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Como saben los personajes no me pertenecen son de Meyer, la historia es mía.
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¡No al plagio! Lamentablemente este es un mal que azota por estos días fanfiction, una cosa es jugar con personajes ajenos y otra muy distinta es adjudicarse una historia que surgió en la imaginación de otra persona y más encima lucrar con ella.
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Como siempre gracias por leerme y dejar sus RR que como ya saben son mi combustible para continuar con esta locura.
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Capítulo XVIII.
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Quimera.
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Dicen que la felicidad es efímera, no eterna como equivocadamente uno desea, solo momentos prestados del destino, en que los eventos que ocurren diariamente en nuestras vidas se alinean y permiten que todo se dé perfecto, otorgándonos frágiles y breves momentos de felicidad, dicen que solo pueden ser felices aquellas personas que son capaces de disfrutar y reconocer tales momentos. ¿Soy yo una de esas personas? ¿O simplemente soy incapaz de reconocer la felicidad?
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Llevábamos cerca de dos semanas en Fork, dos semanas que en ciertos momentos se volvían eternas, pero en otros como ahora eran momentos que atesoraría por siempre.
El olor de la tierra mojada, mezclada con hojas que se pudren en el suelo producto de la humedad, para algunas personas puede ser insignificante, pero para mí, era un olor que tenia grabado en mi conciencia. La humedad, los rayos de sol que rara vez lograban pasar por las espesas nubes que cubrían el cielo, los arboles, los helechos, todo era tal cual lo recordaba.
Ness caminaba entusiasta de la mano de Edward, llevaban una animada conversación acerca de todo lo que se les cruzaba en el camino, ya fuera un árbol con una corteza fuera de lo común, o el sonido de un pájaro, todo llamaba su atención, yo camina a su lado interviniendo en algunas ocasiones, con la cámara fotográfica en mis manos, disparando el flash, cuando lo estimaba necesario dejando plasmado en una fotografía cada momento vivido, felicidad etérea vivida en momentos mágicos.
Recorríamos los mismos senderos que más de una vez recorrimos cuando Edward y yo aun éramos niños, una gabardina roja, un gorro de la lana blanco y unas botas de agua eran el atuendo de Ness para esta aventura. Estaba feliz. Habíamos organizado esta excursión con mucha anticipación y la estaba disfrutando.
Después de una hora de caminata por fin llegamos a nuestro destino, una pequeña cascada ubicada cerca de la cabaña de los Cullen, era un lugar mágico, un montón de piedras dispersas en diferentes niveles y de variados tamaños, por donde corría y caía el agua de un pequeño riachuelo.
En el lugar había una especie de pequeña área de camping no era mas que una mesa de manera con unas bancas rudimentarias hechas de troncos de árboles caídos, no acomodamos en ese lugar a disfrutar del lugar y comer las cosas que habíamos traído para nuestro picnic.
Fue una tarde perfecta, un momento efímero de felicidad.
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Charlie acepto tácitamente que Edward se quedara por las noches, claro que tuvo una conversación con él, una conversación de la cual yo no fui participe y de la cual ninguno de los dos quiso contarme lo hablado en ella.
Por lo que nuestra rutina era casi igual a la que seguíamos en Nueva York, Charlie nunca estaba en casa, seguía con su obsesión por el trabajo y estaba segura de que eso nunca cambiaria.
Edward y Ness iban casi todas las mañanas a casa de los Cullen, pero la mayoría de las veces eran visitas cortas, generalmente pasábamos el resto del día recorriendo los lugares aledaños a Fork, disfrutando de estos días que quedaban de vacaciones, ya que en poco más de una semana volveríamos a Nueva York, yo tenía sentimientos encontrados con eso, extraña la gran ciudad, tenía mi vida en ella, mi trabajo y en esa ciudad de cierta forma había roto el cascaron, pero de mi pruebo natal extrañaría a mi padre y a mis amigos que aunque los había visto poco, sabía que estaban ahí.
Charlie estaba de guardia, por lo que esa mañana solo éramos Edward, Ness y yo en la casa, eran casi las once de la mañana y estaba extrañada porque Ness aun no despertaba, Edward me insistido en que la dejáramos dormir, porque de seguro estaba cansada por la salida del día anterior. Pero las once de la mañana era demasiado tarde, por lo que no soporte más y fui a su cuarto a despertarla, debía desayunar, no era bueno que a su edad se saltara comidas.
El cuarto se encontraba en penumbras, por lo que lo primero que hice fue correr las cortinas para que entrara la luz del día, Ness estaba acurrucada en la cama y ni siquiera se movió molesta cuando abrí las cortinas, eso no era normal ya que siempre que lo hacía gruñía y se molestaba y eso me preocupo.
—Ness cariño. —le dije, sentándome en la orilla de la cama.
Nada. Con una de mis manos la toque, pero aun nada, seguía durmiendo.
—Ness despierta, cariño ya es tarde. —insiste moviéndola suavemente, pero solo conseguí que emitirá algo parecido a un gruñido, el miedo me invadió, ya habíamos vivido esto y me aterraba el solo pensar en lo que podía ser, porque algo de mí se negaba siquiera concebir esa posibilidad.
Cerré mis ojos, encomendándome al cielo, a los santos, ¡a quien fuera! rezando oraciones silenciosas.
Era como un Deja-vu.
Miedo.
Corrí las mantas que la cubrían y con mis manos temblorosas moví su pijama, revisando su cuerpo, en busca de alguna señal, de alguna marca, que me indicara que lo que me negaba a aceptar no fuera siquiera una posibilidad.
Temor.
Miedo.
Desesperación.
Segundos eternos, oraciones, suplicas.
Su vientre, sus brazos, sus piernas no tenían marca alguna, solo la palidez tan común en ella.
Esperanza.
La gire con cuidado para revisar su espalda, Ness aun se negaba a despertar.
Y mi esperanza se vino al suelo.
Miedo.
Miedo.
Miedo
En su espalda había marcas de color morado y mi mundo se vino abajo como si de un castillo de naipes arrasado por la fuerte brisa se tratara.
Sabía que significan.
¿Cómo no saberlo?
Terror.
Angustia.
Miedo.
Miedo.
—Mami, tengo sueño. —dijo Ness, mientras se aferraba la colcha e la cama.
—Tienes que despertar cariño, ya es tarde. —logre decir, mientras silenciaba las lagrimas que querían escaparse.
—Tengo frio. —dijo en apenas un susurro.
—Vamos, Ness, tenemos que ir al hospital.
La senté en la cama y comencé a envolverla de en una manta, Ness comenzó a llorar.
—¿Qué pasa? —pregunto Edward preocupado desde la puerta de la habitación.
—Hay que llevarla al hospital. —logre decir, mientras seguía intentando envolver a Ness, pero ella se resistía.
—¿Qué pasa? —insistió Edward quitándome la manta, Ness seguía llorando y pataleando. —¿Bella?
—Hay que llevarla al hospital, tienes moretones en la espalda. —dije con voz mecánica, sin mirarlo.
—¿Cómo? —pregunto con incredulidad.
—No sé cómo, solo sé que la enfermedad volvió. —dije con voz quebrada por el llanto.
Silencio.
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El viaje al hospital lo hicimos en tiempo record. Ninguno de los dos dijo nada, pero era obvio cada uno iba sumido en sus propios pensamientos, en mi caso eran pensamientos e ideas negativas, apreté mas a Ness contra mi pecho, mire su rostro pálido, sus pelo color chocolate esparcido sobre su rostro, se había vuelto a dormir y la paz que emitía su semblante no lograba alcanzarme.
No entendía que pasaba, se suponía que el tratamiento de con las células T, estaba dando excelentes resultados o por lo menos eso era hasta el día de ayer, ¿Qué había pasado? ¿Por qué aparecieron esos moretones y porque Ness se negaba a despertar? ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué?
Esas preguntas se repetían una y otra vez en mi cabeza, y el silencio en que iba sumido Edward no me ayudaba en nada, se suponía que él debía decirme que todo estaría bien, que esto era normal, que sucedería, que era producto del tratamiento y que se le pasaría, pero no decía nada, solo silencio y esa cara de misticismo que ponía cuando algo lo preocupaba, me asustaba, no auguraba nada bueno, había cosas que él comprendía, que él conocía, información que el manejaba, con respecto a esta maldita enfermedad y que yo desconocía completamente, era una ignorante y eso me frustraba.
Quería gritarle, recriminarle por su silencio, quería que me digiera que pasaba, que sabia él, ¿Por qué pasaba esto? Que me explicara. Lo quería de vuelta, porque este silencio lo alejaba de mi, era como una barrera autoimpuesta para protegerse de algo ¿de qué? No lo sabía, quizás de mí o de todo esto.
Cuando por fin llegamos, todo era tan espeluznantemente conocido, la recepción, las enfermeras, los afiches, el procedimiento.
Ness fue ingresada a la unidad de cuidados intensivos, debían examinarla por lo que no nos dejaron entrar con ella, por lo que tuvimos que esperar en la sala espera, estábamos en silencio.
—No aguanto más, iré a ver cómo va todo, espérame aquí. —dijo Edward, mientras se ponía de pie y rompía el silencio imperante entre nosotros.
—¿Cómo vas a entrar? —pregunte.
—Aun soy hijo de mi padre y hay personas que me conocen, veré si puedo colarme.
Yo solo asentí.
Lo vi desaparecer por la puerta que decía "solo personal autorizado" por lo menos él podría averiguar cómo iban los exámenes que le realizaban a Ness, esperaba que volviera pronto y me informara que sucedía.
La espera e incertidumbre eran lo peor de todo. Supongo que en mi mente había bloqueado todos los recuerdos sobre esto, porque era como si viviese lo sucedido en alguna película o programa de televisión, pero no como algo que yo ya había vivido, se sentía tan lejano, tan ajeno.
Los minutos se sucedieron unos tras otros, hasta que llego un punto en que solo perdí la noción del tiempo y deje llevar un cómputo respecto de los segundos que se marchaban. Yo solo esperaba que alguien apareciera por esa puerta y me digiera que pasaba, daba lo mismo si era Edward o algún médico.
No sabía que pensar de todo esto, solo esperaba que fuera un mal sueño, que en algún punto despertara y todavía estuviéramos paseando los tres por algún sendero olvidado del bosque, que Ness preguntara cosas, ¡cualquier cosa! qué Edward le respondiera a su manera, mientras yo les sacaba fotografías de ellos juntos, de los tres o simplemente del paisaje, quería esa vida, me gustaba y la amaba, era feliz en ella.
La puerta se abrió, pero yo estaba tan sumida en mis pensamientos felices, que no repare que esta vez era Edward quien la abría, hasta que estuvo frente a mí, al mirarlo comprendí que lo que tuviera que decirme no sería nada bueno, estaba devastado, se dejo caer en asiento que estaba a mi lado y su cabeza cayó derrotada en sus manos, algo dentro de mí se volvió a romper, algo que poco a poco había cicatrizado, pero ya no mas, quizás eran mis esperanzas o simplemente mi fe.
No hubo lágrimas o solo una pasmosa resignación, como si dentro de mí siempre hubiere esperado este desenlace, como si fuere algo inevitable y el último año solo fuere tiempo prestado.
—¿Qué tiene? —pregunte con calma.
—Leucemia. —respondió sin mirarme, después de unos segundos.
—Y el tratamiento ¿Qué paso con el? —pregunte mirándolo, quería respuestas.
Edward hecho su cabeza para atrás y se afirmo en la pared, con los ojos cerrado, suspiro y luego me miro, en sus ojos había dolor y una enorme tristeza, que me conmovió.
—Solo fue una quimera, la enfermedad siempre estuvo ahí, pero por algún motivo no era detectable, es como si se hubiere escondido en algún lugar y ahora simplemente reapareció.
Analice sus palabras, en ellas estaban las respuestas que quería y esperaba. Esta vez no podía ser una mujer llorosa, tenía que ser fuerte, por Ness, por mí, por los tres.
—¿Qué se supone que haremos ahora? —pregunte, tomándole las manos, estaban heladas. Él me sonrió, pero fue una sonrisa triste de esas que no llegan a los ojos.
—Debe comenzar con quimioterapia cuanto antes, por ello no podemos trasladarla al Memorial. —yo asentí. —Ahora la están preparando, en cuando esta lista podremos entrar a acompañarla.
Todo volvía a comenzar. Pero esta vez ya no era igual que la primera vez, esta vez estábamos los tres juntos, como familia.
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Lo se me odian… a veces yo también lo hago.
si hay errores ortográficos disculpas, son capítulos sin betear,
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