CAPÍTULO 3
Era domingo por noche cuando Kate llegó al apartamento con su madre, apenas estaban en el pasillo cuando ambas se detuvieron completamente sorprendidas, por unas lindas bragas de algodón purpura colgadas en la manija de su puerta.
Rick. Pensó Kate para sí misma, claro, ¿quién más podría tener sus bragas de ayer? Completo idiota, su sangre hervía, no creía que se hubiera atrevido a hacer eso.
Como pudo las cogió y entró directamente a su apartamento, había pasado el fin de semana en casa de sus padres y su madre había decidido llevarla a la ciudad y así aprovechaba de hacer algo de compra y dejarle comida saludable en su hogar, no confiaba en Kate, si fuera por ella comería chino todos los días.
- Entonces, ¿No me vas a explicar qué significa eso? – preguntó su madre después de unos minutos acomodando la compra en los estantes.
Kate le dio una mirada con sus fascinantes cejas alzadas.
- Si no sabes lo que ese símbolo mundial significa entonces perdiste tus años en la universidad – se echó a reír.
- No me lo recuerdes Kate, tu padre y yo pasamos muchas noches encerrados en su habitación en la facultad usando sus corbatas o calcetines – respondió su madre añorando esos años en la universidad cuando conoció a Jim, su marido y el padre de Kate.
- Ewwww – volteó los ojos su hija – demasiada información, mamá –
- Pensé que eras bastante mayorcita para hablar de sexo, así como lo estás teniendo, Kate – le dijo su madre mientras la abrazaba. Ella era muy consciente de las aventuras de su hija, sabía que desprendía sensualidad y belleza, y que hasta coqueteaba con sus colegas cada vez que la visitaba en su trabajo.
- No con mis padres y mucho menos del sexo entre mis padres – hizo una mueca exagerada - Pasé la noche de ayer en tu casa, ¿recuerdas? Es bastante obvio que no estoy teniendo sexo – respondió zafándose de los brazos de su madre.
- Conozco tu ropa Katie, todavía te la lavo – si Kate daba unas miradas mordaces, eso, seguramente lo había aprendido de su madre que era una experta haciendo temblar a la gente con una sola mirada, así como esa que le estaba dando a su hija en ese momento.
- Sí, yo también la conozco, mamá. Seguramente fue el vecino que la dejó allí –
- ¿Te estás acostando con tu vecino? – preguntó su madre totalmente intrigada, la última información que había recibido de su hija, según ella, el tipo era un egocéntrico insoportable que hablaba francés a todas horas.
- ¿Qué? ¿Qué?¡NO! – respondió Kate, con la cara roja recordando los últimos acontecimientos con su vecino, casi lo habían hecho de no ser porque el maldito ascensor comenzó a funcionar justo en el momento más intenso.
- ¿Entonces cómo es que tenía tu ropa interior? – siguió su madre interrogando.
- Seguramente se me cayó ayer cuando nos quedamos atrapados en el ascensor, te lo conté, ¿recuerdas? Por eso llegué tarde, llevaba mi bolsa de ropa sucia, se habrá caído y no me di cuenta – con eso dio el tema por zanjado, su madre realmente no necesitaba saber los episodios que tenía con Rick en el ascensor.
Más tarde ese mismo día cuando su madre se había ido, Kate decidió hacerle una visita a su vecino. Apenas tuvo que llamar cuando el apareció en unos pantalones cortos y camisas de esa en cuello V que tan bien le quedaban y le fascinaban a ella, sin embargo, en ese momento ni se detuvo a admirarlo.
Rick solo pudo sentir el ardor en su mejilla apenas logró abrir la puerta.
Kate, estaba frente a él con el ceño fruncido y realmente molesta,
- ¿Qué… - ni siquiera pudo terminar la oración cuando se dio cuenta de lo que ocurría, Kate le acababa de dar una bofetada con todas sus ganas.
- Eres un imbécil – le dijo ella con la mandíbula apretada de la rabia que sentía
- ¿Y eso te da derecho a pegarme? – respondió él en un tono más de burla que serio.
- Mi ropa interior en la puerta, ¿realmente? ¿Después de lo que pasó ayer así es como actúas? – Sí, ella estaba molesta porque pensó que después de lo que había hecho en el ascensor tenían una oportunidad para culminar lo que empezaron y creyó que él también lo quería, pero no, el tipo de verdad era un idiota.
- Como no viniste anoche creí que las querrías de vuelta – le dio una sonrisa cínica que ella quería borrarle con otro golpe, pero no se atrevió.
- Estaba ocupada, tenía mejores cosas que hacer – le dijo intentando jugar su mismo juego. Y eso realmente le dolió a Rick, él había creído que tenían algo cuando estuvieron en el ascensor, pero cuando ella no se presentó en su casa se sintió estúpido y eso más que todo, le enojo, y por eso hizo lo que hizo – Además, si necesitabas compañía podías haber llamado a tus amiguitas.
- Eso fue lo que hice – respondió socarronamente – no creas que te estuve esperando toda la noche, solo quise hacerte un favor y devolvértelas a tiempo antes de confundirlas con las de las demás. – ella hizo un resoplido.
- Serás idiota, mi madre las vio, los vecinos, seguramente todo el edificio. ¿Sabes lo que van a imaginar ahora? – le preguntó frustrada.
- ¿Qué tuviste un gran día de diversión y no querías ser molestada? – contestó con un toque de diversión levantando las cejas.
- Yo no soy como tu Rick. No me gusta dar espectáculos ni que los vecinos sepan con quién me acuesto, me gusta mi vida privada – respondió sinceramente, no era que le molestara lo que pensarán de ella sus vecinos, era su privacidad y definitivamente, que sepan que color son sus bragas es algo muy privado.
Él no tenía idea que ella sabía su nombre, aquello fue algo que le sorprendió.
- Y a mí me gusta la vida divertida – ella rodó los ojos exasperada, era imposible hablar con él. Negó con la cabeza y se estaba dando la vuelta para volver a su apartamento al otro lado del pasillo cuando él la tomó por el brazo – Espera – le dijo - Podemos seguir hablando dentro, ¿Por favor? – hizo una seña con los ojos hacia su puerta.
- No lo hice anoche y no lo haré nunca – contestó seriamente – aunque me apuntaran con una pistola en la cabeza, preferiría que me mataran antes que entrar ir allí – señaló con su mano hacia el apartamento de él y con eso se alejó.
Él asintió con la cabeza, un poco herido por su fuerte comentario y se devolvió a su apartamento cerrando la puerta sin volver a mirarla. Pero si hubiese volteado se hubiera dado cuenta de los movimientos frustrados de Kate intentando abrir su propia puerta.
Mierda. No podía ser tan idiota, había salido de su casa apenas vestida con un pijama directo a la puerta de Rick sin llaves, sin móvil, sin nada y su puerta se había cerrado mientras discutía con él y ahora, no tenía ni un gancho de pelo para poder abrirla.
Rick estaba a punto de irse a dormir un poco molesto y decepcionado por cómo habían terminado las cosas con Kate, lo único que quería era dormir, pero entonces sonaron unos golpes en su puerta, otra vez.
- Necesito usar tu teléfono – le dijo Kate con los brazos cruzados apenas él abrió la puerta.
- Creo que acabas de decir y cito "preferiría que me mataran antes que entrar ir allí" – dijo él recostándose del marco de la puerta sin intención de dejarla entrar en su apartamento.
- Mi puerta se cerró y no tengo llaves – le explicó – no sé hacer magia para abrirla sin llaves así que necesito hacer una llamada – dijo totalmente necesitada, era eso o llamar a su vecino de al lado, y sinceramente ya era suficiente con que vieran sus bragas para que también la vieran en pijama. – ¿Por favor? – terminó suplicando.
Él se hizo a un lado para dejarla pasar y ambos entraron. Su apartamento no era gran cosa, apenas estaba decorado, la mayoría de las paredes estaban vacías y apenas tenía un par de muebles. Le ofreció el teléfono y se dirigió a la cocina para darle privacidad.
Kate se quedó pensando a quién llamar, su madre se acababa de ir y no podía decirle que estaba con su vecino sin que la interrogara por sexo, Lanie, recordó de repente, su madre, su caso y Lanie eran los que tenían una llave de repuesto.
Su amiga vivía al otro lado de la ciudad por lo que tardaría en llegar, pero quedó ir y pasar la noche con ella.
- Gracias – dijo Kate cuando le entregó su teléfono de casa. – Mi amiga Lanie viene con las llaves de repuesto.
- Puedes quedarte a esperar, sí quieres – dijo en un tono más pausado cuando vio la mirada de confusión que le daba Kate. – Podemos cenar – le sonrió – no tengo mucho, pero algo te puedo hacer. Después de todo soy el culpable de que estés aquí – dijo caminando por la cocina con la intención de preparar algo.
-Gracias – repitió ella, como si no tenía nada más que decir – mi madre me obligó a comer antes de irse, pero te puedo acompañar.
Él se preparó un sándwich y estuvieron sentados en un incómodo silencio por un rato. Hasta que su curiosidad pudo más.
- ¿Cómo sabes mi nombre? – preguntó Rick rompiendo el silencio.
- La Sra. Rubio – Kate le sonrió mordiéndose el labio – Ella me dijo también que no me podías entender – se rió.
Él asintió, recordando que desde que se habían conocido no se habían presentado de forma correcta ni sabían nada el uno del otro, más que las ganas que se tenían. Se levantó y le extendió la mano, ella hizo un gesto con la cabeza no entendía lo que estaba haciendo, pero le siguió el juego.
- Richard Castle – dijo cuando ella le apretó la mano – Transferido de Europa a la NYU, estudiante de idiomas, en mis tiempos libres doy clases de francés y todos me llaman Rick. – le sonrió. Una sonrisa que iluminó la cara de Kate, era como si fuera exclusiva para ella, lo que le hizo sentir un hormigueo en el vientre.
- Katherine Beckett – comenzó ella mientras sonreía – Leyes también en la NYU, no sé hablar francés y todos me llamen Kate – finalizó bastante alegre por su presentación oficial.
-Así que, clases de francés, ¿eh? – siguió ella hablando, sintiéndose estúpida por la mayoría de sus comentarios.
- Sí, las chicas de primer año son capaces de pagar 20$ la hora cuando saben que vienes de Europa y les puedes enseñar, les dejo escuchar música y que se diviertan porque realmente necesito el dinero. Lamento no haber un vecino considerado contigo – le dijo honestamente y ella asintió.
- Estaba con mis padres – habló Kate cambiando de tema. Él le dio una mirada confundida pidiéndole que siguiera – Anoche, cenaba con mis padres. Tienen esta ridícula tradición desde que entré en la universidad que al menos una vez al mes tengo que pasar el fin de semana con ellos viven en Queens, por eso no pude venir anoche. –
- Oh. – fue todo lo que él pudo decir.
- No era como si te pudiera avisar, saliste del ascensor sin despedirte y ni siquiera tengo tu número de móvil – le reclamó ella y tenía razón.
- Lo siento – dijo cayendo en cuenta lo impulsivo que había sido. – Creí que no te había gustado lo del ascensor. – hablaba mientras se iba acercando a ella.
- No..! – respondió ella casi inmediatamente sintiéndose nerviosa y descubierta – Digo, sí, no… Si me gusto fue inesperado, pero, quería venir y lamento haberte golpeado – dijo levantando su mano para acariciarle la cara justo donde lo había abofeteado.
- Me lo merecía – habló mientras tomaba su cara entre sus grandes manos – pero no me arrepiento, porque entonces no habrías venido ni podría hacer esto – susurró cada vez más cerca de sus labios a punto de besarla.
- ¡ESPERA! - Kate lo detuvo y alejo un poco para levantar la cabeza hacia él - ¿realmente tenías compañía anoche? – él sonrió y negó con la cabeza, eso fue suficiente para Kate que comenzó a besarlo. Trazó ligeramente el labio inferior con la lengua y él abrió su boca para ella, ella ya tenía sus brazos alrededor de su cuello y sus dedos acariciando su cabello, no pudo evitar un gemido cuando sintió sus manos vagar por sus caderas intentando meterse bajó su camisa de dormir mientras ella exploraba su boca con su lengua.
El beso era lento y pasivo, acariciándose mutuamente sin la presión de estar encerrados en un ascensor podrían tardar el tiempo que quisieran o al menos eso pensaban porque de repente el timbre sonó.
- ¿Kate? – era su amiga Lanie.
Rick bufó sacando las manos bajo su camisa y llevándolas a sus mejillas otra vez, con un suspiro Kate terminó dándole castos besos en los labios, debían separarse.
Él abrió la puerta para encontrarse con su amiga.
-Hola – dijo Lanie. – Estoy buscando a Kate –
-Soy Rick – le saludo a él mientras Kate aparecía por detrás una sonrisa para abrazar a su amiga.
- Escucha – dijo ella antes de irse - ¿Tal vez podemos vernos mañana?
- Es una cita – él sonrió.
Cuando entró a su apartamento con su amiga no podía evitar la sonrisa en su cara, había ido totalmente furiosa con él y había regresado algo frustrada por su falta de tiempo para terminar las cosas, pero más aliviada, mañana tendrían una cita.
- Realmente es caliente, chica. No sé cómo no te lo has tirado teniéndolo frente a ti todos los días – se río su amiga.
- Lanie – dijo Kate mordiéndose el labio – tengo que contarte algo. -
Se que no era lo que esperaban, pero era lo que tenía que pasar. Me gusta que se conozcan antes.
Quién sabe, tal vez en su próxima cita terminen lo que comenzó en el ascensor.
