Hungría dormía plácidamente en su cama, con los mechones de cabello rubio desordenados. Una luz la despertó.

— ¿Qué…?—balbuceó ella, acomodándose rápidamente el cabello.

—Escucha, doncella—habló solemnemente alguien—Tengo un favor que pedirte.

—Tú…—murmuró la húngara— ¿Quién eres?

—Dios.

— ¿En serio eres Dios?

—Mañana…

— ¿En serio?

—Que sí. Mañana…

— ¿Me dirías…?

—No. Mañana, si te encuentras con Francia, debes lanzarle un cuchillo de cocina.

—… ¿Qué clase de estupidez es esa? ¿Está bien que instigues a golpear a otros? ¡Espera! ¡No te vayas! ¡Tengo muchas preguntas para hacerte…!

Francia caminaba en torno a la casa de Austria, fumando. Escondida detrás de un árbol, la húngara estaba armada con su cuchillo, todavía cuestionando las órdenes de aquél ser todopoderoso. Suspiró. Tal vez le haga un favor al mundo. Aunque, se imaginaba la cara llorosa de Inglaterra. Pobrecito. Claro que sería ella la que terminaría peor, porque el inglés se encargaría de cortarla en pedacitos.

—… Tal vez jamás se entere —murmuró la húngara, empuñando el cuchillo, fijando su objetivo.

Francia observó dentro de la casa de Austria, con curiosidad. Allí estaba el austríaco, tocando una melodía bastante desastrosa en el piano. Seguramente, una de sus nuevas sinfonías improvisadas.

—Ah, si estuviera más cerca de mi casa, y fuera un poco menos diabólico, consideraría hacerlo territorio francés—susurró para sí mismo el francés.

Hungría se puso alerta acerca de eso. ¿Territorio francés? No. Eso tenía un significado bastante… atrevido, ¿Y dos hombres haciendo eso? No es que le molestara, pero a Dios tal vez sí le molestaba. Entonces, ¿Era por eso que debía lanzarle un cuchillo a Francia? ¿Para evitar una posible unión homosexual? Suspiró, y lanzó el cuchillo con todas sus fuerzas, en dirección al francés.

El arma voló por los aires, directamente hacia la nuca de Francia. Por cuestiones del destino, el francés eligió ese mismo momento para irse caminando por dónde había venido. Apenas giró, el cuchillo pasó rozándole el pelo, cortando algunos en el camino.

— ¿¡Pero qué!? —exclamó, tocándose la nuca, con los ojos abiertos como platos.

Sus exclamaciones fueron ahogadas por el ruido de un cristal rompiéndose. La ventana se había hecho añicos, debido al cuchillo. Éste aterrizó clavándose en el piano. Entre los dedos de Austria.

El austríaco paró en seco. Inmediatamente, se volvió hacia la ventana, dónde vio a Francia. No tardó en tacharlo de culpable.

— ¡Tú! —Rugió Austria— ¡Intentaste asesinarme!

— ¡Juro que yo no he sido! ¡Por más que seas un maldito insoportable! —se defendió el francés.

— ¡Admites que tienes tus razones! ¡Maldito! ¡Me las pagarás, francés! —Austria se arremangó el abrigo y se lanzó por la ventana a golpear al galo.

— ¡Suéltame! ¡Juro que no he intentado matarte! ¡Alguien me quería matar a mí!

— ¡No me digas! ¿Entonces qué hacías en la ventana, acosarme? —Gritó el austríaco, burlón— ¡Me las pagarás, imbécil!

Hungría se retiró de allí, silenciosamente.

— ¡Te quitaré la barba! —gritó Austria.

— ¿Eh? Espera, ¡suelta esa pinza de cejas! ¡No! ¡No me arranques los pelos de la barbilla…!

El grito de Francia resonó por los alrededores.

Italia decidió visitar a Francia, después de mucho tiempo sin verlo.

—Francia~—lo llamó el italiano.

— ¿Italia? ¿Qué haces? —preguntó el francés.

—Vengo a visitarte—Y a tomar todo el vino, pero eso último no lo dijo en voz alta.

—Vaya, has crecido. La última vez que te vi todavía eras un niño que llevaba vestidos…

—Cállate—murmuró el castaño, mientras buscaba vino en la cocina del mayor.

—Quita tus garras de mi precioso vino.

— ¿Vino? Pero a mí no me gusta el vino…

—Lo llevas en los genes.

—Por favor, sólo una copita~

—No. Para ti, una copita debe equivaler a toda una bodega.

—Oye, Francia, ¿qué tipo de libro es este? —Quiso saber Italia, que finalmente había convencido al rubio de que le diera vino— ¿Porqué tiene la palabra "coito"? ¡Grandísimo pervertido!

—Es un libro con fines puramente educacionales. Es sólo una descripción biológica de…

—Francia se baja la manito leyendo libros sobre educación sexual~—canturreó el italiano.

— ¡Cállate!

— ¿Francia se baja la mano? ¿Quieres decir que se auto complace? —inquirió Inglaterra, que pasaba por ahí—Love, me tienes a mí, ¿acaso no es suficiente? Snif~—lloriqueó.

Inglaterra trotaba por el jardín de China. Estaba entrenándose, a pesar de que consideraba que sudar no lo favorecía. El chino lo observó con atención. Era la primera vez que lo veía haciendo algo productivo.

—Creo que es demasiado por hoy—dijo el inglés, suspirando, mientras se dejaba caer sobre la hierba.

—Oh, pero eres una nenaza—le dijo China—Empezaste hace unos minutos, ¿y ya te cansas?

—Oye, es increíblemente difícil mantener este ritmo.

— ¡Inglaterra! —Lo llamó Estados Unidos— ¡Tomé prestado tu coche! Espero que no te moleste—anunció, cargando con el automóvil del británico a rastras.

—Tú…—murmuró el inglés—… ¿Qué le has roto?

— ¿Yo? —inquirió inocentemente el americano—Nada. ¿Por qué?

—No es normal que un coche eche humo… en el asiento trasero.

—Una pequeña fogata.

— ¿Un accidente?

—No. Fue a propósito.

Boy!

—Y no me arrepiento de nada.

— ¿Hoy no haces nada? —preguntó China, viendo al inglés acostado en el sillón.

—Hoy es día de ocio.

—Claro. Igual que ayer, y antes de ayer. Igual que todos los días después de que América rompiera tu auto.

—No lo entiendes. Con niños así, no vale la pena ser más fuerte.

— ¿Y qué pasó con lo de estar sexy para Francia?

—No sabía que te interesaran los cotilleos.

—No me interesa, pero es divertido ver cómo lo molestas.

—Ya veo. No sé, tal vez deba buscar otra alternativa…

— ¿Cómo cuál?

—Me vestiré sexy. De conejo~

—…Acabo de sufrir el trauma de mi vida.

Continuará~


Pobre China, sufrirá D: Y Francia también. Aunque Iggy de conejo sería digno de verse xD Yo sé que el 1P! Francia estaría encantado de verlo.