(Versión original - adaptado: 02/02/2015)
Dato: -&.-Esto es para empezar un recuerdo. -.& -Y esto para terminar.
Shugo Chara! © PEACH-PIT
Sólo el personaje de Haruna es creado, mayor información revisar en mi perfil y dar click al link.
Hitman
'Capítulo 4: Más cerca'
Era increíble que ya habían pasado dos meses desde que pasó todo esto… en realidad se cumplen dos meses y medio el día de mañana. Pero de todas formas se han ido volando los días, parece que tan sólo ayer había despertado muy confundida en la habitación de huéspedes de la casa de los Hotori. Y por supuesto que en estos dos meses he tenido que pasar por esos incómodos momentos de mujer. Felizmente Utau se había percatado de ello, como hace una semana, porque yo realmente no recordaba cuando me había venido el mes pasado. Ahora estaba en la casa de Ikuto, una gran casa que realmente no se que haga para pagarla porque es… grande.
Realmente grande y ciertamente muy acogedora, parece que ni siquiera pasa aquí mucho tiempo. Cuando llegamos, todos los muebles estaban cubiertos con mantos blancos y bajaban algunos artefactos del piso más alto. Hay como cuatro personas trabajando en esta gran casa, es demasiado grande… no es una mansión, pero es grande. Y sólo es de él. Bueno, en este momento están aquí Utau, Kukai, Souko… Ikuto y yo.
Tengo entendido que los Hotori se han mudado, pero no me dijeron nada realmente. No hablan mucho de ellos en estos últimos días. Lamentablemente no me pude despedir de ellos.
– ¡Duele!–dije cerrando mis ojos con fuerza, estampando mi rostro contra el cojín una vez más.
– ¡Tú me dijiste que hiciera eso!–se quejó él soltando mi pie.
Quité lentamente el cojín de mi rostro y lo miré, se cubría con la mano el rostro.
–Oi… ¿qué pasa?
–Me siento culpable de tu dolor–dijo mirándome preocupado–. No sé cómo me convenciste de esto–dijo frunciendo sus cejas mirando en otra dirección.
La idea había surgido por una película en la que una chica caía de unas escaleras, y su tobillo quedaba mal. Pero después de varios ejercicios después pudo moverse tranquilamente… En mi caso no estaba pasando nada hasta ahora… y me había dolido a horrores cuando me había girado el tobillo por primera vez.
–Prometo no volver a quejarme… necesito que sigas–dije suplicante, la razón por la que quería caminar era porque creo que ya es tiempo ¿no? Además, hay algo que me está molestando mucho últimamente.
Habíamos comenzado con esto hace una semana, comenzábamos de esta manera: haciendo ejercicios con mi tobillo. Pero últimamente ya no me dolía al comenzar, aunque esta vez hizo un movimiento que le dije que hiciera y por un momento me hizo ver estrellas. No se quien es más estúpido, yo por darle la idea o él por hacerme caso.
–Bien, sigamos entonces–dijo, tomando nuevamente mi tobillo, girándolo lentamente– ¿Te duele menos?–preguntó–, dime que sí.
Moví mi tobillo yo sola y por primera vez en mucho tiempo no sentí más que un ligero punzón. Una sonrisa se ensanchó en mi rostro aliviado. Suspiró ahora él, dejando una sonrisa ladina.
–Ahora viene lo difícil–dijo tomándome de las manos–, caminar, pero no como has estado caminando estos días… ahora hazlo sin la pared… sola–dijo extendiendo ambas manos hacia mi.
Suspiré. Tenía que hacerlo tarde o temprano a pesar de que todo mi cuerpo se estremecía de miedo.
Tomé fuertemente las manos de Kukai y temblé un poco. Me indicó que respirara profundamente y luego me puse de pie. Si bien me sentía más segura ahora, era porque lo de estos días había causado gran efecto.
Cuando comencé a caminar –acompañada claro-, un primer paso con mi pié derecho me hizo sentir un pequeño pinchazo, pero luego me fui acostumbrando. Ikuto me tranquilizó diciendo que ya se me pasaría. Di otro paso con el izquierdo y seguí dando pasos. Ya caminaba mejor, eso se los aseguro. Sin embargo, ahí caminaba con ayuda, ahora tenía que hacerlo sola y no estaba Ikuto aquí. Aunque en parte me parece mejor, puesto que realmente me estaba sintiendo algo incómoda últimamente cuando estaba con él.
Di un par de pasos con Kukai para poder relajarme, ya no sentía ese típico pinchazo.
–Te veo un poco más confiada… ya no estás temblando pero estás caminando muy lento… más confianza–dijo sonriéndome.
–Está bien–dije asintiendo nerviosa.
–Tengo que soltarte–dijo de repente, provocando que dejara de caminar–. Uno.
Tranquila Amu, tu puedes.
–Dos–dijo solo entrelazándome los dedos–, dos y medio–dijo sonriendo–, dos y tres cuartos.
Sonreí con él por estar alargando tanto los tres segundos al mismo tiempo que miraba mis pies pidiendo que funcionaran bien al estar sola.
–Y…
Lo miré a los ojos y comencé a caminar hacia adelante mientras él retrocedía cada vez separando más nuestros dedos.
–…tres–dijo casi en susurro, al mismo tiempo que soltaba el mínimo contacto que habíamos estado teniendo.
Caminé con pesadez, sentía todo el peso de mi cuerpo en mí. A diferencia de caminar con la pared de soporte, donde me apoyaba completamente, ahora yo sostenía mi propio peso.
Caminé, caminé, sentía algo dentro de mí que comenzaba a desbordar alegría. Con esto ya podría lograr lo que quería. Quería realmente llamar la atención del alguien que últimamente me ha estado ignorando… tal vez no ignorando pero dejando de prestarme la usual atención. Atención que ahora muestra con una curiosa chica de cabellos negros que está trayendo todos los días. Escuché de Utau que es la ex novia del mayor, pero realmente pasan mucho tiempo juntos… ¿celos? No, pero creo haberme acostumbrado a su atención. No es como si estuviese detrás de mi todo el tiempo, pero ahora ni me nota.
– ¡Amu!
Volteé al escuchar el grito de la menor de los Tsukiyomi.
–Mírame~–dije feliz, sintiendo que caminaba con algo más de libertad ahora, cojeando un poco pero… sin darme cuenta me había impulsado con el deseo de llamar la atención del peli azul.
–Te veo~–dijo igual que yo mientras caminaba hacia mí.
Me abrazó fuertemente y luego me miró de arriba a abajo.
–Ahora podemos ir de compras las dos.
–Tranquila–dijo el castaño que hasta ahora había permanecido observando todo, apoyado en la pared con una sonrisa–, tal vez en una semana Ikuto te deje, por ahora no creo que la deje salir de casa.
–Con suerte, ni lo note–dije encogiéndome de hombros.
–Tiene razón–concordó la rubia–, ahora parece más entretenido con otra persona–dijo con un notorio deje de amargura en su voz–. Seguro que Amu sale todos los días y él ni cuenta se daría–opinó rodando los ojos–, no entiendo por qué esa mujer esta viniendo todos los días a perturbar la tranquilidad en esta casa… ¿Qué no tiene casa ella?
–Creo que deberías decirle eso…–dijo poniendo énfasis en la última palabra.
–No tengo por qué–objetó ella–, él ya está muy grandecito como para darse cuenta solito.
De qué habrán estado hablando, no lo sé, pero tenía que ver con la pelinegra que venía todos los días y se quedaba en una habitación con Ikuto hasta marcharse. Utau se asomaba a veces con la intención de escuchar lo que hablaban, pero según ella era en vano, porque no podía oír nada.
–Realmente quisiera que se fuera y nunca volviera–dijo cruzándose de brazos.
–No hables así–dijo el oji esmeralda chocando su puño en la frente de ella suavemente.
–Me irrita tanto Haruna–dijo dejando caer su cabeza en su pecho.
El sentimiento era compartido, sentía que Haruna realmente odiaba a Utau por alguna extraña razón.
–Mejor vamos a dar un paseo–dijo Kukai tomándola de la mano–, ¿vamos?–dijo extendiendo su otra mano hacia mí.
Asentí y tomé su mano. Caminamos hacia la parte de atrás de la casa, donde había pasto por todos lados. Sin mencionar el inmenso bosque que se encontraba unos kilómetros después. O claro también me olvidaba del bello lago artificial en donde se podía remar o acaso no les mencione la hermosura de los tulipanes cerca de este. Era un bello lugar para vivir, apartado de la sociedad.
La parte de atrás estaba algo alborotada, si no me equivoco, habría una fiesta dentro de poco. Estaban poniendo tablones de madera para poder caminar con más libertad. O eso era lo que había oído. Había muchas personas trabajando, levantando un gran toldo donde había puesto el piso. Todo parecía tan increíble en esta casa. No cabía en mi cabeza como Ikuto podía contar con tanto presupuesto.
Utau abrió las puertas de par en par y una brisa de verano chocó en mi rostro.
La losa de las gradas se sentía fría, a comparación de la de adentro. Cuando estuve en el último escalón casi me caigo y de no ser por Kukai, hubiese tenido otro trauma más. Utau ya estaba con sus pies en el gras, con una sonrisa en su rostro, incitándome a que fuera hacia ella. Cuando puse yo mis pies en el gras, sentí cosquillas en las plantas de mis pies. Reí un poco ante esto.
Pero realmente quería ir al lago que minutos antes había mencionado, no había podido ir hasta ahora. Ikuto me lo había mencionado nada más llegar y lo había visto desde mi habitación.
– ¿Quieres que te acompañemos?
Miré a quien me lo había preguntado, se veía preocupada, eso hacían notar sus ojos violáceos. Realmente quería estar sola, para ordenarme a mi misma y unir mis recuerdos y… entre otras cosas.
–No te preocupes, puedo ir sola.
–Si necesitas algo gritas–dijo Kukai enseñándome su pulgar en alto, cuando ya me estaba alejando.
Sonreí como respuesta y respiré hondo antes de seguir camino al lago.
Estaba algo lejos… muy lejos realmente, pero se sentía bien poder ir por mí misma, sin estar dependiendo del castaño o el mayor de los Tsukiyomi. Se sentía bien el gras en mis pies, no caminaba del todo bien, cojeaba un poco, pero esto de caminar hasta el lago estaba ayudando mucho. La casa de lejos se veía como una casa normal, excepto porque estaba en medio de un gran paisaje sin ninguna otra casa alrededor. Era grande realmente.
Mi expresión al ver el lago fue grata, muy grata. Al menos sé que es así.
El lago era mucho más extenso de lo que se veía de lejos, y los tulipanes de alrededor se veían mucho más hermosos de cerca. El puente que había visto, comenzaba desde la orilla hasta el centro casi, donde había como una pequeña isla, donde había una especie de ¿pagoda, porciúncula? No lo sé en realidad, pero se veía bellísimo. El puente era lo suficientemente alto como para poder remar. Me habían dicho también que por aquí solía pasar a veces Ikuto eternizado. En medio del lago se quedaba echado en el bote largas horas sin hacer nada.
Caminé lentamente por el puente, por alguna razón me sentía nerviosa con cada paso que daba. Llegando al final, a la pagoda de madera… era grande, relativamente grande. Me asomé por uno de los extremos, notando como los peces pasaban en el agua cristalina. Terminé finalmente sentada en el piso de madera, intentando distraerme con todo a mí alrededor.
He intentado pensar en mí y en buscar alguna forma de recordar mi pasado, pero sólo recuerdo fragmentos; con eso no puedo ayudar a Ikuto. Aunque algo me dice que quiere buscar mí pasado de la forma más difícil, como si ocultase algo. Es demasiado misterio para mí.
Tampoco me ayuda mucho el hecho de estar distrayéndome en pensar como llamar la atención del peli azul. Había tratado de llamarlo varias veces, pero parecía muy concentrado en otra cosa y distraído cuando se trataba de mí. Quería que las cosas volvieran a como estaban antes. Todo había estado bien la noche antes de que llegara la pelinegra… Me había acompañado a dormir como nunca, había sido una noche extraña y melancólica… él se notaba muy melancólico. Y a la mañana siguiente llega Haruna.
Cada vez que quiero pasar tiempo con él, no puedo porque está con ella o porque está ocupado. Hace una semana era diferente. Él me buscaba, y aunque no hablara mucho, me había acostumbrado a su presencia y que a veces me molestara. Aunque por otro lado me siento aliviada, esa noche que se había quedado conmigo se había sentido rara, no era como todas las noches. Y ahora cada vez que estaba conmigo, que era muy, muy poco tiempo… me estremecía con su tacto o me alejaba de él. No sé si por eso también se haya alejado ahora él. Tal vez yo sola tenía la culpa de que se estuviera alejando de mí.
Cada tacto me hacía estremecer, todo después de esa noche, estando echados los dos en esa cama… Todo había sido tan tranquilo, me gustaría que volviera a pasar pero dudo que me comporte de la misma manera. También dudo que vuelva a pasar pero…
No, necesito concentrarme… mi pasado, eso es lo que tengo que averiguar, mi pasado es lo que más importa ahora.
– ¡Amu-chan!
El tono de voz que usó me sonaba a que había estado insistiendo desde hace rato con el llamado.
Me levanté sin perder más tiempo porque, si no había escuchado mal, había reconocido esa voz.
Su cabello largo estaba suelto y la brisa de veraniega provocaba que se movieran sus mechones rubios libremente. Tenía puesto unos shorts blancos y un blusa de manga larga celeste casi blanco. Sandalias blancas que llevaba en una de sus manos, caminaba con paso apresurado y al verme trotó un poco. Detrás de ella venían dos de las señoras que trabajaban en la casa, gritando su nombre. Parecían insistir en que tenía que regresar a la casa porque estaba reponiéndose de un resfriado. Su sonrisa me hacía notar que no tenía la más mínima intención de volver a la casa. Al insistir con los gritos la señora Tsukiyomi se volteó y les dijo que me miraran…
Ambas se vieron sorprendidas al verme de pie y creyeron tal vez que me había quedado aquí y no podía regresar.
–Voy a quedarme un rato con ella, ya puede caminar no se preocupen.
Las dos parecieron olvidarse del por qué seguían en primer lugar a Souko y sonrieron amables antes de voltearse y retirarse.
Los pasos de la rubia mayor se hicieron más rápidos en el puente y de un momento a otro ya estaba envuelta en sus brazos en medio de la pagoda. Se sentía su calor corporal llenarme y envolverme en un abrazo maternal. Me elevaba un poco del suelo por la diferencia de estaturas. Me samaqueó un poco y luego me depositó nuevamente en el suelo, para después mirarme de arriba a bajo.
–Felicidades Amu-chan, me lo dijo mi hija–dijo con una sonrisa pura y sincera–. Ahora podremos tenerte en la fiesta.
Sonreí con ella antes de que me abrazara nuevamente.
–Me alegro mucho, mucho… todo está yendo bien…
Pensé por un momento en curiosear, pues me intrigaba que más estaba yendo bien, pero parecía que había pensado en voz alta más que nada. Por lo que callé y me limité a corresponder a su gesto.
–Por cierto… tengo que presentarte a alguien–dijo mientras su mirada se dirigía a por donde ella había venido.
Mi vista se topó con una mirada azul zafiro a lo lejos, sus cabellos índigos tapaban parte de su rostro y ciertamente lo confundí con el primogénito. Pero su figura se veía más madura, vestía una camisa negra a juego con su pantalón y parecía que también sus zapatos. Totalmente diferente a como vestía la señora que estaba a mi lado sosteniéndome fuertemente la mano. El señor se acercaba a paso lento hacia nosotras, aún se veía lejos, pero de hecho que esos ojos podría distinguirlos a distancia.
– ¿Es muy guapo, no crees?–preguntó mirándome con una sonrisa, sus mejillas se habían teñido de un leve carmín.
Asentí con algo de vergüenza, recordando vagando un foto de la casa de Utau.
–Ikuto se parece mucho a como era él a su edad–dijo sujetando más fuerte mi mano a medida que se acercaba a lo lejos el peliazul.
Y eso no lo dudaba porque aquel hombre se veía como un Ikuto más maduro, como el de la foto.
Finalmente podía verlo mejor, semejante a Ikuto, una versión mayor de él, de la misma estatura tal vez y tenía el mismo efecto. Su mirada azulina provocó que me perdiera por un momento pero a diferencia de la pícara de Ikuto esta se notaba cansada.
– ¿Y quién es nuestra invitada?
El tono de voz grueso y calmado provocó que saliera de mi transe.
Las manos de Souko se posaron en cada uno de mis hombros y me empujó un poco hacia adelante.
–Es una amiga de Ikuto-san–dijo apoyando su cabeza encima de una de sus manos que estaba en mi hombro–. Su nombre es Amu.
Extendí mi mano para poder saludar como cortésmente había visto que saludaban algunas visitas de la casa. A lo que el sonrió ladinamente y con sutileza y elegancia sujetó delicadamente mis dedos con su mano y depositó un casto beso en mis nudillos.
–Mucho gusto, mi nombre es Tsukiyomi Aruto–dijo soltando mi mano sin quitar la sonrisa de su rostro–, espero que la estadía en mi humilde casa esté siendo de tu agrado.
No era difícil saber que él era la cabeza de esta familia, el parecido entre él y su hijo era realmente increíble. Así que mi sorpresa no era realmente por enterarme que quien tenía delante era padre de Ikuto y Utau, si no por verlo a él. A quien había mencionado Kukai y los Hotori en alguna ocasión.
Asentí tontamente sintiendo como mis mejillas enrojecían.
–Mu-muchas gracias, Tsukiyomi-san.
Su sonrisa permaneció por unos segundos y luego miró a quien yo tenía detrás para suspirar, dejando esta vez una sonrisa más enternecedora.
–Souko–llamó antes de que ella me soltara–, tengo entendido que están por servir el almuerzo y tenemos cosas por hacer–dijo extendiendo su mano hacia ella, quien la tomó lentamente–. Si nos disculpas–dijo mirándome a mí–, nos iremos adelantando… Además parece que alguien está viniendo por ti.
Esta vez asentí confundida y después me quedé mirando como se iban, cruzaban el puente pero no tomados de la mano. Ella se sostenía de uno de sus brazos y así se alejaban… Ahora sabía a qué se refería Aruto. Aún a lo lejos podía notar una figura parecida a la que momentos antes había tenido delante de mí. A diferencia del mayor, él se acercaba rápidamente y algo en su expresión me hacía pensar que estaba asustado.
Al acercarse más noté que su ceño estaba fruncido pero en sus ojos se distinguía algo más.
–Amu, quédate allí–dijo estando ya en el principio del puente.
Y estaba otra vez, él preocupándose por mí. Ni unas felicitaciones ni una sonrisa ni un "hola, ¿cómo estás?". Sólo ese tono autoritario que utilizaba a veces en mí cuando le molestaba –según él-mis imprudencias.
– ¡No!–dije sorprendida de mi misma, volteando a mirarlo, estaba al final del puente.
Sus ojos se abrieron más de lo normal y sus facciones me dieron a entender que se encontraba sorprendido.
– ¿No me ves?–pregunté sonriendo–. Ya camino…
–Sí–dijo aún con una expresión seca–, ¿y desde cuándo? Hoy… Todavía estás débil Amu no puedes—
–No… sí puedo–dije acercándome a él–, ya no más estaré sentada–dije deteniéndome justo al frente de él–. Ahora estoy de ti… Más cerca.
~Bonus~
El día estaba oscureciendo y el horizonte se pintaba de naranjas, rosas y violetas, se asemejaban a las pinturas de acuarelas de mi madre. Yo me disponía a seguir con mi tarde tranquila, pasar un rato por la habitación de mi huésped incógnita, para ver si despertaba y para ponerle vendas nuevas. Dejaba a su herida respirar un poco para que pudiese ir cicatrizando, también le quitaba el suero de rato en rato. No estaba seguro de lo que haría cuando despertara pero iba a ser mejor cambiarla mientras ella no la viera. Pues si la recordaba, aún estaba abierta y hasta no más de unos días había comenzado a cicatrizar un poco, pero tendría que limpiarla antes de que se infectase. Un vaso de agua, sólo baje por un vaso de agua y tocaron el timbre. Ver a Nagihiko con una sonrisa no me hizo feliz en absoluto, lo quería mucho aunque me costase admitirlo pero… estaba molestándome mucho con todo esto. Pero sabía que sentía muy solo últimamente así que no me quedaba otro remedio, además de que yo también me sentía igual.
— ¿Está aquí?—preguntó mientras entraba.
—Si claro, entra, bienvenido—dije sarcástico mientras le daba un sorbo a mi vaso.
Sonrió.
—Entonces si está aquí—dijo mientras se sentaba en el sillón más cercano—. ¿Qué planeas hacer?
—Todavía no despierta—dije mientras dejaba el vaso en la mesa ratona—. Dudo que lo haga, el golpe que se dio fue fuerte y que la sacáramos de ese hospital no fue lo mejor.
Dudó por unos segundos y luego se puso de pie.
—Tu mismo dijiste que no seguiría mejor con esos tratos y la sacamos de todo eso… Además… fue la última voluntad de Nadeshko, su última amiga.
—Lo siento.
Negó, provocando que su cabello largo se moviera ligeramente.
—Hay algunas cosas de Nadeshko en el cuarto de Tadase… así que… Me tengo que ir de viaje.
—Sígueme—dije mientras subía las escaleras y lo guiaba al cuarto del rubio.
Había cumplido ya unas tres semanas en esta casa, no quería estar en la mía porque me recordaba a Nadi y Nagi había decidido volver a Japón permanentemente. Estaba en casa unos viejos amigos ahora y hacía no unos meses lo del accidente, después de eso la idea de Nagi y ahora soy enfermera. Era increíble que los dueños de la casa hubiesen aceptado este capricho mío, refugiarla aquí. Pero era, como había dicho ahora el único heredero de los Fujisaki, su última voluntad.
Cuando llegamos al cuarto del menor de los Hotori, no sorprendió el hecho de que todo estaba ordenado. Tadase ya me había dicho donde había dejado las cosas de Nadeshko por si ella las quería alguna vez. Lástima que ella ya no está aquí para recogerlas por sí misma. Le entregué la caja a Nagi y ahí me percaté de la pulsera que tenía en la muñeca. Era con lo que su hermana se sujetaba el cabello.
— ¿Qué harás cuando se despierte?—preguntó mientras salía de la habitación, hice lo mismo y cerré la puerta cuando salí.
—Supongo que la cuidaré hasta que esté bien—dije intentando no pensar mucho en ello—, después la llevaré con sus padres-
—Así que la vas a cuidar—dijo burlón, dejando la caja cerca a las escaleras, poniendo énfasis en cuidar.
—Quien sabe.
No tenía claro lo que haría, siendo sincero, la culpabilidad me había llevado al hospital aquella tarde y verla en ese estado había provocado que me sintiese peor. Ella estaba así por mí, su pierna estaba mal, la izquierda no tanto como la derecha, felizmente no tenía fracturas ni lesiones. Pero si que había sido fuerte el golpe de la viga. Sacarla del hospital no fue la idea más sensata que he tenido definitivamente, pero todos parecían de acuerdo. Porque fue su última voluntad.
—Lo que yo haga te debería importar poco—dije apoyándome en la puerta que estaba detrás de mi.
— ¿Por qué te amargas? Sólo es un comentario—dijo divertido.
—Tsk.
Abrió la puerta en donde estaba apoyado, para que me cayera, pero no contó con que parara bien. Me miró con desaprobación y luego fijó su mirada en el interior del cuarto. Fue cuando recordé en que cuarto me encontraba exactamente.
—Tu chica despertó—dijo mirándome socarrón.
—Cállate.
Cuando la miré sentí su mirada diferente, perdida, sin el brillo que había distinguido esa tarde, su estado no era el mejor tampoco. Estaba con una de mis camisas y con las piernas cubiertas por las sábanas. Se mantenía apoyada con sus manos detrás de su cuerpo, que parecían flaquear un poco, se debía al suero, se lo había quitado hacía unas horas. A pesar de que eran su único alimento durante su inconsciencia no me convencía. Por un momento pareció querer levantarse, pero parecía que a penas podía con su propio peso.
—Si haces eso, te vas a caer—dije intentando no sonar brusco, ya que el tono usual de mi voz suele causar un cierto efecto ante personas más pequeñas.
—Claro, a ella le hablas bien y a mi tu amigo de la infancia le hablas mal—dijo irónico.
— ¿No tenías que tomar un avión?
Se quedó callado por unos instantes. Luego caminó hacia las escaleras, levantó la caja y bajó con velocidad. Gritó un adiós antes de cerrar la puerta tras de él. Sonreí ante la peculiaridad de mi amigo, parecía seguir teniendo cierto temor ante mis palabras.
Suspiré cansado y comencé a pensar que haría de ahora en adelante con mi huésped, no podía tenerla todo el tiempo. Menos si se daba cuenta de quien era yo.
Mis ojos se abrieron al notar que estaba algo inquieta, parecía querer levantarse, pero en su estado era imposible.
—No lo hagas sino te quieres asustar—dije tratando de sonar lo más sereno posible.
—Pero quiero pararme, me siento inútil en una cama—dijo como berrinche, sus mejillas se habían teñido de un leve carmín.
— ¿A dónde quieres ir?—pregunté al notar que no daría marcha atrás respecto a su repentina idea de levantarse, aunque era comprensible que quisiese ello después de tanto tiempo dormida.
—No lo sé—dijo golpeando ligeramente a ambos lados de ella –el colchón-, no pude evitar sonreír con diversión—, pero no pienso estar sentada un minuto más—dijo mientras agachaba su cabeza, haciendo que la luz del pasadizo iluminara no lo sólo su rostro si no sus cabellos que brillaba un poco, de seguro que no había sacado todos los vidrios.
Se quitó las sábanas sin mirar y puso sus pies sobre el suelo. En ese momento vi esa herida en su pierna, la sangre todavía estaba fresca, sería imposible que pudiera ponerse de pie así. Pareció estremecerse por unos instantes y luego se impulsó para estar de pie. Mala idea, comenzó a balancearse. Atiné por ponerme debajo de ella y que cayera sobre mí, sentía como su peso había disminuido en estas tres semanas.
—Que terca eres niña.
La tome en brazos y pareció tensarse. Tal vez había recordado quien era.
— ¿Recuerdas lo que paso?—pregunté no pudiendo aguantar más las dudas de saber si aquel accidente había provocado algo en su memoria.
Por un momento su mirada pareció perderse en algún lugar, pareció asustada, como si estuviese tratando de lograr algo imposible para ella.
—Mi nombre es Amu, tengo 18 años—dijo mirándome a los ojos.
De hecho esas dos cosas yo ya las sabía, era lo último que me dijo Nadi.
— ¿Recuerdas tu apellido?
—No—dijo temblando ligeramente.
Sólo atiné a abrazarla, ella escondió su rostro en mi pecho y comenzó a llorar. Hace mucho tiempo que no escuchaba llorar a una mujer, tal vez el sentirme débil ante esto provocó mi acción pero así fue.
—Tranquila… ya lo recordarás—dije sintiéndome más culpable de lo que ya me sentía.
Aunque al menos ahora me sentía de ella más cerca.
Gracias por leer ^^
Attn. Kiriha-chan
