—Entonces—comenzó Grecia—Supongo que no me dejarás verte enfadado.

—Exacto—contestó Japón.

—Ni tampoco terminarás en mi cama.

—Exactamente.

—…Supongo que será a la fuerza.

— ¿Eh? ¡Idiota! ¡Aparta las manos de mis regiones vitales! ¡Estúpido griego pervertido! ¡Te voy meter la katana por dónde no te da el sol!

— ¿Porqué la katana? Elige otra cosa más linda~—bromeaba Grecia, mientras intentaba tocar la intimidad del japonés. Éste seguía pataleando y golpeándolo.

.

—Grecia, he venido a visitarte~—dijo Turquía, feliz.

Palideció al ver a Grecia, desnudo, atado a una silla. Y a Japón, sentado tranquilamente, con una espada peligrosamente cerca de la yugular del griego.

— ¿¡Qué significa esto!?

—No es lo que parece—se excusó el griego.

—De hecho, lo es—aclaró Japón.

—No, no lo es—contradijo Grecia—No tienes ni idea de las cosas que ese turco debe estar pensando en este mismo momento…

— ¡Por el amor de todos los dioses! —Gritó Turquía, llevándose las manos a la cabeza— ¡Practicaron Bondage y Sadomasoquismo, y al terminar, el japonés te dejó atado, dispuesto a cortarte la cabeza! ¡Pero llegué yo y lo evité! ¡Lo sabía! ¡Era una mala influencia! ¡No te preocupes, niño, yo te salvaré!

El japonés y el griego contemplaron al turco, atónitos.

—Vaya, que… "interesante" visión de la situación—comentó Japón.

—Te lo dije—le recordó Grecia, mientras Turquía balbuceaba algo sobre llamar a las autoridades.

—Aunque me hubiera gustado que lo de matarte sea en serio—admitió el japonés.

—Me hubiera gustado que la parte de practicar eso hubiera sido cierto—le dijo el griego—Lástima que me golpeaste fuerte cuándo me empecé a desnudar.

—Te jodes. Nadie quería ver tu anatomía griega.

—Vamos, mi torso griego es perfecto.

—Sigue soñando—mintió Japón.

Yo, Finlandia, y… Su-san, o Suecia, alguna vez estuvimos bajo el mando de la casa de Dinamarca.

—Me agrada saber que todos somos una familia—dijo Dinamarca, sonriendo tímidamente. Tenía el rubio y lacio cabello prolijamente peinado, aunque a veces se le desordenaba, cosa que lo desesperaba un poco. Sus ojos celestes brillaban, felices.

Suecia y Finlandia se miraron mutuamente. No les parecía que ellos tres, junto con Islandia y Noruega, fueran una familia de la cuál alegrarse.

Sin embargo, Suecia era un poco rebelde. No escuchaba lo que decía Dinamarca, y por eso le regañaban muy a menudo.

— ¡Suecia! —se quejaba el danés, acomodándose su abrigo gris y poco llamativo— ¡No digas esas cosas!

—Sabes que no podemos estar todos juntos, Dinamarca—decía el sueco.

— ¿Tienes idea de lo que estás diciendo?

—No somos una familia.

Al final, se cansó de vivir así. Y escapó de la casa de Dinamarca cuando tuvo la oportunidad. Y yo escapé junto a él.

Ser libre es grandioso. Pero estamos rodeados por otros países muy poderosos, como la unión Polaco-Lituana y Rusia.

Finlandia caminaba junto con Suecia, por un oscuro bosque. Estaba vigilando atentamente al sueco, ya que no sabía cuando el más alto tendría ánimos de invadir su espacio personal.

Suecia, le daban ganas de acercarse a él, pero a su vez, tenía cierta aura de peligro que lo hacía mantenerse completamente alerta. Era bastante más alto que Finlandia, tenía el cabello rubio, corto y lacio; lentes con cristales transparentes, que dejaban ver unos ojos como rubíes, que brillaban de forman que inspiraban desconfianza. Una sonrisa torcida solía ocupar su rostro.

Para el finlandés, era fascinante. Pero no terminaba de sentirse completamente cómodo.

Al no tener otra opción, había tenido que seguir al sueco.

Escapando con Su-san.

Los dos nórdicos habían decidido terminar por esa noche. Habían caminado bastante, y estaban cansados, además de que el bosque ya no era tan seguro.

—Bueno, está bien haber salido de la casa de Dinamarca—comentó Finlandia, sosteniendo su inseparable cigarrillo entre sus dedos—Pero… ¿qué haremos de ahora en adelante?

Suecia no contestó, se limitó a acomodarse su largo abrigo rojo oscuro.

—Oye, respóndeme—exigió el finlandés. Le molestaba que no le prestaran atención.

— ¿Tienes miedo? —quiso saber el mayor, traspasándolo con su mirada carmesí. Finlandia se tensó. Parecía que el otro pudiera ver perfectamente a través de él.

Y sí, estaba completamente asustado. Por no tener idea de su futuro, y por estar completamente a solas con el escandinavo. Pero claro, regla número uno si estás con Suecia: No mostrar vulnerabilidad, aunque él la pueda ver.

—Sólo estoy un poco inquiero, pero nada más—dijo el menor, aunque no estaba tan lejos de la realidad. Se sentía inquieto estando con el otro.

—Así que estar conmigo te hace sentir inquieto—comentó Suecia, divertido.

Finlandia intentó que no se le caiga el cigarro de la boca, a causa de la sorpresa. ¿Cómo lo supo?

—No es eso—dijo el más bajo, tratando de sonar lo más convincente posible—Mejor descansemos por hoy.

—Si eso es lo que quieres hacer… por mí está bien~.

—Sí. Buenas noches, Su-san—se despidió, para luego apagar el cigarrillo, acostarse, y taparse con las sábanas, para protegerse del frío.

Cerró los ojos rápidamente. Sabía que tal vez no era seguro dormirse con Suecia ahí, pero confiaba en que no le pasaría nada. El sueco era peligroso, pero todos esos años en la casa de Dinamarca tendrían que haber servido de algo.

Entreabrió un ojo, encontrándose cara a cara con su acompañante. Suecia lo observaba, en silencio, sin sus lentes. Tenía el rostro a centímetros del suyo.

Por puro reflejo, se apartó hacia atrás, dejando salir un pequeño grito.

— ¿Ahora tienes miedo? —preguntó el escandinavo, divertido.

—No. Sólo me sorprendiste. No te acerques así—lo regañó.

—Es divertido verte reaccionar así—comentó el mayor, acercándose más a Finlandia. Éste se iba más para atrás, hasta que su espalda chocó con un árbol cercano—Además, te ves muy lindo de cerca. Tienes un rostro bonito.

"Por amor a Frigg (*), que no me haya visto sonrojarme" rezó el finlandés en su interior.

—Fin~—comentó Suecia—Ese sonrojo en las mejillas te queda bien.

Finlandia frunció el ceño. Maldita sea su pálida piel. Aunque debía decirlo, el sueco también la tenía así. Algún día lo tomaría desprevenido (y sonrojado), y sabría lo que se siente ser humillado así.

—Cállate, Suecia—dijo de mal humor—Y vamos a dormir—cerró los ojos, queriendo volver a dormir.

—Hace un poco de frío, ¿no? —comentó Suecia, cerrando los ojos él también.

—Sí—admitió Finlandia. Definitivamente, sabía que sería imposible estar así. Ni bien despertara (siempre despertaba antes que el sueco), se largaría de allí.

Antes de que pudiera pensar en otra cosa, un par de fuertes brazos lo rodearon. Abrió los ojos como platos. Tenía el pecho de Suecia rozando su nariz.

— ¡Suecia! —exclamó, enojado.

—…Tenías frío—se excusó, sonriendo, mientras disfrutaba del cuerpo del menor entre sus brazos.

Y así durmieron. Cabe destacar, que Finlandia no se marchó.

Continuará~


(*) Frigg (O "Frigga") es la diosa nórdica del amor y el matrimonio, esposa de Odín. Si, elegí ella porque es del amor. ¿Entienden? Suecia, Finlandia, nórdicos, amor, matrimonio… bueno, es que me gustan juntos D': me gusta incluir detalles de ese tipo.