(Versión original - adaptado: 02/02/2015)
Shugo Chara! © PEACH-PIT
Sólo el personaje de Haruna es creado, mayor información revisar en mi perfil y dar click al link.
Hitman
'Capítulo 2: Familia'
– ¿Por qué no me quieres decir?–repetí.
–Quien sabe.
–Deja de responderme así–dije inflando mis mejillas.
–No te he dicho ya que la curiosidad mató al gato.
–No te he dicho yo, que no tengo complejo de gato–dije arremedando su forma de hablar.
Él soltó una –casi- inaudible risa, seguía con su vista al frente así que opté por seguir mirando el bello panorama. Simplemente era hermoso, adoraba esta ciudad, era –como él había dicho- tranquila y pacífica.
Habían pasado dos semanas desde que me desperté en la casa de sus tíos, y como no puedo caminar todavía, me esta llevando en su auto; aunque por aquí a la mayoría lo veo en bicicleta. Ámsterdam era una ciudad verdaderamente bella y eso que sólo era una parte de Holanda.
– ¿Cuánto falta para llegar?–pregunté sin despegar mi vista.
–Poco.
Seguí mirando el paisaje que me ofrecía, Ikuto dobló a la izquierda y yo ahora observaba casas y edificios, muy extraños y graciosos, pintados de colores muy llamativos, hasta que se detuvo en una casa blanca. Aparcó al frente de esta y apagó el auto, abrió su puerta y salió llevándose las llaves, abrió mi puerta y me cargó en sus brazos.
Se asomó por la gran ventana de la casa y tocó con sus nudillos el cristal, pude distinguir que una chica rubia estaba echada en un sillón junto al vidrio. Cuando ella distinguió el golpe de Ikuto, se levantó con una sonrisa en el rostro. Ikuto se dirigió a la puerta y se abrió dejando ver a una chica unos centímetros más baja que él. De largos cabellos rubios y de unos bellos ojos amatistas, de rasgos muy finos al igual que Ikuto; tenía puesto un vestido algo suelto de color blanco. Se movió a un lado para que él pasara junto conmigo y luego cerró la puerta.
Después de que me dejara en el sofá blanco, me desordenó el cabello antes de hablar.
–Utau te va a cuidar unas horas, yo vengo en la tarde–dijo mientras me indicaba a la nombrada.
–Bien.
–Ikuto, creo que la tratas como una niña pequeña–dijo una melodiosa voz, proveniente de la rubia.
–La vas a cuidar como si de eso dependiera tu vida–dijo Ikuto mirándola fijamente.
–Tranquilo, tranquilo–dijo para después fijar su mirada en mí–. Vas a ver cómo te diviertes conmigo a comparación del aburrido.
–Me voy–dijo volteándose para después abrir la puerta–. Cuídense–dijo antes de cerrar la puerta.
Me volteé -casi- inconscientemente, para verlo subir al auto. Se volteó a mirarme y sonrió pícaramente, lo que me hizo pestañear, elevó una mano en señal de despedida y se fue en el auto negro.
– ¿Te gusta?–preguntó una curiosa voz, sacándome de mis pensamientos.
– ¿Disculpa?–pregunté queriéndome sentir segura de si escuché bien.
– ¿Si te gusta mi hermano?–dijo sentándose a mi lado, después puso cara de confusión y movió la cabeza ligeramente–. Disculpa… me refiero a si te gusta cómo te trata–dijo como si tratara de encontrar las palabras correctas.
–Supongo que sí–dije sonriendo, me gustaba todo lo que hacía por mí a pesar de que a veces fuera algo frío.
–Me alegro–dijo sonriendo, era una de esas sonrisas que te hacían sonreír a ti también. Ella se paró y revolvió un poco su cabello para jalar de una de las ligas que tenían sujetos parte de sus cabellos–. Ikuto no tiene muchas… chicas a las que les tenga ese tipo de afecto, me parece muy tierno de su parte–dijo mientras caminaba a un espejo para sujetarse el cabello nuevamente–. Una pregunta.
– ¿Si?
– ¿Ikuto te ha dado otra prendas? Me refiero a la ropa–dijo mientras recogía la otra mitad de su cabello en otra cola alta.
–Es que no puedo caminar y…
Mi voz se fue apagando porque sentí que alguien bajaba por las escaleras.
Era un chico unos pocos centímetros más bajo que Ikuto, pero más alto que Utau, de cabellos castaños y muy desordenados, de unos ojos esmeraldas muy llamativos, también resaltaban los piercings de ambas orejas. Tenía puesto una camisa blanca y unos shorts largos color negro, andaba descalzo. Se acercó a Utau y le quitó la liga que se había puesto en el cabello.
– ¡Oye!–se quejó ella tratando de quitarle la liga de sus cabellos–. ¡Devuélvemela!–dijo tratando de alcanzarlo, cosa que no pudo porque era más baja que él. Algo de lo que el castaño sacó provecho. De un momento a otro, el chico la tomó por la cintura y le plantó un beso en los labios; algo que me sorprendió por un momento… ¿yo habré dado un beso?
–Te ves mucho más linda, de lo que ya eres, con el cabello suelto–dijo sonriéndole.
–No lo d-digas de esa manera– dijo sonrojándose.
– ¿Quién es tu amiguita?–dijo posando su mirada en mí, su mirada me hizo sonrojar.
–Es… la amiga de Ikuto– dijo de una forma extraña.
–Oh, a la que le llevamos las vendas y eso–dijo mientras se acercaba a mí–. Kukai– dijo extendiendo su mano y mostrándome una sonrisa, sonreí de igual modo y cogí su mano.
–Amu–dije yo.
–Bueno como te decía, ¿no quieres tomar un baño? De paso que te cambio de ropa ¿te parece?
La idea me resultaba tentadora, puesto que si quería un baño y sobre todo otra ropa. Pero…
–Claro, pero ¿cómo llego al baño?–pregunté algo avergonzada.
–Kukai te puede cargar–dijo volteando a verlo.
–Sí, no te preocupes–dijo mientras me extendía su mano de nuevo.
–Gracias, pero me gustaría…
– ¿Qué cosa?–preguntó Utau–. Sólo dilo, aquí nadie muerde.
–Me gustaría que… que me ayudaran a… a… a caminar–dije algo nerviosa y avergonzada.
–Claro ¿por qué no?–dijo con esa sonrisa que hasta ahora la caracterizaba–. Pero… ¿qué te parece si primero el baño?
–Está bien–dije yo.
Su novio me llevó en sus brazos, hasta el baño del segundo piso. Era muy, muy grande, parecía no lo sé… no recuerdo muy bien la palabra, tengo vagos recuerdos de haber ido a uno. Esos lugares donde te ponen yogurt en la cara y pepinillos en los ojos.
–Espera un rato ¿sí?–dijo antes de salir del baño, ya dejando la bañera llenándose con agua caliente, según ella, para relajar algunos músculos tensos que deba tener.
Su novio se había ido segundos atrás, dejándome sentada en una silla giratoria, frente a un espejo, en la pequeña mesita de a lado habían ruleros, un alisador, rizador y dos secadoras, varios peines y cepillos, también una pequeña cartuchera.
Sin poder evitarlo hice girar la silla, sintiendo una ligera corriente de aire chocar contra mi rostro. Se sentía bien, mejor de lo que recordaba.
– ¿Tú eres Amu?–dijo una voz fina y delicada atrás de mí, por un momento la confundí con Utau.
Me volteé quedando frente a una bella mujer, de iguales rasgos que Ikuto y Utau, bien podría ser su hermana, sus cabellos rubios eran largos y sueltos, con unos ojos parecidos a los de Utau, solo que algo más claros. Vestía un vestido rosa pálido, de tirantes, no usaba zapatos ni sandalias. Ciertamente era una bella mujer.
–Sí– respondí aún sorprendida.
–Mi nombre es Souko–dijo sonriendo; a diferencia de la sonrisa de Utau, que te hace sonreír y sentir alegre, la sonrisa de ella te inspira tranquilidad y nostalgia, como un aura angelical–. Mucho gusto.
–Ah… el gusto es mío…
–Bien… ahora espero poder ayudarte–dijo la voz melodiosa entrando en el baño–. Okasan–dijo Utau sonriendo.
Eso si me sorprendió, no me lo esperaba, Souko aparentaba tener unos dos años más que Utau. No parecía su mamá. Claro que si me fijo en sus rasgos y en los de Ikuto, son iguales.
–Vamos a ayudar a tu amiga–dijo acercándose a mí y sujetando mi cabello en una coleta alta.
Hizo lo mismo con su cabello. La rubia menor se dirigió a cerrar la puerta y luego a cerrar el grifo y tocar el agua.
–Está bien–dijo–, tal y como dijiste, está caliente.
Su mamá se acercó a mi, y con mucho cuidado me quito la venda de la frente, luego la del cuello y por último, mi venda en la pierna.
–Hm…– suspiró –, ¿puedes estar de pié para quitarte tus prendas?
Asentí y me levanté, podía estar de pie sí pero no caminar. Me quité lo único con lo que vestía, con algo de vergüenza; luego me ayudaron a llegar a la tina y me introduje en esta. El agua caliente, tal y como lo habían dicho ambas, comenzaba a relajar mis músculos, se sentía bien.
–Mama… – la rubia mayor volteó a ver a su hija–. Llego una carta en la mañana… de Lyon…
Souko abrió sus ojos desmesuradamente, para luego cerrarlos y dejar una sonrisa divertida. Cuando abrió sus ojos me pareció ver una chispa en ellos, como una niña a la que acaban de darle un dulce. Queriendo recuperar la calma, puso sus manos en su pecho y parecía intentar quitar esa sonrisa de su rostro.
Estuve unos segundos más de esa manera. Luego me llevaron a la ducha y me enjaboné con la barra de glicerina rosada, olía a fresas. Finalmente me calló el agua fría en mi cuerpo y me envolvieron en una toalla. Utau puso dos sandalias blancas, para que pudiera salir. Me las puse y me ayudaron a llegar a la silla giratoria. Llevaron la silla hasta lo que parecía un lavado, hicieron que recostara mi cabeza hacia atrás, me quitaron la liga y agua comenzó a caer sobre mi cabello.
–Amu, ¿qué aroma quieres?–preguntó Utau–. ¿Frutilla o naranjas?
– ¿Frutillas?–dije algo insegura.
–Va más con tu cabello–dijo Souko sonriendo animadamente.
Sentí que unas manos delicadas masajeaban mi cuero cabelludo, el aroma a frutillas inundó mis fosas nasales. Duró un poco rato, luego sentí agua -otra vez- sobre mi cabello y supe que ya lo estaban enjuagando. Me envolvieron con una toalla blanca el cabello. Utau salió del cuarto de baño, cuando volvió, tenía en sus manos prendas de vestir.
–No estaba segura de tu talla, así que compre algo de mi talla–dijo encogiéndose de hombros–. Supongo que te queda, somos casi del mismo tamaño–dijo sonriendo–. Espero te guste.
Su madre me entregó prendas interiores las cuales me apresuré en poner, luego me puse la blusa con bordes y rayas amarillas y los pequeños shorts de jean. Me sentaron de nuevo en la silla y me llevaron cerca al gran espejo.
–En verdad eres muy linda–dijo de repente–. Me haces recordar a Utau-san–dijo con las manos en su rostro.
–Mama–dijo la nombrada algo avergonzada.
Me siguió observando en el espejo durante un largo rato, como queriendo saber si acaso algo faltaba. Chasqueó la lengua y me quitó la toalla de la cabeza, me secó con delicadeza, dejando mi cabello relativamente seco. Tomó un cepillo y comenzó a pasarlo por mi extraña cabellera rosa. Abrió el cajón de la pequeña mesita y sacó una cajita. Tomó mitad de mi cabello de arriba, y lo enganchó con un dije en forma de 'x' color amarillo. Terminó cepillando mi flequillo y sonrió ante mi reflejo en el espejo.
–Ten–dijo Utau entregándome medias blancas, con bordes amarillos, que me llegaban hasta antes de los tobillos.
Me las puse, luego abrieron la puerta y me llevaron a la salida en la silla.
–Guau–dijo una voz masculina–. Que cambio–dijo sonriendo desde la puerta de al frente.
Kukai se ofreció a llevarme en brazos de nuevo, pero le pregunté si me podría ayudar a caminar. Asintió.
–Muy bien, haber… –dijo sosteniendo mis manos–. Tu pierna de allí te duele más supongo.
Cuando la señaló pude ver una pequeña costra travesando mi rodilla y otras dos en mi pierna.
–Lo que tienes que hacer es intentar no ejercer mucha presión con aquella y caminar más rápido con la otra. Espera… –miró mi pierna y a mí de pie–, ¿puedes sostenerte?
–Más o menos, siento que mi perna derecha no me sostendrá y caeré, ni siquiera siento que pueda cojear.
–Tranquila, eso es normal, solo necesitamos movilizar un poco más esa pierna tuya–dijo sonriendo.
–Sabes mucho de esto ¿no?–dije segura de mi afirmación.
–Suelo practicar futbol y básquet, y ha habido varios, incluyéndome–dijo riendo, no pude evitar reír yo también–, que tuvimos accidentes en ocasiones. Así que debimos estar preparados.
Me indicó que mi pié derecho lo pusiera encima de su pié izquierdo, así movería mi pié izquierdo y luego él movería su pié izquierdo. Caminamos así hasta llegar a las escaleras, aunque insistí en bajar de la misma manera el negó, diciendo que era peligroso, que si algo me pasaba, Ikuto le partiría la cara. Cuando estuvimos abajo, me dejó en el sillón donde estuve sentada horas atrás. Solo que esta vez, se sentía diferente. Kukai me dejó sola por un momento, yéndose en dirección a lo que parecía la cocina.
Al frente mío se encontraba una mesa ratona de vidrio, encima de esta se encontraban un montón de fotos. Tomé la primera que me llamó la atención, era de una iglesia bellísima, atrás de la foto decía: 'Basílica de Notre Dame de Fourvière'. Tomé otra, la foto había sido tomada desde una baranda de cemento, era un río extenso, donde se divisiva un puente con arcos, atrás se distinguía: 'Río Rodano-Pont Wilson'. Otra que llamó mi atención era un sendero donde a ambos lados se encontraban árboles, habían algunas personas y estaba de noche, 'Quai Victor Augagneur' decía atrás.
–Amu–llamó–, ¿deseas algo para tomar?
–Estoy bien, gracias.
–Enserio, no es molestia–dijo él–, hay jugo de naranja ¿quieres?–insistió el castaño.
–Está bien.
Tomé una de las últimas fotos, 'Vieux Lyon', un barrio precioso, según la escritura de la parte de atrás, era un barrio medieval y renacentista. La dejé junto con las otras y tomé la última, parecía ser tomada en el mismo lugar, solo que en uno de los portales, se encontraba un hombre, al cual confundí con Ikuto.
–Aquí tienes–dijo sorprendiéndome.
Me asusté tanto que la foto calló de mis manos, Kukai dejo los vasos en la mesita ratona y recogió la foto.
–Es el papá de Utau e Ikuto–dijo sonriendo–. Todos los meses les manda fotos de cada parte de Francia, esta vez fue de Lyon.
–Se parece mucho a Ikuto–dije sonriendo, recordando la imagen del peli-azul.
El castaño murmuró algo inentendible, pero supongo que no tenía importancia.
Tomé uno de los vasos y comencé a tomar el jugo, luego me fijé en los cuadros de las paredes. Habían algunas fotos, la primera que vi fue de Kukai y Utau, en un parque, la siguiente eran Ikuto y Utau, pero más pequeños, no pude evitar pensar en lo lindo que se veía; la última foto eran cuatro personas: Ikuto, Utau, Souko y aquel hombre que se parecía tanto a Ikuto. Mi mirada pasó a otro extremo distinguiendo cuadros apilados cerca de la escalera. La primera que vi, me gusto mucho.
–Las hace Souko–dijo el esmeralda, notando que miraba las pinturas–. Pinta verdaderamente hermoso.
Seguimos hablando, durante mucho rato. Souma Kukai 19 años, estudia arquitectura en la Universidad de Holanda, le gusta hacer deportes. Él y Utau se conocieron en las calles de Ámsterdam, y aunque Utau es un año mayor que él, nunca les ha importado.
– ¿Me puedes seguir ayudando a caminar?–pregunté.
–Sí, claro–dijo poniéndose de pié.
Volvimos a hacer los mismos pasos varias veces, tantos, que no sé en que momento Utau ya estaba abajo mirándonos. Sonreía, y tal como las veces anteriores no pude evitar sonreírle también. Ya estaba dando algunos pasos, pero seguía temblando. Souko bajó y dijo que comenzaría a preparar el almuerzo, Utau dijo que iría a ayudarla y así lo hizo. Después de unos minutos se sintió el olor a comida y tanto a Kukai como a mí, nos sonaron las tripas, reímos ante esto. Kukai y yo caminamos hasta el comedor, para dejarme sentada e ir por los cubiertos.
–Gracias–dije cuando trajeron mi plato.
Todos se sentaron y justo cuando íbamos a empezar a comer, la luna de la ventana sonó. Ikuto sonreía al otro lado del cristal. Souko se puso de pié y fue a abrirle. La escena que vi segundos después me conmovió.
–Ikuto-san–dijo Souko como queriendo llorar–. Que bueno que ya estas de vuelta–dijo abrazando a su hijo, no queriendo dejarlo ir.
–Espero quedarme por un buen tiempo–dijo correspondiendo su abrazo.
Pocos minutos después, todos estábamos sentados en la mesa. Comiendo todos, disfrutando de la compañía.
–No sabes cuánto había extrañado tu desabrida comida–dijo el oji-zafiro a su madre, ella río ante el chiste de mal gusto y su hermana hizo lo mismo.
–Que malo eres–dijo la rubia menor, golpeándolo ligeramente en su brazo–. Como tú cocinas como chef–dijo irónica.
–Tú no eres la más indicada para hablar sobre cocina–dijo sonriendo, su hermana lo fulminó con la mirada antes de volver a su plato.
Pronto acabamos, bueno… yo no. Ikuto se quedó a mi lado, comiendo un pedazo de torta de chocolate. Kukai y Utau estaban dormidos en el sillón y Souko se había marchado minutos atrás. Ikuto comenzó a molestarme, diciendo cosas como: –Vamos apúrate, ¿o quieres que te siga dando de comer en la boca? Rodé los ojos y traté de ignorarlo, él solo se reía de mí. Aunque no podía evitarlo, yo también quería reír, pero mi orgullo me lo impedía. Más tarde nos tuvimos que ir. Utau me abrazó, prometiendo que irían a verme o me recogerían y su novio dijo lo mismo. Su mamá, me abrazó fuerte, como queriendo protegerme de algo. Cuando nos hubimos despedido, Ikuto me llevó a su auto y me sentó en el asiento del copiloto, luego de despedirse él se sentó al volante y comenzó a conducir.
–Por cierto–dijo–, te queda bien eso–dijo señalando como estaba vestida.
–Gracias–dije sonriéndole.
–Utau me dio más ropa, dijo que era de tu talla–dijo con su mirada fija al frente.
Asentí. Continué con mi vista en el panorama, y sin querer solté:
–Fue divertido.
–Familia…
~Bonus~
Matar. Matarás. He matado. Haz matado. Hemos matado… o he muerto.
No puedo ni matar a una mosca y me piden que mate a una persona, ni siquiera podía pensar en las conjugaciones de dicho verbo. Claro que Haruna se desenvuelve muy bien en este ambiente y Lulu simplemente los noquea o… lo que sea que haga. Pero simplemente matar no pasa por mi cabeza y los Fujisaki lo saben, no podría matar a alguien. Por eso no me presto con familias estúpidas, defraudaría a Fujisaki-san. No me imagino que diría Utau si se enterase de esto… Hasta donde sé mi padre no se ha manchado el apellido Tsukiyomi desde que se unió a esto. No romperé eso.
–No.
Los jefes de las demás familias me miran con desaprobación, Haruna, quien permanece desde el principio de la reunión a mi lado, suspira aburrida. Pues suponía mi respuesta y sabía mi posición. Sin embargó los demás apostaban por otra cosa, todos se miran entre si, y sólo cuando me miran sabes que hablo enserio, no daré más respuesta que esa.
– ¿Es todo lo que tenían que decirme?
Nadie dice nada.
–Hasta luego damas y caballeros–digo poniéndome de pie, colgándome el estuche blanco de violín en el hombro.
Camino con paso lento y me retiro de la sala común, me sigue Haruna detrás. Tenía que asistir a un concierto y ellos no me lo arruinarían.
–Creo que debiste al menos fingir que estabas interesado.
–Tal vez.
–Enserio, no sabes lo que harán ahora…
Era un buen punto, puesto que nuestras familias dependen de algunas otras y la tregua está hecha a base de acuerdos. Si alguien evita los favores… adiós. Pero realmente no quería involucrarme en asesinatos y que no sepan que Hoshina Utau y Hoshina Souko son en realidad Tsukiyomi Utau y Tsukiyomi Souko es un punto a mi favor. Ya que soy el único que saldría perjudicado, no hubiese podido escapar de todas maneras, todos dicen que el parecido con mi padre es impresionante. Pienso lo mismo lamentablemente. Los únicos que saldrían mal serían los Fujisaki… no me lo podría permitir, les debo mucho.
Afuera de la gran casa estaba un chico de cabellos largos y flequillo, estaba elegantemente vestido, a él le quedaba realmente todo esto.
–Vas a llegar tarde.
–Quien sabe.
– ¿Ni si quiera me dirás que pasó en la reunión?
–Se negó–dijo la pelinegra.
– ¿Qué?
La forma en la que lo dijo me dio a entender que estaba preocupado y asustado.
–Dime que está bromeando–dijo detrás de mí.
–Yo no te obligué a seguirme–dije encarándolo–, te dije lo que pasaría y mis intenciones… no planeó dar vuelta atrás.
–No planeas nada realmente.
–Tu sabes más que nadie que no quiero seguir con esto… pero eso sería adelantar más mi muerte y los dejaría solos en todo. No daré marcha atrás.
–Tu sabes que te seguiré apoyando–dijo la oji azul abrazándose a mi brazo.
–A nadie le importa tu opinión–dijo Nagi sonriendo amigablemente antes de volver a mirarme–. Yo no daré marcha atrás, respeto tus decisiones… como subordinado, como amigo y como hermano.
No pude evitar sentirme algo más relajado, sus palabras tenían gran valor para mí… sólo espero que Nadeshko no se moleste conmigo. Necesito su aprobación aunque no lo quiera admitir.
–Pero–dijo mirándome a los ojos–necesito toda la información y que la señorita simpatía no esté cerca.
–Calla travesti–dijo aferrándose con más fuerza a mi brazo–, Ikuto me necesita y yo a él… ¿quién crees que hace el trabajo sucio?
– ¡Oh!–dijo sarcástico– ¿Acaso admite usted que es una sucia?
–Idiota–masculló soltándome–, al igual que tu hermana soy mujer y creo que necesito más respeto de tu parte–dijo encarándolo fijamente.
–No metas a mi hermana en esto, si eres mujer… comienza a comportarte como una y no como una chica ordinaria ¿quieres?–dijo sonriendo tan amable como siempre.
– ¡Taxi!–grité evitando escuchar su estúpida pelea.
Era usual que se insultaran de esa manera, sabía que muy en el fondo Nagi se sentía atraído por ella y ella por él también sentía lo mismo… muy, muy en el fondo.
El taxista siguió su recorrido, ignorando a los dos chicos que atrás se peleaban en una lengua que suponía el conductor no entendía. Siguió hasta llegar al monumental teatro de París. Pagué y caminé directo a donde estaban mis compañeros de cuerdas. Haruna y Nagihiko ya debían estar haciendo su cola, no es como si fuesen a perder sus asientos, elegí los mejores… en realidad eran los que sobraban, pero son buenos lugares.
–Este será nuestro último concierto, jóvenes, fue un honor tocar con ustedes…
El director de orquesta siguió con su melancólico discurso y pronto ya estábamos tocando la cuarta sinfonía. Esto en definitiva era lo único que me sacaba de la realidad y estudiar medicina por supuesto. Nada se comparaba a la sensación que sentía al escuchar los violines uniéndose con las demás cuerdas. Así mismo con todos los instrumentos de viento y percusión.
–Estuviste realmente increíble–me dice Haruna al terminar con todo.
–Hmp.
Caminamos los tres por el gran salón improvisado que han logrado ordenar algunos de la orquesta para celebrar el final, es curioso celebrar por un final ¿no creen? Ciertamente la improvisación a todos se nos da de maravilla y este salón lo demuestra, ha quedado demasiado aceptable.
–Y este es el fin… dirán todos–dice Lulu en el centro, con una copa en la mano, así es, la francesa noqueadora es la mejor de las flautas y se ha animado a dar un "pequeño" discurso–. Sin embargo para muchos será el comienzo de una nueva etapa…
Mi celular vibra en mi bolsillo y tengo que alejarme para contestar porque dice desconocido en la pantalla.
–Ikuto.
–Ikuto, ¿cómo has estado?
La voz profunda me sorprende por unos segundos y una parte de mí siente que realmente es él.
– ¿Qué?
La llamada se corta.
–Que: ¿cómo es estado?
Al voltearme encuentro algo parecido a un espejo, pero un lado más maduro. Dejo de pensar estúpidamente al darme cuenta de que lo que tengo delante es la razón por la que vine a Francia. Entonces la frase que escuché de Lulu antes de salir tiene sentido: 'Sin embargo para muchos será el comienzo de una nueva etapa…'
–Parece que está completo ahora…
Su frase me desconcierta y caigo en cuenta de que los encontré a los tres… Y tenía que salvar a los que quedaban de mi familia.
Gracias por leer ^^
Attn. Kiriha-chan
