Japón observó con atención al griego. No sabía porque, pero no podía apartar la mirada de él. Grecia tenía una especia de extraño magnetismo que atraía su mirada. ¿Acaso sería su brillante y atrayente personalidad? ¿O la cantidad de cultura que poseía? ¿O se trataría de su inigualable físico? Sacudió la cabeza. Grecia era Grecia, era un occidental, no debía ser tan interesante.

A pesar de que tenga un gato de mascota. Un gato e infinidad de perros.

Hacía poco que se habían hecho "amigos".

—Japón—lo llamó el griego—Me alegra que hayas venido. Acabo de descubrir algo, y me encantaría mostrártelo.

— ¿De qué se trata? Espero que sea una cura para tu insomnio. Me asusta saber que te quedas despierto hasta las cinco de la mañana viendo la infinidad de comerciales de la televisión.

—Es lo único que puedo hacer por la madrugada, al menos los días entre semana. Aunque…

— ¿Aunque?

—Aunque si consideraras venir a visitarme por la noche, te aseguro que me divertiría más. Mucho más.

—Muérete pervertido.

— ¿Pervertido? Yo decía para hablar sobre filosofía y otros temas profundos.

—Los dos sabemos que esas no son tus verdaderas intenciones. Así que, dime, ¿qué descubriste?

—Ruinas.

—No me sorprende.

—Aunque no sirven para dormir. Supongo que este insomnio me seguirá matando.

—Debe haber alguna forma en la que duermas…

—Si me acompañaras de noche, dormiría.

—Ya dije que no.

—Bueno, podemos hacer otra cosa además de dormir.

— ¿¡Acaso tienes algún tipo de parentesco con Italia!?

—Puede que sí.

—Ya lo creo.

— ¿Entonces…?

—No.

— ¿Por qué no me gustan los gatos? —Grecia repitió la pregunta que el japonés le había hecho—No sé, no me terminan de caer bien. El único gato que me cae bien es Misifú.

— ¿Misifú? ¿Qué clase de nombre es ese? —inquirió Japón.

—Uno original, admítelo.

—No le encuentro sentido a las cosas occidentales…

—No es difícil deducirlo.

— ¿Porqué no te gustan los gatos?

—No es que no me gusten, sólo que prefiero los perros. Son más fieles. A los gatos los considero… engañosos e independientes.

—Pues a mí me gustan los gatos.

—Porque eres uno.

— ¿Es un insulto?

—Según como lo veas. Yo sólo digo que prefiero los perros. A todo esto, me pregunto cómo habrán sido los primeros gatos y perros de la Tierra. O los animales. O la vida. O el planeta. Incluso el Universo. O aquello que pueda existir alterna…—el griego fue silenciado por un fuerte golpe en la cabeza, que lo hizo caer inconsciente sobre el césped.

—…Por fin se calla—murmuró Japón, que sostenía un pedazo de mármol entre sus manos.

—Ah, por cierto—comentó el griego, después de recobrar el conocimiento— ¿Mencioné que aprendí algo de japonés?

— ¿Te aplaudo? —dijo sarcásticamente el asiático.

—No seas así, y mucho menos después de haberme golpeado así. Aunque me pregunto cómo habrá sido el primer golpe de los primeros humanos. O de…

—Se está sorteando un golpe en la cabeza, y tú pareces tener muchas posibilidades de ganarlo…

—De acuerdo, me callaré.

Se hizo un momento de silencio.

— ¿Sabías que Ares y Afrodita...? —comenzó Grecia.

—Te lo buscaste—murmuró el japonés, después de volver a golpear al europeo.

—Ésta es la estatua de Zeus—explicó Grecia, guiando a su amigo Japón por el museo.

—Me inspira respeto. Sólo un poquito—admitió el japonés, admirando la escultura.

—Zeus era un mujeriego…

—Me recuerda a alguien.

—No me lo reproches. Cómo decía, cambiaba siempre de amantes. Su esposa, se ponía muy celosa y envidiaba a las amantes. Ella daba un poco de miedo.

—Tus dioses me recuerdan bastante a los humanos. Incluso son más humanos que ellos. Esa es de la mitología más realística que he conocido.

—Muchas gracias. Me lo transmitió mi madre. Aunque me daba un poco de miedo, al igual que la esposa de Zeus.

—No puedo opinar, no la conocí.

—Era una muy buena mujer. Y también hermosa. Claro, que yo heredé eso. Ahora, vamos al grano, ¿vienes a mi casa esta noche, o no?

—No.

—Sólo tú desperdicias la oportunidad de estar en la cama con un griego.

—Creo que sí. Escuché que tienes fama de buen amante.

— ¿Quieres comprobar los rumores?

—No.

—Algún día terminarás en mi cama, yo lo sé.

—Ya veremos.

—Sí, ya veremos.

Continuará~


Fue un poco corto, e infestado de Giripan. Es que no me resistí. Algún día el griego tendrá al japonés en su cama, yo lo sé. Perdonen la extraña personalidad de Grecia, es que no encontré mucho acerca de él (extraño, dado que yo lo considero un personaje muy importante), por lo tanto, tuve que improvisar. Pero creo que no quedó tan mal… sólo pervertido xD Eh, ya que no hay Francia pervertido, alguna nación tiene que sustituirlo (aunque nadie puede compararse a él). En fin, espero que les haya gustado!