(Versión original - adaptado: 02/02/2015)
Dato: -&.-Esto es para empezar un recuerdo. -.& -Y esto para terminar.
Shugo Chara! © PEACH-PIT
Sólo el personaje de Haruna es creado, mayor información revisar en mi perfil y dar click al link.
Hitman
'Capítulo 3: Amigos'
&.…seguí corriendo, queriendo encontrar una salida. Mi mirada iba de un lado a otro, intentando conseguir algo. Ventanas rotas, puertas abiertas, fuego y sobre todo la alarma de incendios, no podía soportar esa alarma, me reventaba los oídos. Sentía que la adrenalina corría dentro de mí, lo sentía. Pero no podía dejar de sentir miedo… tarde o temprano me alcanzaría y no abría un mañana para mí. Doble en un pasadizo y seguí corriendo, hasta que llegué a una pared. Sin salida.
– ¡Mierda!
Era una pared con un espejo gigantesco, todos mis sentidos se detuvieron cuando vi por el espejo una sombra acercándose.
–Te encontré–dijo una voz masculina.
No tuve que voltearme a encararlo. No podía verle la cara, todo estaba borroso, solo veía las llamas naranjas detrás de nosotros, danzando y propagándose por el lugar. El misterioso levantó un cuchillo para arremeter contra mí y en ese momento algo se—.&
– ¡Ahh!
Sentí un alivio al encontrarme nuevamente en la habitación…
Había pasado otra vez. Respiré con pesadez, y llevé una mano a mi pecho sólo para sentir que el corazón me latía aceleradamente. Sentí unos pasos correr hacia donde me encontraba. La puerta se abrió de golpe y entró Ikuto algo preocupado, o al menos eso demostraba su rostro…
– ¿Otra vez?–preguntó acercándose a mí.
Asentí con los ojos cerrados, sintiendo como pasaba sus brazos alrededor de mí.
No era la primera vez que pasaba, se había estado repitiendo más seguido desde hace unos días, sólo que cada vez, se completaba más. Siempre la misma pesadilla. Y hace unos días había descubierto lo bien que se sentía estar entre sus brazos, parecía no hacerlo muy seguido porque cuando comenzaron las pesadillas… el abrazo era algo distante. Pero en cambio, se sentía bien en estos días.
– ¿Te vas a levantar ya o…–suspiró–…seguirás durmiendo como marmota?
–Tonto–dije golpeando su pecho con mi cabeza al mismo tiempo que escuchaba una risa seca y fría de su parte–. No–dije suspirando–, ya me voy a cambiar.
–Está bien–dijo soltando para ir al armario de dónde sacó algunas prendas, las puso encima de la cama y se fue sin decir más.
Últimamente había dejado de ser tan frío y habíamos hablado más de él y las cosas que le gusta hacer… Pero aún no me atrevía a preguntarle sobre cómo me había encontrado… O si sabía porque no recordaba nada.
Moví la cabeza intentando quitar todo aquello de mi mente, me estiré un poco y luego me quité el polo que tenía puesto. Me cambié rápidamente, lo más que mi cuerpo daba. Unas medias melones para mis pies, tenía puesto un polo de color blanco con fresas en la parte inferior y las mangas rosado pálido. También decía algo en holandés que no entendía. Unos shorts negros y el cabello lo amarré con una liga naranja que estaba en la mesita de noche.
Luego subí mis pies a la cama nuevamente y me asomé por la ventana, abrí las cortinas y el cristal, una suave brisa de primavera chocó contra mi rostro. Por todos lados veía tulipanes, de diversos y bellos colores. Quería poder caminar pronto, tal vez así, estaría fuera por más tiempo.
Ikuto entró en ese instante y me cargó en su hombro quedando yo boca abajo. No me dio tiempo de protestar ni nada, cuando me bajó de él: ya estaba en el comedor de la cocina.
– ¡Oye!–protesté–. ¡No me he lavado la cara!
–Después lo harás–dijo–, come tus panqueques.
Inflé mis mejillas, y fruncí un poco el ceño. Ikuto puso al frente de mi 4 redondeles de panqueques –una encima de otra- bañado en miel de… maple…
&.Me encontraba en una cocina, sentada en una mesa rectangular no muy pequeña. El aroma a café inundaba mis fosas nasales. Estaban conmigo dos personas, una leyendo lo que parecía periódico, el cual tapaba su rostro. Cerca de la cocina estaba una mujer castaña volteada. Miré la pequeña taza humeante, parecía leche lo que había en esta. Además de un plato con panqueques que estaban siendo bañados por un líquido un poco espeso.
– ¿Okasan, que es esto?
Mi tono de voz me hacía dar cuenta de que no tenía la misma edad de ahora.
–Miel de maple–dijo una mujer de cabello castaño–. ¿Te gusta?
– ¡Sí!.&
– ¿Amu?–dijo Ikuto sacándome de mis… recuerdos.
–Perdón, es que…–dije sin poder continuar–…nada–mentí–, me perdí en el delicioso aroma…
No era del todo una mentira, el aroma me había capturado.
Comencé a comer, con el cubierto que él me había dejado a la derecha. Estaba delicioso y eso que la palabra se quedaba corta. Pronto llegó una taza humeante, de color blanco con un corazón, tenía escrito: 'kusjes voor jou'. La tomé por el aza, le di un sorbo, casi al instante sentí el sabor de la leche con chocolate. Exquisito.
– ¿Rico?–preguntó con sorna al ver la expresión en mi rostro.
–Si–admití–. Gracias.
Cuando hubimos terminado, Ikuto lavó los platos y limpió la mesa. Me llevó al baño… ¡Por fin me lavé! Y luego bajamos de nuevo, prendió el televisor. Unos segundos después su celular sonó. Lo sacó de uno de sus bolsillos y vio el nombre del que llamaba, sonrió y contesto.
–Hola cariño ¿cómo estás?–dijo burlón–. ¿Para qué llamas entonces?
Movió sus ojos y me observó, se rió un poco de mi expresión.
–Hmp–dijo aún con el celular a la oreja–…le estoy haciendo de niñero.
Le pateé –no muy fuerte- las costillas por lo dicho. Soy consciente de lo petiza que soy, pero ¿niña?.
–Sí, claro–dijo mientras se sobaba sus costillitas–. Nos vemos.
– ¿Cómo que–dije antes de aclarar mi garganta–le estoy haciendo de niñero?–dije imitando su voz.
Se comenzó a reír, yo simplemente lo ignoré y seguí con mi mirada fija en la pantalla, aunque no entendía nada realmente.
Kukai no llegaría hasta las cinco de la tarde o al menos eso fue lo que me dijo el día de ayer. Me había prometido enseñarme a jugar futbol conmigo una vez estuviese recuperada
–Amu–llamó–, ¿estás teniendo más pesadillas que de costumbre?–preguntó cambiando de canales.
–Hm… sí, pero creo que…
– ¿Qué?
Que son recuerdos, pero si le digo y tal vez él sabe algo no volveremos a tocar el tema… ¿qué puedo hacer?
–No lo sé, tal vez debería dejar de comer mucho en la noche.
Quería que se distrajera un poco antes de que yo comenzara con las preguntas esta vez. El programa de televisión no ayudaba mucho, estaban entrevistando a una chica, su opinión sobre la nueva bebida. Ikuto comenzó a hacer zappingcon el control nuevamente, yo me limitaba a oír lo que a penas se escuchaba de cada canal. Lo dejó quieto en uno donde daban una película. En realidad no entendía nada de la televisión como había dicho antes, por el idioma, pero los gestos de las personas me ayudaban.
Sin embargo, cuando iba a decir algo, él apagó el televisor.
–Sé sincera conmigo… ¿sientes que recuerdas algo?–dijo fijando su vista en mí–. Tu apellido podría ayudarme mucho.
Algo que él me había jurado y re-jurado era que no me conocía, que simplemente me conformara con saber que había estado en el lugar y tiempo incorrectos. Que debía ser más cuidadosa y que dejara de hablarles a los desconocidos.
–No… ni siquiera la inicial… mi nombre fue sencillo de recordar, pero no recuerdo mi apellido…
– ¿Cómo puedes recordar tu edad y no tu apellido?
–Puede que sólo haya estado diciendo mi nombre y edad antes de que me encontrarás…
– ¿Lo dices en serio?–preguntó seriamente.
–En realidad es una hipótesis–dije sinceramente–, no lo sé con certeza… pero le he estado dando muchas vueltas desde la segunda noche que pasé aquí. No he podido parar de torturarme con eso–dije llevando mis manos a mi rostro.
Sentía como me comenzaba a acariciar la cabeza.
–Tranquila, no hay prisa… puedes quedarte el tiempo que quieras.
¿Por qué?
Sus ojos zafiro se abrieron más de lo normal, entonces caí en cuenta de que el « ¿Por qué?» no lo había pensado, lo había dicho fuerte y claro. La boca de Ikuto se abrió por unos segundos y sus ojos se oscurecieron, me quitó la mano de la cabeza rápidamente.
–Porque yo—
El sonido de cuando abrían la puerta detuvo sus palabras y algo en mi agradecía que fuese así, sentía que había cosas que no debía saber. Quité mi mirada de la suya tan rápido como pude, tenía miedo ahora de mirarlo a los ojos…
–Ikuto-niisan–dijo una voz a mis espaldas.
Por alguna razón ese tono me recordaba a alguien. Al fijarme en la persona que ahora se acercaba, me encontré con un par de ojos rubí. Una cabellera rubia muy ordenada y una simpática y sincera sonrisa.
–Little king–dijo sin voltear el peli azul.
–Nii-san–dijo–. ¿Amu verdad?–dijo refiriéndose a mí obviamente.
Asentí y tomé su mano cuando vi que me extendía la suya.
–Tadase–respondió sonriendo–. Espero seamos amigos.
–Será la primera.
– ¡Onii-san!–se quejó algo avergonzado.
Más pasos se escucharon en la entrada.
–Parece que Ikuto-kun aprendió a ser más cuidadoso con los ambientes…
Tres personas totalmente desconocidas para mi estaban parados en el umbral. Un señor de cabello rubio casi cenizo con la mirada algo cansada, se veía sorprendido. A su lado una mujer que parecía entre preocupada y feliz, de cabellos algo ondulados color castaño. Y por último alguien que parecía ser una imagen madura de Tadase pero con el cabello del mismo color que el primer señor.
–Parece que tenemos visita–dijo el señor de cabello cenizo.
–Espero sea una buena estadía para ti–dijo la señora castaña con una sonrisa sincera.
–Gracias–dije avergonzada.
–No hay por qué avergonzarse…–dijo el más alto–…Hm… ahora tenemos que seguir…–dijo dirigiéndose a las escaleras–. Si me disculpan, Amu, Ikuto.
Subió las escaleras sin mucho apuro, detrás le siguieron la castaña y los dos jóvenes. Se escucharon pasos y puertas abriéndose y cerrando. Minutos después bajaban cargando cajas de gran tamaño. Ikuto me dijo después que planeaban mudarse. Dejarían la casa vacía al terminar la semana, según él nosotros nos iríamos dos días antes.
– ¿A dónde?
–Ya lo verás ese día–dijo poniéndose de pie–. Tengo que cocinar para seis, si me disculpas…
– ¿Puedes llevarme a la cocina?
Me miró por unos segundos y luego soltó uno de sus comunes monosílabos antes de levantarme entre sus brazos. Ya adentro, me dejó sentada en donde usualmente tomaba desayuno, y digo usualmente porque a veces me siento en la sala.
Me gustaba verlo cocinar, se defiende muy bien en la cocina, todo le sale perfecto y parece que le gusta pasar su tiempo de esa manera. Me había contado que se había criado con una familia tradicional japonesa, donde lo educaron muy bien desde los siete años. También me dijo que habían un chico que era mucho mejor que él en la cocina.
Habíamos hablado mucho sobre su pasado, pero por alguna razón sentía que se saltaba algunas partes de la historia. Había cosas que no calzaban del todo cuando las contaba… como el hecho de que sólo me contara sobre los primeros cinco años de la vida de su hermana. Como si no hubiese vivido con ella el resto.
En fin, Ikuto sólo me contaba esto cuando íbamos al tejado y realmente parecía que nunca se lo había contado a nadie ni había hablado con alguien sobre este tipo de cosas. O tal vez solo quería distraerme y que no me deprimiese como lo había hecho la cuarta noche que pasé aquí y me descubrió llorando. Desde esa vez siempre intenta hablar conmigo… y digo intenta porque no sabe contar nada realmente. Es como si dijera una palabra y yo intentase descifrar el resto… Ahora que lo pienso, yo soy la que pregunta y él me da simples respuestas sin emoción…
– ¿En qué piensas?
– ¿Huh?
–Te ves entretenida…
–Un debate interno–dije asintiendo, mientras el picaba cebollas.
Me gustaría saber si yo también puedo cocinar así. Pero no tengo recuerdos de mis pasatiempos o de algo muy profundo. Algunas veces sucede como hoy, que alguien dice algo y recuerdo… pero no es un recuerdo completo, sólo una pequeña parte de estos.
Tadase… por alguna razón no me lo quito de la cabeza, puede que lo conozca, pero si fuese así tenía que haber dicho algo a Ikuto. Después de todo lo que necesitan es mi apellido o… en realidad creo que hay muchas maneras de encontrar quien soy, pero ellos parece que quieren ir por el camino largo. Como si quisiesen evitar algo.
– ¿Sigues debatiendo?–preguntó mientras se sentaba a mi lado.
Asentí.
– ¿De qué?
–De mí, son hipótesis.
–Hmp.
Lo miré y por unos segundos me perdí en sus ojos, hasta ahora no los había tenido tan de cerca. Eran profundos, oscuros, hipnotizantes… ¿Y por qué no? Sensuales… había ese toque en todo él… ¿En qué estoy pensando? Negué mi cabeza varias veces, y cuando volví a mirarlo había desviado su rostro y por alguna razón sus mejillas estaban algo sonrosadas… supongo que el calor de la cocina.
El almuerzo pasó muy rápido, pero hablamos lo suficiente como para saber que Tadase e Ikuto eran amigos de la infancia. Tanto tiempo había pasado con el mayor de pequeño que lo quería como a un segundo hermano mayor. También me enteré que Ikuto tenía otro amigo así de la infancia, cuyo nombre no me dijeron, pero eran amigos los tres a pesar de ser Tsukiyomi mayor por casi cinco años.
–Pues no me lo ha mencionado…–dije gratamente sorprendida al mirarlo, él me ignoró olímpicamente.
–Un día de estos deberías dejarte escuchar–opinó Tsukasa con su cabeza entre sus manos.
–Quien sabe.
–Toca realmente bien, no por nada estuvo en Francia con esa gran orquesta…–dijo la señora Hotori con una sonrisa melancólica.
–Toca igual que Aruto…–dijo el señor Hotori.
–Hmm… Opino lo mismo–concordó su esposa.
Sentí perderme en un solo instante… ¿Aruto?
–El papá de Ikuto-niisan y Utau-neesan–me dijo el menor de los Hotori al notar mi confusión, pestañeé un poco para después asentir.
El resto de la tarde me la pasé con Tadase, hablamos de muchas cosas… mentira. Nuestra conversación giró en torno a su infancia y parte del pasado de los padres de Ikuto y su papá. Me contó que a su papá le gustaba Souko cuando era más joven… y luego conoció a su mamá. Me contó que cuando nació Ikuto y Utau ya venían a su casa -o eso es lo que le han contado-. Los Tsukiyomi y Hotori siempre han sido muy unidos. Por eso Utau es como su hermana mayor e Ikuto igual, Tsukasa no pasaba mucho tiempo con él, porque ya estaba en preparatoria cuando él nació. Y que siempre se peleaba con Utau e Ikuto terminaba calmándolos cuando tocaba violín.
Está estudiando derecho en una universidad de París, Francia. Parece ser muy aplicado en la materia por cómo se desenvuelve al hablar, tan formal que me siento intimidada… parece como un príncipe. Tiene modales que ni siquiera pensé que existiesen. Me resulta conocido… pero me duele la cabeza cuando pienso en ello.
– ¿Qué tal es Ikuto? –me preguntó.
–Pues… amable… algo frío, pero muy amable–dije asintiendo.
–Descuida, es así con todos.
No sé si eso me hizo sentir bien o mal, porque si era frío con todos me sentía bien, pero si era amable con todos… me hacía sentir una más del montón… ¿Pero qué me pasa hoy?
– ¿Ikuto vivía contigo?
–No–dijo negando con la cabeza–, vivía con otra familia… con el que ahora es su mejor amigo.
–No parece tener muchos como ustedes…
–No es del tipo de personas sociables…–dijo mirando al techo algo dudoso–. Diría que es más del tipo que tiene pocos amigos, pero sabe escoger los mejores…
Espero yo también tener de esos… amigos.
~Bonus~
Todo estaba tranquilo, un día más estudiando medicina, Holanda, Nagihiko, Nadeshko… Me gustaba vivir en esta casa tranquilamente sin tener que preocuparme de algo más. Claro que los asuntos de la mafia y esas cosas no iban conmigo, realmente me gustaría decir que mi vida era tranquila y que Utau no estaba recibiendo lecciones de judo, ni de kick boxing… Si pensamos en Hoshina Utau la idea de ella peleando no se le viene a nadie a la cabeza. En fin, Haruna me había ayudado un poco en mi caso y mi entrenamiento había sido completado antes de viajar a Francia... antes de encontrarme con mi padre. Quien se había enfrentado a la mafia definitivamente… ambos pensábamos en lo mismo: destruir eso que nos ataba. Por eso había venido a Ámsterdam, lugar tranquilo en el que no podrían encontrarme o al menos no molestarme demasiado.
Retar a la mafia era cavar tu tumba, por lo que en ese mismo día en el que Aruto renunció a todo contacto con ellos, ya tenía a Souko en un avión hacia quien sabe donde el cual él abordó ese mismo día de la persecución. Por supuesto yo me hice el desentendido y no sabía nada de nada por lo que tenía que seguir con ellos por un tiempo más. Utau estaba a salvo porque no sabían que su apellido era Tsukiyomi, Souko también seguía teniendo su apellido pero mi padre quiso tomar precauciones. Comprar una casa aquí fue la mejor decisión que tomamos, había acordado con mi progenitor que mi madre vendría conmigo tiempo después. Por otro lado los Hotori se habían instalado en una casa que quedaba un poco lejos de la mía, vivían tan tranquilos como siempre.
–Ikuto.
Al levantar mi mirada noté dos ojos celestes que miraban con curiosidad.
– ¿A qué se debe el placer de verla de nuevo señorita De Morcef?
La rubia rodó los ojos y me saludó con un beso en la mejilla para luego sentarse a mi lado.
–Discúlpame por aparecer tan de repente en tu casa pero era una urgencia–dijo suspirando–. Tadase piensa que los están atacando indirectamente, cosas inexplicables están pasando o al menos así me lo describió él.
Siempre que algo iba mal con el pequeño rey, venía su ahora reina a consultar conmigo, no me molestaba para nada. Me parecía un gesto adorable y muy agradable, que me considerará a mí para saber qué hacer con tal de ayudar a su novio. Mi amigo de la infancia.
–Explica inexplicables.
Entrecerró sus ojos y luego meneó su cabeza un rato.
–Tadase no te ha dicho nada, ¿verdad?
Cada vez que decía eso, significaba que era algo que lo afectaba mucho y Hotori menor nunca se ha derrumbado conmigo. Tal vez porque no quiere que lo vea llorar, algo imposible porque lo he visto llorar muchas veces cuando era un infante.
–Infórmame–dijo acariciando el puente de mi nariz.
–Su papá está teniendo ciertos contratiempos en su trabajo, le llegaron ciertas cartas al igual que Tsukasa y la abuela de Tadase cayó enferma…
– ¿Otra vez?
No quiero sonar cruel pero su abuela nunca ha estado totalmente sana, siempre ha sido inmune a muchas medicinas, una vez llegaron a echarme la culpa a mí de su decaída. También a mi padre.
–Esta vez creen que realmente ha pasado algo y no quiere decirlo, sabes que es muy emotiva con ciertas cosas y… Betty murió.
Sentí que cierta parte de mí se rompía, esa noticia no me gustaba para nada.
–Y encontraron su comida envenenada, pero eso no fue lo que la mató si no… cuando le quitó un sobre que le entregaban al papá de Tadase.
–Lo salvó.
–Un perrita muy fiel, ¿no crees?–preguntó retóricamente, enternecida por lo que ella misma me contaba.
Asentí antes de suspirar amargamente.
La noticia de Betty era la peor en el año y me hacía pensar que tal vez los estaban atacando a los Hotori.
– ¿Tú crees que realmente no se puedan librar de ellos?
Pensándolo mejor… creo que es por la amistad y relación que tiene con mi padre, es la causa de que los estén torturando de esta manera. Sin embargo, ellos me habían jurado que no tenían ni idea de donde podrían estar mis padres. Así que en realidad era en vano todo esto de atacarlos indirectamente, pero como nadie sabe lo de nadie… Están tratando de encontrarlo con mucha insistencia, lo que me hace pensar en lo que habrá hecho para lograr esto.
–Se debe a mi padre–dije sin dudar después de haber analizado la situación.
–Puede ser–dijo la francesa tomando aire para después botarlo–. El problema es que Tadase tenía que ir a Japón para un circuito vocacional, ahora sólo falta que sea una trampa.
–No lo dudo.
–Es que lo hubieses visto, estaba tan entusiasmado con esta conferencia…
–Es una buena persona, muy buena, personas como él tienden a rodearse rápidamente de oportunidades.
–Es que yo… insistí a que fuera, que tal vez todo había sido coincidencia y que nadie amenazaba a nadie y que todo estaba en su cabeza.
–Pettit sotte…
–Lo sé, lo soy.
Sinceramente no estaba al cien por ciento seguro de que fuese una trampa pero creo que el dicho más vale prevenir que lamentar es lo más adecuado en este caso. Empero las cosas ya estaban hechas y lo que me quedaba sería utilizar mis vacaciones para poder ir Japón, acompañando a mi pequeño hermano.
–Te has convertido en una buena novia…
–Sí, claro… enviándolo a su tumba–dijo cubriéndose el rostro con ambas manos.
–No te preocupes que de eso yo me encargaré.
La sonrisa que me brindó en ese momento la francesa fue lo único que me bastó para estar seguro de mi decisión. Parecía feliz, más calmada y segura por mis palabras, y a pesar de sus ojos rojos por las lágrimas se veía tan encantadora como de costumbre.
Se puso de pie y antes de voltear hacia mí me deseó suerte y se fue sin que nadie la viese. Tenía que ser de esta manera, y sólo para estar seguros de su seguridad.
Una vez que dieron las cinco y los mellizos regresaron les conté brevemente lo que le estaba pasando al menor. Me dijeron, como supuse, que estarían apoyándome en Japón y viajarían también conmigo. No podía permitir ello, a pesar de que sabía que eran buenos con esto de ayudar y rescatar… Sabía que si era como Lulu pensaba las cosas se pondrían incluso peor de lo que yo podría imaginar y no podría sobrellevarlo solo. Sin embargo, ellos insistieron y Haruna terminó uniéndosenos, por lo que los cuatro viajamos a Tokio, Japón.
Las charlas de las vocaciones de trabajo resultaron ser más complejas de lo que la rubia me había explicado. Resulta que habían sido un montón los entusiasmados y una multitud iba a llenar el edificio de cinco pisos. Entre hombres y mujeres calculamos con los Fujisaki unas 357 personas, contando a los que darían las charlas. No pude infiltrarme yo con ellos por mi edad, así que acordé con Haruna para poder comunicarme con ella. Nadeshko se encontró con Tadase rápidamente según ella, lo que me hizo sentir aliviado.
Vi entonces a algunas personas salir del edificio, contadas serían cuatro, por lo que me decía la pelinegra algunos encontraban rápidamente su vocación. Y algunos se estaban desanimando, me dijo también que estaba Fujisaki intentando que desistiera de la charla. Pero él parecía interesado por la idea del proyecto… no estaba funcionando aquel plan.
Comenzó la hora del receso y los cambiaron de salas a todos me dijo la pelinegra. Ahora estaban los cuatro en una misma sala, pero ella y Nagi se sentaban separados de Hotori, Nadeshko según lo que detalló Haruna, había hecho una amiga. No se veía sospechosa, alguien ordinaria tal vez. Todo era normal hasta ahora y nada parecía fuera de lo que los instructores habían mencionado cuando hicieron la fila para entrar.
Y fue por eso que tuve fe… de que todo esto tal vez fuese un malentendido, circunstancias dolorosas que tenían que pasar. Nada tenía que ver una influencia negativa y si no era así… De alguna forma me encargaría de ello, sabía que Nagi y Nadi me apoyarían sin importar qué al igual que Haruna. Aunque no estaba seguro del resultado, nada podría salir mal y yo no perdería a mis amigos. Un futuro feliz, tranquilo, porque podía esto darme seguridad de que no habría problema si salía de todo este royo.
Pero de un momento a otro se perdió la comunicación, yo me encontraba a unas calles del edificio cuando oí la explosión… Y todas esas imágenes de mi futuro feliz, se desvanecieron.
Gracias por leer ^^
Attn. Kiriha-chan
