Se que es cortito, pero espero que os guste, quería añadir unas cuantas cosas, pero cortarlo donde lo he cortado me ha parecido correcto. Voy escribiendo sobre la marcha, aunque las ideas las tengo en la cabeza. Creo que este capítulo es importante, aunque sea corto, a partir de aquí Emma empezará a darse cuenta rápidamente de cómo lo está pasando Regina, lo que está sintiendo. Algo está naciendo, ¡atento/as!

Y muchas gracias por todos los reviews, como siempre, ¡un placer leerlos todos y cada uno de ellos!

CAPÍTULO 5

- ¡Emma! - chilló Neal muy cerca ya del cobertizo.

- No he acabado contigo Regina, volveré - dijo aquel psicópata mientras se marchaba corriendo.

Regina se giró lentamente donde yacía Emma. No era capaz de moverse. Y Emma tampoco lo hacía. Regina aun tenía las manos atadas a la espalda y no sabía si habían dado a la rubia o no, pero estaba inconsciente.

- Emma, despierta...despierta por favor - dijo mientras dejaba caer una lágrima - despierta.

Y así lo hizo. Emma abrió los ojos y cogió aire con fuerza. Continuó respirando agitada y costosamente. Era como si le fuese difícil respirar.

De repente apareció Neal en la puerta y se dirigió de inmediato donde se encontraba Emma. Se quitó de inmediato la bufanda que llevaba y la enrolló en el cuello a Emma.

Regina se acercó como pudo y alcanzó a verla de cerca. El cuello. Estaba cubierta de sangre.

- Estoy...bien - dijo Emma dirigiéndose a Regina - no noto ningún cuerpo extraño dentro de mi, así que supongo que es superficial, ¿me equivoco?

- No - dijo Neal con media sonrisa – pero te llega a pasar algo...y yo...

- Desata a Regina - dijo Emma con voz ronca.

"Como que te llega a pasar algo y yo..." ¿Yo qué? Se preguntó Regina, ¿qué narices estaba pasando entre estos dos?

Neal desató las cuerdas que tenía atadas la morena y luego se dirigió a Emma.

- En la mesa, esta ahí la llave de las esposas - dijo Regina

Neal la cogió y le quitó las esposas a Emma. La rubia empezó a retorcerse de dolor, quería gritar y con ganas.

- Emma - dijeron Neal y Regina a la vez.

- El hombro, lo tengo dislocado, ¡joder! - dijo con una mueca en la cara.

- Vale, te lo voy a poner bien, te va a doler un poco - dijo Neal

- Sabes perfectamente que se cuando una persona me miente con tan solo mirarla, ¿verdad?

- Entonces, prepárate para sentir un gran dolor.


Emma abrió los ojos. Y sintió dolor en todo el cuerpo. En especial en el cuello. Aun más especial en el hombro.

Recordó el dolor que sintió cuando Neal le había colocado en su sitio el hombro. Cerró los ojos. Se encontraba en el apartamento, en su apartamento, bueno, el de sus padres. Tendida en la cama de la que era su habitación en la parte de arriba.

Se levantó con ayuda del brazo derecho, el izquierdo lo tenía perfectamente inmovilizado. Se dirigió al baño y se miró en el espejo. La sangre había desaparecido. La parte izquierda del cuello la tenía vendada, la destapo un poco y pudo ver la herida. La bala tan solo había rozado la piel, pero dolía como si estuviera dentro. La tapó de nuevo y se dirigió a bajo.

- Emma, ¿como te encuentras? - preguntó David.

- Bien, un poco aturdida, pero bien - contestó Emma mirando la poca luz que entraba por la ventana - ¿cuanto tiempo he estado durmiendo?

David se rió.

- Un día entero, hace media hora que hicieron las 24h.

- ¿Y Regina? - preguntó Emma sin saber el porqué.

- Mamá está con ella y Henry con Neal.

- Regina con mamá, vale, no encuentro eso una buena mezcla.

- ¿Está rara sabes? Cuando os sacamos de allí, ella estaba ausente, ida.

Emma no pudo evitar preocuparse.

- Neal te trajo hasta aquí, después de que te recolocase el hombro, te habías desmayado - continuó David - Emma hay que tener cuidado, fui tras Jorge pero, se escabulló, se me escapó.

Emma miró a su padre.

- Ese hombre amenazó a Regina antes de escapar, creo que lo volverá a intentar.

De pronto, David puso una cara de preocupación.

- Entonces vamos - contestó.

La rubia cogió su chaqueta de cuero roja que estaba encima de una de las sillas y salieron del apartamento a toda prisa. Fue David quien condució el escarabajo amarillo hasta la casa de Regina.

Se acercaron hasta la puerta y, se dieron cuenta de que ésta, estaba entre abierta. David le tendió una pistola a Emma.

- Detrás de mi - le dijo a la rubia.

Entraron dentro, con mucho sigilo. Todo parecía tranquilo, demasiado. No se oía nada.

- ¡Mary Margaret! - gritó David.

Emma llegó donde estaba su padre y pudo ver como su madre yacía en el suelo. Comprobó que el pulso de Mary Margaret fuese estable y empezó a subir las escaleras de aquella casa. Revisó cada una de las habitaciones, pero no había nadie.

Estaban vacías.

De repente, en el exterior se oyó una voz chillando a otra amenazadoramente.

Era él.

Emma corrió hasta la ventana y pudo ver como el mismo hombre que la había disparado y secuestrado a Regina, estaba intentándolo hacer de nuevo. Esta vez, la encañonaba con una pistola, dispuesto a disparar ahí en medio.

Pero Emma no iba a permitir que eso ocurriese. Bajó hasta la planta baja todo lo rápido que pudo y corrió como nunca hasta el exterior. Mary Margaret, ya consciente y David iban detrás de ella, pero pronto los dejó atrás.

Entonces lo vio, estaba quitándole el seguro al arma. Iba a dispararla, a Regina. Fue entonces cuando la morena se percató de quién había llegado. Se le iluminaron los ojos, con algo parecido a la esperanza.
Emma no lo dudó dos veces y apuntó con su arma a Jorge. Le temblaba el pulso a causa de no tener la estabilidad suficiente con una sola mano pero miró a su objetivo, y disparó.

Emma consiguió darle en la mano a Jorge, haciendo que soltara el arma. David se abalanzó encima de él y le placó.

Regina se había quedado quieta y sin habla. Hasta que, de pronto cogió el arma que se había quedado en el suelo y le propinó un golpe en la cabeza a su agresor, dejándole inconsciente.

Emma se dirigió a Regina, que volvía a parecer una estatua.

Y la abrazó.

La morena reaccionó en seguida y apartó a Emma de su lado de inmediato.

- No me vuelvas a tocar Emma Swan.

- Regina...

- ¿Pretendías reconfortarme? ¿Ayudarme quizás?

- Yo...sí – contestó confundida.

- No puedes - dijo con un tono de voz solemne - no puedo sentir, ¿recuerdas? Un abrazo...no reconforta, no ayuda, no sirve de nada si no se es capaz de experimentarlo, de vivirlo, de sentirlo.

Emma se quedó callada y sorprendida ante la respuesta que Regina le estaba dando.

- Esa es mi nueva maldición - continuó diciendo con pesar - ¿recuerdas?