ADAPTACIÓN ESTA HISTORIA NO ME PERTENECE (MUNDO ALTERNO)

TITULO: DESEO SALVAJE

TITULO ORIGINAL: DESEO SALVAJE

AUTORA ORIGINAL HISTORIA: GENA SHOWALTER

AUTOR ORIGINAL PERSONAJES: KISHIMOTO - SENSEI

PROTAGONISTAS: ITACHI UCHIHA Y SAKURA HARUNO

SIN FINES DE LUCRO

Capitulo 8

A veces, para acechar a su presa y conocer sus hábitos, una Tigresa debe acercarse despacio, observar y medir antes de lanzarse velozmente al ataque. Con maniobras bien calculadas, puede dar el golpe mortal sin que su presa se percate de su presencia.

¿Qué te parece éste?

Alcé la vista de la hilera de trajes de vestir, negros, marrones y azul marino. Todos llegaban hasta el tobillo, eran sencillos y ocultarían cada centímetro de piel de la mirada traviesa de un hombre.

Al ver la selección de mi prima, fruncí el ceño.

—No voy a ponerme esa… esa… servilleta porno.

—¿Qué tiene de malo? —Ino echó un vistazo al minivestido verde que sostenía.

—No cubrirá el bajo de mis bragas y el escote llega casi al ombligo. No tengo intención de ganarme unos dólares extra mientras este fuera.

Era miércoles por la noche y estábamos visitando las rebajas de un gran almacén, en aras de mi viaje a Colorado con Itachi. El día anterior había llegado una partida de ropa verde; Ino y Hinata, al enterarse, habían exigido que fuéramos de compras. Siendo la mujer débil y manipulable que soy, acepté. Y no porque quisiera estar guapa para Itachi. Lo juro.

¿Funciona aún el viejo truco de cruzar los dedos?

—Pruébatelo, por lo menos —persistió Ino, justo cuando el PDA que llevaba en el bolso emitía una serie de pitidos—. Y apaga eso, por Dios.

—No puedo —harta, rebusqué en el bolso y golpeé el estúpido aparato. Pitaba cada hora, recordándome el viaje. Itachi, diabólico hijo de Satán, lo había programado de modo que no podía apagarlo ni bajar el sonido. Además, la pantalla destellaba mensajes tipo «Disfrutarás del viaje, te lo prometo». Cuando calló por fin, miré de nuevo la elección de Ino.

—Me sentiría más cubierta con el cuerpo pintado.

—Eso no es mala idea —sonrió con astucia.

—Aunque estuviera dispuesta a pasear por ahí como si fuera un anuncio porno, no quiero nada verde. Parecería sopa de guisantes. O, peor aún, un pañuelo usado. Me da igual cuánto le guste el color a Itachi.

—¿Qué te parece éste? —Hinata alzó un conservador traje pantalón verde menta—. Está a mitad de precio.

—Y sigue siendo verde —dije, exasperada—. No voy a ponérmeloo. ¿Por qué no me escucháis?

—Hermana, querida —apuntó Ino—, va a Colorado con Itachi Uchiha, no a una cumbre de bibliotecarias sexualmente reprimidas.

—Tienes razón —rió Hinata.

—Algo sexy —dijo Ino—. Salvaje. Desinhibido.

—No intento seducirlo —protesté yo.

—Oh, por favor —clamaron al unísono.

—Lo digo en serio —¿Cuántas mentiras podían decirse en un día antes de que Dios negara su perdón? Cuando era niña, mi madre solía decirme que eran 490 al día. Me estaba acercando peligrosamente.

—Puede que no te permitas intentarlo —dijo Ino malévola y sabihonda—, pero quieres. Mucho.

No intenté negarlo, pero tampoco acepté sus palabras. Se tomó mi silencio como negativa.

—Pensé que tenías cerebro dentro de ese cráneo —farfulló—. Si no quieres seducirlo, tenemos que buscarte una receta de Viagra femenina. Con urgencia.

—Quizá deberíamos llevarla al médico a que le hagan pruebas —sugirió Hinata.

—Chicas, soy una arpía con cicatrices emocionales. No hay más —acaricié las solapas de una chaqueta de lana—. Ni medicamentos ni pruebas cambiaran eso.

—Verdad —dijo Ino.

—Tienes razón —dijo Hinata.

¿No se suponía que tenían que defender mi carácter? ¿No se suponía que debían asegurarme que una olimpiada sexual me haría mucho bien?

—Aún así —añadió Ino—, creo que el látigo y las plumas que te regalamos te ayudarían a superar tu mala uva.

La imagen de Itachi atado desnudo en mi cama llenó mi mente. Yo le daba latigazos y luego calmaba su dolor con las plumas, o la lengua. Mis pezones se endurecieron y sentí un pálpito entre los muslos.

—Bueno, vaya —Ino se rió—. Algo de lo que he dicho ha despertado tus hormonas —lanzó una mirada descarada a mis pechos.

Sonrojándome, me tapé con las manos. Debería haberme puesto un sujetador acolchado; tenía uno y no me avergonzaba. Las mujeres de poco pecho tenían que hacer lo que podían para llenar bien sus blusas. Eso habría ocultado a mis traicioneros pezones.

—Así que no eres tan inmune a él como pretendes hacernos creer —Hinata alzó un vestido verde de flores—. ¿Por que ibas a besarlo si no? Dos veces.

—Cállate —ordené.

—No somos el Tattler. No tienes que mentirnos.

—Es obvio que os deseáis —intervino Hinata.

Giró en redondo, sujetando el vestido contra su cuerpo—. ¿Qué problema hay? Sedúcelo y sácatelo del sistema. El sexo no tiene por qué implicar un compromiso.

Sabía que no creía sus palabras, y también lo que intentaba hacer. Hinata pensaba que si me acostaba con Itachi, me enamoraría de él y querría casarme.

¿Y si tenía razón? Eso era lo que me asustaba.

—El sexo si supone un compromiso para Itachi —dije. Le quité el vestido y lo colgué. Nada de verde.

—¿Sólo por ese artículo? —preguntó Ino dubitativa, mirando más vestidos inexistentes—. Podría ser todo una broma. O una exageración. Los medios de comunicación siempre distorsionan las noticias.

—La prensa tenía razón esta vez. Lo sé porque… —era hora de sincerarme. Se merecían la verdad—. Se ha declarado. A mí.

—¿Declarado? —Hinata me agarró por los hombros y me volvió hacia ella—. ¿Quieres decir que te ha pedido que te cases con él?

—Bueno, sí —me mordí el labio inferior. Mi pequeña y diminuta prima me sacudió dos veces.

—¿Y qué dijiste?

—No, claro.

—No, claro, dice —Hinata alzó los brazos en el aire y se volvió hacia Ino—. ¿Acabas de oír lo que ha dicho esta tonta? ¿Es posible que sea pariente nuestra? Sakura ha rechazado a un hombre con el aspecto de Robert Pattinson, más rico que Dios y que la encuentra tan deseable que no puede vivir sin ella.

—Eh, espera un…

—Hasta a mí me cuesta creerlo —Ino chasqueó la lengua—. Una cosa es decir que no vas a casarte nunca y otra muy distinta rechazar la propuesta de un hombre así. Sakura, Sakura, Sakura. ¿Vamos a tener que recluirte en un manicomio?

—No he dicho que no pueda vivir sin mí. Él no ha dicho nada parecido —en cierto modo sí. Había dicho cosas maravillosas, que hacían que me temblaran las rodillas al recordarlas. Había pensado en mí durante seis meses. Había soñado conmigo. Me quería.

—Está implícito en su propuesta —Ino se colocó un mechón rojo tras la oreja y me miró fijamente—. Si no vas a plantearte lo del matrimonio, al menos di que pensarás en tener una aventura salvaje con él.

¿Cómo podía no pensar en ello? Mi cuerpo anhelaba a ese hombre como una droga.

—Seguramente pretenderá que volemos a Las Vegas en cuanto nos hayamos acostado juntos.

—Que lo pretenda no significa que tú aceptes. Cierto.

—¿Por qué no me lo presentas? —Hinata cambió el peso de un pie al otro y me miró con tanta fijeza como había hecho Ino—. Yo no tengo ninguna estúpida norma sobre no salir con clientes, y estoy más que lista para enamorarme y casarme.

Me tensé y sentí el mismo desasosiego que había sentido en el despacho de Itachi. No lo quería para mí, pero ni en broma quería que lo tuviera otra. Tampoco Hinata.

¿Por qué me volvía loca ese hombre?

—Créeme —dije, intentando adoptar una actitud desinteresada—. No te interesa, Hinata. ¿Qué clase de marido iba a ser? Es obvio que viaja mucho. Es mandón, arrogante, egocéntrico, tiránico y creído. ¿Y qué pasa con Naruto? Creí que te interesaba.

—Puede que me interese más Itachi —soltó un largo suspiro de ensoñación que quizás fuera falso—. Es tan guapo.

Sí. Sí que lo era. Y sus besos me esclavizaban. Me hacían jadear pidiendo más. Tal vez, cuando terminara de planificar la fiesta de su madre, Itachi y yo podríamos tener algún tipo de aventura.

Ladeé la cabeza mientras consideraba esa posibilidad. Hum… sexo en la playa. Sexo en un balcón. Sexo en cada habitación de mi casa. Sexo, sexo, sexo. ¿Le interesaría una aventura? Era un hombre sano y había dicho que me quería en su vida. Si le dejaba claro que solo podía ofrecerle sexo, se rendiría.

Nunca había tenido una relación puramente sexual, en la que los sentimientos estuvieran prohibidos. ¿Podría manejar una? Seguro que sí.

Tenía que admitir que la idea de tocarlo a placer me atraía. Saborearlo también. Y dejar que me tocara y me saboreara. El calor invadió mis venas y me lamí los labios. Unas cuantas noches de sexo caliente y sucio, sin emociones, seguramente curaría mi obsesión por él. Mi necesidad de su cuerpo desnudo contra el mío, penetrando y embistiendo eróticamente.

Decidí que sí. Le seduciría después de la fiesta. Aunque sólo fuera por mi paz mental. Me acostaría con él y salvaguardaría mi corazón. Cuando hubiéramos saciado nuestra pasión, nos separaríamos. Sencillo. Fácil. Nadie sufriría.

—Hinata —dije—. Quiero a Itachi, así que tú no puedes tenerlo.

Ella sonrió lentamente, como si eso fuera lo que había querido oír.

—Ya era hora —murmuró Ino.

En toda mi vida, sólo había estado con dos hombres. Número uno: Gaara no Sabaku, mi novio del instituto. Después de salir juntes varios meses, había tomado mi virginidad en el asiento trasero de su oxidada furgoneta amarilla y nunca había vuelto a llamarme. Tampoco me había importado. Aquella noche había estado tan cerca del orgasmo como de comprarme unas botas de cuero negro y tacón de aguja de Dolce & Galbana.

Número dos: mi ex marido. Acababa de empezar a trabajar en una empresa local de planificación de fiestas y Sasuke el Bastardo entre, meloso y seguro, buscando ayuda para una fiesta de trabajo. Era abogado especialista en divorcios y diez años mayor que yo. Atrapada por su carisma, pedí ocuparme de su fiesta. Le gusté de inmediato y me engatusó.

Nos casamos poco después.

Inmediatamente después de la ceremonia, sugirió que dejara el trabajo. No lo dijo con esas palabras, pero quería que le dedicara cada momento del día. Como una estúpida, lo hice. Le amaba y quería hacerlo feliz. Y a una parte de mi la idea de cuidarlo le parecía muy romántica. Renunciar a todo por el amor y esas basuras. Sí. Tenía experiencia. Mi madre también había renunciado a su vida por mi padre.

¿Qué había conseguido con mi personalidad tolerante? Un marido que a veces me ignoraba, que nunca me había valorado ni considerado lo bastante buena, y que no tenía problemas en decírInoo.

Un marido que prefería repartir su amor por todo Texas a dormir con su mujer. Sí, tenía experiencia.

Después de nuestro divorcio nadie había querido contratarme. No sólo me había acostado con un cliente importante, había dejado un trabajo sin dar preaviso. Me merecía la falta de confianza. No podía haber sido más estúpida.

Me había visto obligada a empezar mi propia empresa. Ahora me alegraba, pero seis meses atrás había sido un despojo emocional, asustada del fracaso y al punto de la quiebra. Tal vez podría haber hecho algo distinto, como aceptar un trabajo que odiara, pero solo tenía experiencia en planificar fiestas y no me veía haciendo otra cosa.

Me pregunté si la historia estaría repitiéndose.

Allí estaba de nuevo, deseando a un cliente y empeñada en tener una aventura con él. Igual que Sasuke, Itachi había sentido una atracción instantánea por mí, algo que no entendía. Era demasiado inusual. La mayoría de los hombres preferían la belleza ágil de Hinata, o la personalidad salvaje de Ino.

Me froté la nuca y simulé estudiar las prendas que tenía ante mí. ¿Por qué me gustaba otro hombre cuyo nombre empezaba por R?

—Eh, Sakura. ¿Hola? —la voz de Hinata penetró en mis pensamientos y sacudí la cabeza.

—¿Qué? —me esforcé por volver a la realidad.

—Estabas en una especie de trance «voy-a-llorar-o-a-matar-a-alguien». He preguntado en qué pensabas.

—Sasuke. Itachi. Mi propia estupidez. No importa —agité una mano, dejando de lado el tema—. Ino —dije—, hay un tipo al que quiero presentarte. Es guapo. Alto y de pelo oscuro. Con buen sentido del humor.

—¿Quién es? —el rostro de Ino se animó.

—Se llama Neji Hyuga y trabaja para Itachi —recordé que Itachi me había dicho que era de los que amaban y olvidaban. Eso lo hacía perfecto para Ino, cuyas relaciones románticas nunca duraban más de unas semanas. Ella hablaba mucho, diciéndome que me casara pero era tan anti-matrimonio como yo.

—Eh —Hinata se dio la vuelta y miró una camisa de punto—. Conozco a Neji. Estaba en aquella boda para la que cociné, de una chica, ¿hanbi… , hana?

—hanabi —asentí—. Ése es. Es su hermano.

—Te gustará, Ino —dijo Hinata—. Es más que guapo. Es deliciosamente sexy.

Ino cruzó los brazos sobre el pecho y tamborileó sobre sus bíceps con sus uñas pintadas de rojo intenso.

—Si es tan sexy, ¿por qué ninguna de vosotras ha salido con él?

—No nos lo pidió —respondí yo.

—Eso no es un punto a su favor. De hecho, demuestra que es un hombre muy tonto.

—Te gustan los hombres tontos —le recordó Hinata.

—En eso tienes razón —Ino sonrió—. ¿Cuándo voy a conocerlo?

—No lo sé. Tendré que pensar en algo —dije.

Seguimos mirando y pronto encontré unos pantalones que sabía que mis primas aprobarían. Negros y muy ajustados, con cenefas de orquídeas rojas, rosas y amarillas en el bajo de la pernera izquierda. Los quería. Y no porque Itachi pensara que huelo a orquídeas. Eran bonitos. Y fáciles de quitar.

—Esto es genial —Hinata dio unas palmadas y unos saltitos—. Estoy emocionada por vosotras dos. Vamos chicas —dijo cuando se tranquilizó—. Hemos venido a comprar y eso vamos a hacer. Ahora que las hormonas de Sakura han decidido salir a jugar necesitamos más cosas para su arsenal de seducción. A trabajar.

Esa noche, tumbada en la cama, hice recuento de las prendas que había comprado, un vestido de verano verde; Hinata había insistido, una minifalda azul frío con una blusa sin mangas a juego, un traje pantalón color rojo sangre y un camisón de encaje negro. Y los pantalones negros, claro.

¿Qué pensaría Itachi cuando me viera? ¿Llamearían sus ojos como cuando deseaba besarme?

¿Se volvería loco de ganas de arrancarme la ropa?

La imagen me excitó. Me puse de costado y miré por la ventana del dormitorio. Era una noche negra y aterciopelada, tachonada de estrellas. A veces odiaba esas noches sola, sin nada que hacer excepto pensar.

Quería hablar con Itachi, oír su voz seductora y sexy, pero eso era un comportamiento tan de relación que fulminé el concepto. Acostarme con él, sí. Incluirlo en mi vida y confiar en él, no. Aún así, anhelaba tanto oír su voz que empecé a temblar.

Decidí llamar a mi madre. Sí, a mi madre. Si había algo que pudiera hacerme dejar de pensar en cuerpos desnudos y sexo telefónico era ella. Marqué su número en el inalámbrico que había en la mesilla.

—¿Hola? —mi madre sonó gruñona, adormilada y maravillosa al mismo tiempo.

—Hola a ti también —sonreí, ya más tranquila.

—¿Sakura? —hubo una pausa y me la imaginé sentándose de un bote—. ¿Algo va mal? ¿Qué va mal? Sé que ha pasado algo.

—Nada va mal, te lo juro. Sólo quería oír tu voz.

—Tsunade, ¿qué ocurre? ¿Qué ha pasado? —oí decir a mi padrastro.

—Es Sakura. Dice que llama para charlar.

—¿Charlar? ¿A esta hora? Algo va mal. ¿Qué es lo que va mal?

—No lo sé —mi madre suspiró—. Dame un minuto para descubrirlo.

—Vale, pero quiero hablar con ella cuando acabes.

Puse los ojos en blanco. Esa loca pareja siempre me devolvía a la realidad.

—¿Por qué no me dices qué te preocupa, cariño? —me dijo mi madre—. Nunca llamas a esta hora.

—Necesito tu consejo —las palabras se me escaparon sin que pudiera detenerlas—. ¿Cómo puede saber una chica si un hombre la tratará bien? ¿Si será fiel?

—¿Estás pensando en casarte otra vez? —dijo, emocionada.

—No, nada de eso —refuté—. Sólo siento curiosidad por cómo supiste que Kakashi no sería como papá —que no la golpearía, engañaría, ni insultaría. ¿Cómo podía haber vuelto a confiar en otro hombre?

—No lo sabía —dijo mi madre—. No podía saberlo. Sólo podía tener esa esperanza.

—Mamá, esperaba que me animaras —gemí yo—. Que me dijeras que hay un hombre ahí fuera que me tratará bien y no me engañará con otras.

—No me has dejado acabar. Sí que hay un hombre para ti. ¿Te tratará bien? No siempre. ¿Te engañará? Eso lo dirá el tiempo. Ocurren cosas y la gente cambia —el tono de su voz se alzó con amargura—. Hasta Kakashi y yo tenemos nuestros problemas.

Todo mi cuerpo se tensó al captar la implicación de sus palabras. ¿Estaría intentando decirme algo? Kakashi y ella apenas discutían. Mi madre debía referirse a desacuerdos con los turnos de fregar los platos, o algo así de inocente. A lo largo de los anos, Kakashi había demostrado ser un buen tipo. Yo lo había acusado durante mucho tiempo de estar simulando; temía que un día se convirtiera en una bestia, pero no había ocurrido. Me relajé lentamente.

—Tsunade, Sakura no necesita oír nuestros problemas —se oyó un sonido de estática mientras mi padrastro le quitaba el aparato—. Sakura, soy Kakashi. El matrimonio es maravilloso. Sabes que no creo en el divorcio y desaconsejo esa salida a mis pacientes.

Si, había oído su opinión al respecto mil veces en los últimos meses. Él creía que debía darle a Sasuke el Bastardo otra oportunidad. Tal vez debería haberle contado todo lo que Sasuke me había hecho, cuánto me había herido. Pero solo les había dado a mi madre y a él una leve idea de lo ocurrido, ocultando la cruda realidad. No había querido que la gente a la que más respetaba conociera mi estupidez.

—¿Estás pensando en volver con Sasuke? —preguntó.

—Mi respuesta es la misma que la última vez que lo preguntaste. Diablos, no.

—Oh —la decepción sonó patente en su voz.

—Insistes en que lo acepte de nuevo, pero tú no viviste con él —apreté el auricular con súbita ira. Decidí olvidar mi orgullo un momento y aclarar las cosas—. Tú no tuviste que sufrir una humillación total en sus manos. ¿Y si te dijera que Sasuke intentó matarme mientras estuvimos casados? —mi voz sonó dura e inflexible. Por primera vez en mi vida me sentí como una auténtica Tigresa.

—Diría que tenías todo el derecho de dejarlo. Pero no lo hizo. Sasuke no es un hombre violento.

—No intentó matarme físicamente, no. Sólo intentó matar mis sentimientos. Mi autoestima. Me engañaba, Kakashi. Una y otra vez. Me dejó en la ruina. Hizo que me sintiera despreciable. ¿No es eso igual de malo?

—Lo siento, Sakura —tartamudeó él—. No lo sabía.

Mi cólera se esfumó. Ese hombre me quería de verdad. Me había educado desde los nueve años y siempre me había tratado como a una hija. Quería lo mejor para mí. Se oyó otro chisporroteo de electricidad estática y mi madre agarró el teléfono.

—Sakura, cariño, te he oído. Hiciste bien dejando a Sasuke. Espero que se pudra en el infierno.

—Gracias, mamá. Eso significa mucho para mí.

—Entonces, ¿has encontrado a otro hombre? ¿Por eso llamas?

—No —mentí. Itachi era otro hombre, otra tentación. Otro mundo.

—Siempre sé cuándo mientes. Tu voz suena más aguda. Nos veremos mañana en Holy Grounds a las ocho —sonó como un sargento que esperase el cumplimiento de sus órdenes—. Necesitamos tener una conversación madre-hija.

—De acuerdo —no se me ocurrió negarme.

Además, quería verla. Quería a mi madre y no pasaba suficiente tiempo con ella—. Buenas noches, mamá.

—Buenas noches, cariño.

Colgué y me tumbé. Miré el techo. Bien. Había llegado el inicio oficial de una larga noche en vela.

POBRE SAKU CON LO QUE TUVO QUE PASAR CON SASUKE EN SU MATRIMONIO LO BUENO QUE ITA ES MUY DIFERENTE :)

Ofi Rodriguez