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Los personajes no me pertenecen, son de S.M. Yo solo me adjudico la historia.

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Capítulo XXVIII.

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—¿Estas segura de que quieres ir sola? —me pregunta Rosalie, con cierta duda en su voz. — Sabes que no tengo problemas en acompañarte, es más me gustaría hacerlo. —creo en la sinceridad de sus palabras.

—Lo sé. —le digo con agradecimiento, Rosalie es la mejor amiga que cualquier persona puede desear. —Pero prefiero hacerlo sola, estas son cosas que debo resolver sola… por lo menos eso es lo que siento.

La rubia asiente y me brinda una sonrisa de apoyo.

Me bajo de la camioneta y subo el cierre de mi chaqueta, fuera hace frio y no quiero resfríame, creo que me he acostumbrado al calor de Dalas. Respiro el aire frio y helado de Fork, es difícil estar aquí de vuelta, ver lugares que traen recuerdos a mi mente, algunos buenos y otros malos, recuerdos de ellas, de él, de los tres.

Intento suprimirlos, es eso lo que me llevo a alejarme de este lugar, de todo lo que había sido hasta entonces, no quiero que mi estado de ánimo baje, el mantenerlo relativamente estable es una lucha con la que debo lidiar diariamente.

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La casa que esta frente a mí, es tal como la recordaba, grande y lujosa, ella refleja el status de sus moradores, el césped está cubierto de nieve, pero sé que en verano ese mismo césped es inmaculado, rodeado de flores de diversas especies, que le dan un aspecto de perfecto y que nada tiene que envidiarle al de una revista de decoración, es una casa preciosa, como pocas en este pueblo.

Cientos de recuerdos se vienen a mi mente, recuerdos felices y vividos en estos mismos parajes, recuerdos de risas, de travesuras, de días cuando mi mayor preocupación era divertirme con mis amigos, añoranza, es imposible no extrañar todo aquello, pena porque con la mayoría de ellos ya no tengo contacto.

Alejo esos recuerdos de mi mente y me armo de valor, para tocar el timbre, espero impaciente que abran, sé que el recibimiento no será bueno, y eso me tiene nerviosa. Pasan unos minutos y nadie viene abrir, me muevo inquieta tratando de mantener a raya mi ansiedad.

Hace mucho frio, no llevo guantes y mis manos están heladas, para entibiarlas las meto en las carteras de mi chaqueta y aprovecho de tocar mi vientre, intentando calmar los movimientos del ser, que crece en mi interior, pareciera que percibe mi nerviosismo y en cierta forma eso lo activa y pone en movimiento.

Después de un momento, que para mí es una eternidad, la puerta se abre, y una hermosa mujer de pelo color miel, me mira como si hubiese visto a un fantasma, al verme su rostro se descompone, dándome a entender claramente, primero, que no esperaba verme aquí y segundo, que mi visita le desagrada, para ser sincera no esperaba otro recibimiento, Esme Cullen, me odia y no lo oculta.

Luego de la sorpresa inicial Esme se compone y borra de su rostro toda expresión de asombro, me analiza de pies a cabeza, deteniéndose más de lo políticamente correcto en mi nuevo look, específicamente en mi pelo negro y corto, sé que a ella siempre le ha gustado el pelo largo, lo ve como una señal de femineidad y clase, un nuevo punto para que su odio hacia mi aumente, una sonrisa involuntariamente se dibuja en mi rostro, todo ella y su odio me parece tan tonto, la mujer mueve la cabeza en señal de desagrado y luego rompe el silencio.

—¿Qué haces aquí? —pregunta a quema ropa y sin nada de tacto.

—Hola Esme. —la saludo con una nueva sonrisa, intentando entablar una conversación amena con la mujer, que por mucho tiempo fue como una segunda para mí.

Esme Cullen no muestra ningún signo de empatía, sino más bien todo lo contrario, su rostro que siempre ha sido hermoso, se afea con la mueca de desagrado que muestra a tenerme frente a ella y siento melancolía por el pasado, lo que fue, por los días en que ella era más que la persona que me odia sin motivos.

—¿Qué quieres? —insiste.

—Puedo pasar. —pregunto, me gustaría estar en una estancia más cálida, que al aire libre, donde me estoy congelando.

—No creo, que eso sea posible, en este momento voy saliendo. —dice con frialdad. —Dime rápido a que has venido, porque no dispongo de mucho tiempo.

Es evidente que mi presencia le molesta y que no quiere tenerme cerca y me resigno a ello, opto por ir directo al grano, salir luego de esto y poder refugiarme del frio dentro de la camioneta de Rose.

—Necesito contactarme con Edward, ¿Podrías darme un número de teléfono o dirección para ubicarlo? —le pido.

Esme se suelta una risa sarcástica llena de satisfacción.

—Yo no sé las razones por las que Edward termino contigo, esta vez… y créeme no me importa… solo sé que me alegro por ello, después de lo sucedido con mi nieta… Edward tiene derecho a empezar de nuevo, a intentarlo sin ti ¿Entiendes?

Respiro hondo intentando calmarme, esta mujer tiene una mala vibra que me enferma, solo quiero alejarme de ella.

—Tengo razones importantes para buscarlo… créeme. —le digo con calma.

—Si mi hijo ha decido ya no estar contigo, es por algo. —dice, y yo me muerdo la lengua para no aclararle como fueron las cosas, y el por qué estoy aquí, sé que no hay razón para hacerlo, máxime, cuando esta mujer, ahora no es más que una extraña que me odia. —Deberías dejarlo en paz y comprender que entre ustedes, las cosas simplemente no se dieron.

—Necesito hablar con él…

—Bella… te daré un consejo por el cariño que te tuve. —dijo interrumpiendo mis palabras. —Eres joven… rehace tu vida, búscate una pareja… no sé, lo que se te ocurra, pero deja a mi hijo tranquilo, él por fin está bien, rehízo su vida y es feliz… has tú lo mismo y deja el pasado atrás. — sin más se dio la vuelta, para marcharse. — Ah… el pelo corto y negro no te queda… hace que te veas enferma.

Quiero responderle, decirle algo, pero no es posible, antes de que siquiera lo note, Esme Cullen, ha cerrado la puerta y me ha dejado fuera.

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—¿Cómo te fue? —me pregunta una impaciente Rosalie, una vez que estoy de vuelta en la camioneta.

—Mal. —Es lo único que le digo.

Estoy derrotada, es increíble que en la época en la que vivimos, con la tecnología que existe, las redes sociales, internet, la telefonía móvil, una persona sea tan difícil de encontrar.

Después de la discusión con Rosalie, tuve tiempo para pensar en todo lo que estaba viviendo. En mi presente, pasado y futuro, en todo lo se venía y en lo que haría. En las palabras de Rose había dolor, un dolor que ambas compartíamos, las dos habíamos tenidos experiencias diferentes, pero a la vez similares, las dos éramos madres, las dos habíamos sufrido la pérdida, las dos debíamos vivir con ella.

Podía entenderla y en cierta forma incluso llegar a comprender la frustración y el dolor que había en sus palabras, ella nunca más podría volver a intentarlo, nunca podría ser madre, no por lo menos de un hijo de sus entrañas, al hablar con ella era fácil darse cuenta que ese era uno de sus más grandes anhelos… ser madre, por mi parte ni siquiera me había planteado esa posibilidad, ser madre nuevamente no estaba en mis planes, ni siquiera en mis sueños o pesadillas, esto era algo absolutamente inesperado y no planeado, ni siquiera estaba completamente segura de poder liderar con ello… de conservarlo.

En esos pocos días pensé tantas cosas, en tantas posibilidades, el aborto evidentemente ya no era una posibilidad, el feto ya estaba muy desarrollado para hacerlo, en todo caso no estaba segura si podría haberlo hecho. Pero hacerme cargo de él o ella, me aterraba, no me sentía preparada para pasar por todo ese proceso de nuevo, me aterraba el solo pensar que podría tener la misma enfermedad que ella, ver sufrir a este nuevo ser, los exámenes, los hospitales, el dolor, las lágrimas, el no poder hacer nada, la sensación de sentirse inútil, de tener las manos atadas… no podía.

Rose era una especie de ángel, para nada rencoroso, acepto mis disculpas y las cosas volvieron a ser como antes, siempre preocupada de mi bienestar, de que me alimentara bien, de que descansara e insistió en que me controlara, escucho mis miedos y temores, no me critico o cuestiono, la decisión era mía y ella lo sabía, pero me ayudo analizar mis opciones.

Dentro de las opciones que analizamos; la adopción era una de las mejores, yo no estaba completamente segura de ella, tenía miles de dudas y aprensiones, pero Rose prometió ayudar a buscar información.

Pero antes de tomar cualquier decisión, debía tener la opinión de él… de Edward. Tenía derecho a saber.

Y era por eso que estaba de vuelta en Fork, Rose había decidido acompañarme, cuando en Dallas, no había podido conseguir información de Edward, en todo caso mis medios eran limitados, me había deshecho de mi teléfono móvil al salir de Nueva York, y no recordaba el número de teléfono de nadie, busque en internet; Facebook, Instagram, Twiter, pero su perfil ya no existía, incluso busque en los perfiles de los miembros de sus familia, sus padres Esme y Carlisle, hermanos Alice y Emmett, en los perfiles de sus amigos y de nuestros amigos en común, pero los perfiles de sus familia estaban bloqueados, y yo no era amiga de ninguno de ellos, ni siquiera de Emmett y en los de sus amigos no había nada de él.

Intente con enviándole mail, pero ninguno de ellos tuvo respuesta. Rose decidido acompañarme a Nueva York, pero el conserje del edificio me dijo que el ya no vivía en ese lugar y que el departamento estaba vacío hacía meses, yo ya no tenía llaves de ese lugar, pero tampoco quería entrar, tampoco lo encontré en la universidad donde trabajaba, nadie sabía de él, era como si la tierra se lo hubiese tragado.

Mi último recurso era tocar la puerta de sus padres o la de los míos, en el primer caso era obvio que se pondrían felices de verme, pero ver a mis padres era dar demasiadas explicaciones y responder preguntas que no quería responder, no cuando ni siquiera yo sabía que haría con mi vida. Fue cuando solo me quedaron solo esas dos posibilidades, que decidí optar por la primera, no estaba lista para ver y hablar con mis padres.

—¿Qué haremos ahora? —me pregunto la rubia.

—No lo sé. —le respondí con sinceridad.

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Como siempre gracias por sus RR y alertas, es siempre emocionante recibirlas y leer lo que piensan.

Sé que es un capitulo cortito y muchas me han pedido que sean más largos, pero es mi forma de escribir.

Nos estamos leyendo.