora que es capaz de regresar a su mundo lo último que quiere es llamar la atención, sin embargo cuando la aterrorizada cara de un niño aparece en el mágico folleto todos sus planes e intenciones quedan en el olvido.

Incapaz de ignorar las injusticias de Crystalia, se enlista en los dos torneos más importantes del año, sin prestar atención al hecho de que todos los habitantes del mundo van verla. Con su identidad descubierta Mikan se enfrenta a una nueva clase de persecución, nuevos horrores asechan en su mente y nuevos miedos entran en sus pesadillas.

Y es el deber de alguien detenerla…

El agujero negro que era su vida pronto se ve convertido en un campo de batalla. Ella es la pieza clave que todos necesitan y es su elección participar en este nuevo juego por el poder.

Los personajes de GA no me pertenecen. La historia es una adaptación del libro que estoy escribiendo, si gustan pueden leerlo en Wattpad


Capítulo 2

En una de las tabernas de Lumber, Kyros maldecía interiormente su suerte y a la causante de toda su desgracia.

Debió haberlo visto venir, aquella zorra nunca estaba conforme, siempre quería más. Más ropa, más zapatos, más joyas, más dinero. No importaba si el día anterior le había regalado un collar de crisaluces rosa, la piedra más rara y hermosa de toda Crystalia, al día siguiente ella estaría pidiendo uno más grande junto con unos aretes a juego y de ser posible un vestido que combinara con ellos. Y como si eso no bastara la desgraciada tenía una obsesión por las apuestas.

Negó con la cabeza al mismo tiempo que tomaba un gran sorbo de aquarriz

Debió haberla abandonado la primera vez que acudió a él luego de haber perdido una ridícula cantidad de oro, suplicándole su ayuda y prometiéndole compensárselo. Si lo hubiera hecho ahora no tendría que entregar la mayoría de sus posesiones como pago por una apuesta que no había hecho, en cambio se había dejado convencer por sus palabras dulces y sonrisas falsas. Había estado tan enceguecido que incluso en el momento que se enteró, pensó que todo iba a estar bien porque se tenían el uno al otro y nada más importaba. Qué estúpido había sido; ¡doscientos años y no había aprendido nada!

Ahora no solo estaba sin dinero ni posesiones sino que había vuelto a ser soltero porque la usurera había decidido abandonarlo por alguien de mayor status y riqueza. Sin embargo él no planeaba dejar aquel asunto así, ella había jugado con su corazón y orgullo, y él la haría arrepentirse por ello.

Sonriendo dio otro sorbo a su bebida disfrutando de su acidez y calor. Ya encontraría la manera de recuperar con creces todas sus pérdidas. Sin importar cómo él conseguiría ser uno de los duendes más ricos de toda Crystalia.


El rayo de luz condujo a Mikan hasta el corazón de un bosque, allí escondido en la copa de los árboles se hallaba el portal. El mágico ovalo era lo suficientemente grande para abarcar a un ogro adulto, y la leve distorsión del paisaje advertía a todos los que estuvieran atentos que allí había algo más que ramas y hojas.

Por un momento Mikan simplemente se quedó mirando el portal, su cola balanceándose lentamente con inquietud a medida que se preparaba para entrar. Un cárabo trinó en un árbol cercano y su atención se desvió al ave. Suspirando de alivio al darse cuenta que el pájaro no la había notado, miró por donde había venido y se preguntó cuánto tiempo le quedaba antes de que la encontraran. Había logrado perder a sus perseguidores entre la larga hierba del pastizal y por el momento no escuchaba ni olía algún indicio de que alguien más estuviera en el bosque, pero sabía que no podían estar lejos. De repente, sintiendo que se quedaba sin tiempo se apresuró a entrar en el portal.

Una extraña luz grisácea envolvió su cuerpo llevándola dentro de una especie de agujero negro. El lugar era frío y una extraña pesadez amenazaba con hundirla a las profundidades de la espesa negrura; a lo lejos la imagen de un oscuro callejón revelaba la entrada a Crystalia. Sin saber cómo alcanzar el otro lado Mikan hizo lo primero que se le ocurrió y comenzó a impulsarse con sus brazos y piernas como si nadara; afortunadamente aquello pareció dar resultado porque poco a poco la imagen comenzó a ampliarse. Sin embargo entre más se acercaba la pesadez de su cuerpo aumentaba y una horrible presión apareció en su pecho impidiéndole respirar con normalidad. Sintiendo que se ahogaba Mikan pausó su avance pensando que así podría respirar.

Pero la sensación solo aumentó hasta el punto que comenzó a perder la conciencia y a olvidar donde estaba. Frustrada, dolorida y agotada Mikan finalmente se rindió. No estaba segura de que iba a pasar con ella, ni porque había estado luchando en primer lugar cuando era más fácil rendirse a las abrumadoras sensaciones. Justo cuando estaba por desmayarse completamente el recuerdo de alguien pasó fugazmente por su mente alentándola a seguir adelante. Con un débil gruñido se impulsó lo más fuerte que pudo y atravesó el otro lado del portal.

Mikan gimió de dolor cuando chocó contra el suelo y varias piedras se enterraron en sus heridas abiertas, sin embargo eso no fue nada comparado con el alivio que sintió al volver a respirar. Tomando grandes bocanadas de aire, intentó recuperar el oxígeno perdido; poco a poco y con gran esfuerzo su respiración se normalizo. Fue entonces cuando notó que algo húmedo y frío caía sobre ella.

Abriendo los ojos se encontró ante el más inusual y hermoso paisaje que había visto. Dos grandes lunas llenas iluminaban el cielo nocturno junto con algunas estrellas, varias nubes se habían acumulado tapando gran parte del firmamento y pequeños pétalos rosa caían de ellas como una llovizna, convirtiéndose en nieve poco antes de tocar cualquier superficie.

El escozor de sus heridas y los fuertes temblores de su cuerpo, obligaron a Mikan a moverse. Gruñendo de dolor se levantó y comenzó a caminar por las empedradas calles buscando donde pasar la noche; cada poco tiempo inhalaba profundo, olfateando el aire para descubrir donde el aroma salado del mar era más fuerte. Girando por una bifurcación observó las tenuemente iluminadas calles que daban al muelle, y movió sus felinas orejas captando señales de ruido, esperó varios momentos antes de tener que esconderse a la sombra de un edificio cuando las voces se acercaron a ella.

Tres hombres borrachos pasaron frente a ella riendo y bromeando sin notar su presencia. Mikan los observó hasta que entraron en una destartalada casa. Negando con la cabeza continuó su camino hasta los almacenes que había en el muelle, uno por uno los examinó detalladamente hasta decidirse finalmente por el más lejano. Usando una de sus garras abrió el candado y deslizó la metálica puerta.

No le hacía mucha gracia pasar allí la noche teniendo en cuenta de donde acababa de venir, pero sabía que con las múltiples heridas que tenía no podría durar mucho tiempo bajo el cielo nevado. Cerrando la puerta observó las múltiples cajas y baúles que ocupaban todo el lugar, una fuerte esencia flotaba en el aire lastimando su sensible olfato. Tiritando de frío y agotamiento caminó entre la mercancía hasta encontrar un lugar lo bastante amplio en la parte de atrás para acomodarse y cambiando completamente de forma a su jaguar se acostó allí.


El sol comenzaba a salir iluminando los senderos del pequeño poblado de Flumbart, sus cálidos rayos descendían sobre el entumecido cuerpo de Hotaru ayudando a desplazar el frío que sus empapadas ropas le producían. La lluvia de la noche anterior había dificultado el arado de la tierra y el cuidado de los campos, haciendo que el trabajo se extendiera hasta el amanecer. Por mucho que odiara trabajar toda la noche Hotaru sabía que su familia no podía permitirse el lujo de ser quisquillosos; la enfermedad de su padre había mermado seriamente los ahorros familiares y las deudas que habían acumulado meses antes del fallecimiento de su madre aún necesitaban ser pagadas.

Suspirando se detuvo frente a su casa observando las coloridas flores que adornaban la entrada. Las pequeñas gotas de agua brillaban en sus moradas hojas y nuevos retoños comenzaban a salir, su hermana iba a alegrarse cuando las viera. Arrodillándose cortó varias antes de entrar en la casa. El fresco aroma de la menta le dio la bienvenida y la calidez de la habitación la hizo suspirar de placer.

—Bienvenida a casa.

Sorprendida dirigió su mirada a la chimenea notando por primera vez la menuda silueta de su hermana sentada en el viejo sofá.

—Saia, ¿qué haces despierta?

—No podía dormir. Papá ha tenido una mala noche.

Hotaru frunció el ceño y dejando las flores en la mesita cercana se acercó a su hermana.

—¿Tuvo otro ataque? Pensé que estaba mejorando.

—Lo está —Saia cerró el libro que estaba leyendo y miró a su hermana—, sin embargo creo que el frío lo afectó un poco. Hace una hora le di el último poco de rosamiel que teníamos y no ha vuelto a despertarse.

Las palabras de Saia preocuparon a su hermana. Hotaru había jurado que aún tendría un poco más de tiempo para comprar el remedio, pero al parecer ahora iba a tener que hacer una nueva lista de las cosas que necesitaban comprar; sospechaba que su nuevo par de botas iban a tener que esperar varios meses más. Quitándose la mojada capa la extendió frente al fuego y sacó la pequeña bolsa con dinero de su pantalón, luego de contar las monedas se las dio a su hermana.

—Ve al mercado hoy y mira cuanto puedes conseguir con esto. Dile al viejo Frank que luego le pagaré lo que haga falta.

Saia asintió y guardó las monedas en su capa. Finalmente se atrevió a preguntar lo que más le preocupaba.

—¿Están aumentando las horas de trabajo? Pensé que no lo iban a hacer mientras las horas fueran nocturnas.

Hotaru negó con la cabeza y se sentó junto a su hermana extendiendo las manos para calentarse.

—El trabajo se alargó debido a la lluvia, pero no han dicho nada sobre darnos más horas —Frunció el ceño considerando la idea—. Pero, a decir verdad sería mejor que lo hicieran al menos durante las temporadas de lluvia, quizás así nos pagarían las horas extra que tenemos que trabajar.

—Pensé que la señora Flip te pagaría el tiempo extra.

—No, eso era antes de que los impuestos subieran. Ahora con el Jykon acercándose y el gobierno exigiendo las contribuciones usuales para las festividades no hay forma de que nos paguen a todos, sabes que ese dinero viene directamente de su familia y no del gobierno como debería ser.

Saia miró pensativamente el oscuro suelo de madera, contemplando los cambios que el gobierno necesitaba hacer. Estaba segura que Flumbart no era el único lugar en esa zona que explotaba a los campesinos de esa manera, sin embargo no podía estar segura si la culpa era de los Ancianos o del general Jaxton.

Notando la sombría expresión de su hermana, Hotaru cambió el tema rápidamente.

—¿Ya viste las flores de mamá? Un nuevo grupo de capullos está floreciendo, parece ser que esta vez vamos a poder decorar toda la casa con las flores. Corte unos pocos para que los coloques en la habitación de papá.

La cara de Saia se iluminó.

—¿En serio?

—Sí. Las coloque en la mesita junto a la puerta.

Saia se levantó y corrió a examinar las flores recién cortadas antes de abrir la puerta y observar emocionada los capullos de la entrada. Hotaru sonrió al escuchar la risa de su hermana, muchas veces tendía a olvidar que Saia solo tenía catorce años debido a su actitud madura. Desde que su padre había enfermado y ella y Subaru habían tenido que trabajar, Saia había quedado al cuidado de la casa teniendo muchas veces que encargarse de todo, sin embargo eran muy raras las ocasiones en que se quejaba. Ahora que lo pensaba en unos meses sería su cumpleaños, tendría que hablar con su hermano para comprarle algo especial a Saia. Estaba segura que ambos podrían ahorrar un poco de sus sueldos para comprar esas semillas de las que tanto hablaba su hermana.


Cuando el amanecer llegó Mikan solo había logrado dormir dos horas ya que a lo largo de toda la noche estuvo entrando y saliendo del sueño, despertándose cada vez que sus agudos sentidos captaban la presencia de alguien y solo volviéndose a dormir cuando se había asegurado que no corría peligro alguno. Sintiendo que estaría en problemas si se quedaba allí se obligó a ponerse en marcha.

Cambiando de forma recorrió el lugar buscando entre la mercancía algo que le fuera de utilidad. Luego de encontrar un delgado saco de lana, un par de guantes sin dedos, un jean y zapatillas deportivas salió del almacén ignorando el ardor que le causaba la ropa al frotarse sobre sus heridas. El amarantium había hecho efecto la noche anterior y las drogas habían desaparecido de su sistema permitiéndole a su magia acelerar su proceso de sanación, sus costillas ya no le dolían con cada paso que daba y los cortes de sus muñecas y pies comenzaban a cerrarse por completo.

La actividad en el muelle había comenzado y varios marineros estaban cargando nueva mercancía en los barcos. Acostumbrada a estar sola, el murmullo de las conversaciones y las personas que comenzaban a llegar molestó a Mikan. Gruñendo tomó nuevamente el camino de la noche anterior solo para descubrir que las calles estaban igual de llenas.

Irritada movió su felina cola mientras buscaba un lugar que estuviera desierto. El lugar más cercano resulto ser un oscuro callejón con olor a pescado podrido y mugre, sin embargo arrugando la nariz con desagrado se ocultó allí mientras pensaba que hacer. Necesitaba cambiar de ciudad pero no tenía idea por dónde ir, tomara el camino que tomara los trabajadores de Silvertec vendrían detrás de ella y quedarse allí tampoco era una opción viable.

Alzando sus ojos al cielo observó las rosadas nubes que brindaban sombra sobre los tejados y buscó una respuesta en ellas. Bufando por la ridiculez de ello movió fuertemente su cola y sin querer, golpeó un contenedor de basura causando que el ruido resonara por unos segundos. Fijando su atención en el objeto se preguntó si soportaría su peso. Escuchó atentamente por un rato revisando que no hubiera nadie cerca antes de treparse sobre la tapa y saltar agarrándose de la blanca cornisa. Balanceando levemente su cuerpo se impulsó con los brazos y terminó de subir al techo.

Observó la ciudad desde allí. Hileras de edificios se extendían por las laberínticas calles rodeando una pequeña plaza comercial siguiendo su camino hasta perderse en el horizonte. Detrás de ella el extenso mar se agitaba levemente haciendo mover los barcos atracados en el muelle.

Recorrió su mirada por la plazoleta observando las múltiples razas que convivían allí. Pese a estar juntas había una clara separación entre ellas. Un pequeño grupo de jóvenes elfos charlaban animadamente con varias hadas, al otro lado de la plaza varios ogros y duendes participaban en algún tipo de concurso. Aquella mezcla era insólita dada la historia que las razas tenían entre sí pero por alguna razón el gobierno de Crystalia no había tomado eso en cuenta.

Aquello le hizo pensar que no conocía mucho sobre aquel mundo, no sabía nada sobre los gobernantes actuales o las leyes; ni siquiera sabía el nombre de aquella ciudad. Y aunque tenía varios recuerdos de cuando era niña sabía que todo había cambiado bastante en los catorce años que estuvo en la tierra, aunque sinceramente dudaba que su lugar en Crystalia hubiera cambiado.

Decidiendo que tenía que ponerse en marcha, paseó por los techos de las casas sin hacer ningún ruido. Guiándose por sus instintos se dirigió al norte, memorizando cada camino, parque y tienda que veía. La ciudad era relativamente pequeña y no le tomó más de una hora llegar a la plazoleta central.

En el centro del lugar había una gran fuente de agua cristalina con un enorme lobo alado esculpido en mármol negro, un imponente castillo estaba varios metros más lejos brindando sombra a varias hadas que revoloteaban por allí, las palabras "Central de vigilancia y seguridad de Lynas" se alzaba sobre la gran entrada de madera. Mikan fijó sus dorados ojos en la torre más alta. Usando su cola para equilibrarse saltó al siguiente techo y se paró en el borde de la cornisa. Levantando los ojos observó la posición del sol, al verlo aun sin llegar a su punto más alto suspiró y retrocedió al centro del tejado, quedando oculta de los ojos curiosos de los transeúntes.

Cada cierto tiempo cambiaba de casa intentando quedar a favor del viento para que su olor no fuera a llegar a las razas con sentidos agudos. Finalmente cuando el sol comenzó a ponerse y extendió la sombra del castillo sobre casi toda la plazoleta, cambió a su forma animal y corrió sin hacer ruido por el tejado, cuando estuvo en el borde dio un poderoso salto y rápidamente cambio nuevamente de forma aterrizando sobre la cabeza del lobo; sus pies tocaron la superficie de mármol solo el tiempo suficiente para tomar impulso y volver a saltar al mismo tiempo que una vez más cambiaba a jaguar. Luego de otro ágil cambio y una voltereta aterrizó en una de las estatuas decorativas que estaban sobre las almenas más bajas. Sus ojos recorrieron velozmente los alrededores tratando de ver si alguien la había visto para luego comenzar a trepar por las paredes ayudándose con sus garras. Una vez estuvo en la torre se escondió detrás de la estatua de un elfo tallado en piedra y diamante, y observó la ciudad completa.

Mikan reconoció los caminos por donde había llegado y se dio cuenta de los que había evitado. Desde allí pudo ver el gran muro que rodeaba toda la ciudad interrumpiéndose solamente al llegar a las enormes puertas plateadas. Contó dos salidas terrestres, una de ellas daba a un gran campo abierto mientras que cerca de la otra había un tupido bosque. Decidiendo a donde ir se deslizó por la parte trasera del castillo para luego saltar al tejado más próximo. Hizo una mueca cuando aterrizó más fuerte de lo planeado causando un estruendoso ruido. Rápidamente comenzó a moverse entre los techos queriendo alejarse antes de que alguien la notara. Su cola se balanceaba continuamente, ayudándola a mantener el equilibrio y sus delgados bigotes le ayudaban a calcular las distancias; gracias a su ADN animal sus movimientos eran gráciles y veloces a medida que viajaba por los techos en dirección a la salida del bosque.

La visión de dos guardias frente a las puertas la hizo detenerse en seco y gruñendo suavemente esperó una oportunidad para poder salir. Sin embargo los minutos pasaron y Mikan seguía aún en el techo observando a las personas ir y venir, luego de una hora sin poder escabullirse se sentó en el tejado siseando de dolor cuando una de las tejas se clavó en el corte de su tobillo. A medida que el tiempo pasaba el cansancio se hacía cada vez más difícil de ignorar y finalmente dominada por el sueño se acostó.

El susurro de voces la despertó igual que en las anteriores veces, sin embargo esta ocasión le fue imposible volverse a dormir debido a la ansiedad que percibió en una de ellas. Respirando profundo captó el aroma de aquellas personas, tres de los cuatro eran hombres adultos pero ninguno le era familiar.

—…los Centinelas aparecieron en medio de la noche.

—¿Y esa es razón para dejar a su compañero atrás? —gruñó uno de ellos.

Mikan supo de inmediato que era un hombre lobo y se preguntó porque alguien como él estaría teniendo esa conversación con tres vampiros en medio de la noche donde nadie los podría oír.

—No podíamos hacer nada. Ellos…

El metálico sonido de la espada al ser desenfundada resonó por la silenciosa calle y momentos más tarde el aroma de la sangre llegó hasta Mikan.

—Quemen toda la mercancía del almacén, nadie debe encontrar lo que llevamos en ella —ordenó el lobo—. Y más les vale que esta vez no haya errores.

—Por supuesto, capitán —dijo la vampira con voz dulce.

Cuando estuvo segura de que los cuatro se habían ido Mikan bajo del tejado y revisó la zona. El cuerpo de un hombre castaño estaba tendido en el suelo sobre su propia sangre, en su pecho estaba la herida que le había causado la muerte. Frunciendo el ceño Mikan la examinó: no había tocado su corazón ni era demasiado profunda, nada que la vampírica curación no pudiera arreglar en un par de horas, sin embargo el hombre había muerto casi instantáneamente. Un extraño aroma emanaba de la herida.

Decidiendo que no era su problema se levantó de allí y volvió hacia la salida, las puertas estaban cerradas a esa hora de la noche y el único guardia frente a ellas cabeceaba constantemente intentando mantenerse despierto. Era la oportunidad perfecta, más descansada que antes y con sus heridas casi curadas podría manejar su magia sin problemas.

Acercándose silenciosamente se colocó detrás del guardia y toco la punta de su capa mientras activaba su poder. Finos hilos de magia se arrastraron a lo largo su ropa hasta llegar al cuerpo del guardia elfico y comenzaron a buscar el núcleo de su vida y poder, una vez lo hallaron Mikan cerró los ojos y tejió una red de hilos sobre ellos luego extendió su magia por todo su cuerpo obligándolo a relajar todos y cada uno de sus músculos, finalmente le ordenó a su cerebro que cayera en un sueño profundo. La cabeza del guardia cayó sobre su hombro y su respiración terminó de profundizarse. Satisfecha se dirigió a las puertas y comenzó a treparlas.

El bosque no era nada parecido a los que había en la tierra, allí las flores de todas las plantas brillaban en la oscuridad, las hojas de los árboles susurraban alegres melodías cuando el viento soplaba y una acogedora energía flotaba en el ambiente. Colocando la mano sobre uno de los árboles pudo sentir su energía zumbar a través de su piel invitándola a usar su magia y conectarse con él. Allí el lugar estaba completamente vivo, cada uno de los seres que habitaban ahí tenían cosas que contar ansiosos por ser escuchados.

Observando los fluorescentes colores se adentró en el bosque pendiente de cada detalle, sonido y aroma que recogía. Siguiendo el olor de uno de los animales, los instintos cazadores de Mikan afloraron con tal fuerza que no pudo ignorarlos, llevaba tres días sin comer y a ese punto ignorar su parte animal reinaba mayormente sobre la racional. Su cola se quedó quieta, sus pasos se volvieron completamente cautelosos, sus bigotes se tensaron un poco y sus felinas orejas dejaron de moverse.

Era un animal mediano; una presa bastante fácil de cazar. Sus negras orejas similares a las de un gato estaban inmóviles, mientras que su larga cola se movía perezosamente, su cuerpo de cervatillo estaba cubierto de plumas tricolor. Sin ser consciente del peligro en el que estaba continuó comiendo las hojas más bajas de un pequeño árbol, sin embargo no tardó en darse cuenta de la presencia de Mikan y asustado volvió su mirada a ella. No supo si fue por el miedo que vio en sus azules ojos o por el graznido amenazador que soltó pese a ello pero de alguna manera algo en ella se sobrepuso a sus instintos al verlo sintiendo pena por el animal, suspirando dio media vuelta y se alejó allí buscando un lugar donde dormir.


Debido a que esta es una historia original mía la cual estoy adaptando a GA, hice una encuesta a la protagonista principal y aquí dejo una de las preguntas por si les interesa saber más sobre ella. Sin embargo deben saber que contienen SPOILERS del pasado de ella.

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¿Cuál es tu nombre completo?

Sakura Yukihara