El único que había dado apoyo directo a Austria fue Inglaterra.
—Y fue así que me enfrenté valientemente al amor de mi vida, Francia—contó Inglaterra—Valiente, por el hecho de atreverme a desafiarlo.
Ambos estaban sentados en un bosque, haciendo un picnic (A pedido del británico).
—Bueno, es más de lo que esperaba—le dijo el austríaco.
El inglés tomó algo de la cesta de comida. Le dio un mordisco.
—Está muy rico—dijo el rubio—Pero le falta mi ingrediente secreto~
— ¡No le metas droga a mi comida!
—Pero quedará más rica~
—No. En serio, hombre, me preocupan tus hábitos alimenticios.
— ¡Mira, un unicornio!
— ¿¡Qué mierda te has fumado!? ¿¡Lechuga!?
…
En la primera batalla, Austria fue derrotado fácilmente.
—Eras más débil de lo que creí—dijo Prusia, sujetando firmemente al austríaco por el cuello de la camisa.
—Q-quítame las m-manos de encima—tartamudeó Austria, agotado por la batalla. Le rechinaron los dientes. Eso no podía ser cierto. Sentía la nota de Inglaterra quemarle como fuego en el bolsillo.
"Sólo vine aquí para pasar tiempo con Francia, ahora voy a ser neutral.
Con amor, Inglaterra.
P.D: Dejé sándwiches con mi ingrediente especial cerca del montón más pequeño de escombros".
—Maldito inglés—murmuró el austríaco, furioso—Le contaré a generaciones futuras sobre tu inutilidad.
— ¿Sándwiches? —Inquirió Prusia, viendo la bandeja escondida en dicho lugar— ¿Alguien me haría el favor de pasarme uno? Pelear con Austria da hambre.
Apenas el prusiano tuvo su amado alimento entre sus manos, le dio un mordisco. Austria lo observó, divertido.
— ¿Qué te hace tanta gracia, demonio? —preguntó el albino, después de tragar un buen bocado.
—Cinco…—contestó el aludido, sonriendo maliciosamente.
— ¿Cinco qué?
—Cuatro…
— ¿Eh? —Prusia comenzó a palidecer.
—Tres…
— ¿Por qué haces una cuenta regresiva? ¿Qué pasará?
—Dos…
— ¡Esto no es gracioso!
—Uno.
Prusia iba a decir algo, pero inmediatamente, su palidez se tornó de color verde.
Y Austria rió con sorna mientras el de habla alemana corría a vomitar, y gritaba que le dolían hasta las entrañas.
Inglaterra no era tan inservible como había pensado.
Aún así, la batalla la había ganado Prusia.
…
Austria regresó al palacio, despeinado, derrotado, sucio, machacado, con algunas manchas de sangre, pero sobretodo, enojado.
— ¡Estás despeinado! —fue lo único que gritó la recién nombrada superior.
—No me digas…—refunfuñó la nación, acomodándose sus lentes de cristales rojos.
—Ya puse un plan en movimiento—anunció la mujer.
Por la puerta, apareció alguien. Espalda derecha, el cabello rubio lacio meciéndose elegantemente, un uniforme militar prolijamente colocado, y una sonrisa de superioridad en el rostro. Allí estaba Hungría.
—Austria—dijo la chica—Estás peor de lo que creí.
— ¿¡Hungría!? ¿¡Qué rayos haces aquí!? ¡Mujer loca e insoportable!
—Pelearé.
—No necesito tu ayuda.
—Traje a cien mil soldados.
—Bueno, una alianza siempre viene bien~
—Prusia será todo mío—murmuró ella, con los ojos rosados centelleándoles.
…
Los soldados de Hungría habían logrado hacer retroceder a Prusia. La húngara estaba allí, caminando con paso firme hacia donde estaba el prusiano, muerto de miedo.
Es que, esa mujer le daba mucho miedo. Siempre que se la encontraba, intentaba tentarlo con su cuerpo. Y, ¡qué cuerpo! Pero su autocontrol era demasiado firme como para caer ante sus bajos instintos.
Austria estaba un poquito enojado por haber tenido que recurrir a la ayuda de esa loca. Era caer demasiado bajo… aunque habían logrado detener la invasión.
—…Los dejaré ésta vez—dijo Prusia, yéndose rápidamente de allí— ¡Que alguien me salve de esos dos! ¡Son las peores naciones del mundo!
Los otros dos lo fulminaron con la mirada.
—…Yo quería que Prusia fuera mío—se quejó la chica, dando una patada al suelo.
—…Yo quiero verlos muertos a todos—declaró el austríaco, frotándose las sienes.
…
Pero, debido a cierto tratado, la guerra terminó con Silesia en manos de Prusia.
—Al menos todo terminó como quería—dijo Prusia, acostado en su cama, antes de conciliar el sueño—Sabía que Dios estaría de mi parte.
Cierto sonido lo sacó de sus pensamientos. Venía desde debajo de la cama. Tomó un rosario de su mesa de luz, apretándolo fuertemente contra su pecho. Cerró los ojos, susurrando una oración, y luego miró debajo de su cama.
Hungría estaba debajo de la cama, apenas en ropa interior, y sonriendo lascivamente.
Y el grito de miedo de Prusia resonó por toda Europa.
— ¡No me dejes caer en la tentación, todopoderoso!
Continuará~
Sí, antes de que pregunten: Esta Hungría se siente atraída por Prusia, y no soporta mucho a Austria, aunque en el fondo no puede borrar tantos años de amistad. E Italia le da ternura, pero suelen discutir. Sólo para aclararlo :D.
