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Hola chicas sube este capítulo a esta hora, porque en la tarde no tendré Internet y no quiero hacerlas esperar.


Como ya saben los personajes no pertenecen son de S.M, yo solo me adjudico la historia, que es mía.


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Capítulo dedicado a Pera L.T que siempre se da el tiempo de comentar.

Gracias a todas por sus comentarios a Ddoriis, jade Hsos, sofiarp, , bella-maru, lunabsc, angie cullen, DANI DA, maka targaryen, knaro y los guest. Chicas como les decía son el combustible que fomenta mi inspiración.

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Capítulo XI.-

La lluvia golpeaba fuertemente el ventanal del piso vigésimo octavo, del célebre edificio 425 de la 5th avenida, fuera y en lo alto las nubes cargadas de agua cubrían la ciudad de Nueva York, permitiéndonos a Ness y a mí, ver solo de manera borrosa la célebre estatua de la libertad.

Hacia solo un mes que habían dado de alta a Ness y ese mismo tiempo llevábamos viviendo, en el cómodo departamento de Dimitri el amigo de Edward, no solo era un piso acogedor, sino que también bastante elegante y exclusivo, eran pocos más de 280 metros cuadrados, tres habitaciones con sus respectivos baños, contaba además con una cocina amplia, una sala de estar y un estudio, además de los espacios comunes y de recreación con los que contaba el edificio, para uso exclusivo de los residentes, si bien nuestro piso no estaba en el ático, donde se ubicaban los departamentos más caros, no por eso dejaba de ser menos imponente, me sentía afortunada de poder vivir en lugar como este y poder compartirlo con Ness.

A Ness solo le permitieron seguir un tratamiento ambulatorio, después de que los exámenes de sangre mostraran que el nivel de células cancerígenas en su torrente sanguíneo había descendido, pero aun pese al resultado de esos exámenes, fue necesario realizar una aspiración de medula para confirmar con certeza la baja de células Leucémicas, el examen de aspiración de medula ósea, era una tortura para Ness ya que era demasiado invasivo y doloroso, pero afortunadamente estaba anestesiada cuando se lo realizaron.

Si bien las células cancerígenas no habían desaparecido en un 100%, quedando solo un pequeño porcentaje, los médicos consideraron que la leucemia estaba en remisión y que con el tratamiento ambulatorio terminaría por erradicarse, eso en el mejor de los casos, como en todo existía una posibilidad que fracasara y la Leucemia volviera, pero yo no quería pensar en ello, para mi esta era una oportunidad de disfrutar de mi hija y eso era lo que haría.

Sin darnos cuenta con Edward habíamos instaurado una rutina diaria, él salía en las mañanas al Langone medical center, lugar donde se ubicaba la escuela de medicina de la NYU, y que quedaba a una pocas cuadras de nuestro piso, volvía a medio día o en la tarde, mientras yo me encargaba de Ness y de la casa, esperando a que él regresara, para poder dedicarme al trabajo que había conseguido.

Lo de las encuestas por internet, no funciono o yo no entendí como hacerlo, pero los contactos mueven el mundo, había hablado por whatsapp con Jessica, quien tenía una amiga, que conocía a una persona, que trabajaba de editor en un diario alternativo de noticias políticas de Nueva York, quien a su vez necesitaba una persona, para que revisara las cartas que llegaban al editor, las seleccionara y corrigiera las más interesante, para que él eligiera, cual publicar en la versión impresa y digital de manera diaria.

Llevaba poco más de una semana leyendo una interminable lista de correos electrónicos dirigidos al editor, era un trabajo bastante tedioso, máxime cuando la política no era uno de mis temas favoritos, pero me pagaban por ello y lo más importante era que podía hacerlo desde casa y con eso me bastaba.

Esperar que Edward volviera cada día era abrumador, me sentía como una perfecta ama de casa norteamericana, una de esas esposas floreros que esperan arregladas, a que sus esposos vuelvan todos los días del trabajo, aquellas que salen en los comerciales y en las revistas, mujeres como Esme o inclusive como mi madre, pero a diferencia de ellas, yo no preparaba tartas de manzana, ni vivía en una idílica casa en los suburbios, sino que en un piso que si bien era fantástico, estaba años luz de ser propio y definitivamente no tenia los beneficios de compartir la cama con Edward, ya que tanto él como yo teníamos nuestras propia habitación y eso era realmente frustrante en nuestra situación y sobre todo en noches lluviosas como esta.

Si bien la postergada conversación sobre el acuerdo que teníamos de tener otro bebe, se había postergado más de lo necesario, no fue posible seguir postergándose una vez que dieron de alta a Ness, por lo que la tuvimos la primera noche que compartimos en este piso y los dos estuvimos de acuerdo en suspender por el momento la búsqueda de ese otro hijo, ya que los resultados de la inmunoterapia, eran totalmente esperanzadores y honestamente ninguno de los dos estaba en la mejor situación económica y un hijo no ayudaría en nada a mejorarla, todo lo contrario, sonaba cruel y duro, pero si Ness estaba bien, no había necesidad de tener otro bebe.

Con la suspensión del acuerdo , obviamente también se acaba la necesidad de compartir la cama, no hubo necesidad de decirlo, pero ambos lo sabíamos.

Pero pese a tomar la decisión de no tener otro hijo, existía entre nosotros un juego silencioso de seducción, no sabría decir quien lo partió, si Edward o yo, solo sabía que existía, estaba ahí patente día a día, a cada segundo, cargando el ambiente de excitación, de promesas y placeres prohibidos, sonrisas, miradas y toques casuales era el combustible que poco a poco se añadía a esta hoguera y estaba segura que en algún punto entraría en combustión, quemándonos.

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Ness tenía el ceño fruncido y afirmaba sus manitas en el ventanal, mientras que con los la punta de los pies se impulsaba para alcanzar una mayor altura, como si de esa forma no solo pudiese ver más lejos, sino que también cruzar la implacable cortina de lluvia que golpeaba sin tregua el ventanal, para poder ver la estatua de la libertad, el conocido monumento se había vuelto toda una obsesión para ella, todos los días era lo primero que buscaba al levantarse y en las noches era lo último que veía antes de dormirse, pero hoy no tendría existo, por lo menos hasta que se encendieran las luces que la iluminaban de noche y aun faltaban un par de horas para ello.

Se sentía extraño ver a Ness vestida con su pijama de vaquita con capucha, sin la típica bata de hospital y los sondas, pero era reconfortante tenerla en casa y aunque este piso no era la casa de mis padre en Fork y el cuarto en el que dormía, no era el que estaba acostumbrada a considerar su habitación, se sentía bien intentar llevar una vida normal y dejar el hospital de lado, al menos por un tiempo.

Si bien Ness debía estar bajo ciertos cuidados, sobre todo con el clima de esta ciudad, podía hacer una vida totalmente normal, con algunas salvedades, ya que el tratamiento aun seguiría por un año o más, pero a medida que fuera pasando el tiempo y el organismo de Ness se fuera acostumbrando nuevamente a la cotidianidad del mundo que la rodeaba, podría ir dejando atrás ciertas aprensiones con las que por ahora debíamos vivir.

—La vez, haya a lo lejos. le dije mientras la tomaba en brazos y apuntaba a un punto inexacto a la distancia donde se podía ver de manera borrosa la estatua de la libertad.

Ness negó con la cabeza, mientras hacia un puchero, le di un beso y arregle el gorro que se había corrido y que cumplía la labor de cubrir su cabeza calva, su pelo comenzaba a crecer nuevamente, pero aun así era demasiado corto, por lo que debía abrigarse permanentemente la cabeza y los oídos, para de esa forma evitar cualquier tipo de resfriado.

—Tendremos que esperar que prendan las luces. dije para evitar su frustración.

Ella solo me sonrió, adoraba la energía con la que se levantaba todos los días, me encantaba verla correr de un lugar para otro, como una niña normal.

El sonido de la llave en abriendo la cerradura, hizo que Ness, se revolviera inquieta en mis brazos, por lo que no me quedo más que dejarla libre en el suelo.

¡Papi! — grito con entusiasmo y alegría, mientras corría a la puerta.

Esta era mi rutina.

La puerta se abrió, dando paso a un Edward empapado y cargado con bolsas de supermercado, alcance a detener a Ness, antes de que se abalanzara sobre él, Edward debía cambiarse la ropa mojada y bañarse primero, había ciertas reglas de higiene que los dos conocíamos y que debían seguirse sin reclamar.

—Nena, en un momento estoy contigo. dijo Edward dejando las bolsas en la entrada y dirigiéndose inmediatamente a su habitación, mientras yo roseaba desinfectante ambiental en todo el piso.

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Ness se había puesto la mascarilla y me estaba ayudando a desembolsar y guardar las cosas que habían en las bolsas, cuando Edward volvió.

—¿Cómo esta mi pequeña princesa? dijo al entrar en la cocina y mientras levantaba a Ness en sus brazos, dándole un sonoro beso, mientras la sentaba en la encimera de la cocina.

¡Muy bien! exclamo Ness con entusiasmo, mientras abrazaba a su padre.

—Mira lo que traje para ti. dijo mientras le entregaba una caja de crayones. Para que colores los dibujos que te faltan y tiene colores fluorescentes.

Ness estaba feliz, por lo que apenas Edward la puso en el suelo salió disparada a buscar el libro de dibujos, que había dejado en algún lugar del piso.

—Hola. me dijo con una sonrisa, mientras se acercaba y dejaba un beso en la comisura de mis labios.

A eso me refería, a ese juego silencioso que él estaba jugando, cada día al llegar me saludaba con un beso en la mejilla, beso que cada día tras día se corría un poco más cerca de mis labios, por mi parte había decidido no me quedarme atrás, yo también estaba dentro de este juego.

Edward estaba vestido con unos pantalones deportivos y una camiseta sin mangas, que se pegaba a su pecho trabajado y demarcado por unos abdominales, que le sentaban muy bien, eso y su pelo húmedo desordenado le daban un aspecto de modelo de ropa interior masculina, frente al cual ni la mujer de sangre más fría quedaría impávida.

Yo sabía que él, era consciente de su cuerpo y lo que provocaba, se estaba pavoneando frente a mí, quería que lo viera y eso fue lo que hice, lo mire de manera descarada y sin tapujos, como quien evalúa un producto que se cuestiona comprar o no.

Me sonrió de medio lado acercándose aun mas a mí, invadiendo mi espacio personal, el olor madoroso de su loción se impregno en mi sentido olfativo, olía delicioso, una ola de calor recorrió mi cuerpo y se concentro entre mis muslos, estaba jugando con fuego, y yo tenía miedo de quemarme.

—Hola. dije mientras lo miraba a los ojos y me mordía intencionalmente el labio, sabía que eso le gustaba.

—¿Cómo estas tu? pregunto sin apartar su mirada de mi boca. ¿Como van la revisión de escritos?

—Es interesante, aunque también bastante aburrido. dije con sinceridad, afirmándome en la encimera de manera seductora, o por lo menos eso intente.

—La política en si es aburrida. dijo con una sonrisa, mientras se movía por la cocina hasta quedar a mi espalda, lo sentí rebuscar en las bolsas que aun quedaban sin ordenar, hasta que se detuvo, camino hasta donde yo me encontraba y de manera lenta y casual me roso aquí y allá, como sin darse cuenta, pero sabía que todo estaba fríamente calculado, sonríe por su sutileza, me estaba provocando y todo mi cuerpo estaba alerta. Toma. dijo tendiéndome un vaso.

— ¿Qué celebramos? pregunte, al ver el Champagne que tenía en una mano.

—Mi primer sueldo. dijo lleno de orgullo, mientras llenaba mi vaso.

Brinde con él, porque la ocasión lo ameritaba.

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—¡Allí esta mamá! exclamo eufórica Ness aquella tarde cuando por fin las luces iluminaron la estatua de la libertad, haciéndola visible aun atreves de la lluvia que caía de manera copiosa sobre Nueva York.

Tome a Ness en brazos y estuvimos mirando por un rato el monumento, mientras le contaba nuevamente la historia tras el gran trozo de concreto, prometiéndole nuevamente que cuando el clima mejoraría la llevaría a verlo desde más cerca.

Era una promesa que no pensaba romper y si los médicos lo permitían quizás la llevara antes, tal vez para su cumpleaños número cinco, para el cual faltaba menos de un mes.

Estábamos los 3 desparramados en el gran sillón de la sala de estar, viendo una vez mas Frozen, amaba esa película y no me aburría de verla, aunque ya había perdido la cuenta de cuantas veces la habíamos visto, no era la típica película de princesa que se enamora eternamente de su príncipe azul, era una película de amor definitivamente, pero de un amor diferente, del amor de hermanas y aunque yo no tenía hermanos, me gustaba.

—Quiero un hermanito. dijo Ness de pronto, pillándome totalmente desprevenida y haciendo que escupiera el té verde que estaba bebiendo, mire a Edward, quien tenía la misma cara de sorprendido que yo.

—¿Un hermanito? le pregunte con inseguridad. ¿Para qué?

—Para ser la hermana mayor. dijo con seguridad.

No sabía que responderle, era como si de pronto tuviera mi mente en blanco.

—Quizás más adelante princesa. le aseguro Edward, saliendo a mi rescate, Ness solo asintió satisfecha y yo no pude más que agradecerle en silencio.

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Ness se había dormido en los brazos de Edward antes de que la película terminara, por lo que él fue en el encargado de llevarla hasta el cuarto que ocupaba para dormir, después de acomodarla y arroparla en la cama, apague las luces y salí de la habitación, Edward iba adelante mío, eche una última mirada a Ness y junte la puerta.

Iba a dar la vuelta, cuando los brazos fuertes de Edward me sujetaron y me empujaron contra la pared, el pasillo estaba tenuemente iluminado, pero aun así podía ver sus ojos verdes oscurecidos y centelleantes por el deseo.

—Ahora atrévete a mírame como lo hiciste denante. me dijo amenazante.

Pero yo no sentí miedo, todo lo contrario, sus palabras erizaron mi piel, levante mis ojos, lo mire fijamente y sonreí con gallardía, pero no solo lo mire con total descaro, sino que fui mas allá y toque su pecho, acariciándolo como llevaba toda la tarde deseando hacerlo.

—Me estas provocando. dijo con voz ronca.

— Quizás sí. le respondí con voz suave, mirándolo a los ojos, mientras una de mis manos bajaba hasta su entre piernas y acariciaba su notoria erección, arrancándola, dejo escapar un jadeo, que se conecto directamente con mi centro haciéndome apretar instintivamente las piernas. Quizás no. dije con una sonrisa, mientras me separaba de él y me alejaba.

No alcance a llegar muy lejos, ya que Edward me volvió a detener, empujándome nuevamente contra la pared, me miro con seriedad, para sonreír con petulancia, acerco sus labios a mi boca, pero no me beso, solo me roso provocándose, bajo su rostro a mi cuello, oliéndome, cerré mis ojos y me deje llevar por las agradables sensaciones que provocaba el tenerlo cerca, mi gire para darle un mayor acceso a la piel sensible de mi cuello.

—Estás jugando conmigo. dijo mientras lamia desde el cuello hasta el lóbulo de mi oreja, para terminar soplando mi piel sensible, ahora fui yo la que jadeo, ¿cómo no hacerlo, si eso me encantaba?

¿No es lo mismo que haces tú? le respondí con dificultad, mientras acercaba mi pelvis a la suya y me restregaba con necesidad.

Edward siguió besando y lamiendo mi cuello, sus manos recorrían con extremada lentitud mi cuerpo, deteniéndose un tiempo en mis senos, para continuar su exploración más al sur, sus dedos abrieron la pretina de mi pantalón y una de sus manos se coló entre mi ropa, llegando a ese centro neurálgico donde se concentraban toda mi necesidad y deseo.

— Quizás sí. dijo en mi oído, mientras uno de sus dedos recorría mi hendidura húmeda, frotando, torturándome, hasta que uno de sus dedos se adentro en mi interior, comenzando a masturbarme lentamente, contuve los gemidos que querían salir de mi boca..

Sabía lo que quería hacer, quería dejarme al límite, para decirme; "quizás no", como yo lo había hecho antes e irse, dejándome con las ganas, pero yo también sabía lo que a él le gustaba, o por lo menos creía saberlo, me pare en la punta de mis pies para alcanzar mi objetivo, y lo atraje hacia mi, hundí mi rostro en su cuello y aspire profundamente, lo sentí tensarse, adivino mi siguiente paso y no me detuvo, comencé a besar y lamer con calma, hasta llegar al lóbulo de su oreja, deteniéndome ahí, mordí y succione, dejando escapar todos los gemidos que llevaba reprimiendo en mi interior, tembló y entonces supe que ese seguía siendo el botón que llevaba a la felicidad, que despertaba su pasión, me sentí una triunfadora.

—Si solo querías jugar y querías que me detuviera, no debiste hacer eso. me dijo, mientras me cogía de la cintura, automáticamente enredé mis piernas en sus caderas y me deje llevar.

—Quien dijo que quería que te detuvieras. le dije mientras con mi boca buscaba sus labios.

—Esto va a ser corto. dijo mientras me ponía en un mueble que estaba a la entrada del pasillo, de esos que solo sirven solo para poner adornos y sin mayor utilidad, o por lo menos eso era lo que yo creía, nos desvestimos con premura, los dos estábamos ansiosos, yo lo necesitaba dentro, ahora ya.

No sé donde lo saco, pero Edward rápidamente se puso un condón y de una sola estocada se empalo en mí, se lo agradecí, yo estaba tan dominada por el deseo y la lujuria que no había pensado en ello y eso ya era mucho, porque a mí jamás me pasaban estas cosas, siempre era muy cuidadosa con ese tema.

La sensación de tenerlo dentro era maravillosa, sublime, me llenaba por completo, ajustándose perfectamente en mi cuerpo, el calor me consumía, sus manos sujetaban firmemente mis caderas para guiar el ritmo de cada una de sus estocadas, llevándome al límite con cada entrada y salida, lo bese, mordí, lamí, entre mis pies en su nalgas impulsando a ir con mas candencia, mis manos recorrían su espalda arañándolo y él no se queda atrás también me beso, mordió y lamió.

—Bella, me vuelves loco. dijo mientras me besaba con desenfreno.

"Te equivocas"pensé — "Tu me estas volviendo loca a mí" pero no pude decírselo, porque no era capaz de formular una palabra coherente, yo estaba en otra dimensión, entregada totalmente a cada sensación, a esa burbuja que poco a poco comenzaba a formarse en mi vientre.

Sus jadeos y los míos llenando la habitación, agradecía al cielo que a Ness tuviera el sueño pesado, tanto así que no la despertaba ni una locomotora.

Sentía mis paredes internas ceñirse sobre su falo duro y caliente apretándolo, mi cuerpo caliente, jadeante y sudoroso, no aguanto más y la burbuja en mi vientre exploto en mil pedazos, llevándome directo a ver todas las constelaciones del universo, mi cuerpo se arqueo y grite no pudiendo contenerme, Edward me beso para acallarme y acallar los gemidos que emitió al liberarse.

Edward cayó sobre mi sudoroso, yo estaba laxa, incapaz de mover un solo musculo de mi cuerpo, respirando con dificultad, me llevo varios minutos recuperarme y cuando lo logre, no pude dejar de reírme llena de satisfacción y una felicidad y paz inexplicable, este había sido el mejor orgasmo de mi vida.

Definitivamente nunca más miraría estos muebles decorativos con los mismos ojos.


Como me divertí escribiendo este capítulo.

¿Les gusto?