Ellos detuvieron la guerra…
Siglos atrás cuando Crystalia estuvo sumida en la oscuridad, un grupo de valientes tomaron la decisión que cambiaría el transcurso de la historia. Aseguraron que la magia prevaleciera y que los inocentes no sufrieran.
Ahora una nueva batalla se está formando…
Mikan Yukihara ha vivido gran parte de su vida en la tierra, ha visto y experimentado horrores que nadie a su corta edad de veinticuatro años debería haber pasado. Su vida se ha visto oscurecida por la ambición y codicia convirtiéndola en lo que siempre ha temido. Pero ahora que es capaz de regresar a su mundo lo último que quiere es llamar la atención, sin embargo cuando la aterrorizada cara de un niño aparece en el mágico folleto todos sus planes e intenciones quedan en el olvido.
Incapaz de ignorar las injusticias de Crystalia, se enlista en los dos torneos más importantes del año, sin prestar atención al hecho de que todos los habitantes del mundo van verla. Con su identidad descubierta Mikan se enfrenta a una nueva clase de persecución, nuevos horrores asechan en su mente y nuevos miedos entran en sus pesadillas.
Y es el deber de alguien detenerla…
El agujero negro que era su vida pronto se ve convertido en un campo de batalla. Ella es la pieza clave que todos necesitan y es su elección participar en este nuevo juego por el poder.
Los personajes de GA no me pertenecen. La historia es una adaptación del libro que estoy escribiendo, si gustan pueden leerlo en Wattpad
Capítulo 4
Aoi continuaba en la habitación cuando ellos llegaron. Un par de cambios se habían hecho en el lugar desde la última vez que los centinelas estuvieron ahí, las cortinas azules de la habitación estaban descorridas dejando entrar la luz a través del inmenso ventanal, varios cuadros adornaban las paredes y un jarrón con flores estaba ubicado encima del armario. La joven hada también se veía mucho mejor desde la última vez, su pálida piel tenía un saludable rubor dejando atrás el color ceniciento de la muerte, su cabello rubio estaba limpio y recogido en una coleta baja y sus ojos verdes ya no tenían el opaco brillo de la fiebre.
Notando la presencia de los tres hombres Aoi se levantó de su silla y sonrió alegremente a los recién llegados.
—Sabía que vendrían —Se giró hacia la joven—. Caliza, ellos son mi esposo Youichi, mi hermano Natsume y Ruka, el amigo de la familia. Ellos fueron los que te encontraron en aquel bosque hace dos meses.
Nerviosa por los recién llegados Caliza se obligó a sonreír levemente.
—¿Te importa que nos sentemos? —preguntó Ruka suavemente.
El hada negó con la cabeza y observó con inquietud como Aoi se sentaba junto a su cama mientras que Natsume y Ruka tomaban asiento frente a ella. Youichi se dirigió hacia la ventana y se recostó contra ella.
—¿Cómo te sientes?
—Mucho mejor, gracias.
Aoi sonrió.
—Por supuesto que estás mejor. No te habría sacado del capullo mágico si no fuera así.
—¿Capullo mágico? —preguntó Caliza confundida.
—Sí, se llama así por la forma que envuelve el cuerpo. Se usa para acelerar la curación de la persona cuando las heridas o enfermedades son muy serias —explicó Aoi—. Fue una suerte que Nayra estuviera aquí cuando te rescataron, no sé lo que habría pasado si hubiéramos tardado más tiempo en colocarte en uno, tu fiebre era bastante alta, tenías varios cortes profundos y llagas en todo el cuerpo y la piel de tus manos y brazos estaba cayéndose. Nunca había visto algo así.
Caliza palideció.
—Sé que acabas de despertar, y que lo más probable es que quieras olvidar —dijo Ruka cuidadosamente, sabiendo que ningún momento sería bueno para eso—, pero podrías contarnos que sucedió.
—Yo…
—Solo queremos ayudarte.
Suspirando temblorosamente, Caliza observó los ojos grises de Ruka notando la verdad en ellos. Tal y como él había dicho solo quería olvidar lo que había pasado y por un momento consideró negarse, pero el conocimiento de que había más como ella rondaba por su mente haciendo que fuera incapaz de no hablar.
—¿Qué quieren saber?
—Todo lo que puedas decirnos —dijo Natsume sonriéndole levemente—. ¿Por qué no comienzas por el inicio?
Asintiendo apretó las cobijas.
—No estoy segura de hace cuánto tiempo sucedió ya que no tenía forma de medir el tiempo, pero mi padre había muerto hace poco y faltaban varios meses para que cumpliera la mayoría de edad. No tenía parientes cercanos y ninguno de los amigos de mi padre quiso recibirme en su hogar así que… —Su voz se quebró y Aoi apretó una de sus manos.
—Te convertiste en esclava —afirmo Youichi frunciendo el ceño. Desafortunadamente era eso lo que sucedía con todos los huérfanos menores de edad que no encontraban una nueva familia que los acogiera, y pese a que no era algo que alguno de ellos aprobara era la ley del gobierno.
—Sí. Habían estado solo una semana en Winsmar cuando un hombre me compró junto con otros dos niños —Caliza apretó la mandíbula—. Lo había visto varias veces en las subastas u ofertas, y varios de los negociantes parecían conocerlo, pero nunca le había prestado mucha atención.
—¿Recuerdas como era? —preguntó Natsume son expresión seria.
—No mucho. Recuerdo que llevaba una capa negra con un extraño símbolo bordado en ella, no pude identificar que era pero me recordó mucho a las enredaderas de coralumes que crecen en las paredes de algunas casas.
—Las he visto, son aquellas que tienen flores pequeñas y coloridas ¿verdad? —dijo Ruka recordando las que crecían en la casa de su abuela.
—Sí.
—De acuerdo, continua.
—Aquel hombre nos llevó a una vieja casa y pasamos la noche ahí. A la mañana siguiente durante el desayuno nos obligó a beber una especie de somnífero, los niños no lo notaron ya que no conocían el olor pero mi madre me había enseñado sobre plantas y supe lo que era en el instante que lo olí, sin embargo no pude rehusarme a beberlo. Cuando despertamos estaba en… —Caliza frunció el ceño pensando como descubrir el lugar que se había convertido en la peor de sus pesadillas—… una especie de celda. No se me ocurre otra forma de llamarlo ya que no podía salir de allí, había una delgada cama metálica y una pequeña habitación adjunta sin ventanas que era el baño; tres de las cuatro paredes eran de metal y en una de ellas estaba la puerta principal, pero la otra era un gran espejo con una pequeña reja en medio de ella.
Youichi se tensó ante la descripción y el nudo de su estómago creció junto con su esperanza.
—¿Qué paso con los niños? —preguntó Aoi frunciendo el ceño.
—No lo sé, nunca volví a verlos. Pero creo que corrieron con la misma suerte que yo, ya que varias veces pude escuchar a los guardias quejándose entre sí por los continuos lloriqueos de varios niños. Sin embargo no estoy segura si eran ellos porque habíamos más en ese lugar.
—¿Más? —preguntó alarmado Ruka—, ¿Cuántos?
—No sé, nunca veía a nadie más que los guardias cuando entraban para dejarme la comida o cuando era llevada a la sala médica, pero varías veces pude escuchar a diferentes personas gritando o llorando. A decir verdad luego de varios días era lo único que se podía hacer allí, con los horribles dolores y las drogas no había tiempo de pensar o conversar mucho con el que llegaba.
—¿Qué quieres decir? —preguntó Natsume detestando el rumbo que eso estaba tomando.
—Nos mantenían drogados desde que llegábamos allí, creo que usaban cristantenus ya que no podía usar mi magia. Sea como sea no pasó mucho tiempo desde que llegué allí cuando me llevaron por primera vez a la sala médica, dos hombres estaban allí conversando en voz baja mirando los papeles que tenían en la mesa —Sus manos temblaron al recodarlo—. A ellos los recuerdo bien, uno era un hada de cabello plateado ojos azules y la marca alrededor de sus ojos eran cristales de hielo, el otro era un cambia formas de cabello castaño y ojos negros. Uno de los guardias que me acompañaba me obligó a subirme en la camilla y se mantuvo a mi lado por si intentaba huir. El hada se acercó a mí y me extrajo sangre, pasó varios minutos analizándola junto a su compañero, dijeron algo sobre mi genética antes de que ambos se volvieran a acercar a mí. Luego de eso no recuerdo mucho, ya que el dolor no me dejaba pensar —Su voz se quebró y varías lágrimas se escurrieron por sus mejillas—, sentía como si casa parte de mi cuerpo se estuviera congelando y quemando al mismo tiempo. Creo que perdí la conciencia luego de un rato, lo siguiente que puedo recordar es estar de nuevo en la celda con un leve dolor por todo el cuerpo.
Aoi abrazó suavemente a la joven y miró preocupada a su hermano que estaba frunciendo el ceño al igual que Ruka. Las implicaciones de lo que eso significaba eran enormes y tenían más preguntas que respuestas, sin embargo Youichi estaba convencido de saber qué era lo que había sucedido y necesitaba descubrir si la esperanza que había mantenido durante esos dos meses no había sido en vano.
—¿Conociste a alguien más? ¿Qué otra persona te visitó?
Sorprendida por la pregunta Caliza miró a Youichi notando la tensión de su cuerpo y supo que algo en su respuesta le importaba mucho. Cerró los ojos pensando en todas las veces que estuvo en su celda tratando de discernir entre sus febriles alucinaciones y la realidad, dándose cuenta por primera vez que siempre hubo una presencia constante en medio de su sufrimiento.
—Sí. Nunca la vi ya que no entraba en mi celda y siempre creí que era producto de mis alucinaciones febriles, pero ahora que lo pienso si hubo alguien —Abrió los ojos—. Los guardias hablaban de ella la mayoría del tiempo y varias veces la escuché y sentí a través de la reja en medio del espejo.
—¿Era uno de ellos? —preguntó Aoi sintiendo por primera vez la ansiedad de Youichi a través de su vínculo.
—No estoy segura. Constantemente los guardias comentaban lo enojados que estaban los altos mandos con su comportamiento, y hacían apuestas sobre quién sería el próximo en caer bajo sus garras, sin embargo todos le temían y pese a las burlas siempre hablaban de ella como si fuera alguien peligroso. Pero yo nunca pude verla así, aunque la mayoría de las veces que la escuchaba estaba gruñendo cuando tomaba mi mano lo hacía con suavidad y por alguna razón siempre me pareció escuchar su voz en mi cabeza dándome ánimos.
Youichi contuvo el aliento sin importarle que su nerviosismo se estuviera filtrando a través del vínculo con Aoi o que sus amigos lo miraran extrañados. Aquello importaba más de lo que ellos pudieran pensar o él pudiera revelar.
—¿Sabes… sabes cómo estaba ella? —preguntó débilmente.
Caliza lo miró fijamente, notando el extraño brillo de sus ojos y la fuerza con la que apretaba los puños. Tardó un momento en darse cuenta, pero finalmente entendió la pregunta.
—¿La conoces?
Youichi vaciló por unos momentos antes de decidir que realmente quería saber la respuesta a su pregunta.
—Sí, es mi hermana menor.
La realidad de su revelación no tardó en llegar trayendo consigo sorpresa y múltiples preguntas a Aoi, Natsume y Ruka, pero Youichi agradeció que entendieran la importancia de su pregunta y guardaran silencio.
Suspirando Caliza respondió su duda.
—No, lo siento. La mayoría de las veces en las que ella me visitaba estaba demasiado adolorida para notar algo y los guardias jamás mencionaron eso.
Youichi cerró los ojos y respiró profundamente intentando que la decepción no se mostrara en su rostro. Cuando los volvió a abrir toda emoción había desaparecido de su cara.
—Ya veo.
Al caer la noche Mikan se acomodó en el primer lugar seguro que encontró y cerrando los ojos se concentró en escuchar el piar de los pájaros. Las noches anteriores no había tenido demasiados problemas en dormirse debido a lo exhausta que estaba pero ahora que sus heridas sanaban y sus fuerzas comenzaban a aumentar las imágenes de su pasado se arremolinaban en su mente tratando de escapar de la prisión a las que las había confinado. Los recuerdos de las noches en las que su única compañía era el dolor hacían que su cola se crispara.
Cerca de dos horas después Mikan notó el repentino cambio del ambiente que la rodeaba. Todo había quedado completamente en silencio y una helada brisa revolvió su colorido cabello. Abriendo los ojos observó como el cálido bosque se transformaba en un árido lugar, lleno de árboles muertos y flores secas, una fina capa de hielo se extendía por la seca tierra hasta llegar a sus pies. No necesitaba mirar el cielo para saber que el sol había sido ocultado por pesadas nubes grises.
Siempre era lo mismo sin importar cuanto tiempo pasara o cuantas veces estuviera allí, simplemente el sol jamás brillaba a través de las nubes ni nuevas plantas crecían. Estaba atrapada en su mente a merced de lo que su propia magia quisiera hacerle.
—Es una lástima ¿verdad? —dijo una voz femenina.
Mikan volvió su mirada al árbol cercano observando como la joven se acercaba a ella. Físicamente eran casi iguales, ambas de piel blanca debido a la falta de sol, cabello rojo en degrade con mechones dorados y plateados, ojos felinos y de esbelto cuerpo, la única diferencia era que las manchas de sus orejas y cola eran negras mientras que las de Mikan blancas. Sin embargo sus similitudes terminaban allí, sus personalidades eran como el agua y el aceite, mientras que Mikan mataba por defensa, ella lo hacía por placer, si una amaba la vida, la otra la muerte, ella buscaba venganza mientras que Mikan solo quería libertad. Eran las dos caras de una misma moneda y aun así no podían existir sin la otra.
—¿Ahora qué quieres? —preguntó Mikan agotada.
—¿No deberías saberlo ya? —La voz de la joven era helada como el hielo y una oscura sombra bailaba en sus ojos—. Déjame tomar el control Mikan, sabes que puedo conseguirte lo que más anhelas.
—No.
—¿Por qué vivir en la incertidumbre si puedo acabar con ello? —preguntó al mismo tiempo que alcanzaba el rostro de Mikan para jugar con sus cabellos—. ¿Por qué huir cuando simplemente puedes forjarte una vida? Solo déjame tomar el control Mikan y entonces serás libre.
—¿Y a cuantos tendrás que matar para lograrlo?
—¿Acaso importa? Al final de todo tú serás la vencedora. ¿No es por eso que has luchado todo este tiempo? ¿Para demostrarle a ellos que no eres lo que piensan? ¿Qué jamás serás lo que ellos quieren?
—En el momento que ceda a ti Lyra, lo seré —afirmó Mikan mirándola a los ojos. Estos podían ser idénticos a los de ella pero la locura que se escondía en los de Lyra no estaba presente en los suyos.
—¿Cómo estas tan segura? Tú y yo somos la misma —ronroneó.
—Te equivocas.
Lyra suspiró dramáticamente y una cruel sonrisa cruzó su rostro enviando escalofríos a la columna de Mikan.
—Algún día, pequeña, algún día entenderás que tengo razón —dijo pasando una de sus afiladas garras por la mejilla de Mikan haciéndola sangrar—, y entonces cuando eso llegué dejaras de luchar.
—Eso jamás sucederá.
—No te confíes Mikan, varias veces estuviste cerca de ceder.
—Y fue el peor error de mi vida.
La cara de Lyra se torció en una mueca furiosa y con un gruñido se abalanzó sobre ella. Un rayo cayó del cielo y una llamarada de fuego surgió del lugar quemando todo lo que pudiera tocar, Mikan luchó por apartar las manos de Lyra de su cuello arañando fuertemente sus brazos y todo lo que lograra tocar de ella, sin embargo Lyra permaneció en el lugar gruñendo palabras incomprensibles mientras aumentaba la presión en su cuello.
El humo del ambiente solo empeoraba la creciente asfixia de Mikan mientras el fuego cada vez más se acerba a ellas, un gruñido de frustración escapó de sus labios y una vez más empujó inútilmente a su contrincante. Pronto el incendio las rodeó y con una sola mirada de Lyra detuvo su avance esperando que su ama le ordenara que hacer; no importaba que tanto Mikan luchara por apartarla o por tomar el control del fuego ninguno de los dos respondía a sus intentos dándole a entender que de alguna manera ella se estaba fortaleciendo. Jadeando por aire observó los inclementes ojos de Lyra viendo reflejada en ellos su expresión aterrorizada, poco a poco cerró los ojos cayendo en la inconciencia maldiciéndose a sí misma una y otra vez por ser tan débil.
