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Hola chicas, como ya saben los personajes no me pertenecen son de MEYER, yo solo juego con ellos y le doy vida a mis locas historias.
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Primero que nada disculpen por la tardanza en actualizar, pero estoy en un momento súper importante de mi vida, en que debo dedicarle tiempo a otros estudios, soy casi profesional, por ello les aviso desde ya que me demorare un poquito en actualizar nuevamente… gracias por entenderme.
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Gracias por su comentarios como saben son mi combustible para no dejar este proyecto abandonado.
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Este capítulo esta dedicado a la niña que en cierta forma inspiro esta historia y que el día de ayer se marcho para siempre... a Monserrat!
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Capítulo XXII
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¿Qué sigue después?
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Las nubes se extienden hasta donde mis ojos pueden ver y no dejan distinguir nada más que a ellas mismas, son egoístas, pienso, egoístas como yo, ¿serán las nubes conscientes de su egoísmo? Como yo lo soy del mío. Porque soy egoísta, lo sé, cada pensamiento, cada sentimiento que invade mi mente lo es. Y así como soy consciente de mi egoísmo, soy también consciente de que por más que intente controlarlo no puedo hacerlo y es esa es una verdad tan absoluta que no existen contra ella razones o lógica aceptables.
Es lo que siento, es lo que soy, es lo que me he vuelto, un ser apático, que se envuelve en un caparazón y se encierra en su propio mundo de recuerdos, de días felices y risas contagiosas, que se adueña del dolor y lo hace exclusivo, se olvida del resto, porque es incapaz de comprender y entender que otros también sufren como ella, que otros también siente la perdida, la pena, la ausencia, el dolor, y esa es una forma de protegerse, un escudo ante el mundo, ante la verdad, ante lo que no quiere ver, lo que no quiere aceptar, lo que no quiere dejar atrás… ¿Y es que como hacerlo?¿cómo seguir?
Soy un torbellino de contradicciones, mi cuerpo ya no me pertenece, es manipulado y controlado por la emoción de turno, odio, amor, culpa, rencor, altruismo, miedo, desolación.
Por momentos quiero controlar quien soy, avanzar y dejar todo atrás, pero en otros simplemente quiero dejar de pensar y sentir, quiero aferrarme a su recuerdo, a sus cosas, a quien fui cuando estaba ella, las tres semanas de terapias con él psicólogo no han servido para ello, han sido inútiles, no han tenido sentido, o como dice el médico yo no quiero verlo, porque estoy estancada entre lo que fui y lo que debo ser.
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Sin quererlo y como es ya costumbre me sumerjo en mis pensamientos, evitaba caer en esos estados de letargo, porque el hacerlo significaba atraer las miradas interrogantes de Edward o de algunos de mis padres, ellos eran mis custodios, desde el día que me perdí en el bosque.
De eso, ya eran casi cuatro semanas. Había estado dos días en la clínica recuperándome del principio de hipotermia que cogí, y luego de asegurarse que me encontraba bien por lo menos físicamente, me habían dado de alta, no sin antes tener una obligada evaluación psicológica.
Nunca confié mucho en la psicología como una ciencia exacta ¿Como se supone que te ayuda el hablar con una persona desconocida que escasamente puede entenderte? Pero oponerme a una revisión psicológica no era una opción.
No fue ninguna novedad el diagnostico final… depresión producto del duelo, su receta; una terapia para superarlo, sumado a esto aconsejo que estuviese siempre acompañada y en lo posible retomara mi rutina diaria.
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Hablar.
Eso era lo que hacía en la hora que duraba cada sesión con el Doctor Harrison, un hombre poco agradable, con aire presuntuoso de sabelotodo, que se me quedaba mirando como si esperaba resolver el acertijo que yo significaba para él.
Cada sesión era una hora perdida de mi vida, no quería hablar, menos con un desconocido, ¿Cómo si una terapia pudiese ayudarme a superar y olvidar?
Lo ideal según las palabras del Doctor Harrison era que mis días estuvieran ocupados con actividades que me sacaran del ensimismamiento y la soledad en la que me había auto envuelto.
Y no es que yo no hubiera intentado, el seguir con mi vida, porque lo intentaba, quería seguir salir adelante, por ella, pero no sabía cómo, era como si de pronto, me hubiesen sacado de mi eje, como si mi mundo ya no tuviera sobre que rotar y todo perdiera sentido, demasiadas preguntas, sin respuestas, demasiado tiempo desocupado, horas perdidas, libres para pensar, para cuestionarse y culparse o… culparlos.
Volver a Nueva York, de pronto no pareció una mala idea, un nuevo comienzo, donde no tuviera en cada esquina, miradas lastimeras de personas que no conocía, palabras de consuelo, de seres extraños que escasamente podían siquiera llegar a dimensionar mi dolor, pueblo chico infierno grande, dicen por ahí, esa frase jamás tuvo tanto sentido como ahora, Fork, se había vuelto un infierno… mi infierno personal.
Tengo que reconocer que cuando mi psicólogo recomendó la idea de volver, la odie, porque sentía que me estaba marchando sin ella y eso no era justo, pero cada hora que pasaba en Fork era un tormento, un sin sentido, no había nada en este pueblo para mi, ni siquiera buenos recuerdos, solo dolor y tristeza, porque los recuerdos felices estaban nueva York.
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Se suponía que en la gran ciudad teníamos una vida, o por lo menos así era antes que ella partiera, quería volver a sentir eso, que mi vida tenía un sentido, que seguía, que tenia porque vivir, aunque ella ya no estuviera.
Me sentía atrapada en una pesadilla de la que no podía despertar, encadena a emociones que no podía controlar, era una montaña rusa de sentimientos, altos y bajos, culpa y resignación, odio y amor, dolor y tranquilidad… ¿No es absurdo sentir tranquilidad en un momento así? Pues yo lo sentía tranquilidad, ella ya nunca más sentiría dolor, nunca más pasaría por una quimioterapia o una punción lumbar… nunca más.
—¿Cómo te sientes? — pregunto Edward con preocupación, sacándome de mis pensamientos.
Edward era otro dilema en mi vida, una montaña rusa construida en madera, con un engranaje totalmente desconocido para mi, su sola presencia generaba sentimientos tan contradictorios como la vida y la muerte, como el amor y el odio, me desestabilizaba porque muchas veces no sé cómo controlarlos y es totalmente frustrante… como ahora.
En ocasiones solo quiero que me abrace, sentir su calor, su olor, que me diga que todo estará bien, que saldremos adelante, que la vida sigue porque ella siempre estará con nosotros, pero en otros momentos, momentos como este, lo odio, lo culpo y lo hago responsable, quiero que se aleje d mi, de mi vida…
Me vuelvo irritada hacia la ventana no quería odiarlo, no a él, pero es que a veces era tan difícil no hacerlo. Respire con calma, buscando la paz que me diera la tranquilidad que necesitaba.
—Estoy bien. —le respondo, forzando una sonrisa.
Puedo ver en sus ojos que no cree en mi falsa tranquilidad, pero extrañamente también me sonríe, pero su sonrisa no llega a sus ojos, algo dentro de mí sabe que él tampoco está bien, pero esa parte egoísta que últimamente sale a flote más seguido que de costumbre, se niega a pensar en ello, no ahora, no con el cúmulo de cosas que tengo en mi cabeza, con el odio y el rencor que le guardo, sé que no es justo… pero he aprendido que la vida no siempre es justa.
El solo asiente y vuelve la vista al frente, no supe identificar que mira, quizás fuese cualquier cosa, menos a mí, hago lo mismo, lo ignoro y vuelvo a enfrascarme en mi propio mundo y es que ignorarnos se ha vuelto tan común entre nosotros, el está ahí junto a mí, cuidándome, vigilando que no haga nada estúpido, pero realmente no está conmigo, está lejos en otro lugar, en su propio mundo, sumido en su propio dolor, en su culpa.
Es irritante que solo permanezca a mi lado como un roble fuerte al que debo aférrame para no caer, como si solo cumpliese con su obligación, su deber autoimpuesto, no quiero eso, no lo quiero así, porque ello me lleva a pensar que las palabras que me escupió Tania tienen sentido, y lo odio por ello, lo odio por guardar silencio, por no compartir sus sentimientos conmigo, por olvidar que no solo somos amigos, sino que compartimos algo muchas importante… a ella.
Lo hago culpable de mi torbellino de emociones, de mi culpa, de mi resentimiento.
Y no es que no hubiese intentado que las cosas fuesen diferentes, porque lo hice, pero él se cerró como una ostra y me dejo sola, con el monstruo que crece dentro de mí, con cada pensamiento, con cada sensación, con cada sentimiento, como si mis emociones fuesen el alimento con el que se nutre y me asusta, porque sé que en algún momento explotare… es inevitable, como la crónica de muerte anunciada.
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Llevábamos casi dos horas de viaje y por momentos puedo sentir las miradas especulativas de Edward sobre mí, sé que me analiza, como si quisiese leer mi mente y saber que pienso. No lo dejo entrar y eso es mi manera de castigarlo por su propio silencio.
Vuelvo mi vista a la ventana como si fuera hubiese algo que llama mi atención. No controlo mi mente y esta viaja sin quererlo a pensar en posibilidades… en lo que pudo ser y no fue, en eso que me tortura por las noches, que no me deja dormir, y que hace que mi rencor por Edward aumente sin control, y es que los "Si hubiese" son una tortura que carcomen mi alma, porque las posibilidades son tan variadas y las cosas podrían ser ahora tan diferentes, si tan solo hubiésemos seguido adelante con el plan inicial de tener un hijo, quizás si lo hubiésemos hecho, podríamos haber realizado el trasplante de medula que ella necesitaba y ahora estaría viva. Pensar en esa posibilidad me destrozaba por dentro, como si mil cuchillos me hirieren al unisonó, y me odiarlo.
Lo odio por confiarse en ese maldito tratamiento experimental, se suponía que él era el que sabía de medicina, yo confié en él y las cosas habían salido muy mal, todo era un maldito desastre y eso era su culpa.
En Fork Edward estaba siempre conmigo, pero nunca realmente hablábamos, era como una presencia silenciosa que oscilaba a mí alrededor, velando por mis necesidades, pero a veces solo quería saber que era lo que él sentía, saber que no era solo yo quien la extrañaba, saber que a él también le afectaba. En momentos me invadía la melancolía solo quería que él me abrazara, pero él no lo hacía y yo tampoco me atrevía a dar ese primer paso, o simplemente pedírselo… lo extrañaba.
Agradecía que estuviera ahí para mí, pero yo también quería estar para él, quería que dejara de hacerse el fuerte, que dejara ser esa tabla de salvación a la que yo me aferraba constantemente, quería que se aferrara a mí, quería ser su tabla de salvación, pero él no me dejaba y eso me frustraba.
Pero no hacía nada por cambiar las cosas. Es como ser consiente de que poco a poco vas juntando la pólvora que te hará explotar y eres incapaz de dejar de hacerlo, porque eres masoquistas y una parte de ti, quiere ser destruida, y esperas con una mezcla de temor y ansias ese día, el día en que explotaras.
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Volver a pisar el vigésimo octavo piso del edificio 425 de la 5th avenida, es algo totalmente chocante, el lugar esta frio y oscuro, es como si nadie hubiese estado aquí en años… es escalofriante, la soledad y vacio que proyecta.
Las cortinas están cerradas, lo que aumentaba la oscuridad del ambiente, Edward es el encargado de correrlas, y la luz de la tarde se adentra en la habitación, dejando ver lo que había tras la penumbra, las cosas estaban tal cual las dejamos dos meses atrás, en lo primero que repararon mis ojos es en los juguetes que se encuentran tirados por todos lados, como testigos mudos de que ella vivió en este lugar, de que aquí estaban sus cosas, su vida… su presencia esta en todo el lugar y eso es completamente abrumador.
Cojo un muñeco del ratón Mickey, es un muñeco pequeño que compramos en Orlando y los recuerdos se agolparon en mi cabeza y la desesperanza me invade, el lugar se volve agobiante y pequeño, es como si de pronto las ventanas desaparecieran y el aire faltara, me cuesta respirar.
Sé de qué se trata, no es la primera vez que me ocurre, él psicólogo ha dicho que son crisis de pánico, que es algo psicológico y que se pasara solo si logro calmarme. Pero es fácil decirlo, hacerlo es completamente diferente, intento respirar con calma, pero la sensación de estarme ahogando no se va y duele tanto… tanto.
—Tranquila todo estará bien. —me dice Edward mientras me abraza.
Sus palabras suenan totalmente falsas, las dice como quien recita un monologo que memorizo con antelación y el cual ha interiorizado de tal manera que ni siquiera es consciente de decirlo, simplemente sale de su boca, sin sentimiento alguno.
Eso envía mis niveles de tolerancia a cero, quiero saber que pasa por su cabeza, que siente, no quiero escuchar frases pre armadas, solo quiero que sea sincero, que me diga que siente o piensa, quiero que confié en mi.
Y de pronto es como si hubiese juntado la pólvora suficiente para explotar y eso hago, es como si toda la rabia y la frustración que he acumulado saliera a flote, como una represa que se rompe en mil pedazos y el agua estancada de pronto corre libre y sin limitaciones, arrasando con todo a su paso. Eso soy un rio contenido, pero yo no contengo agua, contengo emociones que ahora son liberadas en una verborrea de palabras que no controlo y de las que no tengo dominio alguno.
—¡Deja de decir eso! —le espeto con rabia, soltándome de su abrazo. —Deja de ser tan malditamente compuesto y respóndeme una pregunta ¿Tú realmente crees que todo estará bien? Porque yo no lo creo… — le grito, Edward me mira sorprendido por mi reacción, pero no dice nada, lo que hace aumentar mi frustración e ira. —Es como si tú y el resto de las personas, se hubiesen puesto de acuerdo para escupirme constantemente un maldito discurso sin sentido, un puto discurso que no tiene pies ni cabeza, dicen "Todo estará bien Bella" " El tiempo te hará olvidar" "Debes seguir con tu vida" Pues a TI y a tosas esas estúpidas personas, YO les digo; que esos consejos son una mierda sacada de un libro de autoayuda, y que nada esta jodidamente bien y no lo estará, pues MI hija murió, y eso no es nada normal. ¿Cómo se supone que todo estará bien, cuando todo está mal? ¿Cómo se supone que debo seguir con mi vida cuando ella ya no está? ¿Cómo Edward? —le pregunto iracunda con lagrimas corriendo por mis mejillas.
—No lo sé. —me responde apretando los labios con rabia contenida.
—¡Entonces no me digas que todo estará bien! Cuando sabes que eso no es así, cuando es mentira, porque ¿Cómo voy a estar bien? cuando ella no debía morir, las cosas no debían darse de esa manera, eso no debía ser el resultado… cuando eso no es normal, ¿Cuándo se supone que eso no debería haber pasado?... —termine de gritarle, intentando controlar mi exaltación. Respiro con dificultada, y es como si pronto me sintiera liberada, como si una aparte de mi por fin pudiera decir lo que siente, lo que cree —No es natural, se supone que los hijos no deben partir antes que los padres, eso es antinatura… eso no es justo. —termino de decir sollozando. Edward no me abraza, no dice nada y al mirar en sus ojos, estos están vacios, sin vida y por fin entiendo que él Edward que yo conocí, ya no está aquí, porque una parte de él también murió.
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¿Qué les pareció?
