POV Bella

Tu me debes algo – me susurro en el oído haciéndome estremecer y cerrar los ojos.

No se a que te refieres – aun conservaba los ojos cerrados.

Lo sabes perfectamente bella – susurraba cada vez más despacio.

Edward – fue más un gemido que un reproche.

¿Si bella? – me arrincono contra la pared quedando mi espalda en su pecho y formando una cárcel con sus brazos sobre mi cabeza.

No se nada – tuve que esperar un momento para que mi voz no se escuchara extraña.

Sé que mientes – me volvió a susurrar en el oigo dejando ahí un beso.

Para ya – pedí, ya que no dejaba de repartir besos por mi cuello y mi oído.

No – volvió a repetir otra dosis de tortura.

Que lo disfrutaba no lo negaba, tortura era que lo hacia tan despacio que sentía que iba dejando un fuego por donde repartía los besos, tan ardiente que quería mas, pero no podía pedir eso, no cuando el tuviera novia.

Para ya por favor – susurre.

¿Por qué? – ignoro mis suplicas.

Edward por favor – arañe la pared.

Se detuvo por un momento, abrí los ojos de golpe sentía un hormigueo por donde había dejado sus besos, vi como poco a poco iba dejando caer sus brazos a sus costados y se iba separando de mi, me gire para quedar frente a frente a él cuando lo hice vi que sus labios estaba rojos e hinchados, no quería saber como estaría mi cuello.

Me dirás por que me besaste – la sorpresa era evidente en mi ya que se expandió una sonrisa en su rostro.

Yo – no sabia que decirle – fue impulso.

¿Impulso? – parecía atónito.

Si, solo fue eso – entre nuevamente a mi habitación, pero a diferencia de hace un momento esta vez si entro.

No te creo – se recostó en mi cama.

Pues no lo hagas – me senté la silla del escritorio.

¿Por qué estas tan lejos? – burla había en sus ojos - ¿Temes de mi? – cerro sus ojos.

De ti no, de mi si – hable para mi misma.

¿Dijiste algo? – se acomodó en mi cama.

No – lo observaba para ver que es lo que hacia.

Se quedo quieto con sus dos manos detrás de la nuca, tan pacíficamente que hasta parecía un ángel, se veía tan tranquilo que apreciaba que estuviera así para poder verlo a mas detalle, por un momento pensé que se había quedado dormido hasta que volvió a hablar.

Ver fijamente a alguien es de mala educación – no se como supo que lo observaba ya que seguía con los ojos cerrados.

Corrí la mirada buscando algo con que mas entretenerme hasta que mejor decidí hacer lo mismo que Edward, cerrar los ojos en mi lugar, estaba todo en absoluto silencio que me sobresalte al sentir la respiración de Edward cerca de mi cara, no quería abrir los ojos.

¿Bella? – recargo sus manos en cada lado de la silla.

¿Umm? – yo seguía con mis ojos cerrados.

Mírame – demando.

No – solo lo quería hacer enojar, ya que si lo quería ver.

Abre los ojos bella – pidió nuevamente.

¿Qué pasa? – abrí lentamente los ojos.

Nada – no aparto su mirada.

Sus orbes esmeraldas se fundían en mis ojos, provocando así un estremecimiento satisfactorio al ser mirada con semejante intensidad, su mirada era abrazadora tan profunda que si no fuera por la silla me caería por que las piernas me temblarían, sus labios eran tan irresistibles que algo en mi interior me pedía a gritos que los besara nuevamente, para así poder volver a sentir esa sensación de calidez, poder morder esos labios hasta el cansancio, repartir mis besos por ese cuello tal como lo hizo el con el mio. Tocar su cabello que a simple vista se veía suave y sedoso que para el caso era lo mismo, poder despeinar con mis propios dedos su cabello ya de por sí despeinado. Me quería levantar peor no sabia como lo haría, Edward me tenía encarcelada, hipotéticamente, al colocar sus dos manos en cada lado de la silla. Coloque cada una de mis manos en sus hombros, primero me miro sorprendido pero después su mirada se intensifico con mas potencia, me fui levantando poco a poco y el retrocedió solo unos pasos, para así dejarme a mi colocar los pies frente a los suyos, me tomo por la cintura y me atrajo hacia él.

Lo dirigí a mi cama logrando así que el cayera de espaldas y yo sobre de él, sus manos seguían en mi cintura mientras que las mías recorrieron su cabello, como lo había pensado era suave, el me apretó mas a él con un agarre posesivo.

Te arrepentirás de lo que me hiciste – susurre en su oído lo mas dulce que pude, sentí como se estremecía.

Bella – sentí su voz diferente, pero no iba a parar.

Guarda silencio – ordene.

Regrese mi cabeza para poder ver sus ojos y me los encontré cerrados delicadamente, pero sus manos me aferraban, oculte mi cabeza en el hueco de su cuello dejando ahí esparcidos unos besos, pero también succionando su piel no tanto para no dejarle una marca como un chupetón, cada vez que hacia eso el me apretaba un poco mas y después soltaba un poco su agarre pero no lo suficiente como para yo poder zafarme de él. Me separe un poco de él para confirmar que no había rastro de mi en su cuello, sonreí con satisfacción al ver que así era, en un descuido él se giro sobre la cama dejándome ahora a mi debajo de su cuerpo.

Al principio me miro por unos segundo pero ahora ya había cambiado, sus ojos se veían de un verde obscuro, su cabello mas revuelto de lo normal y apuesto a que su playera iba a quedar arrugada de que tanto la estaba apretando ahorita.

No eres la única que puede jugar así – me recorrió una corriente por todo mi cuerpo al escuchar esas palabras al salir de su ronca voz. Lo que hizo me sorprendió, me beso pero era un beso ardiente lleno de deseo, o bueno por mi parte así era, nuestros labios luchaban los unos contra los otros queriendo dominar la boca contraria, sus labios eran tan suaves y carnosos, lo mordí y cuando lo hice el gimió dentro de mi boca, el hizo lo propio cuando libere su labio inferior, me mordió, hubo un momento que mi boca y sus labios me sabían a sangre, pero no sabia a quien le sangraba el labio si a él o a mi.

Edward – hable entre sus labios – no tarda en llegar mi padre – no se si era fortuna o desgracia pero eso era cierto.

Maldición – hablo dentro de mi, pero aun así no me soltó.

Edward, para – estaba conciente que ni yo misma quería que lo hiciera.

Bien – se fue separando poco a poco de mí.

Se bajo de mi y se acomodó su cabello, no tenia remedio siempre estaba desordenado, comprobé que su playera estaba muy arrugada tanto como la mía, al fijar mi vista en sus labios me di cuenta de que estaban hinchados y rojos, pero aun así no sabia quien de los dos le salió la sangre de la intensidad de la mordida.

Te ves provocadora así con tu cabello desordenado y tus labios rojos e hinchados, tanto que me dan ganas de volver a devorarlos – se fue acercando nuevamente pero puse una mano en su bien trabajado pecho.

Alto ahí león – se rio – esta por llegar mi padre y por si no lo recuerdas tienes novia – se puso serio.

Eso no te importo – me recordó.

Es verdad – corrobore – pero yo no tengo ningún compromiso, y tu si – lo señale.

Hablando de compromisos – se sentó en mi cama un poco mas calmado - ¿Quién era el chico que estaba en el instituto? – rápidamente recordé lo que había pasado antes de que salieran los demás chicos del instituto

Nadie – me gire dándole la espalda caminando hasta llegar al espejo de cuerpo completo, examinando así mi cuello, solo habían dos marcas rojas que pronto se convertirían en chupetones, agarre el polvo compacto y los maquille para que no los viera Charlie, además de que estaba segura que no se me iban a quitar rápido, y no podía ir al instituto así.

Parecía que te conocía demasiado bien – entrecerró los ojos mientras que yo lo observaba desde el espejo.

No es nadie especial – volví a centrar mi atención en las marcas rojas de mi cuello.

Sospecho que tiene que ver con su repentina llegada – se levanto de su lugar para posicionarse alado mio.

Piensa lo que quieras – no alce la voz, estaba tranquila cosa que me sorprendía porque al hablar de un tema sobre él me ponía nerviosa.

Confía en mi – hablo con mucha intensidad que tuve que dejar de prestar atención en las marcas rojas para ponérsela a él.

Quiero, pero no es tan fácil – admití.

¿Por qué? – me tomo de las manos.

No es sencillo, no cuando ya te han decepcionado tantas veces – dije con toda sinceridad.

Inténtalo – se sentó en la silla jalándome hacia él, sentándome en sus piernas.

Dame tiempo – recosté mi cabeza en su pecho.

El que necesites – acaricio mi espalda.

Estuvimos en silencio, el consolándome en silencio de lago que no sabia como había pasado y yo con mi cabeza sobre su pecho sintiendo la sensación de que Edward se preocupaba por mi, de repente recordé a Charlie no quería levantarme pero tenia que hacerlo, pronto llegaría y no quería que viera a Edward en mi cuarto.

¿Qué somos? – se me escapo de los labios.

¿Qué quieres que seamos? – me respondió con otra pregunta.

Aun no lo se – admití, estaba claro que me gustaba Edward pero no sabia si lo llegaría a querer y creo que nunca lo sabría si no lo intentara, pero no sabia si tenia el valor suficiente para arriesgarme a algo.

Yo si lo se – me dio un beso en la frente.

¿Así? – interrogue levantando una ceja.

Si, pero no te lo diré – hice un puchero – no hasta que tu sepas que es lo que quieres de mi – lo mire directamente – puedes tomar todo lo que quieras de mi – sabia que no me mentía, es verdad que los ojos son la puerta al alma y yo ahorita estaba viendo detalle a detalle el alma de Edward.

Esta bien – me levante de sus piernas, volviendo a dirigirme al espejo para así poner acomodar un poco mi cabello.

Es hora de irme – hablo Edward tras de mi.

Nos vemos – me gire para despedirme de él.

No estas sola, ahora me tienes a mi – sus palabras me trastocaron el corazón, removiendo algo dentro de mi, una sensación que yo ya hacia perdida.

Gracias – respondí con honestidad.

El tiempo que necesites – me recordó.

Así será – le dedique una sonrisa – quiero decírtelo te lo juro pero aun no puedo – asintió asimilando lo que le decía.

No te presionare bella – me abrazo.

Muchas gracias Edward, quien te viera así de sensible – sonrió con alegría.

Todos tienen su corazoncito bella – me solté de él.

Le iba a responder pero en ese momento la puerta de mi casa comenzó a sonar, me fije en la hora pero aun faltaba media hora para que llegara Charlie además el traía llaves, no tenia la necesidad de tocar la puerta, y no sabia quien mas podría ser, Tal vez fuer Sue.

Te acompaño – dijo Edward siguiéndome por las escaleras.

Al poner mi pie en el último escalón escuche como volvían a tocar tan insistentemente, ahora sabia que no era Sue, no creo que tocara así de fuerte o feo una casa que no era de ella, mas que nada por respeto. Me dirigí a la puerta sin avisar que ya iba a abrir, Edward estaba detrás mio, abrí la puerta de golpe que me sorprendí al ver a la persona que estaba del otro lado, como siempre no me salían las palabras, estaba sudando frio y presentía que me había puesto pálida.

¿Bella estas bien? – me tomo por la cintura Edward. - ¿Quién eres tu? – espeto Edward mientras me ponía detrás suyo sosteniéndome.