—A pesar de que me esforcé tanto en hacerlo… no hay ninguna reacción—murmuró Italia, acostado sobre su cama.
—Desde hace un rato estás molesto—comentó Romano, que tejía una bufanda amarilla con tomates rojos, sentado en una silla—Cuéntale a tu hermano mayor que ha pasado~.
—Hice un póster de amor para Alemania…
—Estaba todo bien hasta que mencionaste al bastardo sin glamour.
—…Pero me dijo que no sabía que decir.
—Porque es un imbécil, saco de músculos, cerebro de salchicha, rubio oxigenado, cara de androide deformado…
—No me ayudas mucho.
—No, sólo te abro los ojos. Acéptalo, él te odia.
—Eso que dices es feo. A ti no te gustaría que yo te haga aceptar que España te odia…
— ¡España no me odia!
— ¡Pues Alemania tampoco me odia a mí!
—Quedamos a mano. Hablando de España, ¿crees que le guste la bufanda que le hice…?
—No.
— ¡Sabía que el estúpido macho fornido te había contagiado su mal gusto, pero no creí que tanto!
…
—Quedándome aquí no solucionaré nada—dijo Italia, poniéndose ropa para salir—Me voy a ver a Alemania.
—Si ves a Prusia, mándale recuerdos de mi parte, y dile que le haré un cambio de look~—avisó Romano.
—Sí, claro—masculló.
.
La luna llena iluminaba el jardín de Suiza. Éste disfrutaba de una taza de chocolate caliente.
Hasta que vio a Italia infiltrarse en su territorio para ir a Alemania.
— ¡Italia! —Gritó Suiza— ¿Qué haces en mi casa?
—Pido permiso para pasar~—anunció el italiano.
—No hasta que me cuentes para qué quieres pasar.
—Jo, eres un chismoso, Suiza.
—No soy chismoso. Sólo reúno información y la comparo con demás fuentes.
—Eso es ser chismoso. Y voy a pasar de todas formas.
—Si pasas sin contarme tus motivos, te dispararé con mi escopeta~—advirtió el suizo con voz cantarina, sacando su arma.
—Insisto en que no contaré.
—Entonces tenemos un problemita~.
.
Bajo esa misma luna, Francia disfrutaba de una deliciosa copa de vino. Noche estrellada y con luna. El silencio más hermoso. Sin ingleses acosadores presentes.
Pero los disparos suizos no tardaron en hacerse oír.
— ¡Psicópata! ¡Deja de dispararme! —gritaba Italia, huyendo de Suiza.
— ¡Me debes contar lo que tienes en mente! —ordenaba el suizo.
— ¡No quiero! —Se quejaba el italiano, hasta que un disparo le pasó rozando el cabello— ¡Cuidado! ¡Este cabello es cien por ciento italiano!
Suiza se tomaba su neutralidad en serio, aunque, si se trataba de "información", podía cambiar un poco sus propias reglas.
…
—Sigo sin entender porque estás vestido como Santa Claus—dijo Japón, levantando una ceja.
—Ah, es que quería venir a molestarte—anunció Estados Unidos, ajustando su traje—Aunque no debí robárselo a Inglaterra. Me queda bastante chico.
—Y ajustado—comentó el japonés, observando ciertas regiones vitales del americano.
— ¿Interesado?
—No. Simple curiosidad—contestó con cara de póker.
.
— ¿Ni siquiera me trajiste un regalo? —quiso saber Japón.
—No exactamente. Sólo una invitación que me han obligado a darte para una fiesta que me han obligado a hacer. Pero no te lo tomes personal. Si fuera por mí, no haría fiesta, y tampoco invitaría a nadie.
—Bueno, no soy católico, no festejo las navidades, pero… una fiesta nunca viene mal.
— ¿Uh? Creí que eras el tipo que jamás iba a fiestas.
—Lo sé, pero, ¿perderme tu cara de fastidio porque tus superiores te han obligado a hacer una fiesta? Ni muerto. Estoy ahí.
—Sabía que eras cruel, pero no creí que tanto. Entonces vienes.
—Una última cosa. ¿Habrá pasteles de colores?
—El año pasado fue azul. Este año será fucsia, y brilla en la oscuridad.
—Definitivamente, iré.
—Bien. Te veo entusiasmado.
—Bastante.
—Entonces… ¡La Navidad de este año la paga Japón!
— ¡Así que era eso! ¡Ven aquí, maldito estadounidense! ¡Prometo no hacer que sangres demasiado!
Continuará~
Suiza no es chismoso, sólo quiere estar informado de el estado emocional de sus vecinos europeos D:
