CAPÍTULO II

Hacía años que Hermione había perdido la pista a Draco Malfoy. Después de la guerra, Draco no regresó a Hogwarts a continuar con sus estudios, al igual que muchos otros alumnos, pero el nombre de la familia Malfoy aparecía casi cada día en la portada de El Profeta. Su juicio fue bastante sonado ya que Lucius se libró de ir a Azkaban tras revelar el nombre y el paradero de varios mortífagos huídos de la justicia. Su condena se limitó a permanecer dentro de Inglaterra y a someterse a vigilancias periódicas por parte de los aurores, algo que parecía insuficiente para un sector de la sociedad que había sufrido tanto. Pasado un tiempo esas vigilancias eran cada vez más espaciadas y la gente parecía haber olvidado el apellido de los Malfoy incluso para criticarles. Cuando Draco se comprometió con Astoria Greengrass, la miembro más joven de una de las familias sangre pura más antiguas de Reino Unido, Corazón de Bruja publicó una pequeña reseña. Los Greengrass, al no haberse posicionado a favor de Voldemort durante la guerra, conservaban su prestigio social y sus negocios intactos, así que era obvio que suponía una relación ventajosa para Draco. Sin embargo, la aparente felicidad de la pareja duró poco, ya que Astoria fue descubierta en actitud cariñosa con otro hombre por las calles de Londres, y todas las revistas del corazón se hicieron eco de que los intentos del joven Malfoy por recuperar su antigua posición social habían fracasado. Durante meses Draco salía casi cada día en las revistas del corazón bajo llamativos titulares que le hacían poseedor de tener el corazón roto y la cara demasiado dura, y los periodistas encontraron la excusa perfecta para volver a sacar su pasado como colaborador de Voldemort. Tras meses de bombardeo periodístico y de preguntas insidiosas, fue como si Draco hubiera desaparecido de la faz de la tierra. Dejó de vivir en Inglaterra y Hermione, y todos en realidad, no volvieron a saber nada de él. Nada hasta esa noche en el rellano de su edificio.

Hermione no podía dejar de darle vueltas. ¿Por qué había vuelto? Y, lo más etraño de todo, ¿Por qué vivía en su edificio? Aquel lunes, al salir del trabajo, había quedado con Harry y Ginny en "El Caldero Chorreante", y les contó lo sucedido.

-¿Y qué te dijo? ¿Fue grosero contigo? .- preguntó Ginny.

-No, en realidad no hablamos mucho. Creo que se dedica a algo relacionado con las pociones. Demostró bastantes conocimientos sobre la poción que estaba preparando Andy.

-Ya sabemos que Snape le favorecía mucho en sus clases, ha debido de servirle para algo...- murmuró la menor de los Weasley, con un claro desprecio en el tono de su voz.

-Yo sé por qué ha vuelto.- terció Harry.- Andromeda me lo contó el otro día cuando fui a visitar a Ted. Narcissa Malfoy murió la semana pasada. Llevaba meses arrastrando una enfermedad que no tenía cura. En los últimos años parecían haber retomado algo el contacto, así que Draco le comunicó por carta su fallecimiento y también la invitó a asistir al funeral si así lo deseaba, aunque Andromeda declinó la oferta porque no creía que fuera bien recibida en Malfoy Manor.

-Vaya.- musitó Hermione, sorprendida.- debe de haber sido un golpe duro.

-¿Ahora sientes lástima por él?.- la increpó Ginny.

-Acaba de perder a su madre, no creo que nadie se merezca eso.- se excusó Hermione.

-Los Malfoy colaboraron en que muchas personas perdieran a sus seres queridos, no puedo sentir lástima por alguien así.

-No creo que Draco tuviera la culpa de lo que hicieran sus padres.- dijo Harry.- además, parece haber recapacitado si es que se tomó la molestia de escribir a Andromeda.

-Eres demasiado bueno, Harry.- Ginny le acarició el brazo con afecto.

-Sólo digo que han pasado diez años y todos hemos cambiado, me imagino que él también.

-Esa gente nunca cambia.

Harry intercambió una mirada con Hermione y resopló. En lo que a la familia Malfoy concernía, tanto Ginny como Ron eran tajantes, pero Harry había aprendido que era necesario tender puentes y tratar de perdonar, pues con el odio y el rencor no se llegaba a ninguna parte. Ahora que tenía un hijo era algo que trataba de inculcarle cada día, pero a menudo chocaba con Ginny en su manera de abordar la situación.

-Tenemos que irnos, Hermione. Hemos dejado James en La Madriguera y de paso nos quedaremos a cenar.- dijo Harry.

-¿Quieres venir? Estará deseando verte- preguntó Ginny, mientras los tres salían al exterior. Hermione declinó la oferta amablemente.- Ron no estará, si es lo que te preocupa.

Después de dejarlo, Ron había abadonado el piso que compartían juntos y se había ido a vivir solo, pero eran muchas las noches que pasaba en La Madriguera, con una Molly siempre dispuesta a alimentarle bien y mimarle.

-Otro día mejor.- dijo Hermione.- dad un beso a James de de mi parte.

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La Botica Slug & Jigger era tal y como la recordaba. Angosta y maloliente, por sus suelos se encontraban toda suerte de barriles llenos de sustancias de colores y consistencias varias, y del techo colgaban ramilletes de hierbas olorosas y partes de animales. Draco pidió a la anciana dependienta los ingredientes para la poción calmante que tanto necesitaba esos días. Le habría gustado fabricarla él mismo, como hacía en Berlín, pero allí no disponía del material necesario. Mientras la mujer trasteaba al fondo de la tienda , Draco se fijó en un cartel pegado en una de las paredes. "Se necesita experto pocionero: Razón aquí".

-¿Le interesa?.- le preguntó la anciana al regresar con varios botes de poción. Draco asintió .- Seamus, que en paz descanse, nos dejó hará dos semanas y necesitamos un reemplazo. No puedo decirle que esté muy bien pagado, pero es un trabajo estable. ¿Tiene experiencia?

-Bastante, sí.

-Pásese mañana y le haremos una sencilla prueba. Si la pasa, el trabajo es suyo.

Draco indicó que se pasaría por la mañana y recogió los ingredientes. No sabía cuánto tiempo iba a quedarse, pero dado que aún le quedaban facturas por pagar del piso de Berlín y el futuro alquiler del piso en Londres, necesitaba un trabajo como fuera.

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Tras pasar por su casa a dejar las compras y cambiarse de ropa, Draco aterrizó en "El hipógrifo rojo", ya que había quedado allí con Astoria. Desde que llegó ella había sido el mayor apoyo que pudiera tener, pero no habían tenido mucho tiempo para hablar a solas dado que Draco se pasaba la mayor parte del tiempo en Malfoy Manor acompañando a su madre.

El local en el que le había citado era un viejo bar cerca de Charing Cross al que solían acudir cuando eran novios. Se sentaron en la mesa de siempre, la de la esquina, al lado de una pequeña ventana desde la que se podía observar a los muggles acelerados yendo a alguna parte, pero desde la que era imposible ver nada desde fuera.

-Creo que acabo de retroceder ocho años de golpe.- Draco esbozó una sonrisa nostálgica y dio un trago a su cerveza.

-Nos lo pasábamos bien, ¿verdad?

-Fueron buenos tiempos, sí...

Astoria le miró desde el otro lado de la mesa, con un gesto de preocupación.

-¿Qué tal estás?

-Bien.

-¿Bien?

Draco alzó la mirada y se encogió de hombros.

-¿Qué quieres que te diga?

-¿Has vuelto a ver a tu padre?

Él negó con la cabeza y dio un largo trago a su bebida hasta terminársela. Hizo señas al camarero para que le trajera otra.

-Tengo pensado ir mañana. No creo que me reciba, pero me pasaré a ver si sigue vivo.

-Draco...

-Era una broma.- se excusó él.- no sería capaz de hacer nada, es demasiado cobarde para eso.

-¿No crees que eres un poco duro con él? Acaba de perder a su mujer.

-Y yo acabo de perder a mi madre.- Draco la fulminó con la mirada.- Y no me comporto como si tuviera cinco años.

Astoria se mantuvo en silencio, sin saber qué decir.

-Lo siento.- se disculpó Draco dando un suspiro.- perdóname, tú no tienes la culpa. Es solo que... no sé qué hacer. Ni si quiera sé por dónde empezar. Hace años que no hablo con él.

-¿Quieres que te acompañe? Ya sabes que tu padre siempre me ha tenido mucho aprecio, quizás yo pueda hablar con él.

-Te tenía mucho aprecio hasta que descubrió que lo nuestro era una farsa .-dijo Draco riendo.

-¡Eh! Al principio no fue una farsa.- aclaró Astoria.- nos gustábamos de verdad.

-Sí, aunque después fuiste muy poco cuidadosa.

-No me lo recuerdes. - ella enterró la cara entre las manos.- Lo peor es que fuiste tú el principal perjudicado, aunque yo quedé como una absoluta arpía.

-Lo fuiste.- le picó Draco.

-Serás imbécil...- rió ella.- tú también salías con otras mujeres.

-No hasta el punto de llegar a casarme con ellas.

-Al menos el escándalo no fue en vano.

-Sólo faltaba...-Draco alzó su cerveza y la chocó contra la copa de vino de la de Astoria.

Andrew era el hombre con el que Astoria estuvo saliendo extraoficialmente durante su noviazgo, y cuyos paseos por Londres en actitud cariñosa fueron captados por los hambrientos paparazzis. Por supuesto, Draco estaba al corriente de todo, ya que la suya era una mera relación de conveniencia, pero la prensa encontró una nueva excusa para despedazar su apellido y de paso, recordar sus acciones del pasado.

-¿Y tú?.- preguntó Astoria.

-¿Yo qué?

-Que si sales con alguien.

-No.

-¿Qué fue de esa...cómo se llamaba?

-No me acuerdo.

-Claro que te acuerdas, mentiroso.

-Stella.

-¡Eso!

-Era demasiado alemana.- Draco hizo un mohín.

-¿Demasiado alemana? ¿Qué demonios significa eso?.- rió ella.

-La mayor parte de las veces no nos entendíamos. Aunque, si te digo la verdad, no hablábamos mucho.

-No me refiero a ese tipo de relaciones.

-No las he tenido más serias.

Astoria asintió en silencio y le dio un largo trago a su copa de vino, mirándole a través del cristal.

-Vamos, deja de mirarme así.

-¿Así como?

-Como si te diera lástima.

-No te he mirado de ninguna manera.- negó Astoria.- ¿Quieres otra copa? A esta invito yo.

Desde que se conocieran, en una de esas interminables y aburridas fiestas de la alta sociedad, Astoria le había caído bien. En Hogwarts apenas la conocía de vista, ya que estaba un curso por debajo, pero en seguida conectaron. Dada la buena posición de los Greengrass y la caída en desgracia del apellido Malfoy, ambas familias se sintieron entusiasmadas ante la perspectiva de que formaran pareja, y al principio fue divertido. Eran jóvenes y, aunque no estuvieran enamorados, se sentían atraídos el uno por el otro. Compartían intereses, el mismo tipo de humor, y a ninguno le apetecía demasiado charlar sobre sus sentimientos. Cuando Astoria conoció a Andrew, un medio muggle al que su familia, por muy tolerante que fuera, no vería con buenos ojos, comenzó con él una relación en secreto. Draco estaba al corriente de ello, e incluso él tonteaba con otras mujeres, pero de cara a la galería eran la pareja perfecta. Cuando Astoria fue descubierta y se desencadenó el escándalo, no tuvieron más remedio que dejar de esconderse. Draco, harto del acoso mediático y huyendo del estigma de su apellido, se fue a Alemania. Astoria se quedó en Londres y luchó por su relación, hasta ese mismo día.

Unas cuantas cervezas más tarde y ligeramente mareado, Draco decidió volver dando un paseo dado que apenas estaba a dos manzanas de distancia de su piso y porque, si era sincero consigo mismo, encontrarse un piso vacío y apenas amueblado no era un escenario muy tentador. En el rellano, justo cuando iba a entrar en su apartamento, Granger apareció subiendo las escaleras y haciendo ruido con sus zapatos de tacón. Draco se preguntó interiormente si es que estaban condenados a verse en los rellanos, aunque al menos esta vez no iban en pijama. A decir verdad, si no fuera porque la tenía cerca, le habría costado reconocerla. Iba vestida con un traje de chaqueta, algo pasado de moda para su juicio, y el pelo recogido en un moño. No es que hubiera cambiado demasiado, pero indudablemente no era la adolescente que recordaba.

-Hola Malfoy.

Saludó ella al llegar, y Draco la correspondió con un leve gesto de cabeza, pero cuando iba a entrar en su piso, ella le detuvo.

-Oye...- empezó a decir, apenas con un hilo de voz. Retorcía la varita entre sus manos, nerviosa - Siento lo de tu madre. Harry me lo contó.

Draco se quedó inmóvil, confuso, porque lo último que esperaba escuchar de los labios de Hermione Granger eran esas palabras.

-Gracias.- musitó, obligándose a decir algo- Buenas noches, Granger.

Aquella noche, después de darse una ducha y tomar una buena dosis de poción calmante para dormir, entre la vigilia y el sueño, pensó en sus palabras. Habían pasado diez años que podían parecer muchos para unas cosas, pero que a Draco se le antojaban un suspiro. Porque aún recordaba cuando la insultaba por los pasillos, burlándose de su sangre impura, y cuando su tía Bellatrix la torturaba en el salón de su casa. Sin duda había sido cruel con ella, le había dicho cosas horribles, y aún así era capaz de sentirlo por él. Por mucho tiempo que hubiera pasado, y aunque la guerra quedara lejos, Draco no era capaz de comprender eso.

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Fin del segundo capítulo! La verdad es que este ha sido un poco de transición para conocer la situación de los personajes, pero lo bueno se hace esperar :). Mil gracias por los reviews y hasta la próxima!