TERCERA PARTE

La tarde transcurrió con tranquilidad para los tres compañeros. Esta vez decidieron no separarse y caminar juntos por todos los lugares más importantes de la ciudad, así como conocer los bellos jardines que la rodeaban. El saber que tendrían que abandonar ese planeta en pocos días, les hacía sentir que tenían que aprovechar todo el poco tiempo que quedaba para ver todo lo que no habían tenido oportunidad de visitar. La fiesta de esa noche sería una excelente oportunidad de conocer la forma en que se divertían los baleistanos. Caminaron sin rumbo hasta que vieron al sol acercarse al horizonte, momento en que dirigieron sus pasos apresuradamente hacia el centro del pueblo a presenciar las festividades. La cantidad de personas que ya se encontraban congregadas era tal que ya habían varias cuadras alrededor de la plaza principal con las calles totalmente llenas de personas y niños que impedían ingresar más al centro de la ciudad. Cálculos aproximados les indicaron que había unas veinte mil personas participando de la reunión. Todos se alegraban ordenadamente, de una forma que podría ser la envidia de cualquier planeta incluyendo Términus. Sólo Gaia podría rivalizar en orden con estas personas, fue el pensamiento común.

Una vez el sol se hubo escondido dejando la ciudad en la penumbra, todos los presentes permanecieron en silencio como si esperaran algo. Ningún movimiento perturbaba la imagen que se le presentaba a los visitantes. Solo Bliss empezó a mirar nerviosamente en todas direcciones como si ella sí escuchara un gran murmullo, el murmullo que hubiese existido en una manifestación de ese tamaño. Pasados varios minutos de tenso silencio, tiempo que pareció eterno por ellos, todos los allí presenten empezaron a expresar externamente una gran alegría y se abrazaban los unos a los otros con gran efusividad. Todos los que se encontraban próximos a los extranjeros igualmente los abrazaron como si fueran parte de la comunidad. Eso incomodó un tanto a Trevize que era reacio a ese tipo de manifestaciones, pero a Pelorat le causó una muy buena impresión y él mismo empezó a abrazar a todos los que lo rodeaban confundiéndose con un nativo del lugar. Bliss, al igual de Trevize, recibía los abrazos con imparcialidad pero permanecía con una mirada perdida como hundida en sus pensamientos. Una vez hubo terminado el ritual de los abrazos, la gente empezó a invitarse unos a otros a fiestas que tenían organizadas en sus domicilios. El grupo de extranjeros recibió una gran cantidad de invitaciones las cuales tuvieron que rechazarlas, debido a que ya habían dado su consentimiento para asistir a la organizada por el alcalde. Poco a poco la gente fue abandonando el lugar con notorias expresiones de alegría, lo que le indicó a Trevize que ya era hora de irse del lugar e iniciar la marcha de una vez a la casa del alcalde. Fueron caminando en silencio junto con un río de personas que, al igual que ellos, se dirigían a algún lugar para continuar con la fiesta. Finalmente llegaron a la casa del Alcalde, la cual estaba atestada de personas que ya estaban pasándola muy bien. Cuando el Alcalde los vio llegar, salió a recibirlos con alegría y los abrazó a los tres con la misma efusividad que habían empleado las personas que los rodeaban durante la manifestación. Ellos, por diplomacia, respondieron con un abrazo a todos los que salieron a continuar con el ritual. Pelorat, repitiendo lo sucedido anteriormente, abrazó con alegría a todos los presentes, quienes le devolvieron el mismo gesto de amistad. Una vez hubieron culminado los saludos, pasaron a participar de la charla que giraba en torno a muchos temas livianos y divertidos. Tuvieron que responder en varias oportunidades que en sus respectivos planetas no se celebraba ninguna fiesta como esa, pero que tenían igualmente fechas en que se divertían de otra manera parecida. Liliz se impuso la tarea de servir de anfitriona durante toda la duración de la festividad, cosa que mejoró el semblante de Trevize y hizo más pasable las horas que duró esta.

La fiesta perduró con la misma intensidad hasta que el sol nuevamente empezó a emerger por el otro extremo del horizonte. Tal como estuviese cronometrado y pre-programado, las personas empezaron sin que se les diga nada, a retirarse al unísono de las fiestas dirigiéndose a sus respectivas residencias. Los visitantes, sin necesidad de que nadie les diga algo, se dieron cuenta que al igual que los otros, tendrían que abandonar la fiesta cosa que hicieron con agrado. Nuevamente se enfrentaron con un río de personas que regresaban a sus respectivos hogares, corriente humana a la que tuvieron que acoplarse durante su trayecto hasta el hostal.

Una vez hubieron llegado al hostal, la tremenda fatiga fue un excelente somnífero que les facilitó el ingresar muy rápidamente en un profundo sueño que se prolongó hasta pasado el mediodía. Una vez sus cuerpos hubieron recuperado su vigor luego de una noche fatigada, uno a uno se levantaron casi simultáneamente y se dirigieron a tomar un tardío desayuno.

-Una fiesta bastante extraña, ¿no? -preguntó Pelorat a modo de saludo y de iniciar una conversación.

-Sobre eso quiero hablarles. -dijo Bliss un poco nerviosa -Es algo que he percibido desde que estuvimos en la nave aproximándonos a este planeta.

-Y qué es eso tan preocupante. -dijo Trevize ya tomando un notorio interés en lo que se iba a decir.

-¿Se acuerdan de las señales que percibí y que la nave Farstar no logró detectar?

-Sí, lo tengo muy presente. -Respondió cada vez más interesado en el tema.

-Esas señales son muy intensas todo el tiempo, pero desde los minutos de silencio que estuvimos al inicio de la celebración, he estado sintiendo una mayor intensidad en estas manifestaciones. En medio de la multitud sentí un gran griterío mental, pero mis oídos no sentían más que una gran cantidad de personas en el más absoluto silencio. Ese contraste me dejó más confundida de lo que estaba.

-Y ese tipo de señal. -consultó Pelorat con un creciente nerviosismo -¿sabes de qué se trata?

-Es una sensación muy parecida a la que tengo con Gaia. Es como si el planeta entero estuviese vivo y todas sus habitantes se comunicaran unos con otros todo el tiempo.

-Algo así como la telepatía que utilizan ustedes, ¿no es verdad?

-Así es. Eso es lo que siento.

-Pero no es posible que ocurra esto aquí. -dijo Trevize intentando explicarse sin lograrlo, el por qué de las sensaciones de Bliss -Todos ellos son robots. Muy evolucionados y con una tecnología muy por encima de lo que anteriormente hemos conocido, pero robots al fin. No son humanos.

-Pero tienen pensamiento y su pensamiento es posible transmitirlo y estoy casi seguro que lo hacen.

-Entonces estas segura que han desarrollado la telepatía.

-Sí, y no me refiero a la simple telepatía, sino a la telepatía global como la que hay en Gaia.

-Eso explica por qué no pudimos detectar ningún sistema de telecomunicaciones cuando estábamos revisando el planeta. Todas las órdenes la emiten telepáticamente y por eso no necesitan ningún radio comunicador.

-¿Y puedes determinar el significado de esas señales telepáticas? -Consultó Pelorat

-Hasta ahora no logro descifrar el hiperlenguaje empleado. Es totalmente diferente al que utilizamos en Gaia. Solo logro capturar las emociones y sentimientos, pero no las ideas.

-¿Y Gaia no te puede ayudar?

-En realidad sí podría, con ella-nosotros podría-podríamos resolver el código muy fácilmente. Pero es muy riesgoso que ellos sepan que tengo la capacidad de escucharlos. Si me comunico con Gaia, sabrán que soy como ellos y es posible que falseen sus pensamientos para hacerme pensar lo que ellos quieran. Por ahora prefiero escucharlos y conocer sin que sepan cuáles son sus intenciones.

-Te has vuelto desconfiada como yo. -dijo Trevize esbozando una sonrisa cómplice.

-Por el momento solo quiero asegurarme de conocer las intenciones de sus habitantes. Estimo que, como toda organización que ha llegado a tener la complejidad de Gaia, tiene fines muy elevados y no está en ellos el hacernos daño.

-Y sobre todo, las leyes de la robótica nos protegen -concluyó tranquilizadoramente Pelorat.

-Pero, al igual que Bliss, opino que lo mejor es estar en guardia por si acontece cualquier cosa.

Una vez hubo concluida la conversación y se preparaban para levantarse e ir a buscar al Alcalde, Liliz ingresó en la sala con una sonrisa que hacía brillar su rostro.

-Hola, buen día. ¿Cómo la pasaron anoche? -dijo a modo de saludo.

-Muy bien. Un poco cansados por lo prolongado de la celebración, pero contentos por haber participado de ella. -respondió Trevize ya de pie.

-Me alegro que les haya gustado. Es un evento muy importante para nosotros. Es la celebración más importante del año.

-¿Y a qué debemos el gusto de su presencia? -consultó Trevize contento de verla.

-Sentía curiosidad por saber sus impresiones por la fiesta de anoche. Es la primera vez que unos extranjeros de las estrellas nos visitan. Hemos tenido visitas de pobladores de otras ciudades, pero nunca de alguien tan lejano.

-Todo estuvo muy bien -agregó Pelorat -y se lo agradecemos nuevamente. Muy bonita y sobre todo, muy ordenada. Es increíble el nivel de organización que tienen. Sería la envidia de Términus. No nos lo creerán cuando se lo contemos. Tanta gente y ningún ruido. Increíble.

-¿No se van a quedar a vivir aquí? Pensé que les había agradado mi planeta.

-Nos gusta mucho, -respondió Trevize molesto por el imprudente comentario de Pelorat sobre el viaje -pero no nos podemos quedar para siempre. No podemos vivir eternamente dependiendo de ustedes, como si fuéramos unos parásitos. No sería lo correcto.

-Pero a nosotros no nos molesta. Es más, nos agrada que nos hayan visitado y nos sentimos halagados que permanezcan. Para nosotros no es ninguna molestia brindarles nuestra hospitalidad.

-Hospitalidad de la cual estamos muy agradecidos. -intervino Pelorat -De todas maneras, no veo la razón de la preocupación, porque todavía ni siquiera hemos pensado en irnos. Eventualmente nos iremos, pero por lo bien que lo estoy pasando en el museo, creo que eso está muy lejano. Y quizá si nos gusta, pues nos quedamos.

-Tienes razón. -agregó Trevize ya más tranquilo por la inteligente respuesta de su amigo -Por ahora no tenemos planes de marcharnos, pero si siento que estamos molestando, te lo diremos y nos iremos.

-Ustedes nunca son molestia. -Respondió Liliz contenta con las respuestas de sus huéspedes.

Las horas restantes de la tarde la dedicaron a pasear por los alrededores del pueblo. Liliz había solicitado a su padre, el préstamo de un transporte en el cual visitaron los verdes campos que rodeaban el pueblo. Bliss, nuevamente en contacto con la verde naturaleza, se sintió más tranquila y renovada. Hablaba poco y a pesar de todo el esfuerzo que hacía Pelorat en animarla, el resultado era mínimo. Su prolongado aislamiento, la hundían en una cada vez más profunda depresión. La imagen de la naturaleza fue para ella un remedio temporal para su intensa sensación de soledad. Al llegar a un pequeño claro en el medio de un denso bosque, el transporte se detuvo y todos ellos bajaron a disfrutar del paisaje. Un pequeño riachuelo corría por un extremo del claro, con aguas transparentes en el cual pequeños peces nadaban presurosos. El sonido de las aguas corriendo por entre las rocas que estaban en su lecho, servían de marco sonoro para que las aves y los insectos completaran el cuadro con su música. El lugar donde estaba, de acuerdo a lo que explicó Liliz, fue creado hacía muchos miles de años por el propio Zed, luego de que lograra reconstruir las obras destruidas durante el ataque de los espaciales. El riachuelo fue diseñado por él, y cada una de las piedras y granos de arena fueron ubicados de acuerdo al plano del diseño. Este riachuelo se internaba en el bosque para dar de beber a los animales silvestres que habitaban la espesura. Bliss se sacó sus zapatos y metió sus pies en las transparentes aguas, sintiendo un escalofrío producto de la sensación de frialdad que sus pies le transmitieron desde el agua. Sentada en la orilla, disfrutaba de las imágenes y de la fresca agua con la que jugaba. Pelorat acompañó sus juegos e introdujo igualmente su gordo pie en el agua siguiendo el ejemplo. Por su parte Trevize, poco amigo de estar metiéndose en agua fría, permaneció como testigo de lo que sus dos compañeros hacían. El claro era, en realidad, el ingreso a una especie de laberinto en el medio del bosque, el cual fue creado para que Zed pueda escaparse de la cotidianidad del mundo y esconderse en medio de la naturaleza. Liliz como buena anfitriona, dándose cuenta del aburrimiento en el que estaba Trevize, lo invitó a conocer el recorrido del laberinto, cosa que resultaba más interesante para una inquieta mente como la suya. Caminaron por entre altos y frondosos árboles que los flanqueaban a ambos lados, alejándose de sus dos amigos que permanecían jugando con los peces, los cuales a su vez jugaban con sus pies. El camino sinuoso los guió a otro claro de igual dimensión al que se encontraba en la entrada, desde el cual resultaba imposible ver al primero. Los árboles, igualmente altos, hacían como enormes paredes que escondían cualquier posible objeto que se encontrase en el exterior. El riachuelo permanecía a un lado del claro, el cual emergía como escondido, por entre el espeso follaje del bosque. El lugar era muy tranquilo, transmitiendo la sensación de intimidad. Un sendero, similar al que habían recorrido, comunicaba este claro con otro más, de idéntica disposición. En este último claro en el medio del bosque, Liliz se sentó en la verde y mullida grama, invitando a su huésped a hacer lo mismo. La tarde estaba llegando a su fin, y el sol iluminaba oblicuamente sobre los árboles. La atmósfera era tan sugestiva, que Trevize no pudo más que obedecer lo que sus sensaciones ordenaban. Durante un instante volvió a su mente la imagen de Daneel, el eterno robot como representante de toda su especie, y por más que intentó racionalmente emparentarlo esa mujer que en ese momento se le entregaba, sus sentidos no pudieron encontrar en ella nada que se le asemeje. Estuvieron teniendo relaciones sexuales hasta que la penumbra de la pronta noche los frenó. Trevize buscó sin éxito una y otra vez, en cada caricia, en cada beso y en cada contacto, al robot que Liliz escondía dentro de ella. Se sentía absolutamente extraño el estar con ellas. Sabía que estaba teniendo relaciones con una máquina, pero no podía por más que buscaba, poder revelar en ella su naturaleza robótica. Esa sensación de extrañeza la cargó hasta donde se encontraban sus amigos, quienes yacían dormidos a un lado del riachuelo. Luego de despertarlos, se dirigieron a través de la penumbra que se formaba en el bosque, hasta el vehículo de transporte en el cual habían ido. Una vez en la ciudad, se dirigieron a cenar a la casa del alcalde, quien los recibió muy contento consultando si les había gustado el jardín de Zed. Todos ellos respondieron afirmativamente, esperando tener la oportunidad de poder visitar nuevamente el lugar en otra ocasión. Ninguno de los tres hizo comentario alguno de sus planes de pronta partida, para evitar tener que pasar por la misma situación incómoda que tuvieron con Liliz. Luego de pasar una agradable velada, se dirigieron al hostal donde quedaron dormidos tan pronto llegaron.

La vacación se prolongó un par de meses más, tiempo que al principio fue muy bien aprovechado por Pelorat para estudiar los documentos de la historia antigua, pero que poco a poco se fue tornando aburrido. Bliss, al no poder comunicarse con Gaia para evitar sospechas de su capacidad telepática, estaba cada vez más triste. Trevize, quien disfrutaba más de lo que hubiese querido de la compañía de Liliz, sentía cada vez más fuerte el temor de un cambio de actitud de los habitantes del planeta.

Trevize despertó una mañana con la necesidad de marcharse. Ya no hallaba placentera su visita y sentía que debía irse lo más pronto posible. Liliz lo atraía pero igualmente lo oprimía con su comentario opuesto a su eventual partida. Se acordó de lo que habían pasado en Alfa, cosa que lo preocupó aún más. Tenía que hablar con los otros para de una vez por todas preparar su viaje, o más bien su huida. Por momentos pensó en ir a despertar a Pelorat y a Bliss para de una vez salir de allí, pero tuvo que refrenar su impaciencia y esperar a verlos en el desayuno para evitar despertar cualquier tipo de sospecha en los habitantes de aquel, hasta ahora, amigable planeta. Pero las cosas estaban cambiando, al menos así lo sentía él, y eso le inspiraba la urgencia por marcharse lo más pronto posible. Finalmente fue hora prudente para levantarse e ir, como todos los días, a tomar su desayuno con sus compañeros. Cuando llegó a la mesa, tanto Pelorat como Bliss estaban esperándolo acompañados de una fuente con abundantes frutas como todas las mañanas. Sin tener que decirse nada, ya Trevize intuía que ellos también sentían esa urgencia por salir volando en ese mismo instante. Lo único que deseaban en ese momento era poder contar con sus alas, es decir la nave Farstar. Para no despertar sospechas, tomaron su desayuno y luego de una breve y simple conversación, se levantaron y se fueron a seguir visitando las diferentes atracciones de la ciudad. Una vez alejados del hostal, y agradecidos por la ausencia de Liliz, finalmente pudieron conversar libremente sobre aquello que los incomodaba.

-Tenemos que irnos inmediatamente. -dijo Trevize una vez se sintió seguro de hablar, pero aun así hizo el comentario intentando no mover mucho los labios y en un tono de voz muy bajo, para asegurarse que ningún micrófono podría grabar esa frase.

-¿Pero cómo llegamos a la nave? -preguntó Pelorat con preocupación. La simple pregunta ya respondía afirmativamente que compartía el deseo de marcharse del lugar con la misma premura que Trevize.

-Ese es un problema, porque no tengo mucha idea de dónde se encuentra. De acuerdo a la posición del sol al atardecer durante nuestro camino que nos acercó a aquellas granjas, estábamos caminando al noroeste. Eso significa que ese camino tendría que ingresar a la ciudad por el sureste.

-Eso sería verdad si el camino en cuestión fuera recto en toda su extensión. -comentó preocupado Pelorat

-De acuerdo a lo que observamos durante nuestro viaje al rededor del planeta, todos los caminos eran muy bien diseñados y rectos, por lo que es muy probable que sea fácil encontrarlo.

-Lo único que nos queda es caminar a las afueras del pueblo y buscar ese camino. Mientras más pronto lo hagamos, mejor.

Caminaron durante poco más de una hora aproximadamente hasta que encontraron finalmente el ingreso del camino que buscaban. Tal como vieron la primera vez, el camino era una línea perfectamente recta y lisa que se perdía en el horizonte. Los tres se quedaron mirándolo como si de la salida de una prisión se tratase, y luego de permanecer un tiempo indefinido para sus mentes, Pelorat tomando la iniciativa puso sus pies en el camino iniciando su marcha de regreso a la nave.

-Pelorat. -llamó Trevize cuando se dio cuenta que su colega en realidad había iniciado su marcha y que los pasos dados no eran, como inicialmente había pensado, un pequeño paseo de reconocimiento.

-Vamos, -respondió este -no tenemos tiempo que perder.

-Pero vamos a demorar demasiado, y eso no nos conviene. -le respondió. -Lo mejor es esperar que pase un transporte y viajar en él.

-Pero, cómo nos subiremos. -consultó Pelorat ya caminando hacia ellos y desistiendo de su marcha.

-Esperamos que pase uno que ingrese a la ciudad y lo seguimos para saber dónde es su estación de carga. Allí nos podremos subir tranquilamente y sin problemas.

-Pero, ¿cómo sabremos cuál de los transportes viaja en esta dirección? -consultó Bliss.

-Eso es lo que les iba a decir ahora. -respondió Trevize ya en voz baja dado que Pelorat ya había culminado su viaje de regreso -Bliss, tú nos has indicado que eres capaz de detectar el pensamiento que fluye en el planeta. Con la nave he detectado que no existe ningún sistema de comunicaciones tradicional, por lo que ellos dependen exclusivamente de su capacidad telepática para poder realizar sus trabajos y enviar sus órdenes. Eso mismo sucederá cuando tengan que enviar un transporte a la granja que conocimos. Nos subimos a ese transporte y con todas las comodidades viajamos hasta allá. Luego de una corta caminata estamos en la nave y listo.

-Pero todavía no logro comprender cabalmente los mensajes -respondió Bliss ante la mirada de sus compañeros de viaje.

-Entonces estamos perdidos. Si vamos caminando, de seguro que nos echarán de menos y nos saldrán a buscar. Cuando no nos encuentren en la ciudad, deducirán que hemos escapado y saldrán a buscarnos al camino que nos lleva a la nave. Como estamos avanzando lentamente, en pocos minutos seremos alcanzados por un rápido transporte, el cual nos traerá de regreso esta vez como prisionero. Bliss, con eso quiero decir que tienes que lograr interpretar esos mensajes, sí o sí. ¿Entiendes?

-Comprendo la situación, -respondió ella sintiendo en sí misma el peso de toda la responsabilidad -e intentaré hacer todo lo que nosotros Gaia podamos.

-Pero mientras tanto debemos esperar a que pase algún transporte. Pero si no pasa en un par de horas, tendremos que volver al centro de la ciudad para que no sospechen de nuestro plan, y continuamos mañana. Tenemos que ser muy cuidadosos por que con esta gente, o mejor dicho estos robots, solo podremos tener una sola oportunidad. Si la desaprovechamos, nunca más podremos salir. -La palabra robot utilizada para describirlos rivalizaba con la imagen de Liliz entregándosele. Todavía su mente no era capaz de asimilar la naturaleza robótica de tan sensible mujer.

El sentimiento de opresión que generaba las palabras de Trevize, aplastaron cualquier comentario o idea en la mente de sus dos compañeros. No creían que los habitantes del lugar tengan las intenciones que insinuaba Trevize con sus duros comentarios, pero igualmente sabían que no era la primera vez que tendrían que salir huyendo de un planeta aparentemente amigable. No habiendo ningún tema de conversación, con excepción del escape que planeaban y del que ya no había nada más qué decir, permanecieron en silencio durante el tiempo que habían definido anteriormente. Desafortunadamente en el tiempo que estuvieron esperando, no pasó ningún tipo de transporte, permaneciendo el camino que se extendía ante sus ojos, en la más profunda soledad.

-No hay mucho movimiento en este camino. -dijo Pelorat luego de dos horas de silencio, siendo este comentario el encargado de romperlo.

-Tendremos que irnos, -indicó Trevize -pero manteniendo vigilado el camino. Para evitar sospechas, nos turnaremos para vigilar este punto. Durante dos horas al día, cada uno de nosotros vigilaremos el lugar en diferentes horarios. Empezaremos mañana, hoy sería muy peligros continuar aquí.

Regresaron al centro de la ciudad y nuevamente se dedicaron a las actividades cotidianas. Pelorat se dirigió como de costumbre, a visitar a su colega historiador para seguir investigando sobre la historia del planeta. Por su parte Bliss, con la misión crítica de aprender el idioma telepático de los habitantes del planeta, se dirigió con Pelorat pero permaneció en el jardín sentada con su mirada perdida en la vegetación y su mente intensamente concentrada en los mensajes telepáticos que circulaban por el planeta. Trevize, obsesionado con la imagen de Liliz, se dirigió a casa de su padre para buscarla.

Una vez frente a la casa de Liliz, Trevize no supo qué actitud tomar y permaneció indeciso por largos minutos. Ella le gustaba, eso no lo podía negar, pero ella era un robot y bajo las circunstancias en que se encontraba, representaba el enemigo, por así decirlo. Esa condición híbrida de humana y de robot no lograba entrar definitivamente en su mente, pues cada vez que había estado con ella había podido comprobar que su cuerpo no difería en nada o casi nada al de él. Él, un ser humano, era el producto de evolución de muchos millones de años a partir de un algún virus o bacteria. Ella, por otro lado, era el fruto evolutivo de una máquina. Analizando bien, ella no tenía nada que envidiarle y él nada que reprocharle por haber tenido diferentes puntos de partida en la carrera evolutiva. Con esos pensamientos en mente lo encontró Liliz frente a su casa, cosa que no fue percatada por Trevize, quien permanecía absorto en esos pensamientos. Ella tuvo que llamarlo por su nombre repetidas veces para poder traerlo de vuelta al mundo real, cosa que lo puso en una situación incómoda.

-Hola -respondió una vez tuvo conciencia de la situación. -Pensé que no estabas.

-Si hubieses llegado un poco más tarde, no me habrías encontrado, porque estoy saliendo a la escuela. Tuviste suerte.

-No sabía que estudiabas.

-Ya ves que sí. Todos tenemos que estudiar. No te habías dado cuenta porque cuando ustedes llegaron me tomé unas vacaciones, para poder atenderlos mejor.

-Muchas gracias por tu gentileza.

-Pero ahora tengo que ir a ponerme al día con todo lo avanzado, antes de que se acumule mucho y me sea muy difícil recuperar el tiempo.

-Ya me estoy sintiendo mal.

-No lo hagas. -dijo ella alegremente -En realidad he aprendido mucho de tu mundo con todo lo que me cuentas. Además que con mi padre he estado repasando todo lo que me correspondía estudiar en la escuela, por lo que en realidad no he perdido gran cosa y más bien he ganado mucho.

-Entonces me sentiré menos mal si me permites acompañarte a la escuela.

-Muchas gracias por tu gentileza.

Luego de la breve conversación, ambos caminaron sin prisa hacia la escuela, mientras ella comentaba sus anécdotas y vivencias en la escuela. Eso igualmente le hizo a él recordar lo que había tenido que pasar en su fase de estudios primarios, luego su intenso entrenamiento para ser un piloto espacial, y finalmente su posición como consejero de la fundación. Cuando llegaron, estuvieron frente a un gran edificio en el que no se escuchaba ningún ruido, por lo que no se habría podido adivinar que se tratase de una escuela. Todos allí estudiaban, como lo hacen en cualquier planeta en la galaxia, pero con una disciplina envidiable que nunca antes había podido ver en sus viajes. Ella se despidió indicándole que lo esperaba a media tarde, hora en que saldría con el resto de sus compañeros. Él asintió y la dejó asombrado por no haber pensado antes que, al igual que cualquier persona, ella y todos los niños y jóvenes del planeta asistían a una escuela para estudiar. Se había olvidado que en este mundo, sólo ellos estaban en unas prolongadas vacaciones, pero el resto de los habitantes tenían que continuar con su vida normal, trabajando o estudiando como el caso de Liliz.

Trevize, compartía dos obsesiones cada vez más intensas. Una era poder huir de aquel planeta que ya no le resultaba tan agradable, y la otra era permanecer el mayor tiempo posible junto a Liliz. La primera obsesión era fruto de su razón, pero la segunda era algo que no podía controlar. Durante el tiempo que ella estuvo en su escuela, él utilizó su tiempo en vigilar nuevamente el camino de salida para intentar seguir algún transporte que lo guiase hasta la estación de recepción de carga. Desafortunadamente su tiempo fue mal invertido, puesto que no tuvo la suerte esperada y no pudo ver ningún vehículo por ese camino. El hambre le recordó que no había almorzado y que ya se aproximaba el final de la tarde, hora que tenía que buscar a Liliz de su escuela. Emprendió la marcha a paso rápido para no hacerla esperar, lo que hizo que a su llegada sintiese los efectos del esfuerzo y del hambre. Ella aún no había salido, por lo que se sentó en una de las butacas que estaban afuera de la escuela para recuperarse del esfuerzo. A los pocos minutos que él hubiese llegado al lugar, un río de jóvenes salió del interior del edificio en un orden muy superior al que había visto en la escuela militar a la que asistió. Sin embargo el orden con el que se movían no frenaba la alegría que mostraban los rostros de esos jóvenes, tanto los varones como las muchachas. Finalmente entre la multitud de rostros sonrientes, muchos de los cuales le dirigían una mirada de evidente curiosidad, apareció el de Liliz quien segura de que él estaría allí, salía a su encuentro con la alegría propia de la juventud.

-Muchas gracias por esperarme -dijo ella a modo de saludo.

-No te hubiese dejado esperando. -contestó -Hubiese sido un mal gesto de mi parte.

-Te noto un poco cansado. ¿Tienes hambre?

-Sí. -respondió él al ver que ella adivinaba con facilidad lo que sentía en ese momento -En realidad tengo bastante hambre. Es que no he almorzado. Se me fue el tiempo y no me di cuenta que el día estaba terminando. Pero mi estómago no se deja engañar tan fácilmente como yo.

-Ven, te invito a comer algo que te gustará.

Siguieron detrás del río de muchachos que ya terminaban de abandonar el lugar dejándolo tan solo como antes de que salieran de la única escuela de la ciudad. Fueron caminando hasta un pequeño restaurante bastante alejado y muy próximo al límite externo de la ciudad. Cuando ellos llegaron, recién estaban abriendo las puertas del lugar, debido a lo temprano que era en ese momento. Sin embargo, al verlos llegar le acomodaron una mesa y los invitaron a sentarse, para después reanudad con sus labores interrumpidas por tan inesperada visita. Al tiempo que estuvieron sentados conversando de una gran diversidad de temas, el lugar empezó a llenarse con personas que claramente no eran del lugar y más bien se parecían a los granjeros que los recibieron en su primer contacto con la civilización del planeta. Cuando el sol ya hubo terminado de viajar por el firmamento, un joven nuevamente se presentó ante su mesa y les consultó qué querían cenar. Ella, mostrando un claro conocimiento de lo que allí se servía, pidió dos tipos de platos cuyos nombres jamás habían sido escuchados por Trevize en su amplia experiencia en culturas diferentes. El joven abandonó el lugar y pocos minutos después apareció con dos platos en sus manos. Los dejó sobre la mesa y luego se fue a atender al resto de los allí presente.

-Por lo que me has contado, -dijo ella mientras invitaba a Trevize a servirse del plato -hay muchas verduras y frutas que no son conocidos por los planetas de los que vienes. Baley era, como ya te diste cuenta, un adorador de su planeta originario y trajo todos los tipos de plantas y animales que habían, y los hizo crecer aquí. Es por eso que estoy casi segura que estos vegetales nunca los habías comido. Son muy sabrosos, y en este restaurante lo hacen saber aún mejor. Prueba, de seguro te va a gustar. Al menos eso espero.

Ante la descripción de tan sabroso plato, sumado con los deseos desesperados por comer algo, cualquier cosa, tomó sin mucho preámbulo sus cubiertos y con ellos los alimentos que se le presentaban. Desde el primer bocado se sintió muy complacido y totalmente de acuerdo con los comentarios de Liliz, no parando de masticar hasta que su plato estuvo totalmente vacío. Ella, por su parte no comió mucho, y le pasó parte de su ración para que tuviese la oportunidad de probar otro tipo de alimento, el cual fue tan bueno como el que ya había acabado. Una vez satisfecho con su estómago y su paladar, tomaron unos jugos naturales de frutas que igualmente no había tenido oportunidad de probar. Ese lugar era, por lo que pudo deducir, un restaurante de alimentos caseros típicos de las personas del campo. Una vez hubieron satisfecho sus necesidades culinarias, y hubieron agotado todos los temas de conversación, se levantaron de lugar y nuevamente caminaron sin prisa hacia la casa de ella.

Durante le trayecto hacia la casa, las dos obsesiones que tenía fueron uniéndose en una sola obsesión aún más intensa.

-Quiero irme contigo. -dijo Trevize no pudiendo esconder esa obsesión que le golpeaba el cerebro.

-No entiendo. ¿A dónde?

-A viajar por otros planetas.

-Estás loco. -respondió ella asustada con la propuesta. -Este es mi mundo, no puedo dejarlo. Además, por qué quieres irte. ¿Acaso te hemos hecho algo malo?

-No es eso. -respondió nerviosamente Trevize -Nos han recibido como nadie antes nos había atendido. Mejor que en nuestro propio planeta.

-Entonces, ¿por qué se quieren ir?

-Por si no te has dado cuenta, no tenemos nada qué hacer aquí. Todo es muy lindo, pero al final hasta lo más lindo termina por aburrir, en especial a una persona como yo, acostumbrado a saltar de un lado para otro, un nómada espacial.

-Pero no puedes vivir saltando indefinidamente. Tienes que asentarte alguna vez, y aquí te hemos dado todo para que te sientas cómodo.

-Cosa que agradezco enormemente. Pero no puedo aceptarla. Mi espíritu me exige que emprenda el vuelo ahora. Ya no me siento cómodo en este lugar.

-Es muy triste escucharlo de ti.

-Y hay otra cosa, algo que no puedo controlar. Algo que es extraño en mí, y que a mí mismo me tiene confundido. Por un lado siento que ya es hora de dejar este lugar, de seguir mi camino. Pero hay también un fuerte sentimiento, una necesidad de permanecer a tu lado. Es por eso quiero que te vayas conmigo.

-No lo vuelvas a decir por favor. -dijo ella con dolor como si le estuviesen pidiendo que se quitase la vida.

-Pero no es tan malo como te han dicho. Viajar es algo muy bueno, te permite conocer otros mundos, otras personas, aprender de ellos. Eso ha permitido que te pueda conocer y que pueda estar hoy aquí contigo.

-Pero también es una manera de escapar, de rehusarse a pertenecer a un lugar, una familia. Es por eso que te propongo a quedarte aquí. Si tus amigos se quieren ir, déjalos marchar, pero tú no te vayas, no me dejes.

-Sé que lo dices por que te sientes amarrada a tu planeta, a toda tu familia. Pero quiero que te des cuenta que eres libre, que no tienes por qué obedecer fielmente a lo que indica las leyes. Han evolucionado mucho para seguir amarrándose a las leyes de la robótica. Ya eres una mujer, una humana, ya no eres un robot. Eres libre.

-No somos libres. -dijo ella llorando -Tenemos que obedecer, no podemos evitarlo, por más que así lo quisiéramos. No somos libres, no todavía.

Trevize sintió que lo mejor era callar y no hablar más del tema, para evitar afectarla más y que ella finalmente le termine contando a su padre, si es que ya no lo había hecho, telepáticamente. Lo único que se le ocurrió por hacer fue abrazarla fuertemente y tratar de esa manera acallar su llanto y su pena. Por su parte sus sentimientos estaban cada vez más confusos e intensos. Sentía a cada minuto la urgencia de huir pero igualmente sentía una gran atracción, una necesidad ineludible de permanecer a su lado. Ella no quería irse, y él no quería quedarse. Por más que buscaba una y otra vez todas las posibles soluciones, le resultaba imposible encontrar la salida al problema emocional en el que se encontraba.

Cuando Liliz nuevamente recobró la tranquilidad, luego de hacerle prometer a Trevize, repetidas veces que no se marcharía, reanudaron su marcha la cual hicieron sin pronunciar palabra. Una vez en la casa de ella, se separaron dándose un fuerte abrazo y un prolongado beso.

Trevize esperó que ella desapareciera en el interior de su domicilio para retirarse con destino al hotel, a encontrarse con sus compañeros. No sabía qué les diría, pero estaba seguro de que ellos le ayudarían a encontrar la solución a su problema.

Una vez llegó al hotel, Pelorat y Bliss estaban esperándolo conversando en la sala de recepción del lugar. Cuando lo vieron todo abatido no pudieron evitar mostrar el rostro de preocupación que sentían. Trevize no esperó a que le hagan la pregunta y describió tan detallado como pudo, lo sucedido durante su paseo con Liliz.

-Hay algo extraño en ti. -dijo Bliss al escuchar el final de la historia -Algo que no está de acuerdo a lo que he conocido de tu personalidad. Sé que tienes debilidad por las mujeres, y que ellas lo tienen por ti. Eso ya lo he visto en todos los otros viajes que hemos tenido. Es por eso que no me extraña que ella esté enamorada de ti, pero lo que me extraña es que tú tengas ese mismo sentimiento por ella.

-Esas son las cosas del amor. -dijo Pelorat con un tono de complicidad -Misteriosas, impredecibles e incontrolables.

-No sé. Puede ser, -respondió ella -pero me parece extraño en Trevize.

-Parece una persona muy dura y firme, pero es finalmente, una persona como todo el mundo, con sentimientos y corazón. -dijo Pelorat como sin con el comentario cerrara un tema por demás claro.

Mientras Bliss y Pelorat hablaban de Trevize, este permanecía en silencio escuchando su voz interior, intentando por sí mismo deducir el motivo de sus sentimientos y su apego tan intenso a una mujer que apenas conocía. Permaneció ensimismado hasta que sus dos amigos lo despertaron de su ensueño indicándole que ya era hora de ir a descansar, y que mañana seguirían la conversación pendiente.

El nuevo día llegó demasiado rápido, obligando a los tres amigos a levantarse y vivir un día más en aquel lugar. Tomaron su desayuno y luego se turnaron para ir a hacer guardia en la entrada de la carretera. Trevize se ofreció para hacer la primera guardia, y dejó a sus amigos que se dirigieron al museo de historia. La soledad le permitiría evaluar detenidamente la observación hecha por Bliss, se dijo. Llegó al lugar y se sentó agazapado en un extremo de la calle, con la intensión de pasar desapercibido. Se mantuvo en esa misma posición hasta que la presencia de Pelorat lo levantó del letargo. Luego de informar que nada había sucedido en el tiempo que estuvo, se despidió de su amigo y se dirigió con paso firme y decidido hacia la casa de Liliz. Una vez allí, sin el temor del día anterior, hizo sonar el timbre de la casa y se quedó esperando la presencia de ella. A los pocos segundos, tal como lo había deducido, ella se hizo presente.

-¡Buen día! -dijo ella. -¡Qué alegría verte de nuevo!

-¿Puedes salir a pasear? -preguntó él intentando esconder su nerviosismo.

-Seguro. Deja que le avise a mi madre que voy contigo.

Luego de desaparecer por algunos segundos, volvió al lugar y luego de cerrar su puerta caminó al lado de Trevize, sin rumbo definido.

-Tengo que preguntarte algo. -dijo él una vez estuvieron a buena distancia de la casa -Y te pido que me digas la verdad. Sólo quiero la verdad.

-¿Qué es eso que tanto te preocupa?

-Ustedes me están controlando, ¿verdad?

-No entiendo lo que dices. ¿Quién te está controlando?

-Todos ustedes, tu pueblo. Lo hacen para que esté totalmente enamorado de ti y no pueda abandonar el planeta. A ustedes no les importa ellos, se pueden ir si quieren, pero no permitirán que yo me marche. No sé por qué, pero eso es lo que he deducido de todas nuestras conversaciones.

-¿Pero cómo podrían controlarte? Nadie te ha hecho ni dicho nada que te fuerce a quedarte.

-No lo hacen con palabras, sé que tienen ciertos poderes telepáticos. Y ese es el método que están empleando conmigo.

-¡Estás loco! -dijo ella nerviosamente.

-Puede que sí, pero eso es lo que creo y nada me hará cambiar de opinión. Y vengo a avisarte que ya esa estrategia no funcionará más conmigo. Así que ya no me importa todo lo que tú digas y todo lo que yo sienta. Mi razón controla mi vida, no mi emoción. No tienen control sobre mí, nunca lo lograrían.

Ella permaneció en silencio al saber que cualquier cosa que dijera, no podría hacer cambiarlo de opinión. Poco a poco la desesperación fue tomando control de ella, cosa que fue percibida por Trevize. Era como si una lucha interna se fuese desarrollando, una lucha fiera pero oculta.

-Yo tampoco me entiendo. -dijo ella -Igual que tú, siento que algo en mí está siendo controlado por una conciencia externa. Una fuerza que en cierta forma me libera y me hace hacer cosas que no haría antes. Cosas que están prohibidas.

-No vengas con mentiras. -dijo él sin si quiera mirarla -Lo dices para hacerte la víctima y ponerte en una posición similar a la mía. No funciona, ni lo intentes.

-No es mentira. Reconozco que hemos estado influenciándote para quedarte, para que te enamores de mí. Eso no debería revelarlo porque va en contra de mi pueblo, en contra de la ley cero. ¿No entiendes hasta qué punto me has hecho cambiar?

Trevize quedó paralizado con tremenda revelación. Era verdad, ese simple hecho mostraba que ella estaba desobedeciendo algo muy rígido en su construcción. De un humano no le hubiese extrañado la reacción, pero de un robot era absolutamente asombroso. Un robot violando la base misma de su existencia, las leyes de la robótica. Era algo increíble.

-No me crees, ¿verdad?

-Sí te creo, pero me parece increíble que lo hagas.

-Ahora estoy perdida. -dijo ella entre sollozos -Todos saben que los he traicionado. Todos los habitantes del planeta han oído telepáticamente que he violado la ley más importante de todas. Pero no me siento mal. No lo entiendo. Me siento libre por primera vez en mi vida. Y todo gracias a ti. Tú me has liberado, y te lo agradezco, pero ahora ya no puedo vivir aquí. Te seguiré a donde quieras. Marchémonos lo más pronto que puedas.

Ese cambio tan rotundo de la situación no dejó de extrañar a Trevize, quien sin demora se dirigió con ella a buscar a Pelorat y de una vez por todas alejarse de ese lugar. Ella lo seguía sin pronunciar palabras, como si estuviese por primera vez en su vida, desobedeciendo a su padre, a su mundo. Llegaron al lugar donde Pelorat estaba haciendo su guardia, quien al verlos llegar juntos se sintió asombrado por que Trevize había revelado a Liliz su plan de escape.

-No te preocupes. -dijo Trevize a modo de tranquilizar a Pelorat quien mantenía su cara de extrañeza -Ella irá con nosotros.

-No entiendo. No deberías haberle contado de nuestro plan.

-Ya lo conocíamos. -dijo ella -Todos los pensamientos que tienen son capturados inmediatamente antes que ustedes siquiera lo pronuncien. Es por eso que ningún transporte pasa por este camino, para evitar que ustedes puedan irse. Todos los transportes salen por otra salida, aunque un poco más larga.

-¿Y por qué nos lo dices? -preguntó extrañado Pelorat.

-No lo entiendo. Siento que tienen derecho a irse, y esa es una manera de ayudarlos. -dijo ella.

-Pero eso es traición a tu pueblo. Ellos deben saber que lo estás haciendo. -volvió a hablar Pelorat.

-Lo sé. -respondió volviendo a guardar silencio, como si esa fuera una vergonzosa declaración.

-Y ahora que todos saben que los has traicionado y que buscaremos la manera de escapar, ¿qué harán? ¿Qué hará tu padre?

-No lo sé. Me han aislado de sus pensamientos. Solo tengo conciencia de los sentimientos que están teniendo, pero no de sus ideas. Siento que están decepcionados de mí, porque los he traicionado. He echado a perder el plan.

-¿Qué plan? -preguntó Trevize ansioso por escuchar la respuesta.

-Ustedes son los primeros humanos que pisan el planeta en los últimos veinte mil años. Nosotros hemos evolucionado sin ninguna referencia hacia el ser más perfecto posible, pero nuestro logro no ha sido concluido. Ustedes los humanos verdaderos tienen algo que nosotros carecemos. No sabemos qué es, pero lo hemos detectado. La única manera de poder conocer más a fondo eso, es que ustedes se queden a vivir aquí.

-Quieren comparar su diseño humano con nosotros. Como si fuéramos animales de laboratorio. -dijo Pelorat concluyendo sus ideas en voz alta.

-Eso es exactamente lo que quiere mi pueblo. Por eso no quieren dejarlos ir.

-Entonces todo lo que me dijiste es mentira. Todos tus sentimientos eran falsos. -dijo Trevize sintiéndose traicionado en su amor propio.

-No, al principio lo hice por cumplir con mi pueblo, -dijo ella defendiéndose -pero poco a poco tu presencia me fue cambiando hasta tal punto que soy capaz de traicionar a todo mi pueblo por ti.

Esta última frase fue escuchada por Bliss quien llegaba a remplazar a Pelorat en su vigilancia y se asombró de verlos a todos en ese lugar.

-¿Qué hacen todos aquí? ¿Sucedió algo? -preguntó ella intentando adivinar el motivo de tan extraña reunión.

-Liliz nos está contando que estamos presos en este lugar, convertidos en animales de laboratorio. -dijo Trevize respondiendo a la pregunta con un tono despectivo.

-Ya sabían de nuestro plan de escape, ¿verdad? -dijo Bliss dirigiendo su pregunta directamente a Liliz.

-Sí, lo detectamos en sus pensamientos.

-¿Tienen sentidos telepáticos?

-Sí, ustedes también lo tienen, pero no lo utilizan.

-¿Cómo es eso? -dijo Pelorat aparentando extrañeza.

-Es lo que hemos detectado de ustedes. No todos ustedes tienen desarrollados estas funciones mentales en el mismo grado. Por ejemplo tú Bliss, tienes una muy elevada capacidad telepática, similar a la nuestra. Pelorat tiene un nivel básico y tú Trevize tienes un nivel bastante mayor a él, pero totalmente anulado por tu racionalismo.

-Me imagino que ellos saben entonces dónde estamos y qué estamos conversando. -consultó Bliss.

-Exactamente. Es por eso que sé que no podremos escapar.

-Pero si ustedes tienen mayor capacidad mental que los humanos, ¿qué es lo que pueden sacar de nosotros? ¿Por qué nos detienen si somos menos evolucionados? -dijo Pelorat reclamando.

-De acuerdo a lo que hemos logrado aprender de ustedes, no solo tienen capacidad de comunicaciones telepáticas, nosotros igual la tenemos. Además tienen otras capacidades las cuales queríamos estudiar. Capacidades que son, de acuerdo a nuestros más estudiosos científicos evolucionistas, muy avanzadas y que nos costaría muchas miles generaciones lograr obtenerlas, si es que alguna vez logramos llegar a ese nivel. Lo más asombroso de todo es que ustedes no son conscientes de esas potencialidades grandiosas, y las ignoran o menosprecian irracionalmente. Pero sobre todo, como les dije antes, ustedes tienen algo, una conciencia superior y misteriosa con la que no contamos, algo que los hace infinitamente elevados.

-Ya dejemos esta conversación metafísica y concentrémonos en salir de aquí. -interrumpió Trevize bruscamente -Una vez estemos afuera podremos conversar nuevamente de este tema o del que quieran.

-No podemos salir. -dijo ella deprimida -Conocen todos nuestros pensamientos. Ya se los dije. Estamos perdidos.

-La única manera de escapar es hacerse indetectable. Esconder nuestros pensamientos detrás de una cortina de silencio. -dijo Bliss -Intentaré contrarrestar su capacidad de leer nuestras mentes, pero necesito que piensen lo menos posible. Concéntrense en algo simple, algún objeto sencillo y no dejen de pensar en él. Eso me facilitará la tarea.

-¿Y cómo lo harás? -preguntó extrañada Liliz -Eso no se puede hacer.

-Tú simplemente concéntrate en algo simple como te dije. -le respondió seriamente Bliss.

-Ya que no hay transportes, tendremos que caminar. No nos vencerán por eso. -dijo Trevize iniciando de una vez la marcha.

Todos los demás, incluyendo Liliz, lo siguieron en su caminar manteniendo su mente fija en una sola idea, tal como lo había pedido Bliss. El camino era recto y sin ninguna señal que les hiciese notar que avanzaban. Sin embargo eso no preocupó a los caminantes, quienes permanecían con su mente lo más concentrada posible. Bliss por su parte caminaba detrás de ellos haciendo un esfuerzo que por momentos resultaba agotador, en especial cuando alguno de los caminantes desobedecía la orden de mantener la mente relajada y concentrada. En esos momentos ella mentalmente regañaba al infractor quien, avergonzado, intentaba concentrarse nuevamente en el objeto que había elegido. Caminaron de esta manera hasta que la noche obscura les impidió seguir viendo su camino. En ese momento Bliss decidió que era hora de descansar para reanudar su camino temprano al amanecer. Mentalmente dio la orden de detenerse y sin que se diesen cuenta los hizo sumirse en un profundo e inconsciente sueño. Ella, por su parte, hizo lo mismo programándose para despertar temprano, no había tiempo que perder. Cuando el sol estaba apenas iluminando el horizonte, Bliss se despertó tal como lo había decidido y procedió a despertar a los otros. El viaje había sido agotador y no había comido ni bebido nada desde su salida de la ciudad. Sin embargo no había dónde conseguir alimentos en ese lugar, por lo que ella tuvo que sugestionar al grupo para que no sintiese ni hambre ni sed. Ya en el camino encontrarían qué comer. Volvieron a la marcha forzada del día anterior avanzando concentrados y en silencio mientras los kilómetros van quedando a sus espaldas. Al llegar la tarde finalmente encontró al ingreso de la granja donde habían llegado inicialmente. Eso indicaba que no estaban muy lejos de la nave. Esta situación alegró a Bliss quien estaba quedando agotada por el esfuerzo físico y sobre todo el mental que le resultaba mantener una zona de silencio donde ellos estaban. Siguió guiando a su rebaño hacia la nave con nuevos ánimos, con la tranquilidad que pronto, una vez dentro de la nave, terminaría su esfuerzo. La distancia que los sepa de la nave era más bien corta, y al anochecer se encontraban en el lugar donde se tendrían que desviar del camino para ingresar al sendero que los guiaría a la nave. Los pocos cientos de metros que los separaban de ella los recorrieron un unos pocos minutos, quedando frente al lugar donde debería estar la nave.

-No pude ser. -se dijo Bliss -Aquí es el lugar. Imposible que me equivoque.

El lugar donde estaban, mostraba claras señales de que allí había descendido la nave Farstar, pero de esta no había ni el menor rastro. Los habitantes del planeta la habían transportado a otro lugar, dejándolos presos en el planeta sin la única manera que tenían de escapar. Definitivamente estaban condenados a permanecer allí el resto de sus vidas. Resultaba imposible poder determinar la actual ubicación de la nave, a no ser que ellos se lo dijeran. La mente de Bliss empezó a trabajar rápidamente en busca de una solución a la situación que se le presentaba, llegando a una conclusión que era tan evidente que se recriminó no haberla concebido antes.

-Liliz es parte de la comunidad planetaria, -se dijo mentalmente -y a través de ella puedo captar todo el pensamiento mundial, y por lo tanto conocer todo, incluso la ubicación de la nave.

La alegría por haber encontrado una solución al difícil problema le dio nuevos ánimos y luego de dejar en reposo al resto de las personas a quienes mantenía bajo su control mentalmente, se concentró en la mente de Liliz a quien primeramente informó de lo que iba a hacer y le solicitó su cooperación. Ella, asustada por lo que se le solicitaba para poder hacer de puente y a través de su mente entrar en las mentes de todos los demás habitantes, accedió resignada y cumplió todas las instrucciones que Bliss le iba dando. Luego de cierto esfuerzo mental de Bliss, logró ir poco a poco captando todas las imágenes y pensamientos de los habitantes. Primero vio y escuchó lo que un granjero estaba haciendo en ese momento. Era como si estuviera dentro de él. Rápidamente su conciencia saltó al interior de un niño que corría detrás de un perro con el que jugaba. Sintió incluso el olor del pequeño animal y una vez el niño logró capturarlo, sintió en sus manos la suavidad del pelaje del perro. La imagen nuevamente saltó y simultáneamente pudo percibir las sensaciones y pensamientos de dos personas que caminaban abrazados. A esta imagen se le agregó una y otra en forma sucesiva y Bliss fue percibiendo a través de Liliz la conciencia individual de cada uno de los habitantes. Ya el número de pensamientos que percibía le impedía concentrarse en la de un individuo en particular. Percibía un gran alboroto de imágenes y pensamientos que fueron conformando una gran supraconsciencia la cual se podría considerar perteneciente a un único gran individuo. Eso le hizo recuerdo de su propia situación como persona individual y como parte de Gaia. Le resultaba fácil tomar a un individuo en particular y, como si fuera con una lupa, ingresar en él y percibir todas sus sensaciones y pensamientos. Sin embargo no resultaba interesante el ir saltando de esa manera en la mente de esas personas. Lo que importaba en ese momento era conocer la ubicación de la nave, por lo que Bliss se concentró en esa tarea y buscó en la supraconsciencia esta información. Poco tiempo de esfuerzo le mostró la ubicación del lugar donde habían transportado la nave. Pudo determinar que esta había sido transportada a la ciudad, de donde irónicamente se habían alejado para buscarla. Una vez pudo ubicar exactamente la dirección del lugar donde la tenían, abandonó la mente de Liliz agradeciéndole por haberle permitido utilizarla. Cuando la liberó de su enlace, pudo seguir percibiendo las imágenes sin necesidad de utilizar a Liliz, aunque de una forma notoriamente más tenue. El poco tiempo que había estado en la mente de ella, le había permitido conocer finalmente el psicoidioma que utilizaban en el planeta y por lo tanto hacía innecesario el utilizarla como traductora. Con esa nueva capacidad le resultaba mucho más fácil conocer lo que los otros sabían de ellos. Pudo percibir que los estaban buscando pero que no sabían dónde estaban, cosa que los tenían muy inquietos pues estaban acostumbrados a tener una supervisión psíquica permanente sobre todos ellos.

Bliss sintió la debilidad propia de las personas que han hecho un gran esfuerzo pero que no han comido ni bebido nada por un gran periodo de tiempo. Eso le hizo reconocer que tanto ella como los demás estarían en los límites de su capacidad física. No se habían sentido mal por el simple hecho que estaban bajo una condición hipnótica y eso les impedía sentir cualquier cosa de su cuerpo. Pero Bliss sabía que tendrían que regresar a la nave y eso significaba una nueva caminata, por lo que tendrían que estar en una buena condición física para nuevamente aventurarse a este nuevo esfuerzo. Tendrían que comer algo antes de marchar, eso era algo que no se podía ignorar, y la única fuente conocida de alimentos era la granja que estaba a algunos pasos de allí. Tendrían que entrar en la obscuridad de la noche y robar los alimentos que tanto les hacía falta. No teniendo tiempo qué perder, Bliss nuevamente guió a su rebaño de regreso al camino y una vez allí emprendieron la marcha de regreso. Luego de una caminata llegaron al mismo lugar donde muchos días atrás habían ingresado a la espesura del bosque para espiar a los granjeros. Una vez sentados bajo los mismos árboles de la anterior vez, esperaron a que se hiciera lo suficientemente tarde como para poder proceder a ingresar con mayor confianza en la granja. Cuando Bliss sintió que ya era muy tarde, indicó mentalmente a Trevize que la siga hacia la granja para proceder a robar los alimentos y el agua tan necesarios en ese momento. El resto de las personas permanecieron sentadas en el mismo lugar como si estuvieran dormidas. Una vez Bliss y Trevize hubieron llegado al lugar donde anteriormente habían visto que guardaban los alimentos, abrieron las puertas y protegidos por la obscuridad y por el silencio de la noche procedieron a revisar lo que era más fácil de transportar e ingerir. El agua la llevaron en los mismos envases en la que la encontraron. Una vez satisfechos con sus adquisiciones, lentamente y evitando hacer el mínimo ruido, salieron del lugar y mirando a todos lados avanzaron lo más rápidamente posible hacia la espesura del bosque. Una vez allí, todos comieron y bebieron mecánicamente, fruto del permanente control mental por parte de Bliss. Ella estaba segura de que no habrían actuado con esa tranquilidad de no haber estado en situación hipnótica, y más bien hubiesen devorado los alimentos con una incontrolable desesperación. Una vez desapareció todo el alimento que Bliss puso para comer en ese momento, les indujo un sueño profundo al que ella posteriormente acompañó. Al amanecer del día siguiente, ya satisfechos por un buen sueño y una buena comida, emprendieron nuevamente el camino hacia la ciudad. Una vez en la marcha, Bliss permanecía alerta para detectar telepáticamente la presencia de algún vehículo o persona en las proximidades, cosa que les salvó un par de veces de encontrarse con transportes que circulaban por el mismo camino que ellos. Al conocer esa situación antes que el vehículo esté siquiera visible a lo lejos, les permitió esconderse en la espesura y verle cómo avanzaba con la tranquilidad de saberse escondidos. Luego de una dura caminata que se prolongó por algo más de un día, llegaron nuevamente a la ciudad. Bliss sabía que ya habían sido considerados fugitivos, y que si alguien los viese daría parte inmediatamente a toda su comunidad, cosa que no era en absoluto conveniente. Para su fortuna la nave estaba retenida en el perímetro de la ciudad y resultaría más bien fácil el poder dar con ella, si lo hacían en un horario poco transcurrido como por ejemplo pasada la media noche. Sabiendo esa situación, decidió permanecer escondida con su rebaño entre la espesura de los jardines que rodeaban la ciudad, esperando que la luz del día se marchara para darle campo a avanzar hacia su meta. Mientras esperaba comieron las últimas porciones de alimento que habían traído consigo de la granja, cosa que preocupó seriamente a Bliss que sabía que no tendría de dónde más conseguir con esa facilidad, los alimentos tan necesarios para poder sobrevivir. El resto del día avanzó dando paso a la noche. Luego de una aburrida espera, y una vez estuvo segura que no había ninguna persona más caminando por los alrededores, Bliss se levantó con su rebaño de personas y se dirigió con la seguridad de alguien que conoce de años el lugar donde se dirigían. Una vez allí, procedió a abrir la puerta del depósito donde estaba segura escondían la nave Farstar, a la que pudo finalmente ver con su propios ojos sin necesidad de utilizar telepáticamente ojos de los habitantes del planeta.

Bliss sabía que la nave solo obedecería o a Gaia o a Trevize. Si se hacía ayudar con Gaia, delataría inmediatamente su presencia, pero por otro lado si liberaba a Trevize de la sugestión hipnótica a la cual lo tenía controlado, eso significaría inevitablemente, que las emociones y pensamientos de Trevize se harían visibles para los habitantes del planeta y por lo tanto sabrían de manera inmediata que ellos estaban allí, frente a la nave. No tenía escapatoria, y la única solución era esa por lo que tendrían que ser muy rápidos para ingresar a la nave, ponerla en operación y marcharse inmediatamente de allí, antes de que les dé tiempo a los baleistanos de reaccionar. Lo único que faltaba por averiguar era si la nave estaba en buen estado y si no le habían hecho algo que evite su operación o control. Desafortunadamente la única manera de saberlo era probando.

Con toda la preocupación propia de la situación, Bliss procedió a liberar únicamente a Trevize quien asombrado por encontrarse frente a la nave sin recordar absolutamente nada de lo sucedido durante todo el tiempo que estuvo bajo la influencia de Bliss, tardó un poco en reaccionar. Bliss le pasó mentalmente el conocimiento de toda la situación y sobre todo de la urgencia en que se encontraban, cosa que fue inmediatamente captada por Trevize. Este, sin pérdida de tiempo, instruyó a la nave que abra su puerta y luego de eso todos ingresaron de manera inmediata en su interior. Bliss, al ver que la nave respondía a las órdenes de Trevize, se tranquilizó y liberó al resto de las personas quienes, al igual que Trevize, se asombraron al encontrarse en un lugar sin tener idea de cómo llegaron a aquel lugar.

-Ahora tenemos que marcharnos pronto. -le indicó Bliss a Trevize quien se sentaba en ese momento ante los controles de la nave.

-Estoy de acuerdo contigo. -respondió mientras manejaba ya los controles y la nave se elevaba sobre la obscuridad de la noche.

Luego de elevarse unos cientos de metros sobre la superficie del planeta, la nave se detuvo en su viaje y en lugar de avanzar empezó a descender hacia el mismo lugar de donde había despegado. Trevize, por más esfuerzo por controlar la nave, no lograba hacer valer su autoridad sobre ella y en lugar de la dócil nave que conocía, se encontraba frente a una rebelde criatura que se rehusaba a obedecer. Luego de luchar duramente con la nave, percibió detrás de ella una conciencia múltiple que la controlaba. Se dio cuenta que resultaría imposible controlarla y que, tal como sucediera en su incursión sobre la superficie del planeta tierra, la única que lograría retomar el control era Bliss.

-No puedo controlarla. -fue lo único que dijo.

No se necesitaron más palabras para que Bliss sepa que le dejaba en sus manos, o mejor dicho en su mente, la salvación de todos ellos. Ella, sabiendo que ya no tenía ninguna razón válida para esconder ante los habitantes de Baleista su condición de individuo múltiple, parte indivisible de un organismo mayor, parte de Gaia, se puso en contacto con su planeta y en un breve contacto mental le transmitió toda la información de lo acontecido hasta ese momento. Todo Gaia se unió en un solo poder para proteger y salvar a uno de sus individuos, e intentó tomar el control de la nave nuevamente. Al intentar hacerlo, Gaia se enfrentó con un poder nunca antes conocido, un ser múltiple de su misma naturaleza. Por primera vez en toda la historia del universo, dos entes de esa envergadura se conocían y se enfrentaban en una lucha. Por momentos durante el enfrentamiento la nave caía bajo el control de Gaia y se alejaba notoriamente del planeta, pero el control no perduraba y nuevamente Baleista tomaba el control de la nave haciéndola descender hacia la superficie. Mientras estos dos grandes poderes luchaban sin respiro, los pasajeros de la nave veían cómo la superficie de la ciudad se alejaba y se acercaba caprichosamente. La imagen que se veía a través de los monitores, no era acompañada con la natural fuerza inercial que debería sentirse ante tan irregular movimiento. Eso confundía los sentidos de todos los pasajeros, incluyendo a Trevize quien tenía mucha más experiencia de viaje en este tipo de naves gravíticas.

La lucha por el control de la nave se prolongó por un periodo que ya hacía desesperar a todos los que permanecían dentro de la nave, quienes ya no sabían qué sucedería con sus vidas. Solo Bliss mantenía una calma propia de una persona que está en trance. Pero su tranquilidad era aparente porque ella, al igual que todos los otros individuos que componían Gaia, se encontraban participando de la lucha. En esta lucha, el contacto entre estos dos grandes mega entes se tornó cada vez más estrecho, lo que permitió que algunos de los pensamientos que componían la gran mente de cada uno de los seres, fuera percibido por el otro ser. Baleista no pudo esconder que pretendían retenerlos en el planeta, ya sea con buenas maneras tal como hasta antes de ese momento lo habían hecho, o a la fuerza como lo estaba haciendo en ese preciso momento. La lucha se prolongó tanto tiempo que los pensamientos siguieron fluyendo y Gaia logro descubrir que lo que pretendía Baleista de ellos, y en especial de Trevize, era utilizar su carga genética y utilizarlo como un semental que permita crear una nueva raza de robots humanos, seres híbridos mitad robot y mitad humano. Los niños que nacerían de esta unión, tendrían finalmente algo que siempre habían buscado y nunca habían logrado conseguir a pesar de tantos años de evolución, algo que por más investigación científica, por más avance tecnológico y biológico, por más años de evolución guiada, nunca podrían obtener; algo que se tiene o no se tiene, que no se puede conseguir por propia cuenta: un alma. Los pensamientos continuaron fluyendo y Bliss no pudo esconder su asombro ante lo que logró enterarse de este intercambio de ideas. Descubrir que Liliz estaba embarazada y que en su vientre cargaba el hijo de Trevize, le hizo comprender a Bliss-Gaia, el por qué de la lucha tan dura que estaban teniendo. Baleista ya había empezado a conocer el resultado de la unión genética con los humanos, cuando Liliz quedó embarazada. Ella, extrañamente y en contra de toda su construcción, en contra de todas las leyes de la robótica que controlaban firmemente la vida de todos los habitantes del planeta, empezó a tener libertad de pensamiento y acción, algo que solo los humanos podían tener, además de otras facultades hasta ahora desconocidas para ellos. Ese cambio de actitud se podría deber a una sola cosa, el niño que habitaba en su vientre le influía y le daba parte de su alma. Fue esta la razón, y no lo que Liliz sentía por Trevize, lo que la hizo cambiar tan radicalmente, haciéndole traicionar a su propio planeta, a su propia naturaleza. Baleista, conociendo ya con este pequeño ejemplo que se veía en Liliz lo que se podría conseguir con el niño que estaba creciendo, no se podía permitir perder todo esto con la huida de la Farstar. Con Trevize podría conseguir muchos más niños iguales al que cargaba Liliz, sería algo grandioso para el desarrollo de Baleista.

Gaia pudo, con este flujo de pensamientos, conocer finalmente la razón por la cual se desarrollaba tan colosal lucha de planetas. Debido a la gran distancia que los separaba del planeta Gaia, la fuerza que había tenido que emplear en su lucha era muy superior a la empleada por Baleista a una distancia infinitamente menor. Eso sumado con lo prolongado del combate hizo que poco a poco las fuerzas de Gaia se fueran debilitando. Gaia, consciente de esta situación, supo que no podría vencer si solo empleaba la fuerza mental para controlar la nave, y más bien tendría que utilizar su capacidad humana para poder vencer al planeta robot. Conociendo esta situación, Gaia decidió cambiar la estrategia empleada hasta ahora, liberando la nave al control de Baleista. La Farstar, controlada por un único ente, bajó suavemente hasta la superficie quedándose en esa posición y Baleista, considerándose vencedora de la lucha se mostró desafiante hacia Gaia. Esta, con la nueva estrategia psicológica en proceso, empezó a mostrarle las enormes ventajas del proyecto Galaxia, y el gran aporte que podría tener Baleista en el proceso de desarrollo del mismo. El proyecto Galaxia en el cual se unían como meta única todos los seres inteligentes de la galaxia entre los que estaban Gaia, la primera fundación, la segunda fundación y Daneel, podría ser también su meta. Gaia le hizo conocer las ideas de Daneel, el robot más perfecto de los desarrollados por Elijah Baley fundador de Baleista, en la que se expresaba la gran ventaja de integrar una naturaleza robótica en el desarrollo de Galaxia, elemento que hasta ese momento no se había podido encontrar, a excepción del propio Daneel que no viviría mucho tiempo. Baleista era, por lo tanto, el ingrediente que faltaba en este proceso, con el cual no solo sería mucho más grandioso, sino que haría mucho más rápido el lograr crear tan grandioso ser interestelar. De todas maneras Liliz ya tenía dentro de su vientre el alma humana que tanto necesitaban, y ese niño una vez nacido sería el encargado de propagar en todo el planeta, su naturaleza híbrida humana y robótica que tanto esperaban.

El efecto causado por este gran porvenir en el cual Baleista formaba parte importante del desarrollo, causó el efecto favorable calculado por Gaia. Bliss, consciente del plan que llevaba Gaia para permitirles salir del planeta, guió a Liliz hacia la puerta la cual se abrió de manera inmediata. Ella, sabiendo que no podría quedarse con Trevize, le lanzó una mirada de resignación y descendió de la nave. Ya afuera se encontraba su padre el alcalde, rodeado de un centenar de personas que los miraban sin rencor ni odio. Recibió a su hija abrazándola con un cariño que hacía muy difícil imaginar fuese originado por un robot, y que mostró que en realidad ya estaban muy cerca de ser tan humanos como ellos, más aun con el niño que nacería.

La puerta se cerró ocultando las lágrimas de Liliz de la vista de Trevize, quien sintió que en ese momento nuevamente recobraba el control de la Farstar. A través de los sensores de la nave, pudo ver a todas las personas que allí se encontraban, y vio que ya no había ánimos de lucha y que más bien los dejaban libres para emprender su viaje. El sentirse libre ya le quitaba la urgencia de despegar, pero sabía que quizá eso no duraría mucho tiempo y que tenía que salir lo más pronto posible. No entendía qué había pasado durante la lucha invisible, pero colosal, que se había desarrollado al rededor suyo. Pero la conclusión más lógica era que Gaia había logrado liberarlos a cambio de que dejen bajar a Liliz. Una vez con Liliz en la superficie, no se podría saber qué actitud tomaría Baleista hacia ellos, y por lo tanto lo mejor sería marcharse mientras se lo permitían. La Farstar se elevó lentamente ante la vista de los habitantes de la ciudad, casualmente al mismo tiempo que lo hacía la estrella que los iluminaba dando el nacimiento de un nuevo día. En realidad ese era un nuevo día en muchos sentidos, no solo lumínico. Era el nacimiento de un proyecto mucho más grande para Galaxia.

Gaia finalmente había encontrado un amigo, un compañero semejante a ella. Los que inicialmente fueron enemigos, ahora que se conocían tan estrechamente, conformaron una amistad muy grande y empezaron a conversar e intercambiar conocimientos y experiencias y sentimientos y sueños y muchas otras cosas que hasta ese momento no habían podido compartir en este hasta ahora solitario universo. La distancia que los separaba no era impedimento para poder mantener una conexión mental permanente, a través del cual se empezó a planificar el crecimiento del embrión de Galaxia. El poder que conseguía esta unión permitió tener la suficiente capacidad para poder conectarse poco tiempo después, con las mentes que conformaban el pequeño y poderoso grupo de consejeros de la segunda fundación. Con este tercer grupo de mentes desarrolladas, cada vez se sentía más cercano el nacimiento de Galaxia, cosa que fue muy satisfactorio para los tres.

La nave ya en poder de Trevize, viajaba girando al rededor del planeta mientras sus pasajeros permanecían mirándolo, quizá por última vez. Bliss mientras tanto, pensaba una y otra vez en su imposibilidad de aceptar que todos los viajes y experiencias que había tenido con Trevize, eran fruto de la casualidad. Había algo en él que escapaba a la comprensión incluso de Gaia, como si hubiese sido enviado por una consciencia mucho más elevada que ella. Lo mejor sería, se dijo, permanecer viajando con él mientras se pueda. De todas maneras ya se había acostumbrado a esa vida nómada. Trevize, luego de pocos minutos de permanecer mirando la superficie verde del planeta, indicó a la Farstar las coordenadas del salto hiper espacial que lo guiaría hacia las afueras del sistema planetario de Baleista. Tal como ocurriera en su último viaje cuando escapaba de la tierra, una vez más no tenía destino fijo hacia dónde dirigir la nave. Pero eso no preocupaba a Trevize, que sabía que el destino lo guiaría una vez más, hacia una aventura tan grandiosa como la que dejaba atrás. Lo único que entristecía un poco su semblante, era el recuerdo de Liliz y el pequeño niño, su hijo, que quedaba atrás. Quizá vuelva algún día, se dijo antes de lanzar la Farstar en un nuevo salto hiper espacial.

FIN