CAPÍTULO VI

Nada más entrar al pub, Draco percibió un penetrante olor a cerveza y humedad que emanaba del suelo enmoquetado. Siguió a Hermione hasta una mesa próxima a la barra, sorteando a los pocos clientes que allí se encontraban. Había una pareja que jugaba a los dardos, un grupo de amigos que se reían escandalosamente un par de mesas más allá y el camarero que parecía recién sacado del Callejón Knockturn. Draco nunca había estado en un bar muggle, así que no tenía ni idea de si ese era el aspecto que tenían todos. Pidió lo mismo que Hermione, de nuevo desconocedor de las costumbres muggles en cuanto a bebidas alcohólicas. Tenía que reconocer que ese gin-tonic no estaba mal, pero seguía prefiriendo el whisky de fuego, además le daba algo de reparo beber de ese vaso teniendo en cuenta el estado del resto del local.

-Granger, has ido a llevarme al pub más cutre de todo Londres.

-Nadie te obliga a estar aquí.- dijo ella tras darle un sorbo a su copa.- Vete si quieres. Yo necesito ir al baño.- se levantó de golpe, haciendo tambalear la mesa y tintinear los hielos dentro de los vasos. Draco la observó alejarse hacia los servicios, dando un pequeño traspié con la alfombra que había pegada a la puerta. ¿Qué coño estaba haciendo ahí? Hermione tenía razón. Pensó en irse antes de que volviera, pero luego creyó que quedaría como un idiota. Antes de que tomara ninguna decisión ella regresó.

-Uhm...sigues aquí. - murmuró con una sonrisilla burlona.

-¿Pensaste que saldría corriendo?

-Sí. Creí que te darías cuenta de lo absurda que es esta situación y te largarías.

-He hecho cosas mucho más absurdas a lo largo de mi vida, esta no está ni entre las diez primeras, no te hagas ilusiones.

-Oh sí, porque drogarse con poción calmante tengo que reconocer que es bastante absurdo.- dijo entre risas.- Y que una antigua compañera de clase a la que odiabas te tenga que llevar al hospital también lo es.

-No tuviste por qué hacerlo.- espetó Draco, apretando el vaso hasta que las yemas de sus dedos se volvieron blancas.

-No acostumbro a dejar que la gente se muera, Malfoy.

-¿Morirme? Merlín, Granger, no seas exagerada, no iba a morirme.

-Podrías haberlo hecho...

-¿Así que ahora eres mi salvadora?

-Bueno, teniendo en cuenta que tú me has salvado esta noche de ser atropellada, estamos en paz.

Hermione hizo chocar su vaso con el de Draco y le dio otro trago.

-Pero ahora en serio, deberías tener más cuidado.

-Joder Granger, pareces mi...

Madre. La palabra se reprodujo automáticamente en la cabeza de Draco, pero no la dijo en voz alta. Hermione se percató de que su expresión había cambiado por completo. Se había puesto muy serio y mantenía la cabeza baja, su mirada fija en el vaivén de los hielos flotando entre la ginebra y la tónica del vaso. Se produjo un silencio incómodo que ella no sabía cómo romper, hasta que el camarero se acercó hasta su mesa y ambos se vieron obligados a escucharle.

-¿Queréis algo más? Cerramos en media hora.

-Otra por favor. Y otra para él.- dijo Hermione, señalando torpemente las copas e ignorando la cara de malas pulgas del camarero. Draco la observó, sabiendo que no era enteramente ella, si no que estaba perjudicada por el alcohol, pero no iba a ser precisamente él quien recomendara no beber a alguien y otra copa no le vendría nada mal.

-¿Desde cuándo bebes, Granger?

-Todo el mundo bebe, Malfoy.

-¿En una cena de trabajo?

Ella apretó los labios y no respondió.

-No imaginé que habrías cambiado los libros por vasos de...lo que quiera que sea esto.- le picó Draco, al ver que no respondía.

-Necesitaba dejar de pensar por un momento.- ella cerró los ojos e inspiró hondo.

-¿En qué?... ¿O en quién?

Hermione volvió a abrirlos y se revolvió en su asiento, incómoda.

-Ginny me contó lo que pasó en la Botica.

-¿Y por eso bebes? No es ninguna novedad que nos llevemos mal. Lo insólito es que a un Potter le caiga bien, y por supuesto me refiero a James.

-No es por eso.- negó ella.- es por algo que me dijo Ginny.

-¿Algo?

-Algo que pasó con Ron, hace tiempo.

-Pensé que ya no estabais juntos.

-Y no lo estamos. Además él tiene novia.

-¿Y eso te molesta? ¿Estás celosa?

-No, claro que no.- rebatió Hermione, molesta.- Sólo somos amigos.

-Bien.

-¿Bien? ¿Y eso qué significa?

-Siempre pensé que no hacíais buena pareja.

-Gracias Malfoy, tú siempre tan amable. ¿Y por qué?

-Es obvio que eres demasiado buena para él.

-Eso sólo lo dices porque odias a Ron.

-Oh no, Granger, te aseguro que la comad...- se detuvo y rectificó.- ...Ron Weasley está en un nivel muy bajo de gente a la que odio. Lo digo porque es verdad.

-No sabía que me consideraras buena en algo.

-Todo el mundo sabe que eres buena, Granger, hasta yo lo sabía.

-Tenías una curiosa forma de demostrarlo...

Draco la miró en silencio y se tomó su tiempo antes de decir nada. ¿Había algo que decir, acaso, una respuesta lógica? Sus ojos castaños le miraban fijamente y Draco revivió el mismo sentimiento de culpa que llevaba acompañándole desde que la vio por primera vez en el rellano, después de tantos años. Sus pensamientos se vieron interrumpidos por el tintineo de una campana a sus espaldas. El camarero la estaba tocando para indicar que era la hora de cierre e invitaba, no de muy buenas maneras, a que los clientes se fueran marchando.

Salieron a la calle y caminaron en silencio los pocos metros que les separaban de su portal. Cuando llegaron a su piso Hermione se entretuvo en buscar su varita en el bolso, sin éxito.

-Oh no...

-¿Qué pasa?

-Creo que me he dejado la varita en el restaurante.

-¿Estás segura?

-La dejé encima de la mesa y se me olvidó cogerla.

-¿Cómo puedes olvidarte de algo así?

Para un mago la varita era como una prolongación de su cuerpo, pero Draco obviaba el detalle de que tras varias copas de vino Hermione no pensaba con la mayor lucidez.

-Gracias por la ayuda, Malfoy, pero eso no me sirve para recuperarla.- chistó visiblemente molesta.- tendré que ir mañana a preguntar por ella, a estas horas ya estará cerrado.

Sacudió la cabeza y después se colocó al lado de Draco, entrelazando su brazo con el de él.

-¿Qué haces Granger?.- preguntó él separándose un poco, pero ella volvió a atraerlo hacia su costado.

-Tienes que hacernos desaparecer hasta mi casa.

-¿Yo? ¿Por qué no te apareces tú y ya?

-En mi...estado.- carraspeó, incómoda.- es peligroso hacerlo.

-¿Tu estado? ¿Te refieres a borracha como una cuba?

Hermione le fulminó con la mirada y apretó un poco más el agarre.

-Podría sufrir una despartición.

-Nunca he estado en tu casa, Granger, no puedo visualizarla.

-Es igual que la tuya, aunque mejor decorada.

Draco cerró los ojos y se concentró en imaginarse la casa de Hermione, probablemente con libros y pergaminos esparcidos por todas partes y ese odioso gato que tenía estirado en el sofá. Sintió una fuerte presión en todo el cuerpo, pero cuando abrieron los ojos no estaban en el piso de Hermione, si no en el de Draco.

-Inténtalo otra vez.

-Granger, es imposible aparecerme en un sitio que no conozco, así que ya puedes ir encontrando otra solución.- se negó él, soltándose del agarre.

-No se puede. Mi varita es la única que puede abrir el cerrojo y nuestras chimeneas no están conectadas por la red flú.- se dejó caer en el sofá y se llevó las manos a la cara. Tras unos segundos en silencio alzó la cabeza y le miró con los ojos muy abiertos.- necesito despejarme. Tú haces pociones, ¿No haces alguna que haga desaparecer...esto?

-¿La borrachera, te refieres?

-Sí, Malfoy, ya sabes a lo que me refiero.- dijo ella, hastiada.

-Existen, y las hay en la botica, pero nunca las he usado y por supuesto no las tengo aquí. Cuando bebo normalmente es para emborracharme, ¿Qué sentido tiene querer estar sobrio?

-¿Tienes café?. El café servirá.- preguntó enfilando sus pasos hacia la cocina.

-No, sólo té.

Hermione apoyó los brazos sobre la encimera y resopló.

-¿Quieres tranquilizarte?

-No puedo tranquilizarme, Malfoy. Mañana tengo una importante reunión a primera hora y no puedo ir en este estado y con la misma ropa que ayer. Necesito pasarme por mi casa.

-Duerme un poco y cuando te...despejes.- carraspeó y esbozó una sonrisa.- podrás desaparecerte.

-¿Dormir? ¿Aquí?.- preguntó ella, sonrojándose al instante.

-Si prefieres un banco del parque...

Hermione asintió y alzó la cabeza en un intento de recuperar la compostura.

-Está bien.- se dirigió al salón, se sentó y apoyó la cabeza en el respaldo, cerrando los ojos.

-Puedes tumbarte si quieres, me das mal rollo en esa postura.- le dijo Draco sentándose en el sillón de en frente. Hermione resopló, abrió los ojos y comenzó a pasear la mirada por toda la estancia.

-¿Hoy no tienes visita?

-¿De qué hablas Granger?

-De la chica del otro día, esa pelirroja que no encontraba el azúcar.

-¿Por qué quieres saberlo? ¿Necesitas preguntarle qué champú utiliza? Siento desilusionarte, Granger, pero no conseguirías tener ese pelo ni con cien litros de poción alisadora.

-No gracias, en la cabeza me conformo con tener un cerebro. Era simple curiosidad.- dijo, volviendo a cerrar los ojos y acomodándose un poco más entre los cojines.

-¿Y qué hay de tí? No creo que sea difícil encontrar a alguien mejor que la comadreja.

-No pienso hablar contigo de mi vida amorosa, Malfoy.

-¿Vida amorosa? ¿Acaso sabes lo que es eso?.- se burló él.- Además no hablaba de amor, Granger. Deberías desenterrar la cabeza de los libros de vez en cuando y divertirte un poco.- Draco se levantó del sillón y fue hacia su dormitorio.- No hagas ruido cuando salgas.- le dijo, perdiéndose en la oscuridad del pasillo.

-Será imbécil.- masculló Hermione antes de aporrear un cojín y acomodárselo debajo de la cabeza. Sólo cerraría los ojos unos minutos, y después se largaría.


-Granger...

Hermione intentó abrir los ojos, pero sus párpados pesaban demasiado. Sentía la cabeza embotada y un extraño zumbido en los oídos.Y además tenía frío.

-Granger...

De nuevo esa voz que le llamaba. Agarró la manta que estaba echa un ovillo enredada entre sus pies y se tapó hasta el cuello con ella. Sólo necesitaba cinco minutos más...

-¡GRANGER!

Hermione abrió los ojos sobresaltada y vio a Malfoy mirándole desde arriba. Se incorporó con esfuerzo hasta quedar sentada.

-Me he quedado dormida.- musitó, restregándose los ojos y ahogando un bostezo.

-Sí, llevas roncando desde que me he levantado.

-Yo no ronco.- replicó ella.

-Lo que tú digas, Granger. Tengo que irme a trabajar y tú también, supongo.

-¿Qué hora es?.

-Las siete y media.

-¡Mierda! Tengo que estar a las ocho en el Ministerio- se levantó de golpe y empezó a rebuscar su abrigo por el salón, ya que en algún punto de la noche se lo había quitado, muerta de calor, al igual que los zapatos, uno de los cuales encontró debajo de la mesita de café.- Esto...gracias por ehm... por dejarme dormir aquí.- le dijo. Malfoy la observaba corriendo de un lado para otro, sosteniendo una humeante taza de té y bebiendo con tranquilidad.

-De nada. Y el otro zapato está detrás del sofá.- le dijo. Hermione lo cogió y se dispuso a desaparecerse hasta su piso, pero él la detuvo.

-Espera, tengo algo que vas a necesitar.- hurgó en su bolsillo y sacó un botecito de poción verde y de consistencia pastosa. Se lo lanzó a Hermione, que lo cogió al vuelo y lo miró con asco.

-¿Qué es esto?

-Poción anti-resaca. Sabe a rayos, pero en menos de dos minutos será como si no te hubieras bebido todo el alcohol de Londres.

-Tampoco bebí tanto.- replicó ella con el ceño fruncido.- pero gracias.

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Draco apuró el té que se estaba tomando y se desapareció hasta Malfoy Manor. Antes de ir a trabajar quería pasarse a ver a su padre, aunque era probable que no le recibiera. La elfina doméstica le abrió y, como siempre, le hizo una exagerada reverencia, pero cuando Draco enfiló las escaleras hacia el piso de arriba, la criatura le detuvo.

-El señor Malfoy no se encuentra en sus aposentos.

-¿Y dónde está?.- preguntó Draco dándose la vuelta.

-No lo sé, señorito Malfoy. Se fue hace dos días y no ha regresado.

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De nuevo miil gracias por los reviews, follows y demás! Espero que os haya gustado el capítulo y nos leemos en el próximo :) xxx