(Versión original - adaptado: 02/02/2015)
Shugo Chara! © PEACH-PIT (#Respect)
Sólo el personaje de Haruna es creado, mayor información revisar en mi perfil y dar click al link. También hay un link de la casa en donde están ahorita.
La canción: Your Guardian Angel, le pertenece a The Red Jumpsuit Apparatus.
Hitman
'Capítulo 1: Conozco algo de ti'
-No, por enésima vez, no puedo dejarla sola-dijo Ikuto algo irritado, sí, él me había dicho su nombre.
Al parecer estaba hablando con su hermana… creo que se llamaba Utau, había mencionado su nombre un par de veces y le estaba pidiendo que trajera vendas y alcohol y algodón y no sé qué otras cosas más…
–No me importa si vienen juntos o no, sólo quiero que te apures…–siguió hablando.
Posé mi vista en el cielo nuevamente y seguí viendo las estrellas, era una vista hermosa, sobre todo porque su casa estaba alejada de la civilización y cerca de ella no había faros, lo que hacía que las estrellas se notaran más.
–Ikuto, mira una estrella fugaz–dije muy feliz siguiéndole el rastro con mi dedo–. Las estrellas son muy hermosas.
Él miro hacia el cielo y luego me sonrió.
–Si tienes razón–dijo–. Tu no, Utau.
Yo me comencé a reír y en ese instante el colgó, me miro y sonrió.
– ¿Por qué sonríes?–pregunte con curiosidad.
– ¿Por qué no hacerlo?–me preguntó, al ver que seguía esperando su respuesta suspiró antes de responder. –Te veo feliz, no sabía que te gustara ver las estrellas–dijo mientras yo seguí mirando las estrellas–. Amu.
Volteé a mirarlo interrogante por haberme llamada.
–Tu rostro hace juego con tu cabello–dijo sonriendo.
– ¿Huh?
No entendía a que se había referido.
–Me refiero a que estás muy sonrojada.
¿…cómo quiere que no lo esté? Me está sujetando de la cintura y estamos sentados en su tejado…
Me quedé callada sin decir absolutamente nada ante eso, tampoco es como si supiese qué responder exactamente.
– ¿Es acaso que nunca has estado en esta posición con nadie?
–No que yo recuerde. ¿Qué dijo tu hermana?
–Que estaba cerca y vendrá pronto con lo que le pedí.
Nos quedamos un rato en silencio, hasta que él lo rompió.
– ¿Tienes hambre?
Antes de siquiera responder, mi estómago me ganó y respondiendo con un sonoro gruñido.
–Bien, ¿te parece si bajamos y preparo algo?–me preguntó amablemente.
Asentí, él se paró y caminó a la ventana, entró y comenzó a caminar hacia la puerta que nos llevaba al pasadizo. Caminó por el largo y ancho pasadizo hasta llegar a las escaleras, bajó y bajó, hasta llegar al primer piso. Siguió caminando hasta llegar a una de las salas, me dejó en el sillón y me hizo prometer que no sacaría esa manta de mis piernas. Yo asentí y él lo tomó como un sí, se fue directo a la cocina –supongo–. Mi vista se quedó fija en el gran ventanal que tenía enfrente de mí y luego cerré los ojos, recordé todo lo que había pasado en el día.
Tsukiyomi Ikuto, joven de 22 años, estudia medicina y es el más avanzado en la universidad según me ha presumido. Se ha comportado muy bien conmigo y se ha preocupado por el más mínimo dolor que he sentido hasta este momento, por la misma razón ha indicado a su hermana Utau que traiga lo necesario para curar esa herida que desde que me desperté, no me deja ver. No se atreve a dejarme sola un solo instante y me presta toda atención posible.
–Amu, ya esta–dijo haciendo que mis pensamientos se detuvieran y me volteara hacia él–. Aquí tienes–dijo mientras me extendía la bandeja–, es un sencillo omuraice, me he quedado sin ingredientes para hacerte algo mejor. Espero sea de tu agrado.
–Gracias–respondí mientras observaba la deliciosa comida, quise levantar el tenedor, pero por alguna razón mi muñeca derecha me dolía mucho, así que solté el tenedor al instante.
– ¿Sucede algo?–pregunto mientras me tomaba la muñeca.
–Por alguna razón me duele mi muñeca–dije algo apenada por ser tan inútil.
–Tal vez te hayas estirado un músculo y te duela por el momento–dijo mientras dejaba mi mano suelta–. Por lo tanto, tendré que ayudarte a comer–dijo con una sonrisa, mientras cogía el tenedor y en el ponía un trozo del omuraisu, abrí mi boca y metió el cubierto…
Parecía una niña pequeña, me sentía avergonzada por no poder hacer nada por mí misma y tener que depender siempre de él. No me pregunten como le he hecho para ir al baño.
–Perdón por causarte tantas molestias–dije cuando había terminado de pasar la comida.
–No te preocupes después de todo…– no alcancé a escuchar lo último que dijo, pero parecía sentirse algo mal–. Ahora abre tu boca–obedecí y otra vez metió un tenedor lleno a mi boca.
Siguió dándome de comer hasta que pude terminar todo y ciertamente estuvo delicioso.
–Muchas gracias Ikuto–dije sonriéndole.
Él asintió y se levantó con la bandeja en las manos, ni bien se había ido a la cocina, escuché el sonido de un motor afuera de la casa. Este sonido se detuvo y luego de eso oí pasos, después sonó el timbre. Ikuto salió de la cocina y fue hasta donde se supone estaba la puerta, después de haber escuchado la puerta abrirse escuché una voz femenina, pero no alcancé a oír lo que estaban hablando. Luego de unos minutos oí como la puerta se cerraba y unos pasos se acercaban a donde me encontraba. Giré mi cabeza y me encontré a Ikuto y una bolsa en su mano.
–Ahora si puedo comenzar–dijo mientras se acercaba a mi–. ¿Podrías mirar hacia arriba?–pidió mirándome seriamente, hice caso y recosté mi cabeza en la parte de atrás del sillón.
Sentí como quitaba la manta que hasta ese momento tenía sobre mis piernas, además de desenvolverlas de las vendas que había sentido desde que me desperté. Pero cuando desenvolvió la derecha me dolió un poco, parecía como si mi piel se hubiese pegado. Susurró un lo siento al escuchar mi quejido. Luego de unos segundos -que me parecieron eternos- él hablo de nuevo:
–Esto te va a arder un poco–dijo antes de sentir como algo suave y a la vez húmedo pasaba por la parte inferior de mi pierna derecha y enseguida un terrible ardor, el cual ocasionó que de mi boca saliera un gemido de dolor–. Perdóname–dijo fríamente.
Hizo esto varias veces y luego el ardor se desvaneció, en ese instante sentí que me envolvía la pierna con una venda.
–Si quieres puedes mirar, ya no tengo nada que ocultarte–dijo él, baje mi mirada y me encontré con su mirada fija en mi pierna, la cual estaba terminando de vendar. Al lado izquierdo de él había una botella de alcohol, vendas y broches, también gasa y otra cosa que no alcancé a distinguir. Por el otro lado se encontraba una bolsa cerrada–. ¿Puedes moverte mejor?
Levante mi pierna, demostrándole que si, él sonrió y luego cogió mi muñeca.
– ¿Puedes girarla?–hice el movimiento indicado, pero al instante me dolió, Ikuto notó mi gesto de dolor y me sostuvo la muñeca, cogió otra venda y la comenzó a envolver alrededor de mi muñeca–. Es un simple estirón, en un par de días la moverás otra vez–dijo al tiempo que terminaba su acción.
Se sentó a mi lado y me levantó la cabeza, despegó una curita y me lo puso debajo de mi mejilla izquierda y otra en el cuello.
–Ahora sí–dijo mientras soltaba mi rostro.
–Gracias–dije sonriéndole–. Ikuto…
–Hmp.
– ¿Puedo hacerte preguntas?–dije, a lo que él me miro extrañado.
– ¿De qué tipo?–dijo elevando una ceja.
–No sé, quiero conocerte.
–No es una buena idea–dijo mientras recogía la bolsa cerrada del suelo.
–Ya pues~, tengo curiosidad–dije suplicando.
–La curiosidad mato al gato–dijo al mismo tiempo se adentraba en la cocina.
–No soy un gato, así que correré el riesgo–dije para después recostarme a lo largo del sillón.
–Ok–dijo saliendo de la cocina–, pero prométeme que nunca me odiarás.
– ¿Eh?–dije algo desconcertada–. Como podría yo—
–Solo promételo–dijo él sentándose en el piso, recostando su espalda con el sillón en donde yo me encontraba recostada.
–Lo prometo–dije sonriendo.
–Entonces puedes comenzar con esas preguntas.
– ¿Dónde estamos?
–Ámsterdam.
–…Ams…ter…dan…
–Holanda–dijo al comprender que estaba en shock.
– ¿Europa?–dije intentando recordar algo de geografía.
–Bingo–dijo él algo divertido.
– ¿Cómo es que sabes japonés entonces?
–Soy japonés.
–Y…–dije queriendo saber más, a lo que él sonrió.
–Pues cuando comencé a estudiar medicina, pensé en salir de Japón, quería un lugar tranquilo, dónde la gente fuera tranquila y entonces mi hermana dijo que Holanda era un lindo país…
– ¿Qué hay en Holanda que no haya allá?
–No lo sé… ¿tranquilidad?
–Así que te compraste una casa aquí–
–No, esta es casa de mis… tíos.
–Oh…
–No te preocupes regresaran en dos semanas, tenían que ir a Japón.
– ¿Dónde vives tú?–inquirí.
–Te llevaré pronto a mi casa–dijo él como respuesta aunque…
–Esa no es una respuesta.
–Es la única que te puedo dar pequeña–dije sonriendo.
–Ok, otra pregunta–dije rodando mis ojos–. ¿Qué te impulso a estudiar medicina?
Me miró unos segundos como si estuviese dudando de mí y luego sonrió.
–Cuando era pequeño… mi padre se fue de la casa y mi madre tuvo una enfermedad muy rara junto con un accidente, la dejó en coma por muchos meses, no podían encontrar la cura y ciertamente su seguro no lo cubría. No podían encontrar solución. Hice una gran rabieta en el hospital y un doctor de piel un poco oscura, con bigote y lentes, algo mayor de edad ya, me dijo que todo saldría bien. Me hizo prometer que yo también trabajaría duro como él… y aquí me tienes…
– ¿Y tu madrese mejoró?
Me miró con una linda sonrisa que provocó que mi rostro se sintiera algo caliente.
–Basta de preguntas–dijo suspirando–. Ahora, ¿qué quieres hacer?–preguntó mientras se paraba.
–No lo sé–dije intentando pensar en algo claro, tratando de no darle muchas vueltas al hecho de que había evitado hablar de su progenitora.
– ¿Quieres escuchar música?–preguntó.
–Hm…
–Tengo este CD–dijo mientras caminaba hacia al frente en donde se encontraba el enorme televisor plasma, en el mueble donde estaba también habían debajo muchos CD's, cogió uno del cual no me había percatado. Se encontraba al lado del televisor, lo cogió y me lo entregó–. Es… del 2010.
–Am i the enemy–dije algo confundida, ya que no sabía en qué idioma estaba eso–. The red jump… suit apara…tus… ¿en qué idioma está esto?
–Inglés–dijo divertido-. Am I the enemy, the red jumpsuit apparatus–dijo él pronunciándolo mejor–, no sé si sea tu tipo de música.
–Me gustaría escuchar algo en realidad–dije entregándole el disco, había visto televisión desde que desperté… tenía que haber algo diferente.
–Esta bien–dijo mientras abría el estuche y sacaba el disco, se dirigió al estéreo, presionó un botón e introdujo el CD–. ¿Cuál es la primera canción?
–Face down–dije con mi baja pronunciación de inglés.
Él presionó un botón.
–La siguiente…
–Damn regret.
– ¿Siguiente?
– ¿Qué significa your guardian angel?–pregunté al leer el título en una de las canciones.
–Tu ángel guardián.
– ¿Puedes poner esa?
– ¿Qué número es?
–Ocho.
Presionó varias veces dicho botón y luego comenzó a sonar una guitarra… Era una canción tranquilizadora en mi opinión, suave…
– ¿La podrías traducir?
– ¿Por?
–Me gustaría saber qué dice–dije sinceramente, él suspiró y la voz del vocalista se comenzó a escuchar.
Tomó aire antes de comenzar.
–Cuando veo tu sonrisa, lágrimas corren por mi rostro y no puedo… retenerlas–dijo antes de tomar aire nuevamente–, y ahora que soy fuerte he comprendido, como este mundo se vuelve frío y se rompe a través de mi alma. Y sé que puedo encontrar dentro mío que puedo ser el único–dijo dirigiéndose al sillón, sentándose a mi lado–. Nunca voy a dejarte caer, voy a estar contigo para siempre, estaré ahí a pesar de todo, incluso si salvándote me voy al cielo…
»Está bien…Está bien… Está bien… Las estaciones cambian, las olas chocan y las estrellas están cayendo todo por nosotros–dijo mirándome divertido, pero por alguna razón sentí que Ikuto me dedicaba, muy en el fondo, esa canción…
»Los días se vuelven largos, las noches se hacen cortas. Quiero mostrarte que seré el único, nunca voy a dejarte caer, voy a estar contigo para siempre. Estaré ahí a pesar de todo, incluso si salvándote me voy al cielo
Algo en sus palabras me decía que estaba pensando en algo doloroso y el estar ahí yo evitaba que se derrumbase tal vez…
»Porque tú eres mi… Tú eres mi… Mi… Mi verdadero amor, todo mi corazón, por favor, no te aproveches de esto… Porque estoy aquí para ti, por favor no te vayas y… Por favor dime que te quedaras
La música se volvió algo fuerte, parecía que hacían sonar mucho más fuerte… pero no era una guitarra eléctrica.
»Quédate… Utilízame como quieras, tira de mis cadenas para deleitarte y sé que estaré bien, aunque mis cielos se vuelvan grises. Nunca voy a dejarte caer, voy a estar contigo para siempre, estaré ahí a pesar de todo, incluso si salvándote me voy al cielo… Nunca voy a dejarte caer, voy a estar contigo para siempre, estaré ahí a pesar de todo, incluso si salvándote me voy al cielo… Nunca voy a dejarte caer…
En ese momento lo abracé y cerré mis ojos, por alguna razón sentía que él era alguien que nunca me dejaría caer, alguien que siempre estaría a mi lado a pesar de todo, porque tenía a… un ángel guardián.
– ¿Qué haces?–pregunto él algo confundido y a la vez divertido.
–Gracias…–dije mientras me quedaba dormida… abrazando a mi ángel guardián.
Al menos conozco algo de ti.
~Bonus~
Otro día caminando al instituto, otra mañana en la que oía como mis compañeros bromeaban entre sí hablando de cosas que tenían en común. Me gustaría decir que tengo cosas en común con ellos pero soy muy consciente de que no es así. Tener una vida normal debía ser divertido y relajante, sin tener que cargar con un mismo peso todos los días, mi vida realmente es frustrante. Tal vez me estén saliendo canas ya por tanto estrés.
Las clases de preparatoria terminan y al llegar a la escuela secundaria, Haruna viene hacia mí como es de costumbre para ella.
– ¿Qué tal te fue en Easter?—preguntó con ese tono frío pero pegajoso.
–Quien sabe.
Mi respuesta pareció ser todo lo que ella necesitaba oír por la sonrisa que tiene no se le borra del rostro. Y para mí realmente había sido odiosa esa reunión con la compañía.
–Espero entonces volvernos a ver en Ámsterdam
La miro y por alguna razón no puedo quitar mis ojos de ella, algo tiene esta chica que la hace muy atractiva, tal vez sean sus ojos…
–Quien sabe.
–Sabes que Utau comenzará su gira pronto ¿no?
Utau, Tsukiyomi Utau es su verdadero nombre y tal vez no recuerde ello, porque la dieron a una familia cuando despertó del coma de su accidente. Puede que no haya sido lo mejor, alejarla de mí y de la realidad, mas era por su propio bien, por más cliché que sonase era por su propio bien.
En cuanto a su gira, estaba enterado de que en Japón la estaban conociendo cada vez más personas, con la voz que tenía no era para menos. El triunfo con su propio brillo era algo que yo quería que alcanzara y lo lograría si seguía de esta manera… Y por supuesto que sabía de su gira, mas la razón por la que aceptó ese contrato de solista no fue para alejarse de todo esto. Tampoco es como si hubiese dejado que mi hermana se ensuciara las manos, pero al menos ella misma consiguió algo con lo que podía mantenerse. A pesar de no haberle dicho nada aún sobre todo esto, ni mucho menos el hecho de que era mi hermana.
–Es lo mejor, todos nos iremos después de que este año termine.
– ¿Crees que es lo mejor?
Es una buena pregunta, lamentablemente la respuesta correcta no me convence. Para mí, mientras más lejos esté ella será mejor y mejor aún si nunca se entera de nada.
–Quien sabe.
Suspiró con nostalgia, algo que no había sentido en ella antes.
–No creas que no me entretienes pero… me tengo que ir.
Sonreí de lado mirando como giraba su cabeza mientras caminaba lejos de mí.
Es linda, eso nadie lo niega, pero las rosas tienen espinas y ella las tiene en exceso.
–Creo que es una ilusión–dijo una voz delicada detrás de mí
– ¿Lo crees así?–pregunté aún con mi vista en ella, mirándola desde lejos ya.
–Aunque se lo digas no lo entenderá–dijo una tercera voz.
Una suave y delicada risa resonó en mis oídos. Por un momento no pude pensar en otra cosa que no fuesen ellos dos atrás mío, si no fuese por ellos no sería el que soy en este momento. Son como una familia para mí. Agradezco a la señora Fujisaki por haberme ayudado y aceptado, también lamento mucho haberlos involucrado en esto. Pero ahora ellos son como mis hermanos y los quiero así. Quién diría que mis mejores amigos serían menores que yo. Después de todo Haruna no era la única razón por la que venía a la secundaria de Osaka.
Ambos, Nagihiko y Nadeshko han sido una de las mejores personas que he conocido a lo largo de estos cortos dieciocho años de vida. Y habían tantos recuerdos, porque a pesar que después del accidente de mi familiar todo parecía ir de mal en peor en la casa de los Hotori, la señora Fujisaki me recibió con los brazos abiertos y tuve que vivir con ellos. Por supuesto no me arrepiento de esto.
– ¿Vamos ya?
Asentí mientras caminaba detrás de los mellizos, pensando en cómo le diría a Fujisaki-san que me iría de viaje la otra semana. Porque quería alejarme de los problemas no era, si no más bien para alejarlos a ellos de los problemas. A pesar de que ella ya era consciente de eso cuando me recibió en su casa a los siete años, no era justo que recibiese lo que sabía vendría dentro de unos meses. Había pasado por tanto con esa familia que sinceramente no sabía qué hacer realmente.
También tendría que decirle la verdad a mi hermana después de todo… no sabía cómo afectaría esto en su gira, pero tenía que decirle la verdad y hablar con mi padre.
Llegamos a la gran casa de los Fujisaki y con paso lento y cansado a la habitación que me habían dado desde los siete años. Caminé por la sala donde estaba la madre de los mellizos impartiendo clases de danza a los estudiantes. Pero cuando quise abrir la puerta de mi habitación, una imagen fina y conocida lo evitó.
Se encontraba sentada cerca del pequeño riachuelo artificial de la gran casa, sus largos cabellos rubios estaban sujetos como lo habían estado siempre y sus ojos se veían empañados.
–Así que somos hermanos…
Sus palabras cruzaron como una daga mi pecho e intenté no explotar en ese mismo instante, porque ella no tenía la culpa, nadie la tenía. Pero yo había estado sumido muchos años echándole la culpa a los demás como fruto de mi debilidad
Me giré lentamente mirando como mi hermana estaba con el seño fruncido al lado de Fujisaki-san, parecía que no había estado impartiendo las clases ella. Al mirar en su dirección me sonrió tiernamente pero algo apenada. Sus labios se abrieron pero sólo moldearon las palabras que no salieron de su boca: Ya era tiempo.
–Sí.
–Mamá está viva…
–Sí.
De un momento a otro me di cuenta de que estábamos completamente solos. Las preguntas comenzó a bombardearlas y yo le di las respuestas precisas y concretas, entrando muy pocas veces en detalles. Y ya al final sus brazos se envolvieron alrededor de mí y noté que intentaba no derramar ni una lágrima. Correspondí como pude su gesto, no he sido muy bueno con mis palabras pero tenía que demostrarle que compartía como se sentía ella en ese momento. Sabía muy bien que se había sentido sola, al menos eso me contaba Haruna. Mi hermana es la razón por la cual conocí a la pelinegra, su familia se encargaba de proteger a la mía por generaciones.
–No creo que pueda irme con todo esto…
–Tienes que ir–dije aún abrazándola–, estás al comienzo de una gran etapa en tu vida… nunca te lo perdonaré si no te vas…
– ¿Me estás botando?–preguntó con sarcasmo.
–Quien sabe.
–Me iré de todas maneras, ya está hecho el contrato en Los Ángeles, pero antes… quiero ver a mi madre… Sé que no sea la mejor imagen antes de irme, sólo quiero verla… no sabes cómo soñaba con tener una familia desde los cinco años, que todo lo que soñaba fuese cierto, que en realidad si jugué con mi hermano que si tenía una madre que me peinaba y un papá que tocaba para ambos… era un sueño hermoso–dijo antes de tomar aire para evitar llorar–. No sabes cuánto me alegra saber que no era un sueño…
Cierto. Si ya sabía todo, tenía que decirle que iba a irme de viaje también para verlo, buscarlo y seguir con el violín y estudiar medicina… Eran muchos planes y los Fujisaki estaban conmigo, por ahora ella tendría que seguir en casa de Haruna. Prometí antes de despedirme, llevarla al día siguiente a visitar a nuestra madre y otra vez me encaminé a la casa que me había acobijado desde tiempo atrás.
–Tengo que hablar con usted…–dije entrando en la estancia donde se encontraba tomando su té de la tarde.
–Dime Ikuto-san…—dijo sirviendo una segunda taza de té— ¿deseas?
Asentí, segundos después me encontraba girando la taza.
–Tengo que irme por un tiempo y-
–Lo sé—dijo antes de sonreír—, mis hijos estarán a tu lado en unos años, sólo no me defraudes…—dijo suspirando aún con una sonrisa en su rostro—. Gracias por dejarme tenerte como un hijo más y no ha sido mucho tiempo pero fue el tiempo justo porque ahora conozco algo de ti.
Gracias por leer ^^
Attn. Kiriha-chan
