ADAPTACIÓN ESTA HISTORIA NO ME PERTENECE (MUNDO ALTERNO)
TITULO: DESEO SALVAJE
TITULO ORIGINAL: DESEO SALVAJE
AUTORA ORIGINAL HISTORIA: GENA SHOWALTER
AUTOR ORIGINAL PERSONAJES: KISHIMOTO - SENSEI
PROTAGONISTAS: ITACHI UCHIHA Y SAKURA HARUNO
SIN FINES DE LUCRO
Capitulo 13Lo único absoluto en la vida es la muerte. Una Tigresa lo sabe y evita cualquier cosa que pueda provocar su propio absoluto, sea físico o emocional.
Aunque Itachi dormía en otra habitación del hotel, di vueltas toda la noche, un segundo segura de haber tomado la decisión correcta, odiándome por haber decidido mal al segundo siguiente. Estaba confusa. Tal vez me había precipitado. Quizá no debería haberlo rechazado tan rápidamente.
Quería estar con él sexualmente: verdad. No quería volver a verlo nunca: verdad. Cuando lo miraba me derretía por dentro: verdad. Al mismo tiempo, cuando lo miraba sentía pánico: verdad.
¿Accedería él a una relación telefónica?
Deseché la idea inmediatamente. Su voz era tan sexy e hipnótica como él. Quizá necesitara sacarlo de mi vida para siempre, y olvidar la maldita fiesta.
Tenía ganas de llorar.
Cuando unos sutiles rayos de sol penetraron por la ventana, sabiendo que ya no dormiría, me levanté. Odiaba la confusión y la inseguridad, y precisamente por eso no había querido involucrarme con él desde un principio.
Me di una larga ducha, esperando que el agua caliente relajara mis músculos. Después me sequé el pelo, me lavé los dientes y estrené los pantalones negros con flores en el bajo y la blusa a juego.
Para mi sorpresa, Itachi esperaba en mi habitación cuando salí del cuarto de baño. Estaba sentado en el sillón, viendo las noticias en la televisión.
Se me aceleró el pulso. Los pantalones negros y la camisa que llevaba resaltaban su bronceado.
Sabiendo exactamente qué había bajo esas prendas, imaginé sus duros músculos bronceados y tensos, esperando mis caricias.
—¿Estás preparada? —preguntó, sin mirarme.
Su expresión dura y fría me dolió, pero debería haberla esperado. Debería alegrarme de que fuera así.
—Sí.
—Tenemos que ir a la cabaña. Echaremos un vistazo y luego volaremos de vuelta a casa.
—Deja que recoja mis cosas —fui al diván y agarré mi bolsa. Después lo seguí a la puerta, con los ojos clavados en su espalda. ¿Me odiaba?
Estuvimos menos de una hora en la cabaña y conducimos al aeropuerto. El vuelo de vuelta transcurrió lento y en silencio total. Yo mantuve los ojos cerrados; no quería ni ver a Itachi ni la distante tierra firme. No sabía qué habría sido peor si estrellarme y morir o mantener una conversación con Itachi.
Después de aterrizar, me llevó a casa. En el coche se mantuvo el tenso silencio. Odioso. Antes habíamos estado muy cómodos el uno con el otro y lo echaba de menos. ¿Habría decidido que no era la mujer adecuada para él? Apreté los puños, no acababa de gustarme esa idea.
Me daba cuenta de lo contradictorios que eran mis pensamientos y de que estaba actuando como una tonta, pero no podía controlar mis emociones. No podía controlar lo que él provocaba en mí. Me sentía como un péndulo: lo quería, no lo quería; lo necesitaba, no lo necesitaba. Una constante batalla interior.
—Te ayudaré —ofreció él, cuando llegamos a mi edificio. Apagó el motor.
—No hace falta —respondí, deseosa por alejarme de él y pensar en todo lo que había ocurrido.
—Llevaré tu bolsa.
—Ya te he dicho que puedo hacerlo sola.
—Deja que lo haga, Sakura —frunció el ceño.
—Bueno.
Salí del coche con la cabeza muy alta. Incluso mientras abría la puerta del portal mantuve la pose de ser una mujer que no se preocupaba de nada más importante que el tiempo que haría esa semana.
Abrí la puerta de casa y me volví hacia él, bloqueándole la entrada.
—Dame la bolsa —dije—, yo la meteré.
—No sé por qué tienes la idea de que voy a permitir que una mujer mía me cierre la puerta sin ningún tipo de despedida —un músculo se tensó en su mandíbula—, pero te aseguro que es una idea equivocada.
El corazón me dio un bote y abrí la boca para contestar. Pero no pude emitir ningún sonido.
—No hemos terminado, cariño, y no puedes librarte de mí tan fácilmente. Si piensas que puedes apartarme porque tienes miedo del pasado y del futuro, tendrás que volver a pensar. Y estoy más que dispuesto a ayudarte a hacerlo.
—¿Cómo? —no se me ocurrió otra cosa que decir.
—Tendrás que esperar para verlo —encogió los hombros y se acercó hacia mí.
Tragué saliva. Sus palabras eran inocentes pero su tono tan sugerente y sensual que me estremecí.
—Ahora mismo —dijo—, hay unas cuantas cosas que quiero hablar contigo. Podemos hablar aquí fuera, donde nos oirán todos tus vecinos, o puedes invitarme a entrar.
—No puedo dejarte entrar —el hombre era demasiado tentador, no le resultaría difícil conseguir que me quitara la ropa.
—Me preocupa poco montar una escena que tendrá entretenidos a tus vecinos durante semanas —dio un paso hacia mí—. ¿Quién sabe? Tal vez el Tattler se interese y publique otra foto tuya.
—No harías eso —gemí.
—¿Quieres comprobarlo?
Noté en él una determinación que había visto pocas veces. Sí, haría lo que fuera para entrar. Así que me aparté y le cedí el paso. Él dejó mi bolsa junto al sofá y se acomodó. Hizo un gesto para que me sentara a su lado.
Lo ignoré y me senté al otro extremo. Sólo con olerlo podría derrumbarme como una casa en ruinas.
—No creo que debamos hablar de anoche —dije, anticipándome a él—. Sería mejor que simuláramos que nunca ocurrió.
—Tal vez tú puedas hacerlo, cariño, pero yo nunca olvidare cómo gritabas mi nombre.
—Quizá también deberíamos dejar de trabajar juntos —seguí, como si no lo hubiera oído. Necesitaba el dinero, sí, pero mi cordura era más importante—. Puedo prepararte una lista de planificadores que…
—Accediste a ayudarme, Sakura —cortó él—. Si dimites, te denunciaré por incumplimiento de contrato.
—¿Por qué no lo intentas? —crucé los brazos sobre el pecho—. Nunca firmamos un contrato.
—No te conviene enfrentarte a mí en eso. Puedo ser un auténtico bastardo cuando hace falta serlo.
—Menuda noticia —mascullé. La verdad, fue un gran alivio que no aceptara mi oferta. Ni siquiera sabía por qué lo había sugerido. Al pensar en no volver a verlo, algo se había desgajado en mi interior.
—Por cierto —dijo él—. Si te has quedado embarazada, quiero que me lo digas.
Negué con la cabeza, intentando borrar de mi mente esa palabra que empezaba por E y me arrastraba a otras dos que empezaban por M y por B.
—No lo estoy.
—No puedes saberlo con seguridad.
—Ya he dicho que no lo estoy —reiteré. Pero, ¿y si lo estaba? Sentí un atisbo de emoción, parecido al que había ignorado la noche anterior para rendirme al pánico. Podía no estar lista para la M, pero la B, pensé la palabra completa: bebé, no me provocaba tanto pánico, aunque no sabía por qué.
La idea de tener un bebé de Itachi me provocaba un cosquilleo de calor y excitación. Pero tardaría en saberlo, mis períodos eran bastante irregulares.
—¿Eres vidente? —preguntó él.
—He predicho el futuro más de una vez —mentí.
—Tu voz ha sonado más aguda —puso los ojos en blanco—. Necesitarías mejorar tu forma de mentir.
—Maldito… —di un pisotón en el suelo.
—Me lo dirás si…
—… Ya te he dicho que…
—… estás embarazada porque…
—… no estoy…
—… tengo derecho a saberlo.
—… embarazada.
Me taladró con la mirada y el silencio duró unos minutos.
—Vale —dije por fin—. Sí. Te lo diré —tal vez.
Antes de que pudiera protestar, él se levantó y me dio un beso en la frente. Mis labios se fruncieron por voluntad propia, esperando ser besados también.
—Sigues trabajando para mi, Sakura. No permitiré que dimitas.
—Vale —volví a decir—. No dimitiré.
—No me marcharé hasta que no me des tu palabra.
—He dicho que vale, y era en serio. En ambos casos —moví las manos hacia la puerta—. Ahora vete. Tengo que deshacer el equipaje.
—Antes, contesta. ¿Disfrutaste estando conmigo?
—Supongo —admití a regañadientes.
—¿Y te gustaría volver a hacerlo?
—Sí —lo maldije para mí—. Pero eso no significa…
—Sí —dijo él satisfecho—. Significa —salió por la puerta con una sonrisa risueña en el rostro.
¿Qué clase de Tigresa embobada era yo? Era incapaz de mentir decentemente y no le había dicho a Itachi que saliera de mi vida.
Decidí pedir una pizza y dar el día por concluido.
Me atiborré de pizza mientras trabajaba en las invitaciones de la fiesta de la señora Uchiha. Que, por cierto, quedaron fantásticas. Había decidido diseñar algo nuevo, diferente. La parte superior mostraba unos ojos de mujer, color verde esmeralda, con una joya entre ellos y, cubriendo lo que podrían haber sido nariz y boca, pero de hecho era el texto, había un delicado velo rosa.
Cuando acabé con eso, mantuve una larga charla con mi Tigresa sobre sus frecuentes desapariciones y después decidí que podría… era probable que… estaba destinada a… acostarme con Itachi de nuevo. Él tenía razón, maldito fuera. No habíamos acabado.
Yo tenía necesidades. Él también. Me había convertido en una adicta a él y quería más. Tendría que luchar con más fuerza para mantener mis emociones bajo control, y las de él también.
Suspiré.
Había llegado la hora de llamar a mi madre. Una conversación normal, para ver cómo iban las cosas. Lo que en realidad quería saber era qué estaba haciendo Kakashi. Marque su número.
—Hola —contestó al segundo timbrazo.
Yo me lancé de lleno a la conversación.
—Dime que ha estado haciendo Kakashi estos últimos dos días —ahí quedó mi intento de normalidad.
—Cariño —dijo con una risita nerviosa—, no es buen momento.
—¿Está en la habitación?
—Bueno, sí.
—Pues ve a otra o habla en clave.
Hubo una pausa y un momento de silencio.
—¿Dónde vas, Tsunade? —oí preguntar.
—Tengo que cambiarme el tampón, querido —siguió otra risita nerviosa.
—Ah, tómate tu tiempo —dijo Kakashi.
—Vale —susurró mi madre segundos después—. Estoy en el cuarto de baño.
—Por favor, dime que no es verdad. Dime que sólo has ido al baño para hablar conmigo en privado.
—Tonta, ya he pasado la menopausia. Pero dudo que tu padrastro se acuerde de eso, pobre estúpido —siguió con un tono de voz severo—. ¿Has restringido la recepción de llamadas, señorita?, porque te he llamado y llamado sin tener contestación.
—Mamá, concéntrate. Háblame del doctor Kakashi.
—Anoche llegó tres horas tarde —chasqueó la lengua. Su voz temblaba de frustración y desencanto—. Me dijo que una clienta necesitaba terapia adicional. Por lo visto a esa clienta le gusta ponerle aceite de masaje con perfume de gardenia en su…
—Información excesiva. Para ahí. ¿Le dijiste algo?
—No, no sabía qué decir. Pero estuve a punto de darle un puñetazo en la nariz.
—La reacción de una Tigresa autentica —dije yo—. ¿Por qué no lo hiciste?
—No dejo de pensar que podría estar equivocándome. ¿Y si realmente estuvo trabajando con una paciente? No es como tu padre. De veras que no.
Me pregunté si yo también había sonado así en otros tiempos. Necesitada, triste y esperanzada.
—No te mientas —utilicé un tono de voz duro e inflexible—. Eres más inteligente que eso.
—¿Encontraste… algo cuando estuviste aquí?
Habría preferido no decirle nada hasta tener pruebas sólidas, pero necesitaba saber que ocurría algo, que su instinto no había fallado.
—Encontré fotos en su escritorio. De una mujer y un bebé.
—Ah, ¿eso es todo? —exhaló un suspiro de alivio.
—¿Eso es todo? Perdona. ¿Amante secreta e hijo ilegítimo? ¿Cómo que «eso es todo»?
—Quería contártelo —dijo—, pero a Kakashi no le pareció buena idea.
—Contarme, ¿qué? —mi confusión era tal que miré al techo y pedí clarificación divina.
—Hace unos meses Kakashi descubrió que tiene una hija y que ella, a su vez, tiene otra. Lo ha estado buscando, ¿no es fantástico? Él no quería que pensaras que iba a ocupar tu papel, así que no te lo dijimos.
Eso sí que no me lo esperaba.
—Es… maravilloso. Me alegro por él —y era cierto. Aún así, sentí celos. Kakashi era mi padrastro, pero era el único padre que había aceptado como tal y no me gustaba la idea de compartirlo con otra mujer, por mucho que lo odiara en la actualidad.
¿Qué pasaba con mis sentimientos? Eran impredecibles. Erráticos. Estúpidos. Me froté las sienes, intentando paliar el dolor de cabeza que se avecinaba.
—¿Cómo se llama?
—Rachel.
Maldije el nombre mentalmente. Así que tenía una hija llamada Rachel. Bien. Eso explicaba las fotos, pero no las llamadas nocturnas a su secretaria. Ni el perfume de su ropa. Ni las visitas de Nora a Body Electric.
—Sigo pensando que te engaña, mamá.
—Puede que tengas razón —suspiró de nuevo—. Lo oí hablar por teléfono hace un rato y dijo a quien fuera que cerraría la consulta el viernes por la mañana. Nunca llega tarde. Es como tú, un pájaro madrugador. Temo que vaya a pasar la mañana con «ella».
El viernes. Hum. Allí estaría yo, cámara en mano.
—¿Tsunade? —oí la voz distante de Kakashi—. Acabo de darme cuenta de algo. No deberías tener período.
—Oh, ¿no? Qué tonta soy —soltó una de sus risitas nerviosas—. Se ha acordado —me susurró a mí.
—Si estás sangrando, deberíamos ir al hospital.
—No sangro. ¿Quién ha dicho que sangro?
—Entonces, ¿por qué te pones un tampón?
—Para, ejem, ¿sentir más placer? —a mi me susurró—. Tengo que irme, cariño—. Colgó justo cuando el timbre de mi puerta empezó a sonar. Sacudí la cabeza, desesperada por el caos que era mi vida y colgué yo también. Intenté no pensar en Kakashi y su hija real, Rachel.
—Rachel —bufé. Arrugué la nariz con disgusto. Estaba lo bastante enfadada con él para desear usarlo como cebo en una expedición de pesca de tiburones, pero aún así… Era mi padre.
Eché un vistazo por la mirilla y abrí. Hinata entró con expresión determinada. Dejó el bolso en la consola y se volvió hacia mí.
—Nunca adivinarías lo que ha ocurrido.
«¿Hiciste el amor con tu cliente, varias veces, lo mandaste a freír espárragos y luego decidiste que querías volver a acostarte con él?» Un segundo.
Esas eran mis noticias. «¿Crees que tu padrastro engaña a tu madre, lo odias pero no quieres que tenga una hija natural a la que podría querer más que a ti?
Otro segundo, eso también era mío. «¿Podrías estar embarazada del cliente mencionado antes?».
Maldición, yo de nuevo.
—¿Qué ha ocurrido? —pregunté.
Sonriendo como si acabara de ganar la lotería, abrió los brazos y dio unos giros.
—He conocido al hombre de los sueños de Ino.
—¿Quién? —parpadeé.
—Neji Hyuga. Pero Ino está simulando que no está interesada.
—¿Cuándo lo conocisteis? —eso sí eran noticias—. Aún no he organizado nada.
—El viernes estábamos aburridas, así que nos colamos en Aeronáuticas Uchiha. Solo queríamos echarle un vistazo a Neji, pero el guarda de seguridad nos persiguió por las escaleras. Por suerte, lo despistamos y llegamos al piso decimonoveno.
—No puedo creer que fuerais allí —agité los brazos en el aire, atónita.
—No te preocupes. Neji no se enfadó. Fue encantador. Incluso nos dio las gracias por ir.
—¿Y el resto de la historia? ¿La parte en la que Ino está simulando que no le interesa?
—Chocaron desde el primer momento —dijo Hinata, irradiando diversión—. Ino dijo que era un montón de pelusa corporativa.
—¿Qué?
—Alguien que está siempre en la oficina pero que no hace nada más que sentarse y contaminar el ambiente. No te sientas mal. Yo tampoco lo sabía.
—¿Cómo pasasteis por delante de Karin?
—¿Quién… ? Ah, te refieres a la ayudante. Una mujer muy dulce. Nos dijo que fuéramos directamente al despacho de Neji.
¿Qué? ¿Ni miradas de asco ni actitud de superioridad? Zorra.
—En fin… —Hinata agitó una mano en el aire—. Neji la desea y ella a él. Tenías razón, son perfectos el uno para el otro. Noté las chispas.
—¿Pero?
—Se estaban comportando como dos chiquillos y temí que no llegaran a tener una cita —se mordisqueó el labio—. No sin un poco de ayuda, quiero decir.
Hinata la casamentera. Caramba.
—¿Qué hiciste?
—Yo, bueno, le pedí una cita. Ino casi me golpea, a pesar de haber dicho que no lo quería para ella. Últimamente me recuerda mucho a ti.
Fruncí el ceño para hacerle saber que no apreciaba su comentario. Ella fue a la cocina y sacó una lata de refresco de la nevera. La seguí.
—Él aceptó —concluyó con una sonrisa.
—Primero, ¿qué pasa con Naruto? Segundo, si Neji va a salir contigo, aunque le gusta Ino, es un bastardo indigno de que Ino le dedique su tiempo.
—Primero, las cosas van muy bien con Naruto. Me ha pedido que salga con él y he aceptado. Segundo, no he dicho que Neji y yo vayamos a salir juntos. Solo que aceptó tener una cita. Nos pasamos toda la noche hablando de Ino. Creo que va a intentar conquistarla —parloteó alegremente y giró en redondo, derramando líquido oscuro por todo el suelo, antes limpio, de la cocina.
—Ya sabes cómo es Ino. Cuando alguien no le gusta es una bruja malévola y desagradable —yo la quería, pero tenía un carácter insoportable.
—Por eso voy a darle celos y dejarle pensar que él me interesa. Así no podrá quitárselo de la cabeza.
—Pensaba que Ino era la gemela que llevaba el diablo al hombro, pero eres tú —moví la cabeza—. Hiciste lo mismo conmigo, ¿no? Simulaste que querías salir con Itachi.
—Lo hago por tu bien —rió ella—. Y por el de Ino. Es muy cabezota, como tú —se sentó ante la mesa y me miró expectante—. ¿Qué tal el viaje? Itachi y tú juntos toda la noche. ¿Compartisteis habitación?
—No —dije. Era la verdad. No la habíamos compartido. Él se había marchado en mitad de la noche—. Todo fue muy bien —evitando sus ojos, arranqué una toalla de papel y limpié el líquido del suelo.
—Si todo fue tan bien, ¿por qué tensas la mandíbula? ¿Por qué suena tan aguda tu voz?
Me pregunté si todo el mundo, menos yo, me consideraba discapacitada como embustera.
—Vale, vale —me levanté y tiré la toalla de papel a la basura. Tenía que hablar de al menos uno de mis problemas—. Cuanto más tiempo paso con Itachi, más confusa me siento respecto a nuestra… relación —casi me atraganté con la última palabra—. Un momento estoy segura de que no quiero volver a verlo, al siguiente estoy deseando tenerlo cerca para poder arrancarle la ropa.
—Eso se denomina ser humana, bonita, y sé exactamente lo que debes hacer —se inclinó hacia delante y rebuscó en mi cesta de revistas. Encontró la que buscaba y la alzó—. Cuando llegue Ino, las tres haremos un test de relaciones.
¡Oh, júbilo y regocijo!
Ino llegó poco después, y Hinata nos arrastró a la sala y procedió a asignarnos un lugar.
—Sakura, siéntate aquí. Ino, tu allí —señaló, formando un círculo en el suelo. Se sentó entre las dos y abrió el último ejemplar de City Girl.
—Vamos a hacer el test: Quédatelo o Déjalo ir.
Es justo lo que necesitamos para ver cuál es nuestra postura romántica —sus ojos chispearon con malicia—. Creo que nos ayudará a entendernos mejor a nosotras mismas y a nuestros hombres.
¿Estáis preparadas?
—Sí —dije yo.
—Eh, bueno —dijo Ino—. Yo no tengo un hombre.
—Lo tendrás en el futuro —afirmó Hinata sin que eso apagara su entusiasmo—. Empecemos.
Pregunta uno —leyó—. Tu hombre tiene que irse de la ciudad: A) celebras una fiesta en su honor. B) lloras. C) buscas un hobby nuevo para mantener la mente ocupada.
A mí no me sonaba bien ninguna.
—¿Qué hay de D? Bebes hasta perder el sentido porque no estás segura de lo que quieres hacer —ésa parecía la solución perfecta.
—No puedes inventarte respuestas —Hinata frunció el ceño—. Mi respuesta es B. Si Neji se marchara —dijo, mirando a Ino—, me afectaría tanto que no podría hacer otra cosa más que llorar.
¿Cómo no había notado antes lo buena actriz que era Hinata?
—Aunque me atraería la D —dijo Hinata, rígida y tensa— mi respuesta es sin duda la A. Fiesta.
—La fobia al compromiso debe ser contagiosa, porque las dos sufrís un ataque gravísimo —Hinata movió la cabeza de lado a lado.
—Sí, pero yo disfruto cada segundo. Pregunta número dos —Ino le quitó la revista y leyó—. Tu hombre acaba de hacerte un regalo caro que odias: A) das saltos de emoción porque él pretendía hacerte feliz y te quedas con el regalo. B) lo insultas y tiras el regalo a la basura. C) cambias el regalo por otra cosa.
Recordé las orquídeas que Itachi me había regalado y sentí una opresión en el pecho.
—B —dije—. Tirarlo a la basura para no verlo y recordar que no debería ser tan dulce conmigo.
—Yo cambiaria el regalo, sin duda —dijo Ino—. No hay razón para tirar algo caro y gratis. Nunca. Sakura y yo sabemos cuál es tu respuesta, Hinata. Te mojarías las braguitas de excitación —dijo con voz amarga.
—Muy graciosa —sonrió Hinata—. Eh, ¿alguien está tomando nota de las respuestas? —corrió a la cocina y volvió con una libreta y bolígrafo. Apuntó las respuestas anteriores—. Bueno, ya está. Sigamos.
—Te toca leer —Ino me pasó la revista.
—Pregunta tres. Acabáis de hacer el amor: A) te relajas junto a tu hombre y disfrutas del resto de la noche. B) intentas escaparte en la oscuridad. C) intentas ganar el record mundial de posturas sexuales probadas en una noche —leí.
Tuve clara mi respuesta. Al memos, la única que podía decir en voz alta.
—B —dijimos Ino y yo al unísono. No mencioné que Itachi y yo habíamos vivido la C. Ni tampoco que tras el segundo maratón no había tenido muchas ganas de marcharme.
—Yo la A —dijo Hinata.
—Peor para Neji —gruñó Ino, con un brillo duro en los ojos—. ¿Cuál es la siguiente pregunta?
—Yo leeré —Hinata agarró la revista—. Estás saliendo con un tipo, pero otro, súper atractivo, te pide una cita: A) lo rechazas, al fin y al cabo estás conforme con el hombre que ya tienes. B) aceptas y le dices a tu hombre que vas a visitar a tu tía enferma. O C) aceptas y le dices a tu hombre que creías que el acuerdo era libertad para ver a otras personas.
Hinata: A.
Ino: B.
Yo: D. No te comprometas para empezar y no tendrás que preocuparte por esas cosas.
—Habíamos quedado en que no se pueden inventar respuestas —Hinata frunció los labios.
—Vale. Vale. La A —nunca, nunca podría hacerle a un hombre lo que me habían hecho a mí.
—Voy a calcular los puntos —dijo Hinata, cinco minutos después sonrió—. Sakura ha sacado cinco. Ino, ocho. Yo, catorce.
—¿Y qué significa eso? —pregunté.
—Veamos —Hinata pasó unas cuantas páginas—. Si sacaste entre diez y quince, ésa soy yo, tu hombre es para siempre. ¿Has oído Ino? Neji es para siempre. Tú estás motivada para el éxito y te preocupas por los que te rodean.
—¿Qué dice de mí? —Ino arrugó la frente y le quitó la revista—. Si sacaste entre seis y nueve, necesitas reajustar tus prioridades. Dedica algo de tiempo a pensar en las cosas maravillosas que otros han hecho por ti, porque podrías no merecerte a tu hombre —tiró la revista al suelo—. Ésa es la mayor sarta de bobadas que he oído. Pienso en la gente todo el tiempo.
Yo estaba deseando lo que el estúpido cuestionario tenía que decir sobre mí. Tal vez me indicara lo que debía hacer respecto a Itachi.
—Me toca —recogí la revista—. Si sacaste entre uno y cinco —leí—, busca ayuda profesional —alcé la vista.
—¿Qué más dice? —preguntó Hinata.
—Eso es todo —no podía creerlo. La estúpida revista me aconsejaba que buscara ayuda. Era como decirle a alguien con quemaduras que se pusiera pomada.
Así que necesitaba ayuda profesional. Eso ya lo sabía. Menuda estupidez.
El viernes por la mañana temprano, devoré dos magdalenas de arándanos e hice una lista de todo lo que quería hacer ese día:
1- Llamar a Itachi y pedirle prestado el coche y una cámara de fotos.
2- Seguir a Kakashi y sacarle fotos actuando como un prostituto masculino.
3- Llevar el diseño de la invitación a la fiesta a la imprenta para que Itachi pudiera dar su aprobación.
Tras pensarlo un momento, borré el número uno. Lo añadí de nuevo. Volví a borrarlo. Debería evitar a ese hombre como a una plaga. Sin embargo, levanté el teléfono y marqué su número.
No era una llamada social. Necesitaba su ayuda y no me asustaba pedírsela. Ni me asustaba oír su voz. Controlaría mis hormonas o moriría en el intento.
Mientras el teléfono sonaba, oí el estúpido PDA pitar en la cocina. Lo ignoré. Itachi contestó con voz adormilada. Sentí un escalofrío al imaginármelo en la cama, desnudo… gemí. Malditas hormonas.
—Eh, hola Itachi. Soy Sakura.
—Hola, cielo. ¿Algo va mal?
Otro escalofrío. Él no debería utilizar apelativos cariñosos con tanta ternura y calidez.
—¿Puedes prestarme uno de tus coches?
—¿Por qué?
—Tengo que hacer una cosa.
—¿El qué?
—¿Puedes prestarme uno de tus coches o no?
—¿Conmigo dentro? —preguntó él tras una pausa.
—No.
—¿Conmigo dentro? —repitió—. Y más te vale contestar bien esta vez, porque responderé como tú.
—Sí —era un maldito cabezota—. ¿Nunca trabajas? Tendrás que tomarte dos horas libres si vienes conmigo, porque necesito el coche esta mañana.
—Te llamaré en seguida —dijo, y colgó.
Boquiabierta volví a marcar. No contestó. El muy repugnante… El teléfono sonó y di un bote.
—¿Qué? —ladré.
—Hecho. Estaré allí en quince minutos.
—Trae tu cámara. Y ponte sombrero. Y gafas de sol —ordené. Pensar que iba a verlo me aceleró el pulso.
—¿Y barba postiza? —preguntó él, riendo.
—Si tienes —dije con seriedad—. Y trae el coche más discreto y barato que tengas. Nada de limusinas.
—¿Qué es lo que… ?
Esa vez fui yo quien colgó. Ya le daría explicaciones cuando llegara. Fui al dormitorio y me desnudé. Me puse una almohada alrededor del vientre y la até con un cinturón. El incidente con el preservativo me había dado la idea del disfraz. El doctor Kakashi nunca sabría que la mujer embarazada que lo seguía era su hijastra, la detective Haruno.
Me puse el vestido más grande que poseía. La tela azul claro se tensó sobre mi vientre, enfatizando su redondez. Pensé que ése podría ser mi aspecto dentro de unos meses y el corazón me dio un vuelco.
«No pienses en eso, Sakura, por Dios santo».
Me puse unos zapatos cómodos y guardé la invitación para la fiesta en el bolso. Escondí mi pelo bajo un sombrero, salí y cerré la puerta. Por suerte, afuera no había reporteros escondidos en los arbustos, ni junto al edificio.
Quince minutos después seguía allí, sudando.
Ya nadie creía en la puntualidad. Itachi llegó por fin en un coche reluciente y caro. Yo habría preferido algo más discreto, pero tendría que conformarme.
Entré en el coche y suspiré de alivio al sentir el frescor del aire acondicionado y la leve fragancia de sándalo. Cerré la puerta y me volví hacia Itachi. Miraba mi vientre boquiabierto.
Tal y como le había sugerido, llevaba sombrero, gafas de sol e incluso barba postiza. Y lucía unos pantalones de golf de colores, amarillo, rosa y azul, y una camiseta amarilla. Estaba encantador y había hecho todo eso por mí. Porque se lo había pedido.
No se podía ser más dulce. Flaqueé por dentro.
—¿Qué diablos ocurre? —preguntó él. Señaló mi estómago abultado—. ¿Eso es algún tipo de indirecta?
—Vamos a seguir a mi padrastro y no quiero que me reconozca. ¿Has traído la cámara?
—Sí —Itachi arrugó la frente, metió la mano bajo mi falda y subió hasta el cojín.
Gemí al sentir como el calor se concentraba entre mis piernas. Le di un manotazo para no pedirle que me provocara un orgasmo allí mismo.
—Tenía que comprobarlo por mí mismo.
—Ya, bueno —carraspeé—. Gracias por reorganizar tu horario, pero ojalá te hubieras puesto vaqueros. Todo el mundo se fijara en esos pantalones.
—No sabía qué íbamos a hacer. Me colgaste, ¿recuerdas? Además, los pantalones van bien con la barba y con, ejem, tu tripa.
—Tenemos que damos prisa. Kakashi siempre sale de casa a las ocho y media —le di la dirección de mis padres y nos pusimos en marcha.
—Podría contratar a un detective para que lo siguiera —sugirió él, con la vista en la carretera.
—No hace falta. Puedo atraparlo yo —además, a mi pesar, sentía cierta satisfacción perversa investigando en persona. No lo había hecho con Sasuke por falta de coraje. Así que, en cierto sentido, era terapia. Y Kakashi era un gran admirador de la terapia.
—Sakura —empezó Itachi. Se frotó la nuca.
—¿Qué? —me tensé. Sonaba… molesto.
—¿Recuerdas ese viaje a Florida que mencioné? Volaré mañana. Estaré fuera una semana.
Inmediatamente empecé a analizar la situación, recordando el test de la noche anterior. Si tu hombre se va de la ciudad, ¿qué harías? ¿Celebrar una fiesta, llorar o buscarte un hobby? Estaba bastante segura de que, igual que Hinata, mi opción era la B, llorar como una niña. Apreté los labios con fuerza.
—¿Quieres venir conmigo? —preguntó él.
«Sí» habría sido la respuesta automática.
—No. No, gracias —me apetecía agarrarlo de la camiseta y ordenarle que se quedara. Al fin y al cabo, una Tigresa auténtica sabía luchar por lo que quería y conservaba lo que ganaba. El caso era que yo nunca había luchado por Itachi, así que en realidad no lo había ganado. Más bien lo había alejado de mi lado.
¿Y si Itachi encontraba a otra mujer en Florida?
¿Qué haría yo entonces? Sospechaba que haría mucho más que llorar. «Le has dicho una y otra vez que no quieres comprometerte con él». Maldije las no-relaciones. Eran un auténtico asco.
HOLA! YA HUBO HISTORIA GANADORA, EN UN RATO MAS VERÁN CUAL GANO :) GRACIAS POR PARTICIPAR
Ofi Rodriguez
