CAPÍTULO 2
Desde que fue castigada con el hechizo que la privaba del contacto humano y de su magia, Regina había estado escribiendo como se sentía sobre ello. Cada día cuando llegaba a su casa y se sentaba en la silla del escritorio que se encontraba en el salón, escribía todo lo que le había acontecido aquel día.
Cerró la libreta que contenía una gran parte de ella misma, de su interior. A continuación, la guardó en el cajón y lo cerró con llave.
Estaba triste, sola. En una casa enorme. En la casa donde había compartido tantos momentos, felices y no tan felices, donde había estado viviendo, junto con Henry.
Henry.
Tenía que verle, como fuera. Una última vez. Despedirse de él.
Cerró los ojos bien fuerte y dejó que se le escaparan unas cuantas lágrimas.
Nunca antes había sentido las emociones tan fuertemente y eso la aturdía.
Había dejado a una Emma borracha en el castillo de madera después de lo que le dijo.
No había tenido ganas de rebatir nada, tenía razón y no merecía segundas oportunidades, ya no, las tuvo en su día y no las supo aprovechar. Actualmente no sería así, aprovecharía una segunda oportunidad, desde la "maldición" como lo había llamado Emma, Regina se sentía diferente, muy diferente.
Estaba cambiando, a mejor.
Pero ya nadie volvería a confiar en ella, no después de haberse enterado todo el mundo de como había acabado con Graham.
Regina al fin se había dado cuenta del motivo que había permitido desembocar en tal reacción. No pudo evitar sentir como si una espada le estuviera atravesando el estómago.
Suspiró hondo y volvió a sacar la libreta del cajón. Iba a escribir sus últimas emociones y planes, después iría en busca de Henry.
Para despedirse.
Emma bajó del castillo. El alcohol que había bebido ya no le afectaba a su juicio, aunque se encontraba un poco cansada, ya no tenia la sensación de mareo o el pequeño dolor de cabeza que había tenido cuando había estado discutiendo con Regina.
Lo cierto era que no podía evitar sentirse un poco mal. Era verdad que no se arrepentía de haberlo hecho, de haberle dicho aquello a Regina, pero ella no solía hacerlo de esa forma, esa no era su forma de actuar. Enterarse de lo de Graham le había influido, y mucho.
Era con la primera persona que había bajado la guardia desde lo de Neal.
Y estaba muerto.
Pero ella sabía interiormente que lo que sintió por el no era lo mismo que había sentido por Neal. Posiblemente era debido a lo que le explico Henry poco después de que muriera, que estaban conectados de una forma especial porque Graham, conocido como "cazador" le perdonó la vida a su madre, Snow.
Había sentido algo muy parecido a lo que sintió por Neal, pero se dio cuenta que no era lo mismo, sino diferente.
El sonido de su Blackberry la distrajo de sus pensamientos. Contestó de inmediato.
-¿Si? – contestó al aparato.
- Emma, por fin, estaba preocupado, no sabía donde estabas, ¿estás bien?
- Si, si claro, he estado...paseando.
- Henry esta en tu apartamento, junto con tus padres, quizá podrías aprovechar y hablar con él...
Emma no pudo evitar sentir como su estomago se estremeció. No podía hablar con Henry. No así, apestaba a cerveza.
- Neal, necesito que me hagas un favor.
- ¿Entonces no vas a venir a hablar con él?
- No, si, o sea calla y escucha. Nos vemos en Granny's, en tu habitación. Disimula, cógeme una camiseta, un pantalón tejano, el que veas, me da igual. Pero sobre todo, disimula.
- ¿Cómo?
- Tu solo hazlo.
- Emma...vale, ¿algo más?
Pensó durante unos segundos. Se miró el abrigo negro que llevaba e hizo una mueca. Esa no era ella, ¿hacía cuanto que se le había pegado el vestir de su madre?
- ¿Emma, algo mas? - repitió Neal por la otra línea.
- Sí, en mi armario, hay una chaqueta, cógela.
- Dime como es.
- Es la única que hay colgada.
- ¿Solo tienes una?
Entonces recordó la otra chaqueta que tenia azul.
- La roja, la chaqueta de cuero roja. Coge esa.
