Suecia y Finlandia siguieron caminando, luego de escapar de la casa de Dinamarca. Hasta que de pronto, el finlandés notó un ambiente más familiar.
—Esto es…—murmuró, sorprendido.
Alguien abrió la puerta. Los recibió cierto rubio con bata de científico, que Finlandia conocía muy bien.
— ¿Quién es? —preguntó, viéndolos de lejos.
— ¡Estonia! —exclamó el nórdico más bajo, súbitamente animado. Normalmente, no se lanzaba a abrazar a la gente, pero después de esa horrible noche, necesitaba un abrazo de alguien conocido (y de confianza).
—Finlandia—saludó el estonio— ¿Qué ocurre? ¿Quién está detrás de…?—se calló al ver a Suecia fulminándolo con la mirada—…Ese tipo en inquietante, Finlandia—le susurró.
—No digas lo que estoy tratando de evitar decir desde anoche—lo regañó el finlandés.
Y Suecia seguía fulminando a Estonia con la mirada. Nadie podía abrazar a Finlandia así, aunque fuera el nórdico el que estaba abrazando al báltico.
—Soy Estonia—se presentó el báltico, tratando de sonar seguro—Un… placer conocerte.
—Sí. Soy Suecia—respondió escuetamente. Estonia sintió el veneno en cada sílaba.
Sí, el sueco estaba realmente celoso.
—Y él es mi esposa—gruñó el escandinavo, sujetando el hombro de el finlandés.
Un silencio sepulcral inundó el ambiente. Suecia seguía enojado y celoso, Estonia estaba con expresión impasible, y Finlandia… estaba blanco como la cera. Inmediatamente, se puso rojo, de furia y vergüenza, y se volvió hacia el sueco.
— ¿¡Pero qué estás diciendo!? —Exclamó furioso, sin importarle la inquietud que Suecia le generaba— ¿¡De dónde sacaste eso!?
El nórdico más alto sonrió, mientras el pequeño finlandés se quejaba y lo golpeaba con sus puños.
Estonia, por su parte, estaba muy preocupado por lo que el futuro le depararía a su amigo.
…
Después de eso, Letonia también fue a recibir a Finlandia, que estaba un poco más tranquilo. Suecia también estaba más tranquilo, sabiendo que había marcado su territorio. Y Estonia seguía preocupado, aunque no lo demostrara.
Todo iba bien, hasta que Suecia dijo algo que, según Finlandia, sonó completamente atroz.
—Ustedes dos—dijo el sueco, señalando a los dos bálticos—Vienen conmigo.
Y un silencio sepulcral se cernió sobre ellos. Antes de que Finlandia saliera de sus casillas, los bálticos intervinieron.
—Me temo—mintió Estonia, dado que no lo temía para nada—Que no podemos hacerlo—eso último era verdad.
—Deberías hablar con Polonia. Él es el que tiene nuestra custodia—explicó Letonia, no muy entusiasmado con la idea de irse con el sueco.
.
Y Polonia hizo su aparición. Era un escenario un poco aterrador. Estonia y Letonia sentados en un sofá para dos personas. Finlandia recostado contra una pared. Suecia y Polonia de pie, fulminándose mutuamente con la mirada. Sin perder el contacto visual en ningún momento, ni siquiera cuando el polaco bebía de su botella de vodka, o cuando el sueco se acomodaba los lentes. Lituania estaba detrás del responsable de los bálticos, deseando que Suecia se llevara al polaco y no a sus "hermanos".
—Así que eres Suecia—comenzó Polonia, rompiendo el silencio. El sueco asintió. Suecia sonreía maliciosamente. El polaco tenía una cara de indiferencia total, que ni siquiera cambió cuando su garganta ardió debido a una cantidad excesiva de tragos de vodka—Con que, quieres a Estonia y a Letonia…
Suecia lo miró con una ceja levantada. Las otras cuatro naciones sabían que el aire se podía cortar con una rebanada de pan duro.
—Lo que pides es imposible—lo cortó el polaco.
— ¿Porqué? —quiso saber el nórdico mayor.
—Porque yo lo digo.
—Bien, entonces no hay nada más que hacer. Tendremos que formar un hogar sólo nosotros dos.
Finlandia abrió los ojos, horrorizado. ¿Un hogar, a solas, con Suecia? Jamás. No soportaría tanta presión, ni aunque fumara cigarrillos y bebiera vodka las 24 horas del día.
—Bueno…—comenzó Polonia, al ver la cara de terror y súplica del finlandés—Tal vez pueda hacer algo… a cambio de unas cuantas botellas de vodka.
— ¿¡Los venderás por vodka!? —Exclamó Lituania, enojado— ¡Eres despreciable!
—Dije hacer "algo", no venderlos, al menos, no exactamente.
Suecia consiguió la custodia parcial de Letonia y Estonia.
—Y todos felices—dijo Polonia, acostándose en su sillón. Lituania lo asesinaba con la mirada— ¿Qué?
—Eres un imbécil. Con todas las letras. ¡La custodia parcial! ¿Cómo pudiste?
—Oye, es parcial. Tampoco es que a ellos le molestara tanto.
—Si fuera yo, ¿También le hubieras dado mi custodia parcial por unas cuantas botellas de vodka?
—No.
— ¿¡Le darías mi custodia parcial gratis!? Hijo de Puta.
—No. No dejaría que alguien te tuviera, además de mí.
…
¡No quiero una cafetería así!
Un joven entró a la cafetería. Allí, lo recibió Suecia, con esa sonrisa tenebrosa e inquietante que siempre llevaba en el rostro.
—Buenas tardes~—saludó. El joven se alteró, y se pegó a la puerta, a causa del miedo— ¿Qué va a pedir?
—C-café—tartamudeó, con miedo.
—Podemos ofrecerle también un postre~
—P-pero n-no quiero postre, en serio…
— ¿En serio? —inquirió el dueño del lugar, con una sonrisa encantadora y aterradora a la misma vez.
— ¡Un pastel!
—Genial, ¿le gustaría un par de sándwiches también?
.
—Y vuelva pronto~—se despidió Suecia.
—Qué buen servicio—murmuró el joven, sujetándose el estómago, a causa de lo mucho que había comido—Ahora, a comprarle algo a mi novia… ¿eh? —inquirió al ver su billetera vacía, junto con la cuenta de la cafetería.
¿Cómo había hecho ese sueco para convencerlo de consumir tanto?
Continuará~
No pregunten sobre la cafetería de Suecia y sus métodos para vender productos de forma exitosa ._. Ni la autora lo sabe (?)
