Capítulo 3

Ese momento les pertenecía solo a ellos, era totalmente perfecto, ya no importaban todos los momentos que no estuvieron juntos, no importaba el dolor que sus corazones sintieron. Sus rostros poco a poco se fueron acercando, la tenue luz anaranjada se coloba entre los árboles fundiendose con las incandecentes luces de la ciudad, haciéndose cómplice de los chicos, iluminado sus rostros. Su corazón estaba latiendo tan fuerte que ambos lo podían sentir en el ambiente, en sus ojos se percibía un peculiar brillo, inocente, inexperimentado aún.

Sus cabelleras se movían al compás de la brisa primaveral de la época, la Sakura había florecido, encontrandose en su máximo esplendor, con la brisa caían los rosados pétalos en direcciones diversas, el espectáculo era realmente hermoso. El romanticismo se presentó y de poco en poco ambos se acercaron, encontrando sus rosados labios en un tierno y dulce beso.

Sus labios apenas se habían tocado, aquel ligero roce perduraría hasta el infinito, tan inocente, tan perfecto. Una luz ahora iluminaba sus corazones, algo único que tendrían solo ellos. Se besaron una y otra vez, abriendo su corazón, rogando que el tiempo se detuviera para disfrutar la belleza infima de su primer, tan anhelado, beso. Las personas alrededor los veían extrañados, pero al final se trataban de dos chicos demostrando su amor, no había malas intenciones en aquellos tiernos besos, solo había amor.

Aunque, aquella escena era vista de muchas formas diferentes, algunos los veían con ternura, otros con entusiasmo de ver el amor floreciendo igual que los cerezos, algunos otros extraños y sorprendidos de ver a dos chicos bien parecidos compartiendo un beso, y una mínima parte los veía con disgusto. Pero era cosa de acostumbrarse pues, al final, siempre habría personas que no los comprenderían.

Aquel dulce beso pareció durar una eternidad ante sus ojos, cuando se separaron pudieron ver sus rostros sonrojados, sus ojos se volvieron grandes y brillantes, dentro de ellos era evidente su felicidad.

Inesperado, como solía ser el hermano mayor de los Yagami, tomó de la barbilla al rubio y volviendo a juntar su rosados labios hizó que sus cuerpos sintieran cada latido, siempre más intenso que el anterior, juntaron sus manos, entrelazándolas, haciendo realidad sus sueños.

Ambos chicos no sabían cuanto habrían de cambiar sus vidas, pero jamás estarían solos, sin decir las palabras, sabían que no habría nada que temer.

Yamato... Quédate siempre a mi lado, porque jamás me iré del tuyo

Taichi, prometo siempre estar contigo

Eso me hace muy feliz –Dijo llevando la mano de su mejor amigo al corazón –Late solo por ti

Y el mío por ti -Respondio embelesado

Yama... Es algo rápido, pero... Bueno hace mucho que quiero preguntarte esto... ¿Quisieras ser mi novio? –Preguntó apenado–

Hahaha eres un verdadero tonto, después de todo sigues siendo Tai–Dijo mientras que con su puño golpeaba la cabeza del moreno–

Eso es un ¿Si?

Es un gran Si –Entre lágrimas continuo –Siempre soñé con que algún día me preguntaras eso... Tonto

Sin perder tiempo ambos siguieron disfrutando de aquel bello momento, que quedaría grabado en la memoria del universo, en alguna nebulosa, entre colores y polvo de estrellas.