Capítulo beteado por Pulpi Mortensen, Beta EFF.

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Como ya saben los personajes no pertenecen son de propiedad de S.M. yo solo juego con ellos.


GRACIAS POR LEER!


Capítulo III

Vagaba sigilosamente por el bosque , el sol se colaba entre las ramas de los árboles, cegándome. Podía oír la risa de Edward a lo lejos. Mis coletas moviéndose de forma graciosa mientras corría, de pronto mis pasos me llevaban a un prado, que yo conocía, era el mismo lugar que de niños utilizábamos para escondernos con Edward. Estaba lleno de flores de distintos colores, podía sentir oler el olor de las flores, sentir el viento suave acariciando mi rostro, cerré los ojos y me dejé llevar por la simpleza de la vida. No había preocupaciones, miedos, responsabilidades, sólo era yo en medio del bosque, en un prado alejado de todo y todos.

Al abrir nuevamente mis ojos pude ver a Edward, quien me estaba esperando en el medio. Caminé hacia él. Cuando lo hube alcanzado me sonrió y yo a él, de pronto el cielo se oscureció y se llenó de nubes negras, miré al suelo y todas las flores estaban marchitas, secas, muertas, comenzó a llover, truenos y relámpagos. Sentí miedo, Edward aún me sonreía como si no fuese consciente de lo que sucedía a su alrededor, quería irme y resguardarme en mi casa.

Vamos, Edward, antes que se haga tarde —le dije.

Pero, Bella, no verás el regalo que tengo en mi mano.

Edward quiero irme a mi casa, tengo miedo —le dije, casi llorando.

Pero primero ve tu regalo —pidió, tendiéndome su mano.

Miré su mano y, en ella, había una hermosa flor, de color amarillo. Cuando levanté la vista, Edward ya no estaba. Me encontraba sola en medio de la nada, no había bosque, ni lluvia, sólo oscuridad. El miedo se apoderó de mí, la sensación de no saber qué hacer me consumió, quería correr y no sabía a dónde, porque todo era igual. Sólo oscuridad. De pronto, pude ver algo brillando a lo lejos, intenté llegar a ello hasta que lo conseguí, era la flor que Edward me había ofrecido. Sentí una sensación de calidez y paz, quise tomarla…

El sonido de la puerta me trajo de vuelta. Me desperté asustada, miré a la cama, Nessy aún dormía.

—Lo siento, ¿te desperté? —me dijo una voz cálida. Al girarme, me encontré con mi ex cuñada y mejor amiga, Alice. Me sonrío—. ¿Cómo está Nessy hoy? — me preguntó mientras se acercaba a la cama, donde se encontraba mi hija.

—Igual… durmió intranquila… ya sabes —le respondí, Alice asintió, camino con cuidado, evitando meter ruido y con mucho cuidado se sentó en la cama.

Silencio incomodo.

Después de un rato Alice hablo.

—Lo siento Bella... por todo

—Ya te lo dije Alice, no es tu culpa.

—Sabes que en cierta medida es mi culpa — me dijo con voz triste—. Yo propicié ciertas cosas y siento que me equivoqué, pero en verdad que en su momento pensé que era lo mejor… Tú y yo éramos como hermanas…

—No quiero hablar de ello —la detuve, ambas guardamos silencio, no quería tocar ese tema, no ahora y menos delante de mi hija.

Sabía de lo que quería hablar Alice, se sentía culpable, para mí aún era doloroso. Al terminar la relación que tenía con Edward, como un efecto en cadena, también habían terminado otras cosas, una de ellas había sido el perder a mi amiga y hermana. O quizás la había perdido mucho antes. —pensé.

Después de que Edward se marchó a Nueva York, yo me quedé en casa con Nessy, me dediqué ese año a cuidar de mi hija. Los días eran largos, me sentía sola, mis amigos no estaban, sólo estaba Tanya por lo que inevitablemente nos unimos, se volvió mi mejor amiga. Con Edward hablábamos todas las noches por Skype, así el podía ver los avances de nuestra hija.

"Todo es por nuestro futuro, nena… Por los tres", me decía cada noche cuando hablábamos.

Edward intentaba viajar todos los fines de semana para estar con nosotras, pero estudiar medicina no era fácil, por lo que no siempre podía viajar, por ello cuando él no podía hacerlo era yo quien viaja con Nessy a Nueva York. En esos fines de semana Alice nunca estaba, ella siempre viajaba a ver a sus padres y en esos momentos compartíamos como una familia, yo intentaba ayudarlo, estudiando sus materias con él, interrogándolo.

Cuando Nessy tenía poco más de un año, renuncié a mi sueño de ser una gran y exitosa abogada y entré a estudiar periodismo en la universidad de Port Angels.

Nunca fui muy sociable, pero hice buenos amigos en la universidad; Alec, el perfecto amigo homosexual, que se transformó en mi sombra o yo en la de él, me ayudaba en todo; Ángela, Eric, Lauren y Miky también eran mis amigos y formaban parte de mi grupo de estudio, en gran medida el que pudiese sacar mi carrera se los debía a ellos, ya que siempre me ayudaban en las materias y en los trabajos.

Mi tiempo se redujo, estudiar y ser madre no era fácil, al terminar el día estaba agotada, dormía poco, comía menos, estaba muy flaca y ojerosa. Cuando Nessy se enfermaba era un calvario, noches enteras sin dormir, paseándola para que calmara. Tenía poco tiempo para estudiar y mi vida social se redujo a nada, ya no podía viajar a Nueva York, las llamadas por Skype eran cada vez más cortas.

En algún punto comenzaron los celos, él creía que yo le era infiel y yo creía que él tenía otra e inevitablemente nos fuimos alejando.

Y todo empeoró cuando Alice conoció a un chico llamado Steve y se trasladaron a vivir juntos. Alice ya no era mi hermana de alma, la distancia también la alejó de mí, no sabía nada de su vida, ya no hablábamos.

Por lo que Edward debía buscar un compañero de cuarto, yo le pedía a Tania que se trasladara vivir al cuarto que dejaba Alice, confiaba en ella era mi amiga.

Las peleas inevitablemente aumentaron, me sentía frustrada y culpaba a Edward, porque él no estaba todos los días con la bebé, él no dejaba de dormir o de hacer su vida por cuidarla. Las cosas no eran justas. Cuando Edward viaja y nos veíamos sólo discutíamos. Era imposible no reprocharle mi cansancio o mi frustración.

Él, por su parte, me decía que al menos yo siempre estaba con ella, él, en cambio, se perdía muchas cosas del diario vivir de su hija, no la veía dormir, no veía sus avances, él sólo era un padre por momentos, él también se sentía frustrado.

"Siento que hago todos a medias, no soy un universitario ni un padre al 100% Vivo por momentos, cuando estoy en Nueva York muero por estar aquí y cuando estoy acá pienso que podría estar en Nueva York con mis amigos. No sé qué me pasa, no sé que quiero. ¿Entiendes cómo me siento Bella?", me grito un día cuando discutíamos.

Todo se fue al carajo. Era la crónica de un desastre anunciado.

En algún momento dejamos de ser amantes. Yo no me sentía cómoda con mi cuerpo después del embarazo.

Más tarde dejamos de ser amigos.

Y nos transformamos en completos desconocidos que sólo eran padres de una hermosa niña.

Me di cuenta que lo estaba perdiendo.

Busqué la forma de arreglar las cosas, después de todo teníamos un proyecto de familia y yo lo amaba; por lo que le pedí ayuda a Tanya, ella vivía con él, sabía cuál era su rutina, quienes eran sus amigos, yo quería saber que pasaba con Edward, saber si había alguien más. "No hay nadie amiga, Edward sólo te quiere a ti", era la respuesta de Tania cada vez que los celos me hacían preguntarle.

Y yo confié en ella.

Graso error.

En algún momento alguien dijo que yo tenía una aventura con Alec y por más que traté de explicar que mi amigo era gay, Edward no quiso escucharme. Y desde ese momento Edward cambió, se alejó totalmente de mí. Alegó que él quería vivir, tener experiencias, conocer otras cosas. "Comer la misma comida siempre aburre, Bella" me dijo un día. ¡Maldito idiota!, se refería a mí, yo era la comida que se había aburrido de comer. "Quiero conocer el mundo, divertirme y tú siempre estás cansada" dijo otra vez. Como no iba estar cansada, si apenas dormía, él no tenía que cuidar a Nessy todos los días de la semana y a demás estudiar.

Al ser padre tan joven, había tenido que postergar demasiadas cosas y yo no podía acompañarlo a vivir esas vivencias. Y Tanya sí.

Una de las cosas que más dolió fue que él nunca fue capaz de terminar nuestra relación. Me enteré por Facebook, de su agitada vida social con mi supuesta amiga, y las fotos en que lo etiquetaban con ella, hablaban por sí solas.

Cuando lo encaré, me dijo:

"Ya no quiero hacer más el papel de tonto, Bella"…"Yo también quiero vivir mi vida, ahora entiendo que éramos demasiados jóvenes para saber y tener conciencia del peso de las promesas que hicimos… Éramos dos niños jugando a ser adultos, para siempre es mucho tiempo"

Lo de Alec, sólo fue una escusa para terminar, sin sentirse culpable. Más tarde lo entendí.

Cuando le pregunté a Tanya ella sólo me dijo: "lo siento, Bella, pero él siempre me gustó. No era mi intención hacerte daño y lo lamento, pero no voy a desaprovechar la oportunidad de ser feliz con el hombre que siempre he querido y deseado".

Quise matarla ese día, ideé mil planes para vengarme, desde crearle una cuenta en Facebook diciendo que era puta, hasta rayarle la casa con improperios. Me torturaba revisando sus fotos en sus perfiles, viendo lo felices que eran.

Estaba dolida, enojada, me sentía tonta, engañada.

Lloré como nuca lo había hecho.

No sólo había perdido al creía el hombre de mi vida, a mi amigo, sino que también perdí una de mis mejores amigas.

Luego comprendí que en verdad tenía dos opciones, amargarme la vida más de lo que ya estaba, ellos no iban a dejar de ser felices, yo sólo les daría una razón más para unirse, pasaría a ser la aquella mujer que no es capaz de olvidar, de dar vuelta la página, aquel personaje de la historia que nadie quería ser; o podía seguir adelante y opté por esa opción, mis notas mejoraron, los bloqueé de todo, no quería saber nada de ellos y de su vida, esa fue mi terapia.

Con esto inevitablemente nuestro grupo de amigos se disolvió, ya nunca más volvimos a compartir todos juntos, nos transformamos en extraños. Alice, Irina y Kate apoyaron a sus hermanos; yo sólo me quedé con Jake, quien quería matar a Edward.

De eso hacía ya dos años.

Al principio me costó, fue muy difícil, pero lo superé, la traición ya no dolía tanto.

Seguí con mi vida.

No hay mejor remedio que el tiempo, dicen, quizás tengan razón. Concentré todas mis energías en mi hija y en mi carrera, y tuve éxito, mis calificaciones subieron considerablemente.

Alec, solía decirme que me comportaba como una máquina y era verdad, sino tenía tiempo para pensar, no podía torturarme. Mi amigo me obligaba a salir con él, fue en una de esas salidas, que vi al verdadero Edward. Alec me había invitado a un cumpleaños de unos amigos, y ahí estaba él, sólo que esa vez no estaba con Tanya, sino con otra chica igual de atractiva. Él no me vio, pero yo si vi como le metía mano a la mujer y se la llevaba a uno de los cuartos de la casa, mientras su otra novia escribía en Facebook, cuanto lo amaba.

—Vamos, linda —me dijo Alec—. Al menos no eres tú la de los cuernos.

—Ahora no, pero nadie me garantiza que antes no lo hubiese sido.

—Oh… nena, arriba el ánimo —me dijo mi amigo, mientras me tomaba la mano y me llevaba a la pista de baile—. Vamos a mover ese cuerpazo que Dios te dio, quizás esta noche tú también verás las estrellas.

Claro que vi las estrellas, pero no esa noche, pero si otras que siguieron, había tenido mis andanzas, nada del otro mundo, hasta que conocí a Garret, era perfecto. No había preguntas, ni reclamos, estaba cuando lo necesitaba, no éramos nada serio, pero teníamos algo, un saca ganas como solía decirme Lauren.

Hacía un año Edward se había trasladado a Seattle, para hacer su internado en el hospital donde trabajaba Carlisle y con él también se trasladó Tanya.

Las cosas no eran fáciles entre nosotros. Siempre discutíamos, sino era una cosa era lo otro. Le molestaba mi estilo de vida y yo aún no lo perdonaba por su engaño.

Por mi parte, intentaba ser cordial y tener una buena comunicación por nuestra hija, pero él me ignoraba, no me hablaba.

Nessy, vivía entre nuestras casas, yo la llevaba al colegio todos los días y el la iba a buscar. Yo pasaba por ella en las tardes, después de salir de la universidad. O a la casa de su madre si él tenía turno.

Yo estaba puertas de graduarme. Sólo me quedaba la tesis y sería una profesional.

Pero todo se volvió negro hacía 6 meses. Nessy empezó con malestares, fiebre constante, dolor abdominal, siempre estaba cansada, no tenía apetito. Al principio le diagnosticaron anemia, pero los malestares sólo se habían intensificado y Carlisle no podía descubrir la enfermedad que la aquejaba, había tenido que someter a mi hija a estudios y exámenes, algunos muy dolorosos, hasta que finalmente habían dado con lo que la aquejaba, cáncer a la sangre o también conocido como Leucemia. Esa era la buena noticia, la mala era que estaba demasiado avanzada para tratarla, la única esperanza era un trasplante de células madres.

Miré a Alice, sabía que ella había estado en una situación difícil, había tenido que elegir entre su hermano y yo, y había elegido a Edward. No podía culparla por eso, pero me dolía que ella no me diera el beneficio de la duda o que me digiera lo que estaba sucediendo en Nueva York entre su hermano y mi examiga, después de todo nos conocíamos desde siempre y ella había dejado que me engañaran y se rieran de mí.

Por ello no podía olvidar y volver a ser amigas, ya no confiaba en ella, porque yo hubiese metido las manos al fuego por ella, en especial por Alice.

—Algún día tendremos que hablar, lo sabes —me dijo mi ex cuñada, sacándome de mis recuerdos.

—Alice, nosotras ya hablamos y yo te dejé en claro lo que pensaba. ¿Para qué vas a seguir dándole vueltas a las cosas?, ya ha pasado demasiado agua bajo el puente… Tu hermano está bien y yo también, no quiero desenterrar el pasado… Deja las cosas como están —le dije con voz cansina.

—Extraño a mi amiga —me reprochó.

—Lo siento, Alice, pero no te puedo ayudar con ello.


Que les pareció?