Grecia y Japón estaban cómoda y pacíficamente sentados en una colina.

—Oye, Japón…—comenzó el griego.

—No dormiré en tu casa esta noche—cortó el japonés.

—No, no. No me refería a eso. Iba a preguntarte si es verdad que eres temible cuando te enojas.

—Supongo. Eso dicen. Yo lo único que quiero es verlos muertos o gravemente mutilados.

—…Sexy.

—Yo no lo considero "sexy". Y tú, ¿cómo eres cuando te enojas?

— ¿Cuándo me enojo? Ah, nada que la furia espartana pueda superar.

—…Ya veo.

—Pero, volviendo a tu enojo… me encantaría verte enojado.

— ¿Eh? No creo…

—Esa carita tuya gritando me suena a algo completamente excitante…

— ¡No seas tan explícito, imbécil!

El pequeño Romano había empezado su travesía, hacia su casa. El bosque no le daba miedo. Lo que le daba miedo era alejarse de España. Aunque eran sólo tres días. Podía soportarlo, ¿verdad?

Aún así, y a pesar de que lo obligó a ir, el español estaba preocupado. Y decidió seguir al italiano a hurtadillas, después de ver que el francés quería arrebatarle su preciado niño.

El Jefe España y Chibiromano.

—Ya van cuatro veces que me lo quiere quitar—dijo el español, malhumorado—¿Porqué no dejas de molestarme, Francia? —comenzó a zarandearlo.

—No te pongas violento, loco celoso y posesivo.

— ¡No soy celoso!

—Tendré a Romano~

— ¿¡Cuántas veces tengo que golpearte para que entiendas que es mío!? ¡Mío! ¡Mío!

"Si Romano lo escuchara…" pensaba Francia, mientras seguía haciendo rabiar al ibérico.

Romano decidió parar junto a un lago. Estaba algo cansado. Había corrido, dado que quería salir de ese bosque cuanto antes. Miró hacia atrás, por si el español había decidido seguirlo en secreto. No vio nada.

Pero la esperanza seguía allí. En un rincón de su alma, sabía que España no lo había dejado solo. No podría hacerlo.

Eso quería creer.

El niño observó el lago, triste. Una pequeña lágrima resbaló por su mejilla, y cayó al agua, mezclándose. Sabía que su abuelo no le hubiera permitido llorar por una "estupidez" como esa. Pero no quería que España lo dejara. Lo hacía sentirse seguro, y en cierto modo, querido. Y eso era lo que necesitaba para ser feliz. No le importaba que estuviera tras la herencia de su abuelo. Era lo único que tenía. Todo lo contrario a su hermanito, que era más astuto, inteligente, carismático (cuando dejaba de lado su lado psicópata, claro), dibujaba y comerciaba mejor que él, se parecía más al Abuelo, y muchas cosas más que lo hacían sentirse increíblemente desmotivado. Por eso veía peligrosamente cercana la posibilidad de que el español lo cambie por Italia.

Como si alguien quisiera hacerlo sentir todavía peor, un pajarito comenzó a reírse de él. ¿Acaso alucinaba? Las aves canturreaban, pero era imposible que se rían. Aunque claro, tal vez era un canto que imitaba una burla. Fulminó con la mirada al pájaro (uno muy feo para su gusto).

— ¡No te rías! —exigió. El pájaro no le hizo caso— ¡Cara de pájaro! ¡Deja de burlarte de mí sólo porque estás en un lugar más alto!

Romano lo miró con impotencia. Lo rostizaría. España jamás se reiría de él. Aunque, ahora que lo pensaba, jamás había visto reír al español. Ni siquiera sonreír. Bueno, en algunos momentos le parecía que España sonreía levemente, pero no se notaba demasiado. Podrían haber sido simples alucinaciones. Suspiró. Ni siquiera era capaz de hacer sonreír a una de las personas más importantes para él.

— ¡Rayos! ¡España es demasiado posesivo! Sólo quería molestarlo un poco, pero se toma muy a pecho todo eso relacionado con Romano—se quejaba Francia—Ya no me interesa tanto el niño, pero en esta situación, estoy decidido a llamar a mi apoyo. ¡Ve, Pierre! —exclamó, señalando hacia el horizonte.

Un inocente pájaro voló hacia allí.

—Ya verás, España, ya verás—masculló Francia, molesto.

Continuará~


Otro que quedó súper corto D: Por cierto, España si sonríe, Romano no alucina. Sólo que las sonrisas de España suelen darse cuando Romanito no ve. aunque él sea la causa (Awww). Por cada review, el amargado español sonríe para el glamoroso italiano :D ~.