Alemania quería pasar su Navidad tranquilamente, en su casa, con sus perros, cerveza, y un buen partido de fútbol.

Italia se encargaría de que eso no sea así.

Los rayos de sol se filtraron por la ventana. Alemania abrió los ojos, perezoso, para observar el techo de su habitación con expresión adormilada.

Era Navidad.

— ¿Navidad? —murmuró—Entonces me quedaré todo el día descansando—se dijo, para intentar cerrar los ojos.

Inmediatamente, los abrió como platos y miró a su lado. Allí estaba Italia, abrazado a su almohada, durmiendo como un bebé.

— ¿¡Qué mierda estás haciendo en mi cama!? —exclamó Alemania, despertando al italiano.

—Si te preocupan tus regiones vitales—comenzó el castaño, sobándose los ojos—Están a salvo y siguen vírgenes. A menos claro, que quieras que yo cambie eso~.

— ¿Por qué estás en mi casa? —dijo, cacheteándolo. Italia se quejó, mientras se sentaba.

—Vine para darte tu regalo de navidad. ¿A qué no adivinas qué es?

—No sé—dijo el alemán, olvidando su enojo. Le gustaban los regalos— ¿Qué es?

—Algo que te gusta mucho.

— ¿Cerveza?

—No.

— ¿Wurst?

—No.

— ¿Un perro?

—No.

—… ¿Pornografía?

—Casi, pero no.

— ¿Qué es?

—… ¡Soy yo!

— ¡No digas eso! —Se quejó Alemania— ¡No quiero que seas mi regalo de Navidad!

—Jo, que malo eres—dijo Italia—Pero recuerda: devolver el regalo es de mala educación. Además, tengo otro regalo.

—No quiero saberlo…

—Sí quieres, mentiroso—después de decir eso, el italiano se quitó la ropa interior que llevaba puesta, de color rojo.

— ¡Ponte algo! —lo regañó el rubio, fallando en el acto de no observar la regiones vitales de su aliado.

—Pero tu regalo es este. En mi país, si te regalan ropa interior roja en Navidad, y la llevas puesta el último día del año, serás muy feliz.

—Dámela, pero… ¿era necesario llevarla puesta? ¿Es necesario que andes desnudo por mi habitación?

—Sí.

— ¿Desde cuándo te preocupas por esos estúpidos rituales de fiestas?

—Pienso que sería genial si yo pudiera hacerte feliz, capitano~.

—Lo dice el que me provoca dolor de cabeza todos los días…

—Además, yo sé que te gusta la ropa interior.

—No digas cosas que me hagan parecer un pervertido.

—Pero es que así eres, Alemania. Además, es un cumplido. Serías un buen modelo de ropa interior. El más sexy.

—Aún así, tengo una duda—murmuró Italia—creo que ésta no es tu talla.

— ¿Me estás diciendo que tuve que soportar tu desnudez, para que me digas que el regalo no es de mi talla? —se quejó el alemán.

—Me acabo de dar cuenta, ahora que te estoy viendo con tu ropa interior—Alemania se tapó, luego de escuchar eso—Vamos, no tienes de que avergonzarte. No es como que no te haya visto en ropa interior antes. No es como que no te haya espiado en la ducha antes…

— ¡Italia!

No muy lejos de allí, Austria se dirigía a la habitación de Alemania. Tenía ganas de molestarlo un rato, y despertarlo con un balde de agua helada era una buena opción. Además, tampoco vio a Italia, por lo que dedujo que el italiano se coló en la cama del alemán, como siempre. Genial, ese chiquillo insoportable también sufriría.

Dos pájaros de un tiro.

Abrió la puerta suavemente, para lanzar un grito al ver la situación en la que había encontrado a los otros dos.

Italia completamente desnudo de la cintura para abajo, junto con Alemania… semidesnudo, sólo con una prenda de ropa interior roja demasiado ajustada.

—Siento que Berlín muere de asfixia—se quejó el alemán, incómodo.

—Dejémoslo libre~—sugirió el italiano, pervertido.

— ¡Degenerados! —exclamó el austríaco, arrojándoles el balde de agua helada a los otros dos.

La Navidad de cada uno~.

Japón fue más o menos forzado a ir a la fiesta de Estados Unidos.

"Voy a dar una hipócrita y estúpida fiesta de Navidad, por órdenes de mis superiores. Definitivamente, tienes que venir. Todos merecen sufrir este suplicio. Si no vienes, algo horrible te pasará. Sí, esto es mitad invitación, mitad carta cadena. Firma: Estados Unidos".

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Inglaterra no fue más o menos forzado a ir. Él se presentaría allí, encantado. Y llevaría amor para todos. Especialmente para Francia.

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Francia decidió ir a la fiesta, a causa de que le prometieron los mejores vinos.

Le mintieron.

— ¡Qué imbécil! ¡¿Cómo puede tener esta clase de vino tan barato y horrible?! —se quejaba el francés.

—Míralo—decía una de las chicas que había asistido a la fiesta—Es tan sexy~.

—Sí—respondía otra—Un hombre tan exigente cómo él es encantador~.

Inmediatamente, el malhumorado francés estaba rodeado de lindas jovencitas.

—Las zorras acosan a mi querido Francia—murmuró el inglés, alarmado—Debo matarlas.

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Rusia pasó el día tranquilamente, hablando con China por teléfono, ambos criticando al estadounidense.

— ¿Sucede algo, Italia? —quiso saber Japón, al ver al italiano un poco deprimido, sujetándose la cara con las manos.

—…No se me ocurre nada para el diseño del póster que estoy haciendo—respondió, arrugando una hoja de papel.

— ¿Qué tipo de póster?

—Bueno… uno para Alemania.

—Tengo alguno en mi casa que tal vez te sirva.

Días después…

—Oye, ¡Alemania! —Lo llamó Italia, sosteniendo los póster—¡Hice unos pósters sobre ti!

—Así que eso era lo que te mantenía ocupado éstos días…—dijo el alemán.

— ¿Los puedo poner?

—No. No al menos hasta que los vea. Eres un peligro.

—Me lo dices tarde, porque los coloqué antes de venir a verte. Estos son los que me sobraron.

—Déjame ver eso.

En el póster, se podía leer: "Alemania+Italia= (Corazón)".

—Es lindo, ¿no crees? —inquirió el italiano.

—…No sé qué decir al respecto.

— ¡Eso significa que te gustó! ¡Yo también te amo, capitano~!

—Feliz Navidad~—comentó Estados Unidos, disfrazado de Santa Claus (por orden de su jefe), mientras entraba por la puerta de la casa del japonés. Éste le apuntó con una de sus espadas—Oye, soy yo, América.

—Lo sé—dijo el japonés.

—No hay necesidad de apuntarme con la espada.

—Te equivocas. Sí la hay.

Continuará~.


Navidad otra vez ._. Espero que les haya gustado :3