Primero, gracias a todos los reviews que me vais mandando: Silvia, Paola, Nicole, Maria y Zanesa. Segundo, si tenéis alguna idea o recomendación que darme, adelante, lo agradecería enormemente e intentaría darle forma en esta historia.

Bueno, aquí os traigo un nuevo capítulo, mucho más largo de los que he solido subir hasta ahora, intentaré que así sean de aquí en adelante. No me odiéis mucho por lo que vais a leer a continuación, prometo solucionarlo pronto. ¡Espero que os guste! :)


CAPÍTULO 3

Colgó el teléfono y empezó a andar donde había quedado con Neal.

Emma volvía a ser Emma.

Parecía una tontería, pero el simple hecho de volver a ponerse esa chaqueta, era como si una parte de ella misma volviera a su sitio, y era lo que más necesitaba en ese momento. Necesitaba que la Emma coherente volviera y esa chaqueta era el comienzo de que eso ocurriera. Hacía tiempo que la había guardado en el armario, desde que había vuelto del bosque encantado, y ahora se la volvería a poner y aunque el crudo invierno azotara Storybrooke, la acompañaría.

Granny's, el establecimiento, tenia dos entradas, la que daba a la avenida principal y la que daba a la parte de atrás del local, estaba algo escondida pero no era difícil de encontrar.

Por la que Emma se disponía a entrar era la de atrás porque conducía a las habitaciones directamente. Aunque tampoco quería que la vieran y dedujeran cosas que no eran.

En cuanto Emma hubo atravesado medio umbral de la puerta una voz resonó en el hall.

- Lo sentimos mucho pero no queremos borrachos en nuestro estable... - la voz paró de repente en cuanto vió a Emma - oh, lo siento Emma...espera no, ¿estas borracha?

- ¡Ruby, no!

- he podido oler el tufo que llevas encima de cerveza desde que has cruzado la calle, y es un buen tufo, créeme, entiendo de tufos.

Emma no pudo evitar inclinar su cabeza hacia arriba y poner los ojos en blanco, pero enseguida volvió a mirarla.

- Estaba bebiendo una cerveza y se me ha caído encima, no quería que Henry pensara lo que no es y por eso he venido, a darme un ducha.

- ¡Ah muy bien! Que vistas prefieres a la plaza o a...un momento pero aunque te duches tu ropa seguirá con el tufo a cerveza...

- Ya estoy aquí - dijo Neal mientras entraba por la puerta levantando la bolsa donde llevaba la ropa de Emma para cambiarse.

Ruby se quedó mirando a Neal y pronto hizo el gesto que suelen hacer los búhos con su cabeza, primero la inclinó hacia la derecha mientras continuaba mirando a Neal. Finalmente, inclinó la cabeza hacia la izquierda, donde se encontraba Emma y prosiguió con su mirada, pero de repente abrió tanto los ojos que parecía que se le fueran a salir.

- Que fuerte - murmuró Ruby.

- ¿Cómo? - dijo Emma.

- ¡Qué fuerte! - exclamó Ruby.

- ¿Pero el qué? - pregunto Neal.

- ¡Qué fuerte, qué fuerte, qué fuerte!

Neal y la rubia se miraron intentando buscar una explicación.
De repente, Ruby empezó a gestionar con las manos. En ambas manos tenía el dedo índice extendido, señalándolos. El gesto que hacia Ruby consistía en separar ambos dedos índices tres centímetros y que se juntaran de nuevo.

Emma y Neal lo captaron de inmediato.

- ¡No! - exclamaron los dos a la vez mientras se dirigían una mirada.

- ¡Estáis juntos!

- Ruby, no – aseguró Emma.

- ¡Sí! Te vienes a duchar aquí, a su habitación, en su bañera, él estará dentro de la habitación te ha traído ropa para que te cambies - dijo señalando la bolsa que sostenía Neal mientras guiñaba un ojo a Emma - Estaréis solos tu, y el. Solos. Repito, solos.

- Ruby! - exclamó Emma.

Esta conversación se estaba volviendo muy incómoda y Emma no sabía cuanto tiempo más podría aguantar.

- ¡Ducha pornosa! - exclamó Ruby.

Se oyó un grito ahogado junto con el sonido de cajas que aterrizaban al suelo, todo ello proveniente del otro extremo de la habitación. Emma se giró de inmediato para ver de quien o que se trataba.

- Abuelita, eres una cotilla! - gritó Ruby.

De repente, de detrás de la puerta de donde había provenido el sonido se asomó la cabeza de la abuelita. Emma abrió los ojos de par en par, había escuchado toda la conversación. No pudo evitar sentir un escalofrío recorrerle el cuerpo. Subió rápidamente las escaleras y espero a Neal arriba en el pasillo.

- Es... Es aquí... - dijo Neal indicando donde se encontraba la habitación mientras la abría - será mejor que me quedé aquí fuera.

Emma no pudo contener una carcajada, aquella situación no había sido normal. Neal enseguida se unió.

- Ahora que hemos conseguido romper la tensión que había en el ambiente, ¿estas seguro que te quieres quedar fuera?

Neal no respondió.

- Dentro hay un baño, una puerta y un salón-dormitorio - dijo Emma mientras señalaba a la habitación - va pasa, prometo no morderte, por cierto, no tenemos tiempo, tengo que hablar con Henry y ya nos hemos entretenido suficiente.

Arrastró a Neal dentro de la habitación y cerró la puerta tras de si.
Se quedaron el uno en frente del otro, mirándose, inmóviles. Parecía que el tiempo se hubiese congelado. Aun tenían el rostro surcado por una media sonrisa debido al acontecimiento anterior.

- Te he echado de menos - dijo Neal, tragando saliva y poniéndose serio.

Emma le miró a los ojos. Parecía que lo decía de verdad. No pudo decir nada, no se veía capaz de responder a eso. Le sonrío, cogió la bolsa y se fue al cuarto de baño. Cerró la puerta con llave y se apoyó en ella, mientras cerraba los ojos bien fuertemente.


Regina se había estado preparando para ir a hablar con Henry. Había elegido la ropa cuidadosamente, no se había dado cuenta pero llevaba un traje parecido al llevó puesto el día que se rompió la maldición en Storybrooke. Cogió las llaves de su casa y por supuesto la de su escritorio y abrió la puerta para salir.


A quien menos se esperaba encontrar era al Padrastro de David, el rey Jorge, encañonándola con una pistola.

Emma salió de la ducha se vistió rápidamente y salió del cuarto de baño.

- ¿Porqué? - inquirió la rubia.

- ¿Porque qué? - respondió Neal confundido.

Emma tragó saliva y contuvo unas lágrimas.

-¿Porqué lo hiciste, porque me dejaste, estábamos bien, o no?
Neal se levantó sorprendido.

- Sí, yo...

- ¿Entonces porqué lo hiciste?

- Ya te lo dije, August...

- Sí, August, ya, pero porque no viniste conmigo, porque me dejaste, porque optaste por dejarme ir?

- Porque August dijo que tenias que hacerlo tu sola...

- Respuesta incorrecta. ¿Por qué si me querías me dejaste marchar? ¿O no me querías?

- Emma... - pronuncio con voz quebradiza Neal.

- ¿Porqué? - inquirió Emma dándole un leve empujón con una mano a Neal.

Se mantuvo callado, sin pronunciar palabra.

- ¿Porque? - dijo con un tono más alto y con otro empujón.

- ¡Porque no tenia nada que ofrecerte! Porque cuando apareció August y me contó tu historia, que tenias familia, que podrías reunirte con ellos, que podrías tener lo que yo no tenia, no podía privarte de ello, y si, el sabia quien era yo, y me importó una mierda que supiera cual era mi identidad, me daba igual. Pero el saber que yo no te podía aportar nada, y que podrías volver con tu familia, obtener la felicidad que te merecías - Neal paró un segundo para respirar hondo, Emma pudo ver como le caían lágrimas de sus ojos - ibas a conseguir tener una buena vida, yo solo era un tío que se había entrometido en tu camino, que te había metido en un mundo de delincuencia, que te llevaba por el mal camino, no podía permitir que por mi culpa continuases de ese modo con tu vida.

Emma se pasó la mano para quitarse las lágrimas del rostro.

- Y si, soy consciente de que pagaste mi deuda con la justicia, que fuiste a la cárcel por mi culpa, soy muy consciente, y me sentía como un maldito traidor por ello.

Neal ya no la miraba a los ojos, su mirada se dirigía a los lados o al suelo, pero era incapaz de mirarla a los ojos. Esta vez fue Emma quien habló.

- No te diste cuenta, de que eras tu mi felicidad, que tu eras mi familia, que tu eras el que me iba a aportar mi vida. Hubiéramos encontrado la forma, la forma de vivir honradamente - Emma le contó a Neal que entendía porque la abandonó, pero no era del todo cierto, nunca había podido superar lo suyo, no del todo. Emma siempre había tenido la pulla de Neal clavada en su corazón y aunque había intentado olvidarle, enamorarse de nuevo, comenzar una nueva historia, nunca había sido capaz - pero juntos Neal.

- ¿Pero te crees que yo quería dejarte o qué? ¿Te crees realmente que no deseaba abrazarte, que se parara el tiempo y quedarnos tu y yo, juntos, agarrados para siempre? ¿Te crees que la simple idea de pensar en ti no me dolía? - suspiró y cogió aire - Emma, yo te quería.

La rubia lo miró con los ojos empapados en lágrimas.

- Y te quiero - continuó el moreno.

Emma apartó la vista de Neal y se llevó la mano a la boca para intentar parar un sollozo. Ahí estaba, de pie, delante del hombre del que había estado enamorada, y aun estaba.

Neal cogió la mano que Emma se había llevado a la boca. La rubia le miró a lo ojos.

- Yo también te he echado de menos - dijo Emma, hizo una pausa y continuó - te quiero.

Ninguno de los dos añadió nada más y sin mediar palabra, se unieron en un abrazo, cargado de sentimiento, anhelo. Emma respiró hondo y cerró los ojos. Se embriagó del olor que le era tan familiar, que hacía tiempo que no tenía tan cerca. Estuvieron varios minutos así, abrazados, hasta que fue Neal quien rompió el abrazo, manteniendo la cercanía, cogió entre sus manos la cara a Emma, los mechones de pelo se habían movido de su sitio y los puso de nuevo en su lugar. A continuación, le secó las lágrimas que tenía en sus ojos.

- Te dije una vez, que lo que realmente quería era a ti - dijo pausadamente - bueno, y a Henry.

Emma no pudo evitar sonreír.

- Y continúo queriéndolo.

Tan solo les separaban unos cuantos centímetros de los labios de cada uno. Se podía leer en la mirada de los dos que deseaban ese beso como al aire. Pero el sonido de la Blackberry de Emma rompió el silencio entre los dos.

La rubia se giró y se dispuso a cogerlo pero Neal la agarró del brazo y la atrajo hasta él.

- Si me lo permites, no puedo dejar que pase lo típico de las pelis, que chico intente besar a chica, viceversa y algo los interrumpa - dijo Neal mientras el teléfono de Emma seguía sonando.

Y con eso, rompió con los centímetros que les separaban y se fundieron en un beso. Emma cerró los ojos y correspondió a aquello, alargó su mano y la posó justo donde sus labios se unían con los de Neal. La Backberry había dejado de sonar y Emma no podía evitar dejarse llevar por aquel beso. Nunca había imaginado que pasaría de aquella forma, que se estaría dando un beso con él, con el hombre que había echado tanto de menos.

Como si fuera oportuno, el teléfono de Emma volvió a sonar. La rubia se separó lentamente mientras abría los ojos. Miró a los de Neal que iban cargados de amor, de deseo. Acarició la cara de Emma suavemente y asintió con la cabeza.

La rubia contestó en seguida al teléfono.

- ¿Sheriff Swan?

- ¿Archie? – contestó Emma.

- Gracias a dios que me contestas, no me lo cogías y no sabía a quien llamar – tenía la voz entrecortada y agitada.

- Archie, ¿está todo bien? ¿Estás bien? – preguntó preocupada mientras le dirigía una mirada de preocupación a Neal.

- Es Regina, ha desaparecido.