No he mencionado últimamente quienes me dejáis review, así que voy a nombraros, uno por uno: silviasi22, paola-enigma, nicole, Mariiabm, Zanesa97, alexade, nuhbi, , vesita, Eclair Rozen, Lee y EsmeMills.
Muchisimas gracias por vuestros reviews y siento haber tardado en actualizar, han sido demasidadas cosas a la vez y simplemente no he podido. Gracias también a los nuevos fav y follows, pero me gusta leer vuestros y saber lo que pensáis.
Quería agradecer a la gente que me ha empujado a continuar, que me ha insistido. Sí, me ha animado a acabar de escribir este capi que tenía a medias.
Es corto, pero quería ESE final, creo que no os dejará indiferentes, bueno, eso espero.
CAPÍTULO 7
Emma en cuanto hubo revisado la planta de abajo se dispuso a subir las escaleras. Los gritos habían cesado y aun se preguntaba como había sido posible que desde la calle hubiese oído los gritos. Llegó a la habitación de Regina y obtuvo su respuesta. La ventana estaba abierta, pero no había nadie. Por lo menos en modo ataque. Fue entonces cuando se fijó en la cama. Ahí estaba, tendida, dormida, sumida en una pesadilla, porque no paraba de balbucear palabras sin sentido y mover la cabeza de un lado a otro. Emma corrió a su lado, la agarró del brazo y la zarandeó.
Como un resorte, Regina se incorporó asustada, mirando a los lados y cuando vio a Emma, se relajó.
- Hey – dijo en modo de saludo la sheriff.
Regina suspiró y dirigió la mirada a otro sitio que no fuese la cara de la rubia. A Emma le pareció ver que las mejillas de la morena se sonrojaban, pero la vista le debía estar jugando una mala pasada, la habitación estaba prácticamente a oscuras, por la ventana entraba algo de luz de las farolas de la calle, pero no gran cosa. Así que descartó la idea.
¿Porqué motivo iba a sonrojarse la morena?
- Has tenido una pesadilla… - comenzó a decir la rubia.
- Sí…
Emma se sorprendió. Se había esperado que asintiera con la cabeza, pero no, le había contestado, con un monosílabo, cierto, pero lo había hecho. Habían sido dos semanas enteras en las que la morena la había ignorado completa y absolutamente. Catorce eran las veces en las que había picado a su puerta, sin contar las extras, cuando volvía horas más tarde y probaba de nuevo.
- No esperaba que me contestases – dejó salir Emma de repente, lo había estado pensando pero no había planeado decirlo.
- Ya.
- Quiero decir, han sido dos semanas – continuó - insistentes.
- Sí.
- Henry vino en más de una ocasión – las palabras las pronunció lentamente, intentando que tuvieran efecto en Regina.
Y lo tuvo, por un instante pudo captar en su mirada un atisbo de dolor mezclado con pena.
- Sí.
- ¿Tienes algún problema con los monosílabos? – Había estado intentando mantener una conversación con la morena, pero así, le estaba siendo imposible – quiero decir, ¿tu vocabulario ha sido afectado por algún factor que no he tenido en cuenta? dos semanas atrás parecía que tenías un léxico bastante correcto.
Levantó la mirada de repente, indignada.
- ¿Y tu en la cabeza? – Soltó de repente – ¿que narices haces colándote en casas ajenas? ¿Qué pasa, se han pegado en estas semanas las costumbres deshonestas de peculiares vástagos recién llegados? Sigo sin ser la alcaldesa, pero puedo aplastarte cuando quiera.
Regina hizo ademán de levantar el brazo, mirando con furia a la mujer, mientras que Emma la miraba confundida. La morena continuó con el brazo extendido, con la mirada ahora frustrada, concentrada en la mano. Fue entonces cuando la rubia se dio cuenta de lo que pretendía.
- Regina… - pero la morena ya se había dado cuenta de lo que ocurría.
O más bien, de lo que no ocurría.
No funcionaba, la magia la había abandonado, ¿por qué? Siempre había viajado con ella, siempre la había acompañado a todas partes: para ayudar a arrancar el corazón de la gente, lanzar volando a según qué individuos, incluso había dejado estampada y bien enganchada a la gente.
Pero ahora no.
Fue entonces cuando notó el contacto de la mano de la sheriff en su mano derecha. De repente todo cobró sentido, y abrió bien los ojos, dejando así, que la realidad la golpease.
- ¿Estás bien? – preguntó Emma con voz compasiva.
Ella sabía que acababa de pasar. Instintivamente había estado dispuesta a utilizar la magia contra ella.
- He estado a punto de atacarte, ¿y te preocupas por mí? – dejó que la culpa entrara y la atormentase.
- No puedo imaginar por lo que debes estar pasando, cuando se decidió privarte de lo que se te ha privado, no era a ti a quien se le privaba de aquello.
Regina soltó una risa.
-¿No? ¿A quién sino? – preguntó irónicamente.
No se imaginaba que tuviera una respuesta tan fácil.
- A la mujer que ha cometido tantos delitos e injusticias.
- Es obvio, que yo soy esa mujer, Emma.
- No, tú no – dijo la rubia con tono decidido – sino la Reina Malvada.
- He estado a punto de estamparte contra aquella pared, ¿y sigues pensando que no soy esa mujer?
- No es que lo piense, lo se.
No creía lo que estaba escuchando salir de la boca de la rubia. Esa fe ciega, que le estaba mostrando, la estaba empujando, animando a seguir luchando.
¿Estaba soñando quizá?
- Es como si tuvieras dos personalidades metidas dentro, y la buena ha estado luchando por salir desde que… ya sabes.
- Sí, ya sé – suspiró Regina.
- Antes, es cierto que parecía que la Reina Malvada quería volver, salir y comerse a todo el que se le pusiera por delante, pero luego, ha salido la mujer que hay ahora.
Se quedaron en silencio. Regina analizando las palabras de la sheriff y ésta última analizando la cara de la otra. Y de pronto la morena se dio cuenta, y la rubia de la cara de la mujer que estaba a su lado.
- Me habías tocado.
Emma se paró a pensar.
- Cuando te he despertado.
- Sí, pero cuando me has despertado, lo has hecho tocando mi brazo – explico mientras señalaba la tela de la parte de arriba de su pijama de invierno – no ha habido contacto directo con mi piel.
La morena no podía parar de pensar en lo que había pasado, había estado tan cegada que no había podido disfrutar de aquel corto momento.
- Pero después, cuando me has tocado la mano y me has devuelto a la realidad, sí.
Emma se quedó en silencio durante unos segundos.
- No entiendo lo que me tratas de decir Regina.
Regina sonrió, pero esta vez, lo hizo con una pizca de esperanza mezclada con miedo. Fue entonces cuando Regina se dio cuenta de que no estaba en un sueño, sino en la vida real.
- Te he sentido.
