Capítulo beteado por Pulpi Mortensen, Beta EFF.

www facebook com /groups /elite . fanfiction/


Como ya saben los personajes no me pertenecen, yo solo los utilizo para darle vida a mis locas fantasías XD

CAPÍTULO IV

Después de dar por terminada la conversación con Alice, ella se quedó con Nessy, y yo fui a mi casa a bañarme y arreglarme para la cita que tenía a media mañana con mi profesor guía de tesis. Era obvio que me llevaría un regaño por no avanzar en mi tema, pero no había tenido tiempo de hacerlo.

Iba por el pasillo de la clínica, cuando el típico y familiar sonido de alerta de Whatsapp me alertó, era un bombardeo de mensajes de Garret, sonreí.

"Polilla, ¿tienes tiempo para mí?". Inevitablemente una sonrisa se dibujo en mi rostro, odiaba que Garret me digiera polilla, pero sabía que lo hacía sólo para molestarme.

"Te extraño, tengo hambre de ti, quiero besar cada milímetro de tu cuerpo".

"Vamos Polilla, sé que tu también me extrañas, eres tan hambrienta como yo". Este hombre no tenía vergüenza, a veces podía llegar a ser el descarado más grande del mundo y eso me gustaba de él, podía alegrar hasta mis días más funestos.

"Hazte un tiempo para mí, sabes que no te arrepentirás".

"Si no vienes a mí, tendré que colarme por la ventana de tu pieza y sólo tú serás la culpable y responsable si Charlie me dispara por corromper a su nena".

"Quieres cargar con un muerto".

Garret no sólo era una aventura, era mi amigo. Él había estado en mis momentos más difíciles y yo lo había apoyado en los suyos, como él solía decirme, "solo somos dos almas heridas, polilla", "dos almas intentando sanarse", "sólo lamemos nuestras heridas y a mí me encanta lamer las tuyas". Con él había ayudado a recuperar mi autoestima, me había dado esa seguridad que nunca había tenido, me ayudó a confiar más en mí misma, en mis capacidades como mujer. Él me había dado ese empujoncito para dejar definitivamente la niña atrás y transformarme en una mujer y para ser honesta, me gustaba la relación que teníamos, sin recriminaciones, sin cuestionamientos, era todo más sencillo; sin embrago, hacía un tiempo que él quería que lo lleváramos al siguiente nivel.

Y aunque yo me pensé dar ese siguiente paso, porque tenía motivos para hacerlo, quería a Garret, lo pasábamos bien juntos y a veces era imposible no extrañar el estar en pareja, tener algo serio, compartir tu vida con ese alguien especial y no sólo con un amigo, pasear de la mano, ser melosos. Pero con lo de Nessy era imposible, no tenía tiempo para una relación. Llevaba más de dos meses intentando cortar lo que teníamos con Garret, había hablado con él, había dejado de contestar sus llamadas y mensajes, porque no era justo para él, yo en este momento era la persona menos calificada del mundo para darle lo que él quería y necesitaba, pero mi amigo no se daba por vencido.

Iba concentrada en los mensajes que llegaban sin parar a mi celular.

"Sé que estás riendo".

"Vamos Polilla, puedo hacer que rías y llores de placer, lo sabes".

Lo mejor era ignorar a la propuesta de Garret, como ya lo venía haciendo.

Iba absorta en mi mundo, hasta que choqué con alguien, tanto mi teléfono como yo caímos al suelo.

— Lo siento —dije.

—Como siempre tan patosa, Isabella. —Conocía a la dueña del timbre de esa voz chillona. «¡La odiaba!» Respiré hondo y me levanté. Frente a mí una enojada chica se limpiaba su blusa, se le había derramado el jugo que llevaba en las manos, contuve mi risa.

—Tanya, dije que lo sentía, no iba atenta fue solo eso. —Comencé a buscar mi teléfono, hasta que reparé en que Edward lo tenía—. ¿Me lo puedes devolver? —le pregunté, tendiéndole mi mano para que lo entregara.

—Claro, Polilla —me dijo irónicamente, mientras me devolvía mi teléfono. "Y a éste qué bicho le pico", pensé—. ¿Amor, te encuentras bien? —le preguntó a la rubia.

Después de un momento caí en cuenta, el muy maldito había leído los mensajes de Garret, por eso me dijo "Polilla".

—Como me voy a encontrar bien, bebé, si esta idiota arruinó mi blusa nueva. — le respondió la mujer, con voz melosa, sentí nauseas.

Moví la cabeza, «¿Cómo esa idiota, pudo ser mi amiga?» Me dieron ganas de apretarle el cuello hasta que se pusiera azul. Mi yo vengativo me recordó mis antiguos sórdidos planes de venganza. Quizás comprar una araña pollito y ponerla en su bolso de mano no era tan mala idea. Respiré y conté hasta 20, antes de que lo peor de mí saliera a la luz. Salí de ahí lo más rápido que pude.

Mi cita con mi profesor guía fue un fracaso; si bien mi tesis estaba casi lista, me faltaban algunos puntos que definir y mejorar. Me faltaba creatividad y originalidad, pero como están las cosas en mi vida, eso era imposible.

Salí estresada. Quizás lo mejor era suspender mi tesis, y abocarme exclusivamente a Nessy y cuando estuviera mejor, retomarla. Era una idea que venía sopesando hacía tiempo, quizás ya era hora de ponerla en práctica.

Estaba tan agotada y cansada, en este momento la invitación de Garret a liberar tensiones acumuladas no sonaba tan mal, quizás era eso lo que necesitaba, terminar con mi periodo de abstinencia autoimpuesto.

Le mandé un mensaje para que nos juntáramos en la noche. Recibí inmediatamente otro de vuelta.

"Lo sabía, nena, me extrañas".

Cuando llegué a la clínica. Esme le estaba leyendo un cuento a Nessy. Me senté junto a ella, a esperar que el cuento acabara, no quería interrumpir.

Me llevaba bien con mi ex suegra, nunca involucramos a nuestros padres en nuestros problemas, por eso ellos tampoco opinaban y preferían mantenerse al margen de todo. Amaban a Nessy. Después de todo, ellos también nos habían ayudado en su crianza y cuidado.

Esme no alcanzó a terminar de leer el cuento, cuando Nessy comenzó con una hemorragia nasal.

Luego de eso comenzaron las convulsiones. Todo sucedió muy rápido. De pronto la habitación se llenó de médicos, comandados por Carlisle. Me quedé estática en una esquina sin saber qué hacer hasta que una enfermera me obligó a salir junto con Esme.

Al poco tiempo llegó Edward, supuse que Esme lo llamó y que se encontraba de interno en la clínica, por lo que le permitieron entrar a la habitación de Nessy sin problemas.

Pasaron horas o quizás solo fueron minutos, enfermeras y médicos entraban y salían y nadie decía nada, sólo sabíamos que le estaban haciendo más exámenes. Mis padres llegaron, también lo hizo Alice, Emmett y Alec. Esme les explicó lo que pasaba, yo no quería ni podía hablar.

Alec me abrazó.

—Todo va estar bien, Nessy es una luchadora como tú —me dijo.

Yo ya no tenía lágrimas, tampoco quería llorar, yo sólo quería que alguien saliera de esa habitación y me digiera que pasaba con mi hija.

Segundos.

Minutos.

Horas.

De pronto la puerta de la habitación se abrió y salió Edward hecho una furia.

—¿Qué pasó?, ¿cómo está Nessy? —preguntó Esme.

Edward tenía la vista desenfocada. Nos miró a todos como si no entendiese donde estaba, hasta que su mirada se encontró con la mía y sólo transmitía…

Dolor.

Desesperación.

Miedo.

«¿Qué pasaba?»

—¿Qué pasó? —le pregunté.

Él sólo movió la cabeza y salió como alma que lleva el diablo. Iba a ir detrás de él para saber qué pasaba, pero salió Carlisle y me olvidé de Edward. Alice fue tras él.

—¿Qué paso? ¿Cómo está Nessy? —me volví para preguntarle desesperada.

—Nessy está estable… Pero los resultados de algunos de los exámenes que acabamos de realizar no son buenos.

—¿Por qué convulsionó? —preguntó Esme.

—Las convulsiones son un síntoma de que el cáncer se está expandiendo, aún no sabemos si al celebro o a otro órgano; mañana tendremos esos resultados…

—¿Qué significa eso? —preguntó mi madre.

—Que necesita con urgencia el trasplante de células madre. Su tiempo se agota —respondió Carlisle.

Sollozos.

Ahora entendía porqué Edward salió tan encabronado. Porque yo en este momento lo único que quería era golpear al puto mundo. No era justo, no lo era. Mi princesa era un bebé, le faltaba mucho por vivir, por conocer, por reír, por llorar. Nada de esto era justo.

Me sentía impotente, frustrada, no había nada que yo pudiese hacer para remediar la situación o para aliviar el dolor de mi nena.

Porque en esa habitación mi hija de sólo 4 años se estaba muriendo y yo no tenía cómo cambiar mi vida por la de ella.

Lloré.

Lloré.

Lloré porque eso era lo único que podía hacer.


Nos estamos leyendo...