Ellos detuvieron la guerra…

Siglos atrás cuando Crystalia estuvo sumida en la oscuridad, un grupo de valientes tomaron la decisión que cambiaría el transcurso de la historia. Aseguraron que la magia prevaleciera y que los inocentes no sufrieran.

Ahora una nueva batalla se está formando…

Mikan Yukihara ha vivido gran parte de su vida en la tierra, ha visto y experimentado horrores que nadie a su corta edad de veinticuatro años debería haber pasado. Su vida se ha visto oscurecida por la ambición y codicia convirtiéndola en lo que siempre ha temido. Pero ahora que es capaz de regresar a su mundo lo último que quiere es llamar la atención, sin embargo cuando inesperadamente se ve involucrada en el festival más esperado del año y en uno de los torneos más peligrosos de toda Crystalia, Mikan se enfrenta a una nueva clase de persecución, nuevos horrores asechan en su mente y nuevos miedos entran en sus pesadillas.

Y es el deber de alguien detenerla…

El agujero negro que era su vida pronto se ve convertido en un campo de batalla. Ella es la pieza clave que todos necesitan y es su elección participar en este nuevo juego por el poder.

Los personajes de GA no me pertenecen. La historia es una adaptación del libro que estoy escribiendo, si gustan pueden leerlo en Wattpad


Capítulo 5

Los apresurados pasos de Reo resonaron por los estrechos pasillos de piedra, los guardias que había allí se inclinaban a su paso intentando no enojarlo más de lo que ya estaba. El pétreo rostro del kelter brillaba bajo la luz de las farolas dejando ver la ira de sus azules ojos y el brillo plateado alrededor de su cuerpo —característico de su raza—, titilaba con fuerza dándole un aspecto más sombrío.

Luego de varios minutos finalmente se detuvo frente a una puerta de metal custodiada por dos guardias, estos al verle se apresuraron a abrirla revelando un hombre encadenado al techo. Detrás de él un mercenario estrellaba con fuerza el látigo en su espalda consiguiendo que el hombre gimiera varias veces de dolor.

Impasible ante la vista, Reo entró en la celda y se paró frente al hombre encadenado evaluando su amoratado rostro. El mercenario se detuvo.

—¿Y bien? —preguntó fríamente el kelter.

—No ha dicho una palabra, milord —le aseguró el mercenario haciendo una mueca.

Furioso Reo golpeó el rostro del vampiro encadenado asegurándose de hacerle el mayor daño posible. Narumi gimió pero levantó la mirada hacia él, enfrentando sus enojados ojos con determinación.

—¿Dónde está? —rugió Reo.

—No te lo diré.

Reo le dio un puñetazo en el estómago y Narumi tosió sangre.

—Deberías pensar mejor tus respuestas, Narumi. Puede que decida hacerte está misma pregunta frente a tu esposa e hijos.

Narumi apretó la mandíbula obligándose a mantener la calma, pese al temor que crecía en su interior.

—¿Qué te hace pensar que los puedes encontrar? —Al ver la sorpresa en los ojos de Reo, supo que él no se había tomado el tiempo de investigar todo—. ¿Realmente pensaste que no iba a encargarme de ellos antes de ayudar a esa pobre chica?

La duda que su pregunta causó en Reo lo enojo aún más.

—Mientes.

—Sabes que no. Además, no hay manera que vuelva a permitirte que los uses a ellos para obtener lo que quieres de mí. Ya suficiente daño le hice a esa chica como para ayudarte con más, si quieres encontrarla haz que tus hombres la busquen.

Reo entrecerró los ojos. Y Narumi sonrió.

—No han encontrado su rastro, ¿o sí? —preguntó con satisfacción. Le alegraba saber que ella había podido escapar.

Reo miró fijamente a Narumi por unos segundos antes de hacerle una señal al mercenario. El chasquido del látigo resonó en la celda mientras el kelter se marchaba de allí. Necesitaba enfriar su temperamento y pensar con claridad, su fierecilla rebelde era astuta y difícil de atrapar; podía moverse con facilidad en los bosques sin dejar rastro alguno pero también sabía cómo pasar inadvertida en medio de una multitud. Comenzaba a arrepentirse del entrenamiento que le había dado.

—¿Aquel chupasangre habló? —preguntó una voz femenina, tan pronto Reo llegó a su oficina.

Saliendo de sus pensamientos Reo levantó la mirada, encontrando a Luna sentada en su escritorio. Llevaba un corto vestido rojo que revelaba gran parte de sus largas piernas y un pronunciado escote. Sintiendo su mirada Luna sonrió y cruzó las piernas dejándole ver parte de la tanga negra que llevaba.

—¿Y bien? —preguntó.

—No —gruñó Reo cerrando la puerta de la oficina—. El bastardo incluso se atrevió a retarme.

Luna hizo una mueca y se acercó a él.

—Ya se dará cuenta de su error —Pasó su dedo por la apretada mandíbula de Reo y besó levemente sus labios—. Mientras tanto yo puedo buscarla, he pasado bastante tiempo con ella y la conozco mejor que la mayoría de los hombres.

Reo levantó la mirada de su escote y pensó en la propuesta. Es verdad que varias veces había enviado a Luna para enseñarle modales a su gata salvaje pero la elfa tendía a ser bastante imprudente cuando se enojaba y estaba seguro que no pasaría mucho tiempo antes de que su fierecilla la hiciera enojar. Sin embargo seguía siendo una de sus mejores opciones.

—De acuerdo —Enrolló un brazo alrededor de su cintura y la pegó a él lamiendo lentamente su cuello—. Pero quiero que me reportes todo lo que suceda y me consultes antes de hacer algo.

Luna sonrió ladeando su cuello para darle más acceso.

—Por supuesto.


Mikan se despertó jadeando en busca de aire y abrió los ojos observando frenéticamente sus alrededores.

Estaba en el mismo bosque de antes, bajo el enorme árbol donde se había cobijado la noche anterior. Los cálidos rayos de luz se filtraban entre las plateadas hojas, permitiendo que unos pocos tocaran su cabello dándole una sensación de calidez; sin embargo eso no era suficiente para calmar el miedo que crecía en su interior. A excepción del árbol en el que estaba recostada, todo el lugar estaba quemado, las plantas no eran más que cenizas blancas en la negra tierra, varios troncos de árboles aún ardían levemente y algunos esqueletos de animales yacían en el suelo.

Su magia se había salido de control y aquello no le gustaba. Tenía que salir de ahí, no sabía cuánto tiempo había pasado desde que tuvo su encuentro con Lyra pero seguramente alguien debía estar en camino hacia allí; era imposible que no hubieran visto el humo. Apoyándose en el tronco se levantó y maldijo al notar la sangre que goteaba de sus brazos y cara. Eso arruinaría cualquier intento de escape, lo único que podría hacer por el momento era alejarse lo más que pudiera del lugar al mismo tiempo que buscaba donde lavarse las heridas. Solo esperaba que los cortes sanaran pronto, porque estaba segura que su magia no los iba a cerrar esta vez.

Ignorando el horrible dolor de cabeza que tenía, se obligó a ponerse en marcha. Caminó durante varios minutos zigzagueando entre las plantas, sin importarle el rastro de sangre que estaba dejando; cuando consideró que había sido suficiente distancia se limpió los brazos con la parte baja del suéter y comenzó a trepar un árbol. Una vez en la cima olfateó el aire clasificando los diversos olores que percibía, escogiendo cual era el camino más seguro para viajar. Cuando decidió fijó su mirada en el árbol más cercano y apartándose del tronco, uso la rama en la que estaba para coger velocidad y saltar al otro árbol. Las heridas de sus brazos le ardieron y picaron cuando agarró la nueva rama y se balanceó para treparse en ella, no obstante no permitió que eso la retrasara ni le impidiera seguir viajando entre los árboles durante las siguientes horas.

Pese al agotamiento que sentía y al fuerte dolor de cabeza que comenzaba a nublarle la vista, no se detuvo hasta llegar al gran río que buscaba. Aprovechando que la corriente no era fuerte se sumergió en el agua y cambió de forma antes de comenzar a nadar río arriba, agradeciendo que el agua llevara cualquier rastro de sangre lejos de ella.

A medida que el tiempo pasaba los brazos y piernas le pesaban cada vez más dificultándole su avance, mientras que su dolor de cabeza se había convertido en un latido sordo que la obligaba a entrecerrar los ojos por la molestia que la luz le causaba. Frustrada y dolorida dio una fuerte patada en el agua, un chillido de dolor se escapó a través de sus labios cuando su pata derecha golpeó una filuda roca adormeciéndosela por unos instantes. Notando que era inútil intentar avanzar en el estado que estaba, nadó hasta la orilla y con gran esfuerzo sacó su felino cuerpo del agua, luego de sacudirse cambio de forma y caminó durante varios minutos hasta encontrar un gran árbol con las raíces levantadas. Debatiéndose qué lugar era mejor para descansar, observó las gruesas ramas cubiertas de hojas doradas y plateadas que resplandecían con el sol. Si se acomodaba allí el brillo de las hojas llamaría la atención, haciendo que fuera muy probable que la encontraran; por lo que no le dejaba más opción que acurrucarse en el hueco que había debajo de las raíces.

El cansancio pronto la adormeció y con un poco de dificultad se acomodó en el pequeño espacio intentando estar más cómoda. Lo último que vio antes de dormirse fue el baile primaveral que las hojas hacían con el viento.


Youichi observó los hombres frente a él intentándose concentrar en los movimientos que realizaban. Sus pensamientos continuaban desviándose a la conversación que había tenido el día anterior luego de que Natsume diera por concluido el interrogatorio. Aoi había sido la primera en preguntar sobre su hermana y la razón de su reserva respecto al tema. Había tardado cerca de una hora en convencerla para que dejara en paz la conversación, mientras que sus amigos habían sido más fáciles de persuadir. Sin embargo antes de que reanudaran sus labores Ruka lo había apartado a un lado asegurándole que contaba con él y aunque Natsume no había dicho nada, sabía que él estaría allí si algo sucedía.

Y era eso justo lo que le preocupaba. Estaba seguro que los problemas seguían a su hermana como una sombra e involucrarse con ella era desafiar la muerte y sin embargo eso a él nunca le había importado ni lo hacía ahora. Pero no podía arrastrar a los demás a un agujero que él mismo no terminaba de comprender.

El sonido de las espadas lo sacó de sus pensamientos.

—Presta más atención, Lion tú defensa está muy débil —ordenó a uno de los novatos que entrenaba.

Suspirando recorrió la mirada por los diez hombres que practicaban con la espada. Aún si encontraba una manera de rescatar a su hermana, cosa que sinceramente dudaba, tendría que idear una forma de mantenerla lejos de su vida como centinela. Lo último que quería era darle más problemas e involucrarla en un mundo donde sería cazada.