CAPÍTULO IV
Era viernes por la noche, y tras un agotador día de trabajo en el que sus compañeros le habían sacado de quicio más de lo normal, Draco quería descansar, pero no quería encerrarse en su aséptico y desangelado piso, donde no tenía ni comida para cenar. Por suerte, esa misma tarde, Blaise le había mandado una lechuza para verse. Después de Hogwarts él, junto con Pansy y Astoria, eran las personas más cercanas que hubiera podido tener, y a pesar de la distancia y de que él viviera en Berlín, mantenían el contacto por carta e incluso habían ido a visitarle un par de veces a Alemania. Cuando llegó a su casa, un pequeño adosado en un barrio periférico de Londres, Blaise le hizo pasar al salón, donde Pansy hojeaba una revista sentada en el sofá.
-¡Draco!- exclamó al verle, y se levantó para abrazarle.- Siento no haber podido acudir al funeral.- Draco sintió como le apretaba un poco más fuerte.
-No pasa nada, Pansy, sé que estabas de viaje por trabajo.- la disculpó él, una vez que consiguió desengancharla de su cuello.- No sabía que vendrías.
Pansy intercambió una mirada con Blaise, que acababa de aparecer por la puerta con una cerveza en la mano para Draco.
-Sí, bueno... teníamos que decirte algo.
Malfoy miró a ambos, confundido. Pansy esbozaba una sonrisilla nerviosa y Blaise estaba más serio de lo normal.
-¿Qué pasa? Me estáis asustando.
-No es nada para asustarse, tío, es sólo que...
-Estamos juntos.- le interrumpió Pansy, y entrelazó su mano con la de Blaise.
-No te dijimos nada porque apenas llevamos unos meses y... no sabíamos cómo te lo tomarías, ya sabes.- su amigo se rascó la nuca, nervioso.
-¿A qué te refieres?
-Bueno, al fin y al cabo, Pansy y tú estuvisteis saliendo.
-No me jodas, Blaise, eso fue hace como un millón de años.- rió Draco. ¿Realmente sus amigos pensaban que eso podría afectarle? Teniendo en cuenta lo que estaba ocurriendo en su vida, que ellos dos se emparejaran era la menor de sus preocupaciones.- De verdad, me alegro por vosotros.
-Gracias, tío.- Blaise le estrechó el hombro.
-¿Y tú qué tal estás?.- preguntó Pansy mientras se sentaban en el sofá y Blaise iba a la cocina en busca de algo para picar.
-Estoy bien.- contestó Draco, no queriendo profundizar en el tema. Estaba harto de que todo el mundo le preguntara cómo estaba. Tal vez empezaría a estar bien si dejaran de hacerle esa jodida pregunta. Dio un largo trago a su cerveza hasta terminársela y cuando Blaise volvió de la cocina le pidió whisky de fuego.
Cenaron en casa, charlando de todo un poco, y durante toda la noche Draco percibió que sus dos amigos estaban más pesados de lo habitual. Intentaban no llevarle la contraria y a menudo, cuando creían que no les estaba mirando, cuchicheaban entre ellos o se lanzaban miradas de complicidad.
-Frena un poco, colega, vas a acabar con toda mi destilería.- bromeó Zabini, al ver como Draco llevaba ya unas cuantas copas de más.- apenas has comido.
-No tengo hambre.- se excusó él, después sacó un botecito de poción calmante del bolsillo de su chaqueta y se bebió la dosis de un trago. Observó cómo Zabini y Pansy le miraban escandalizados.
-¿Qué es eso?.- preguntó Pansy, temerosa.
-Poción calmante, me ayuda a dormir.
En realidad no era Poción calmante, o al menos no del todo. Draco había descubierto dos nuevos ingredientes en la botica que, combinados, hacían que el efecto fuera más fuerte e instantáneo, y le sumían en una especie de paz que le permitía dejar de pensar durante un rato.
-No sé si deberías mezclarlo, te has tomado como cinco litros de whisky...- murmuró Zabini, con cara de preocupación.
-Oh, joder.- Draco se levantó de un salto, harto.- ya soy mayorcito. Os agradezco vuestros intentos de hacerme sentir mejor, pero sé cuidarme solo. Gracias por invitarme, ya nos veremos.
Enfiló sus pasos hacia la puerta de salida, escuchando cómo Pansy y Zabini le llamaban tratando de hacerle volver, pero cuando salió al jardín, mareado por el whisky y la poción, se desapareció.
oooooooooooooooooooooooooooooo
Draco abrió los ojos y se quedó contemplando el techo blanco e impoluto, tratando de descifrar dónde estaba. Desde que vivía allí le pasaba a menudo. Aún no se había acostumbrado a levantarse en un piso desconocido para él, en el que apenas había muebles y en el que faltaban la mayor parte de sus efectos personales. Tenía casi todas sus cosas en Berlín, como recordándole que su vida estaba allí y que Londres era sólo un lugar de paso. Entornó los ojos para tratar de ver en la penumbra de la habitación, apenas iluminada por la luz tenue que se colaba entre las cortinas, e intentó incorporarse, pero en seguida tuvo que volver a recostarse sobre la almohada debido al intenso dolor de cabeza que padecía. Además tenía la boca reseca y estaba destemplado. Después de desaparecerse de la casa de Zabini recordaba haber aterrizado en el Callejón Diagón, con la cabeza abotargada por la combinación de sustancias. Luego un bar, copas, muchas copas, y después nada más. Draco miró hacia su derecha, donde una chica de pelo largo y pelirrojo dormía profundamente boca abajo. Mierda, pensó, e intentó levantarse sin hacer ruido para no despertarla. Fue a la cocina en busca de un té bien cargado y recordándose a sí mismo que tenía que comprar poción anti-resaca sin falta. Mientras tomaba el té trató de recordar el nombre de la mujer, pero le fue imposible. A su mente acudieron escenas de ella bailando muy pegada a él, pero nada más. De cualquier forma, esperaba que se despertara pronto y se largara.
oooooooooooooooooooooooooooooo
Hermione echó un vistazo por la ventana, observando la lluvia que no había dejado caer desde la madrugada. El cielo estaba nublado y corría un viento que agitaba las hojas de los árboles. Había quedado con sus padres para comer, así que se puso el abrigo más gordo que tenía, un gorro y guantes y cuando fue a por su bufanda, no la encontró. No era habitual que ella perdiera las cosas, era bastante organizada, así que hizo memoria tratando de recordar la última vez que la vio. Se acordó de habérsela quitado al llegar al piso de Malfoy, la noche en que lo acompañó al hospital. Armándose de valor salió al rellano y presionó el timbre de la puerta de Draco. A los pocos segundos él abrió y la miró con el ceño fruncido.
-¿Granger?.- musitó, con la voz pastosa.- ¿Qué haces aquí?
Hermione no dijo nada en un principio, cohibida por la situación. Malfoy apenas iba con un pantalón del pijama y sin camiseta, tenía el pelo alborotado y una cara pálida y ojerosa. Acostumbrada a verle siempre de punta en blanco, era una imagen nueva y desconcertante.
-Me olvidé la bufanda en tu casa, el otro día.- dijo por fin.
-¿Eh?
-Mi bufanda.- repitió.
-¿Estás segura? No la he visto por aquí.
Hermione pensó que en ese estado era imposible que viera nada.
-Seguro, ¿te importa que pase a ver?
Notó como Draco se tensaba de repente y murmuró un "espera". Después se internó en su piso y comenzó a otear el salón en busca de la bufanda. Hermione observaba sus movimientos desde el rellano, y pasaron varios minutos hasta que la encontró, arrugada entre los sillones del sofá, y se la dio.
-Gracias.
Él asintió con la cabeza como toda respuesta. Estaba pálido y despeinado, probablemente acababa de despertarse, y a pesar de que siempre había sido delgado, Hermione lo vio más escuálido de como lo recordaba. En general, ninguna señal parecía indicar que Draco estuviera muy saludable.
-¿Has vuelto a marearte?
-No.
Sus respuestas eran secas y cortantes, pero no parecía enfadado, más bien impaciente por acabar con esa conversación.
-Tienes mala cara...
-Gracias por el cumplido, Granger, pero mi cara no tiene nada que ver con los mareos.
-Lo siento, no quería decir, yo no...
-Está bien.- la interrumpió Draco pinzándose el puente de la nariz y apretando los ojos.- Tengo un dolor de cabeza de mil demonios, ¿Querías algo más?
Hermione negó con la cabeza, jugueteando con la bufanda entre sus manos. Era absurdo, pero desde la noche del hospital había tenido la necesidad de comprobar que Malfoy se encontraba bien, y ahora que lo veía en ese estado, sus sospechas de que algo no iba como debería se confirmaron, pero él no parecía querer su ayuda. Hermione iba a despedirse cuando escuchó una voz femenina proveniente del interior del piso, preguntando a Draco dónde guardaba el azúcar para su té. Él hizo un mohín y dirigió una mirada furtiva hacia la cocina.
-Ahora voy.- dio por toda respuesta.
-Bueno, esto...adiós Malfoy.
-Adiós Granger..- dijo él, y cerró la puerta en sus narices. Hermione enfiló las escaleras hacia la calle, sintiéndose una completa estúpida preguntándole si se encontraba bien, cuando era evidente que su mala cara era de dormir mal, sí, pero por una razón muy diferente a la de las pesadillas.
oooooooooooooooooooooooooooooo
Draco se había pasado la mayor parte del día vegetando en el sofá. Apenas había salido para comprarse varios botes de poción anti-resaca y algo de comida, que aún seguía metida en una bolsa sobre la encimera de la cocina. Se levantó del sofá desperezándose por el camino y la observó con ojos furibundos. Se moría de hambre, pero no tenía mucha, por no decir ninguna, idea de cocinar. En Berlín solía comer en el trabajo y además tenía un elfo doméstico contratado por horas. Si alguien le hubieran dicho hacía unos años que tendría que pagar a una de esas criaturas y además darle días de vacaciones, se habría carcajeado ante la sola idea, pero los derechos de los elfos habían crecido a pasos agigantados desde finales de la guerra, y la legislación respecto a su trabajo, que se había iniciado en Gran Bretaña, había llegado hasta otros ministerios de Europa, incluido el alemán. Suponía que debía agradecérselo a Hermione Granger, la gran impulsora del P.E.D.D.O. No es que le pareciera mal que los elfos tuvieran o no derechos como cualquier otro trabajador, en realidad no pensaba mucho en ello, pero en esos instantes habría deseado que una de esas criaturas le tuviera la comida lista y preparada en la mesa. Rebuscó en la bolsa en busca de los huevos que había comprado, ya que al menos una tortilla era capaz de hacerse, y entonces escuchó un ruido proveniente del piso de Andy. Draco puso los ojos en blanco y resopló. Desde que vivía allí, y no es que fuera hacía demasiado tiempo, había tenido que soportar los constantes ruidos que provenían del piso de al lado. Normalmente eran cacharreos de ollas y calderos o algún tarro de poción estrellándose contra el suelo, pero esa vez parecía una pequeña explosión. Dejó su intento de cocinar para más tarde y se dirigió al piso de su vecino. Tras llamar tres veces a la puerta, un agitado y algo chamuscado Andy le abrió.
-Lo siento.- dijo, nada más verle. Era obvio que no era la primera vez que alguien llamaba a su puerta para quejarse.- pero estoy haciendo un experimento y, bueno, ya sabes como va esto. Un poco de esto derramado por allá... otro poco de aquello y de repente... ¡pum! Te estalla el caldero en las narices.
Draco inspiró hondo, armándose de paciencia.
-¿Recuerdas la primera vez que nos conocimos? Estabas tirado en el suelo y casi haces explotar el edificio, te agradecería que intentaras trabajar con otro tipo de ingredientes.
Draco observó que estaba nervioso y que tenía la mano derecha detrás de la espalda, ocultando algo.
-¿Qué escondes ahí? ¿Jugando con cuernos de Erumpent de nuevo? Ya sabemos a dónde nos lleva eso...
-No, lo prometo, nada de cuernos por una temporada.- negó Andy frenéticamente con la cabeza. Antes de que le cerrara la puerta, Draco, con un rápido movimiento, cogió lo que escondía. Se sorprendió al tener entre sus manos una prenda de ropa. Una prenda de ropa femenina, para más señas.
-¿Pero qué...?..¿Qué demonios pretendías hacer con esto?
-Es un experimento. En el libro decía que tenía que ser una prenda muy íntima para poder notar los efectos... sé que es un poco raro pero.- se rascó la cabeza y rió con nerviosismo.
-¿Los efectos de qué, si puede saberse? ¿De dónde lo has sacado?
Andy dirigió una mirada furtiva al piso de Hermione, que tenía la puerta cerrada y que, o no estaba, o no parecía haberles oído, lo cual era difícil.
-Oh Dios, eres un puto pervertido.- Draco le miró con incredulidad y desprecio.
-¡No, no es lo que piensas! Hermione y yo somos amigos, sólo quería... no era más que una prueba, yo...
Draco iba a replicar cuando escuchó unos taconeos detrás de sí. Hermione subía por las escaleras y cargaba con un par de bolsas de supermercado. Cuando les vio discutir se acercó.
-¿Qué ocurre aquí?
Miró a Draco, que había escondido como por instinto la prenda de ropa interior. Andy se mantenía en el quicio de la puerta, mordiéndose las uñas.
-Aquí nuestro querido vecino, que se empeña en hacer volar el edificio cada vez que se le presenta ocasión.
Hermione dejó las bolsas en el suelo y suspiró.
-Andy, ¿recuerdas que hablamos de esto? No puedes continuar así, o algún día ocurrirá algo grave.
Andy asintió sin decir nada y agachó un poco la cabeza, avergonzado, como un niño al que su madre estuviera regañando.
-Y tú, Malfoy, no hace falta que seas tan desagradable. Se te escuchaba gritar desde abajo.
-Si supieras lo que estaba haciendo, le gritarías más que yo.- replicó, ofendido.
-No lo hace con mala intención.- insistió Hermione.- pero ten más cuidado la próxima vez, Andy, ¿quieres?
El chico asintió, se despidió de ellos y cerró la puerta. Hermione miró a Draco de nuevo, con severidad.
-A ver, ¿qué es eso tan horrible que estaba haciendo?
Draco levantó la mano y le mostró la prenda. Hermione abrió mucho los ojos y se ruborizó al instante.
-Eso es...
-Sí, tu sujetador, al parecer. Ese pervertido lo tenía para hacer no se qué experimento.
-Pero...pero...
-¿Te parece ahora exagerada mi reacción?
Hermione alargó el brazo y le arrebató el sujetador con brusquedad, para luego guardárselo en el bolsillo de la chaqueta.
-Debo decir que no es la primera vez que me roba ropa, pero nunca nada tan...
-¿Íntimo?.- respondió Draco por ella.- no quiero ni imaginar qué pretendía hacer con ello.
-Son cosas de vudú, o algo por el estilo.- Hermione se pinzó el puente de la nariz, parecía acostumbrada a lidiar con ese tipo de situaciones.
-¿Y lo dices tan tranquila?
-Nunca ha conseguido nada, ni lo hará.- hizo un gesto con la mano como restándole importancia.- es como un niño grande, no lo hace con maldad.
-Eres demasiado comprensiva, Granger. La gente no es tan buena como tú te piensas.
-Si no fuera comprensiva, Malfoy, ¿crees que estaría hablando contigo?
Malfoy calló, sin saber qué decir, porque era una frase tan certera que no tenía replica posible. Hermione pareció arrepentirse un poco, e iba a decir algo cuando una voz les interrumpió.
-Vaya, ¿charlando como dos buenos vecinos?.
Draco se giró y vio a Harry Potter esbozando una sonrisilla burlona. Sostenía a un niño pequeño entre sus brazos.
-Hola, Harry.
-Hola Hermione, Malfoy.- Harry hizo un breve asentimiento de cabeza cuando se dirigió a él, y se limitó a contestarle con un "Potter", como en los viejos tiempos, o casi.
-Gracias de nuevo por quedártelo esta noche.- Harry le entregó el niño a Hermione, que en seguida se puso a jugar con los rizos que le caían por los hombros.- Me voy pitando, Ginny ya debe de estar esperándome. Nos pasaremos a recogerlo a eso de las once, ¿te parece bien?
-No tengáis prisa. Pasadlo bien.
-Gracias.- respondió él, acelerado, pero antes de irse se dirigió a Draco.- Oye, Malfoy, siento lo de tu madre. Andromeda me lo contó...
-Gracias, Potter.- dijo Draco. Al igual que cuando lo hizo Granger, le parecía raro que fuera amable con él, después de lo mal que se habían llevado.
-Bueno, lo dicho. Me voy.- se despidió de los dos, dio un beso al niño en la cabeza y se desapareció de allí.
-Es el hijo de Harry, James.- aclaró Hermione, balanceando al niño entre sus brazos.
-Ya lo suponía...aunque no se parece mucho.
-No, se parece más a la parte Weasley.
-¿Cuántos años tiene?
-Casi cuatro.
-¿Quién es este señor, tía Hermione?.- preguntó el niño con su vocecilla infantil. Había dejado de toquetear el pelo de Hermione para mirar a Draco con sus grandes ojos castaños, llenos de curiosidad.
-Es mi vecino.- explicó ella, y Draco pensó que era una forma muy diplomática de resumir su relación.- se llama Draco.
Los dos se miraron a la vez, conscientes de lo extraño que sonaba su nombre en boca de ella, cuando siempre le había llamado Malfoy.
-Draco.- repitió James, despacito.- Me gusta, suena a dragón.
Malfoy no pudo evitar reír y el niño le devolvió una sonrisa plagada de diminutos y blancos dientes.
-Tengo hambre, Mione.- dijo después.
-Voy a preparar tu cena ahora mismo, pequeñín.- le contestó ella, dándole un toquecito en la nariz.
-¿El señor dragón se queda a cenar?.- preguntó James, alargando un brazo hacia Draco.- Yo quiero que se quede.
Draco se fijó en Hermione, que se había puesto evidentemente tensa, y trató de salir del paso.
-Creo que tu tía no tiene comida suficiente, tal vez el próximo día que vengas.- alargó el brazo y estrechó su pequeña manita.
-Yo puedo darle algo de la mía.- James miró a Hermione con esos ojos castaños a los que uno parecía incapaz de negarles nada.
-Otro día, James.- rió ella ante su ocurrencia, y después miró a Draco.- Buenas noches Malfoy.
-Buenas noches, Granger. Adiós James.
El pequeño se despidió con la mano y los dos se internaron en el piso. Draco volvió al suyo, donde una botella de vino y una cena sin preparar le esperaban. ¿Cenar con Granger? Podía que las cosas hubieran cambiado, pero eso eran palabras mayores.
