En el anterior capítulo no agradecí los reviews pero lo hago ahora, gracias! reviews, follows, fav, significan mucho, voy a intentar actualizar pero últimamente está complicado el tema.
Espero que os guste el nuevo capi y que no me matéis demasiado.
Sus labios contactaron y Regina pudo sentir como su piel quemaba, ardía en deseos por estar con ella, a su lado, sentirla.
Y lo estaba haciendo, y de qué manera. ¿Cuánto tiempo había estado deseándola en silencio? El día que la conoció no habría podido admitir que le gustaran las mujeres, es más, por aquellos tiempos tenía a Graham a su servicio. Pero todo había cambiado el día de la mina. Aquel fue el día en que Regina se había dado cuenta que la rubia la atraía. Pero se lo había estado negando a sí misma desde entonces.
- Regina.
Oía su nombre, alguien que la llamaba, la voz era familiar, extremadamente familiar. Pero ella tan solo estaba concentrada en la rubia. En sus rizos, en sus labios, en su cintura y curvas, aunque fuesen pocas.
- ¡Regina!
Esta vez la voz sonó más cerca de ella, pero por alguna extraña razón, no podía apartar la mirada de ella.
Ella.
Enfrente suya. Sonriendo.
Su sonrisa era un bien tan escaso y tan preciado... ¿cuántas veces la habría visto sonreír? No las suficientes, eso estaba claro. Volvió a situar su mirada hacia la rubia. Pero ya no estaba, su sitio había sido reemplazado por la nada. Miró a su alrededor y todo lo que pudo ver fue…
Oscuridad.
Regina se encontraba confusa, desorientada. No comprendía lo que estaba ocurriendo. Hacía segundos había estado con…
- ¡Regina! – alguien volvía a chillar su nombre. Pero esta vez pudo reconocer la voz. Era la de Emma. ¿Por qué no la había reconocido antes? ¿De dónde venía? Podía oír cómo pronunciaban su nombre aun así no veía a nadie. No veía nada.
De repente como si se estuviese zambullendo en el mar, una ola de agua chocó contra su cara y pelo, haciendo que abriese los ojos a la realidad.
- Ahora – dijo con un suspiro la Sheriff.
Regina se situó donde se encontraba. Baño. Emma a su lado sosteniendo un pequeño cubo ahora, ya vacío. En otras circunstancias hubiera soñado con ese tipo de panorama, pero ahora mismo no era el caso.
- Empieza a cogerle el gusto a esto de despertar a la gente.
- Te habías desmayado…
- ¿Por qué? ¿Cuándo? ¿Dónde?
- Ni idea. Antes. En tu habitación – dijo respondiendo a las preguntas – y no me voy a ir, tranquila - dijo Emma asintiendo con media sonrisa.
Regina recordó cómo le había pedido que se quedara, debía de haber sido entonces cuando se había desmayado.
- ¿Has estado todo este tiempo encerrada en tu dormitorio?
- Todo, todo no, había días que bajaba a comer algo – respondió Regina.
- Debe de haber sido una bajada de azúcar o algo debido a la alimentación – comentó Emma con cara de desaprobación – tengo una idea, tú te duchas y voy a Granny's a comprar algo, no se me da muy bien cocinar.
- Me parece bien.
Emma se levantó y se dirigió a la puerta.
- No te resbales ni te electrocutes en la bañera en mi ausencia – escuchó Regina mientras Emma acababa de bajar las escaleras – ¡tampoco te desmayes y te des un golpe en la cabeza!
La rubia se dispuso a sacar las llaves del escarabajo amarillo, cuando recordó que había llegado hasta allí caminando.
Tardaría algo más de lo previsto.
Pues echa a andar – se dijo mentalmente – quizá llegues antes de que Regina se descalabre en la bañera.
La morena se levantó lentamente, se desvistió y se metió en la bañera.
Piensa en lo que te ha dicho Emma, imagina, recuerda el contacto con el agua, evita no sentir nada – se recordó mentalmente – o piensa en ella y olvida el resto.
Con esto último, Regina giró la maneta y dejó que fluyera el agua, envolviéndola.
Cuando Emma llegó a Granny's no pensó en las horas que eran, es más, era demasiado temprano, y no se había dado cuenta. Había llegado a casa de Regina de madrugada, pero se había pasado prácticamente toda la noche allí. Bueno, la noche, eran las seis de la mañana, de noche aún era. Pero aquel restaurante no debía conocer la fase Rem del sueño. Emma últimamente tampoco.
Entró por la puerta y sonó el timbre habitual del establecimiento.
- ¡Emma! – gritó Ruby en modo de saludo – cuanto tiempo.
Y era cierto, habían pasado dos semanas en las cuales no había pisado aquel establecimiento.
- Hola Ruby, yo también me alegro de verte – dijo Emma sonriendo.
-Mientes, me has estado evitando, desde… - dijo mirando a la puerta de la cocina donde se oían ruidos de bolsas y embalajes, la abuelita debía estar dentro y Ruby susurró de modo en que tan solo la rubia pudiese oírla – la ducha pornosa.
Emma puso los ojos en blanco.
- Realmente eres una mente sucia – contestó Emma entre susurros – ¡no pasó nada!
- Eso no decían mis orejitas detrás de la puerta.
- ¿Nos espiaste?
- ¿Ahora sois nos?, naah, yo no lo llamo espiar, lo llamo… confirmar sospechas.
- No tienes remedio – dijo la rubia a la morena mientras negaba con la cabeza.
-Pero tú sí eeh – contestó Ruby mientras le daba un suave codazo en el brazo – lo que pasa es que me llamó la abuelita para atender la barra, y no me enteré de sí, tu y él…
Ruby empezó a hacer gestos con los brazos y caderas, como si estuviese esquiando.
- Anda prepárame mi chocolate caliente y dos sándwiches vegetales bien cargados, para llevar – dijo ignorando a la camarera – tengo prisa – continuó.
-Agua-conversaciones… - contestó Ruby mientras preparaba todo.
De pronto pensó en Neal, en la última conversación que tuvieron y sintió una punzada en el estómago, pero no de las buenas, sino todo lo contrario. Quizá había hecho mal al aceptar comenzar de cero. Ahora no se veía capaz de comenzar una relación con nadie.
Ruby plantó el pedido de Emma en sus narices asustándola un poco. Pagó lo que costaba, cogió la comida y se despidió.
- Perdona, rubia – era Neal – se te ha caído esto – dijo mientras le entregaba el objeto.
-Vaya, gracias, ya ni me acordaba de que lo llevaba encima.
-De nada – dijo con media sonrisa – por cierto, me llamo Neal – extediendo una mano en forma de saludo.
-Emma – contestó, extendiendo la suya.
-Bonito nombre – Emma le pareció tener un deja-vi.
Por ese tipo de cosas no acaba de estar segura de aquella decisión.
- Podríamos tomar algo aluna día.
- Algún día – contestó – y gracias por habérmelo devuelto, pero me tengo que ir.
-Claro, ya nos veremos.
Emma se giró y puso rumbo a la mansión de Regina mientras con el brazo izquierdo sostenía el pedido, con la mano derecha sostenía aquel objeto.
Ya tienes algo para entretenerte Emma Swan – anotó mentalmente.
Abrió la palma de la mano derecha y se quedó observando la llave.
