(Versión original - adaptado: 02/02/2015)

Dato: -&.-Esto es para empezar un recuerdo. -.& -Y esto para terminar.

Shugo Chara! © PEACH-PIT (#Respect)

Sólo el personaje de Haruna es creado, mayor información revisar en mi perfil y dar click al link. Además, de no ser lo suficientemente buena detallando los vestidos, revisar también en mi perfil y dar click a los respectivos links.


Hitman
'Capítulo 5: Broche de Oro'

Una melodía se escuchaba en todo la casa, era música clásica. Se escuchaba bien.

Habían personas por todos lados vestidas elegantemente, hablando en grupos con copas en las manos. Parecían entretenidos hablando, pero no lo reconocía del todo, sus rostros se veían serios. El idioma no lo sabía, sólo estaba segura de que no era japonés. Y no todos hablaban igual, se desenvolvían algunos amenamente y otros no tanto. Otro gran grupo estaba bailando tranquilamente, aplaudiendo cada vez que la banda terminaba de tocar. Y volviendo a sujetar a sus parejas cuando comenzaban otra vez. A Kukai no lo había visto desde hacía ya un buen rato. Por otro lado Souko-san y Aruto-san no habían bajado aún, según el castaño es una tradición que los anfitriones bajen al último. Tal vez no todos los presentes lo hayan notado, pero hay unos hombres vestidos completamente de negro y con lentes oscuros. No están en grupos, sólo observan, supongo que es… ¿seguridad? Están dispersados en los alrededores de la gran casa, nadie parece tomarles importancia.

Yo simplemente, seguía sentada en el sofá blanco con un cojín rosa pálido –igual que mi cabello- encima de mis piernas. El vaso de cristal de entre mis manos se encontraba vacío, estaba así desde hacía ya un rato. Sólo que me daba pereza tener que bajar para pedir otro, así que me senté a esperar que mi flojera se fuera, de eso ya unos… ¿40 minutos? Se me había quitado la sed hacia ya un buen rato, ahora estaba aburrida. Y no es que antes no lo estuviese, pero al menos antes estaba caminando, viendo cada detalle de la casa. Pero los zapatos de taco siete que iba a usar me habían cansado un poco en la tarde cuando me los probé. Así que como ya entenderán… no es cosa de pereza, si no de dolor. Cuando Ikuto me escuchase decir eso, pondrá una tremenda mueca de: Te lo dije. Y Utau recibirá una reprimenda de las buenas, aunque es total y plenamente culpa mía. No estaba en el primer piso por esa misma razón, cuando el peliazul se enteró de que quería usar tacos se molestó. No gritó ni nada, pero su tonó de voz fue tan demandante y cargado de preocupación que me hizo sentir una gran impotencia. Y sin pensar le dije que no bajaría y estaría encerrada si yo tanto le preocupaba. Él con su tono de superioridad me retó diciendo que no aguantaría tanto tiempo sola y aquí estoy: sola. Ni un alma se ha acercado, a excepción de Kukai que me trajo el vaso de agua.

A decir verdad ni siquiera me había cambiado, era otra de las razones por la cual sigo arriba. Bajar con un vestido de dormir no es recomendable para una fiesta de gala. Por eso no iba a bajar… Había retado a Ikuto, no estaba cambiada y no quería ponerme los zapatos.

Gracias a Kami-sama que ya no me dolían los pies ahora.

–Amu.

Me giré hacia la puerta y distinguí la figura de Utau.

Tenía puesto un vestido negro, que se entallaba hasta su cintura, después tenía algo de vuelo. Sus cabellos se sujetaban como siempre sólo que los había ondeado un poco. Se veía un poco más alta por los zapatos, taco nueve, que llevaba puestos.

– ¿Enserio no piensas bajar?–preguntó acercándose a donde me encontraba.

–No, estoy cómoda aquí–dije sonriéndole sinceramente.

En realidad me sentía a gusto donde me encontraba, pues en el cuarto en donde yo estaba había un amplio balcón, que me dejaba ver todo sin tener que asomarme. Sólo dejé las cortinas abiertas y las puertas de este abierto para divisar todo. El sofá blanco lo había arrimado hacia un poco antes de salir al balcón y me dejaba ver todo. Las luces del cuarto estaban apagadas por lo que nadie miraría hacia aquí.

–Ikuto es un tonto Amu–dijo de repente, sentándose en el filo del sillón tomándome de las manos–, es muy orgulloso siempre y no quiere que alguien más sea la última palabra… No creerás que te dijo eso enserio ¿o sí?

"De todas maneras tu presencia es irrelevante"

Suspiré amargamente y me hundí en mi lugar. Eso me había dolido.

–Últimamente me estoy cansando de la sobreprotección… Me gusta que se preocupe pero no soy de porcelana.

–Te entiendo–dijo poniéndose de pie–, aunque si vas a ignorarlo al menos deberías bajar–dijo antes de cerrar la puerta tras de si.

No quería bajar, no estaba entre mis planes hacerlo, yo quería que cierta persona se disculpara… Sé que no debería exigir nada puesto que me están dando hospitalidad y debo de estar causando más trabajo del necesario. Pero no puedo estar bien si es de esta manera. Todo había estado bien antes o tal vez había estado igual y yo recién me percataba.

Mi vista se posó nuevamente en la fiesta, las personas comenzaban a guardar silencio de un momento a otro. La banda también dejó de tocar y los meseros ya no iban de un lado a otro. Aunque se escuchaban aún algunos murmullos. De pronto la atención la acapararon tres parejas, una de ellas eran Aruto y Souko. Llevaba un traje blanco y una corbata negra. Si yo pensaba que el negro era su color, pues con el blanco me quedaba sin palabras. Souko iba de negro, su vestido era de manga corta y era largo tapando sus pies, pero no pegado, al menos no de la cintura para abajo. En el medio la tela negra se habría en dos dejando ver bastantes capas de la misma tela en blanco. Parte de sus cabellos iban sujetos en una media cola, sostenida por un moño blanco. Era un estilo más gótico pero el contraste con su piel hacía verla como una muñeca de porcelana. Después estaban Utau y Kukai, el castaño iba con una camisa negra y pantalones y chaleco blanco, al igual que su corbata michi. Su cabello tan desordenado como siempre y los piercing en sus orejas le daban un toque rebelde, realmente se veía atractivo. Utau a su lado no desentonaba, su vestido se notaba más a la luz, Se amarraba con un lazo al final de su nuca, el vuelo de la tela de seda parecían ser por las capas y capas de tul negro debajo de esta. Y por último estaban Ikuto y… Haruna, él al igual que su padre tenía puesto un traje blanco, a diferencia de la camisa que era negra como la de su cuñado, su corbata también era michi. Y al igual que su padre su imagen me dejaba sin palabras. Haruna también llevaba un vestido negro pero más simple, aunque se ajustaba a su figura parecía hecho a medida. A diferencia de los de las Tsukiyomi, sus hombros iban cubiertos de encajes negros y tenía vuelo que le llegaba más arriba de las rodillas. Su cabello negro iba sujeto a un lado con una diadema de rosa que brillaba como un zafiro. Hacía juego con sus ojos y los de su… pareja.

El señor Tsukiyomi dijo unas palabras a las que no pude prestar atención porque había una imagen de la que no podía apartar mis ojos. Parecía estar murmurando algo con su acompañante pues había inclinado un poco su cabeza y ella miraba hacia arriba. Una vez que la cabeza de la familia terminó su discurso todos se dispersaron nuevamente y comenzaron a bailar.

Excepto el par que tenía mi atención. Parecían estar hablando de algo muy entretenidos pues ella no paraba de sonreír. Ahora que la veía era muy bonita, parecía ella sí, tener el cuerpo de una modelo. Estatura perfecta, cuerpo perfectamente equilibrado. Perfil de deportista y nariz respingada. Sus pies también parecían de princesa, tal vez fuese por la distancia desde donde yo la veía o tal vez no, pero… se veían pequeños como los de Cenicienta.

No sé por cuánto tiempo la estuve mirando y no me había percatado de ella también a mí, fue cuando miré sus ojos celestes que me di cuenta. Sentí mis ojos abrirse desmesuradamente por la sorpresa y comencé a mirar a todos lados, la miré nuevamente y ella estaba sonriendo. Al mirar a Ikuto me percaté de que él no se enteraba de nada y de un momento a otro ella comenzó a caminar en dirección a donde miraba. Me brindó una última mirada antes de desaparecer de mi vista.

Un escalofrío me recorrió completa y automáticamente cerré los ventanales del balcón y moví como pude el sofá blanco hasta su sitio. Me lancé a mi cama y me tapé con el edredón blanco lo más rápido que me dio el cuerpo.

No calculo cuánto tiempo estuve echa un ovillo pero no fue mucho cuando oí que tocaban la puerta de la habitación en donde estaba. Al final no sé por qué estuve tan asustada si me pare y abrí a penas tocaron.

No me sorprendí mucho al ver quien estaba delante de mí.

–Creo que no nos hemos presentado correctamente…

Su voz era suave pero fría, como filosa y seductora, pero había algo dulce entre todo ello.

–Mi nombre es Haruna–dijo extendiéndome su mano–, Amu, ¿verdad?

Asentí tomando su mano con algo de desconfianza. Entonces noté que en el otro brazo llevaba colgado una prenda de un rojo oscuro y unos zapatos de taco del mismo color.

– ¿Puedo pasar?–preguntó empinándose.

Moví mi cabeza de arriba hacia abajo efusivamente antes de hacerme a un lado. El cuarto pronto se inundó de un aroma sencillo pero atrayente. El perfume que usaba no parecía ser barato.

–Quiero ayudarte–dijo una vez dentro–, pero si es que tu me lo permites…

Ladeé la cabeza un tanto confundida y luego oí como suspiraba.

–Prende la luz y cierra la puerta.

Hice lo que me dijo y cuando me volteé tenía la tela, que antes vi en su brazo, extendida. Era un vestido corto y parecía hecho a medida por el tamaño.

–Me dijo alguien que no ibas a bajar porque eras orgullosa, pero… quiero que le demuestres que puedes TÚ aplastar el orgullo de él… No sé si me dejo entender.

–Si… creo.

–Entonces… Necesito que te pongas esto–dijo agitando la prenda que tenía sujeta sus manos.

–No sé si deba-

–Sí, debes–dije lanzando el vestido a la cama y acercándose a mí–, no sabes lo que me gustaría verlo sorprendido.

Y después de estas palabras me ayudó a desvestirme completamente.

El vestido sorprendentemente me quedaba a la medida, alguien se había empeñado en tomarme medidas sin decírmelo. Algo que me asustaba, pero me sentía feliz por algo de mi talla. Tenía corset por delante y cuello en "U", era más abierto de lo que parecía. O tal vez se debía a que era algo plana. Tenía un moño en la parte de abajo del cuello y alrededor de este iba un bordado color perla. Las mangas cortas se abultaban en bobos ajustándose a mis brazos, el vestido en sí se ajustaba a mi cintura sin molestarme. Me hizo un lazo en la parte de atrás de la cintura con una cinta más gruesa. Y el corset delantero, lo que sobraba lo cruzó debajo de mi cuello y lo amarró en mi nuca. Los zapatos parecían nuevos y, al igual que el vestido, mis pies encajaban perfectamente. Brillaban como la manzana de Blancanieves. Y en la parte superior iban dos lazos color perla.

–Siéntate–dijo señalando el sofá blanco.

Me senté como me dijo y después sentí que comenzaba a trenzar mis cabellos. Solo de un lado, y los dejaba trenzados pero pegados a mi cabeza. Luego los sujeto en una media cola con otros mechones del otro lado.

–Hmm…–pareció examinarme por un momento y luego negó–Necesitaré maquillaje.

Abrí y cerré los ojos un par de veces, como ella me indicaba, al igual que mi boca por la cual pasó un líquido que desprendía olor a fresas. Sentí que pasaba algo por todo mi rostro primero, luego mis párpados, mejillas, labios, me delineó los ojos y rizó las pestañas.

–Perfecta–dijo depositando un beso en mi mejilla, lo que logró que me sonrojara–. Mírate tu misma–dijo sonriéndome divertida al ver mi expresión.

Me puse de pie con dificultad y caminé con ella tomando mi mano.

La imagen que me dio el espejo de cuerpo completo era encantadora, me costó por un momento aceptar que esa joven era yo. Mi cabello que fue algo que me gustó, tenía tres trenzas pegadas a la cabeza que estaban sujetas con una rosa blanca con brillos rojizos en las puntas. Y mi cerquillo lo había puesto para el lado contrario de las trenzas. El maquillaje no era mucho como creí que sería y atrevo a decir que había quedado como ella dijo: Perfecta.

–Oh. Falta esto–dijo levantando una pulsera plateada–. Es un regalo de mi parte esta de aquí–dijo sujetándola a mi muñeca rápidamente.

Eran dos corazones brillantes como mis zapatos que no desentonaban del vestido, atados a la cadena de anillos platinados.

–Yo no–

–Sólo di gracias, eso me basta, ahora vámonos–dijo sujetando mi mano y comenzando a caminar–. Ya quiero ver su cara.

Salimos de la habitación y mi corazón comenzó a palpitar rápidamente en mi pecho. Me sentía extrañamente nerviosa. Todo comenzaba a darme vueltas y sentía que mis pies me fallarían.

–Tranquila te vez muy bonita–dijo antes de bajar las escaleras que daban a la puerta principal, lado contrario de donde estaban reunidos los invitados–. Sólo falta el toque final…

Comenzamos a bajar despacio las escaleras, parecía ella haberse dado cuenta de que me encontraba muy nerviosa. No me soltó la mano tampoco mientras bajábamos los escalones. Sólo cuando ya estábamos casi en los últimos escalones me percaté de que había alguien conocido al final de las escaleras. Quien me extendió su mano con una sonrisa en el rostro. La tomé insegura y así bajé las escaleras.

–Tal vez no me recuerdes… Ikuto no nos llegó a presentar.

El tono de su voz también me pareció familiar y sólo entonces recordé cuando desperté en casa de los Hotori. Cabellera larga, de un azul más rojizo, dándole un tono más violeta a sus largos cabellos; estaban sujetos con un listón rojo. Vestía un traje negro con finas rayas blancas verticales: chaleco y pantalón. Camisa del mismo color que mi vestido y corbata negra igual que sus zapatos.

–Permíteme entonces–dijo Haruna detrás de mí, dirigiéndose al de cabellos largos–. Nagi, ella es Amu, invitada de Ikuto–dijo con una sonrisa–. Amu, ella… digo él–dijo entre risas–, es Nagihiko, amigo de la infancia de Ikuto… junto conmigo somos sus mejores amigos–dijo sonriendo ampliamente–. Él será tu pareja por esta noche.

–Un gusto Amu-chan–dijo sonriéndome nuevamente.

Su sonrisa era tranquila y me contagiaba alegría, por lo que no pude evitar sonreír.

–Digo lo mismo.

–Ahora vamos para el jardín de atrás.

Recién pasaba por el salón, había una banda tocando casi al final de este, parecían músicos muy conocidos o eso es lo que murmuraban algunos. Había gente bailando en el salón y algunos otros en la pista sobre el jardín de la parte de atrás. Todo iluminado, tanto adentro como afuera. Sólo que afuera parecía que se habían empeñado más. Los toldos que cubrían parte de las mesas y la piste de baile era color perla como bastantes de las flores en los floreros distribuidos simétricamente alrededor. En cada mesa, el mantel combinaba y las sillas también. No parecía haber ningún parlante en ningún lado, tal vez eso hubiese arruinado el ambiente.

–Souko se pasó esta vez, ella es un genio cuando de decoración se trata.

Me quedé sin palabras... ¿cómo una mujer podía ser tan perfecta? Sabía cocinar muy bien, sabía las palabras perfectas que decir y lo necesario, sabía pintar con acuarelas y carboncillo, sabía tocar el piano y era la madre perfecta. En definitiva Aruto tenía un tesoro entre sus brazos.

–A todo esto… ¿dónde está este sujeto?

Las palabras de la pelinegra me hicieron buscar a los alrededores, sin encontrar a alguna persona que se me pareciera al nombrado.

–Yo lo iré a buscar ustedes espérenme aquí–dijo ella antes de perderse entre las personas.

Entonces mi vista se posó en la pista de baile, todos parecían apartarse y mi vista se posó en el centro donde estaban los dueños de la casa. Los aplausos se escucharon retumbando en todas las esquinas y por acto reflejo yo también aplaudí, cuando los aplausos acabaron la pareja comenzó a bailar acompasadamente el ¿vals? La música era lenta y algunos parecían conocerla muy bien pues se pusieron a bailar nuevamente, mientras que la pareja parecía hacía lo suyo. Se veían coordinados y conectados de alguna extraña forma, se veían muy bien juntos.

–Amu-chan…–llamó Nagihiko captando mi atención, seguía de pie a mi derecha y con una mano extendida– ¿bailas?

Sonreí no muy convencida y tomé su mano algo dudosa, caminé junto con él a donde estaban bailando algunas personas. Suspiré rendida mirando a mi alrededor.

–Te advierto que no… me acuerdo como bailar… y algo en mi dice que tampoco era buena sabiendo como moverme…

–Descuida, yo sé que te dejaras llevar, ¿me permites?–dijo extendiendo su mano con intención de ponerla en mi cintura, asentí ligeramente. Tomó con una de sus manos la mía y con la otra me tomo de la cintura pegándome a él, movió su hombro un poco y supe que tenía que poner mi mano este y así comenzamos a bailar.

Miré como movía sus pies lentamente y me indicó para que hiciera lo mismo, no fue complicado seguirlo, y poco a poco ya estábamos acompasados. No era tan difícil después de todo, o tal vez él era bueno guiándome. Aunque por precaución yo seguía mirando mis pies para no perderme ni mucho menos terminar pisándolo. Me hacía girar un par de vez, me soltaba y me hacia girar para volver a sujetar mi cintura, me miró con una sonrisa y yo se la devolví.

–Viste que no bailas tan mal–dijo antes de girar ambos, volví mi mirada al piso, sintiendo que había dejado de mover mis pies como él.

–Eso creo–dije antes de que la canción acabara, nos detuvimos y al separarnos aplaudimos a la banda como todos a nuestro alrededor.

Otra canción comenzó y Nagi pareció algo disgustado, balanceó un poco la cabeza y me miró y luego a la multitud. Seguía tomándome de la mano por lo que creí que seguiríamos bailando, pero al pasar unos segundos parecía que no sería así.

– ¿Pasa algo?

Chasqueó la lengua antes de suspirar.

–Sé que recién has comenzado a caminar y este vals es algo diferente y si mal no recuerdo tengo que-

Se quedó en silencio mirando como las personas que bailaban a nuestro alrededor pasaban dando vueltas divertidos, en un momento los hombres levantaron a las mujeres en el aire sujetándolas por la cintura y luego las depositaron en el suelo para volver a girar y girar y…

–Eso–dijo señalando la acción.

Sonreí y tome su otra mano divertida, quería intentar eso… Sólo esperaba no pesar mucho.

– ¿Segura de esto?–preguntó antes de comenzar a girar conmigo.

Sonreí mientras otra vez ponía mi mano en su hombro y mano respectivamente. Él sonrió conmigo para después sujetarme de la cintura y elevarme por los aires, depositándome en el suelo nuevamente.

Ciertamente no recordaba que bailar era tan divertido, al menos este tipo de baile.

Seguimos bailando y en una de esas nos topamos con Souko y Kukai, quienes parecían estar divirtiéndose. Kukai me miró y me brindó una sonrisa al ver que yo también me divertía. Ellos parecían estar pasándola muy bien, se divertía haciendo que Souko riese en los aires. Le devolví la sonrisa antes de que Nagi me elevara nuevamente. Mi vista chocó entonces con la de Utau quien bailaba divertida con su padre, se veía muy alegre y él parecía sentir lo mismo. Entonces cuando me deposito en suelo, sentí que se tensaba ligeramente y se detenía.

– ¿Pasa algo?

El me miró y sonrió con algo de nerviosismo para después volver a girarme y elevarme.

–Alguien me va a matar después de esto–dijo divertido–. Sabía el riesgo que suponía pero creí que estaría mejor.

– ¿Eh?

–Mira disimuladamente atrás tuyo.

Hice lo que me dijo y me fije en que Ikuto estaba bailando con Haruna, quien me miraba divertida, parecía que se estaba riendo de algo en particular. Otra vez Nagihiko me levantó y al fijarme en Ikuto pude distinguir su mirada asesina sobre mi compañero de baile, al mismo tiempo que Haruna en los aires comenzaba a reír. Me sentí extrañamente feliz, parecía que bailar había sido una buena idea después de todo. Alguien me estaba mirando a pesar de estar con Haruna a su lado bailando.

La canción terminó y todos aplaudimos, al menos fue lo que intenté, pero Nagihiko tomó mi mano y se comenzó a escabullir. Los aplausos terminaron, pero nosotros seguimos caminando hacia la pareja que nos había estado mirando.

–Y bien, ¿qué hacen aquí?–preguntó él con un deje de amargura.

Me estremecí por su tono de voz y por más que quería hablar las palabras no salían de mi boca. Miré a la pelinegra pidiendo ayuda y ella pareció comprenderme.

– ¿Qué pasa celoso?–preguntó desafiante al mayor, él la miró con el ceño ligeramente fruncido, ella se encogió de hombros–. ¿A que no está hermosa? ¿Tú que dices?

Levantó sus cejas y me miró antes de pasear sus ojos de arriba hacia abajo.

–No está mal para ser plana–dijo sonriendo de lado–. Lástima que vinieron al último—

–No pasa nada–dijo Nagihiko sonriéndome, para luego abrazarme por los hombros–. Después de todo–dijo antes de mirarme, guiñándome un ojo–: somos el Broche de Oro.


~Bonus~

Sí, ambas cosas, eso último puedo comprarlo en alguna farmacia pero… tiene que ser hoy… creí que no atendías a domicilio, ¿o ha pasado algo?

–Quien sabe.

No me vengas con tu misterio… Nagi regresó a Japón ayer y no sé porqué tu sigues en esa casa… yo quería vender esta.

–Me parece bien, pero yo haré lo que parezca correcto–dije sin despegar mi vista de la joven que llevaba en mis brazos, definitivamente haría lo que fuese correcto–. Además ya estás en camino.

Así que… quien te acompaña es muy importante, Haruna debe sentirse alagada.

–No está aquí.

¿Quién está allí que tu no puedes venir a verme? Sólo son unas horas de viaje hacia aquí, no puede ser tan lejos con tu auto. Ahora que lo pienso, tu mismo puedes comprar lo que necesites.

–No, por enésima vez, no puedo dejarla sola-dije algo irritado, había estado repitiéndome lo mismo incontables veces en lo que lleva la conversación.

Bien, pero Kukai va conmigo.

–No me importa si vienen juntos o no, sólo quiero que te apures–dije intentando no salir de mis casillas, a veces podía ser tan quisquillosa.

Hablando de juntos… ¿con quién estás? No me digas que la niña del hospital de Osaka…

–Quien sabe…

Ya basta del misterio… ¿Te sientes tan en deuda que no puedes dejarla sola…?

Suspiré rendido, un poco de sinceridad con mi hermana no estaba demás después de todo. Pero cuando quise comenzar con el corto y simple relato, sentí un tirón del cuello de mi camisa. Sus finas manos estaban sujetando el cuello no muy fuerte, sólo para llamar mi atención.

–Ikuto, mira una estrella fugaz–dijo sonriendo ampliamente, mi vista se quedó en aquella sonrisa, era pura, juguetona y sincera. Cuando miré al cielo la estrella ya no estaba pero la sonrisa de la pelirrosa seguía en su rostro–. Las estrellas son muy hermosas.

–Si tienes razón–dije, pero sin poder quitarme su sonrisa de la cabeza, obviamente los diminutos puntos en el cielo también era bello

Lo sabía.

¿Huh?

Me percaté entonces que de que mi hermana seguía al otro lado de la línea.

–Tu no, Utau.

Escuché a la ojimiel reír divertida, parecía que había entendido la confusión de la situación.

En fin… nos vemos dentro de unos minutos estoy por ahí.

Oi como sonaba ese pitido cuando la otra línea colgaba y yo también lo hice, guardé mi celular y sonreí al notar la expresión de mi huésped. Se veía adorable con las mejillas sonrojadas, combinaban con su extraño cabello y resaltaban sus ojos. Era sin duda muy bonita, sólo esperaba poder hacer que volviera a su vida normal. Estuvimos un rato más en el tejado y algo en su expresión me dijo que tenía ganas de comer algo, recién había despertado hacía unas horas era lógico. Su estómago rugió y entre risas entramos al ático por la ventana. Bajé los escalones aún con ella entre mis brazos y la deposité suevamente en el sillón de la sala principal, para después tomar un manta cubriendo sus piernas vendadas. Las había vendado para que no viera sus heridas, pero ahora se estaban manchando de sangre y no era una imagen agradable. Asintió y me dirigí a la cocina a intentar hacer algo. Lamentablemente en la cocina no había mucho para hacer algo de curry, por lo que sólo tuve que tomar lo que había para hacer un omurice. No me demoró mucho puesto que no es algo complicado.

Cuando le llevé el plato ella me lo agradeció mirando la comida, no como hace unos días que parecía que había pasado ya mucho desde que probaba bocado. Al menos comiendo se limitaba a sus preguntas, porque no había parado de preguntarme desde hacía unos días. De no ser porque llamé a Utau seguiría con sus preguntas, que no me molestaban del todo, debo aclarar. Es mas, no respondía a ninguna, pero sabía que seguiría insistiendo y debía estar preparado.

El sonido del tenedor cayendo de su mano llamó mi atención, al notar como con su otra se sujetaba la muñeca de la derecha me preocupé un poco.

– ¿Sucede algo?–pregunté tomando su muñeca con cuidado.

–Por alguna razón me duele mi muñeca…

Entonces recordé el por qué de su dolor y le dije que debió ser algún músculo, algo que no era una mentira, al menos no del todo. Sonreí ante el simple hecho de tener que darle de comer, tomando un trozo del omurice e introduciéndolo en su boca; ella lo mastico lentamente, como si estuviese arrepentida de algo. Cuando terminó de masticar se disculpó por causarme molestias… Sonreí intentando no quebrarme por lo que acaba de decir, sus gestos por alguna razón tenían un efecto raro en mí. Su sonrisa que había descubierto, su sonrojo, el querer protegerla, encargarme de ella ese último día que me escabullí al hospital. No podía soportar verla de esa manera y tuve que llevármela, tal vez fue como vuelvo a repetir: la culpa. Porque era culpable después de todo, pero sentía que había pasado algo más aquella tarde en el accidente. Pues ahora todas sus reacciones me causan curiosidad y de alguna manera me enternecen… Parece una niña pequeña, avergonzada por no poder no lograr las cosas por sí misma. Era interesante.

–Perdón por causarte tantas molestias.

–No te preocupes después de todo… tengo que pagar mi deuda–dije lo último más para mí y seguí dándole de comer.

Después de que ella terminó, me dispuse a lavar el plato y lo demás que había ensuciado. Estaba lavando la sartén, cuando escuché el sonido del timbre, maldije el hecho de estar con las manos llenas de espuma de lavavajillas. Dejé la sartén a un lado y me sequé las manos con la toalla más cercana. Al cruzar la sala y abrir la puerta principal me encontré con Utau. Estaba mirando en otra dirección y cuando se percató de mi presencia me entregó una bolsa negra.

–Sólo tuve que comprar una de esas cosas que sujetan las vendas–dijo cuando yo me encontraba revisando el interior de la bolsa–, ¿cómo está…? Despertó recién hoy, ¿no?

La miré y pude notar su ceño ligeramente fruncido.

–Tenemos que hablar… tu no eres así–dijo negando con su cabeza–, ¿no te ha dicho nada?

–Parece haber perdido parte de su memoria… por el momento sólo no recuerda su apellido ni en la escuela que estudiaba ni como llegó aquí en ese estado…

–Algo de suerte tal vez… Tráela un día, me gustaría conocerla–dijo sonriendo sinceramente–, tal vez podríamos cuidarla todos y no tendrías que seguir cargando pesos tu solo.

–Tal vez no sea necesario…

Ella me miró no muy convencida, pero suspiró al mismo tiempo que se dirigía a la puerta del copiloto. El auto arrancó y yo me adentré en la casa, encontrándome con la mirada curiosa de Amu desde el sofá. Le indiqué que recostara su cabeza y no mirara lo que hacia en ningún momento, ella sólo asintió haciendo caso a mis indicaciones. Me arrodillé en el suelo y quité la manta de sus piernas, descubriendo la venda con la que la había envuelto rápidamente hacía unas horas. Ese había sido un intento desesperado por cubrir una horrorosa herida, pues se veían la sangre viva aún, a pesar de que ya había pasado días desde aquel accidente. Los doctores no habían querido tratarla y con ese cuidado no cicatrizaría completamente nunca. Esa también había sido una razón para sacarla, si bien la herida sanaría, no lo haría al tiempo correcto porque sus glóbulos rojos no estaban trabajando bien. Podía ser esto por diferentes causas, pero había formas de mejorarlo y en el hospital no hacían nada.

Quité ambas vendas delicadamente y las dejé a un lado, con cuidado de que las partes con sangre no tuvieran contacto con la alfombra. Una se había pegado un poco a su piel y se había estremecido ligeramente en el sillón.

–Lo siento.

Abrí la bolsa y vertí algo de agua oxigenada en el algodón.

–Esto te va a arder un poco–dije de pasar el algodón por su pierna.

Un gemido de dolor salió de su boca y su pierna se estremeció por el contacto.

–Perdóname–dije intentando no sonar muy frió, algo que creo no funcionó.

Seguía limpiando la herida que agradecía no se había infectado, había estado limpiándola cada dos días con esta intención.

Cogí otro pedazo de algodón y esta vez vertí algo de alcohol, limpiando alrededor de la herida. Tomé la gasa y corté ligeramente para tener un retazo que pudiera cubrir su herida, lo que quedaba, lo demás estaba cicatrizando mejor desde que salió del hospital. El esparadrapo me ayudo a que la gasa se quedara en su lugar. Esta vez tomé una de las vendas y comencé a girarla alrededor de su pierna. Suspiré al notar que no se había removido después de su anterior quejido. Sujeté la venda con uno de los broches plateados y puse todos los algodones que había utilizado en una bolsa. Hice un comentario para que pudiera mirar ahora, mientras yo solo observaba si había hecho bien mi trabajo. Le pregunté como se sentía, si podía mover mejor su pierna, a lo que ella la levantó. Sonreí y luego tomé otra venda y me senté a su costado tomando su brazo derecho.

– ¿Puedes girarla?–pregunté, ella asintió pero no pudo hacerlo puesto que noté el gesto de dolor en su rostro la detuve. Tomé su mano y comencé a envolver su muñeca con la venda–. Es un simple estirón, en un par de días la moverás otra vez–dije terminando de ponerle el broche a la venda.

Tomé una dos de las curitas y levanté cuidadosa y ligeramente su cabeza. Habiendo despegado una la puse debajo de su mejilla izquierda y otra en su cuello, donde habían unas cortadas algo grandes. Solté su cabeza y comencé a llevarme las cosas que había utilizado.

–Ya pues–dijo a modo de súplica–, tengo curiosidad.

Sonreí respondiéndole con el viejo dicho de: "La curiosidad mató al gato", a lo que ella respondió que no era un gato y correría ciertos riesgos. De hecho no tenía intenciones de hablar sobre mí, pero ella quería conocerme y estaba insistiendo mucho.

–Ok–dije saliendo de la cocina–, pero prométeme que nunca me odiarás–dije sentándome a su lado, mirándola directamente a los ojos.

Sé que estaba mal, porque estaba en todo su derecho a odiarme, pero por más extraño que sonase, sentía que su odio era lo que menos quería.

Ella me miró confundida y parecía que estaba teniendo un debate interno, pero después de que lo prometió yo accedí a que me siguiera preguntando como antes del tejado. Estas eran tan simples como las anteriores. Preguntas como dónde estábamos, también como sabía japonés y luego preguntó sobre por qué estudiaba medicina. Si bien le había dicho que estudiaba medicina la noche anterior y en que año iba, no le había dicho el por qué. Porque por un momento creí que tal vez podría recordarme.

Pero su penúltima pregunta me hizo dudar si responder o no, no me gustaba recordar el día que mi madre casi moría y perdí a mi hermana por diez años. Pero al fin y al cabo ya lo estaba haciendo sin siquiera responderle, por lo que fui sincero y relaté lo sucedido. Sobre mi actitud infantil en el hospital y el doctor que me hizo prometer mi esfuerzo. Cuando finalicé pareció algo conmovida, esa expresión quedaría en mi memoria, sus ojos iluminados con una chispa sincera de ilusión y una sonrisa curvada y perfecta de emoción.

La siguiente pregunta, sobre la salud de mi madre, no quise responderla, no porque se encontrase mal, si no porque me enternecía. No quería que alguien además de los mellizos me vieran débil, así que le sonreí lo mejor que pude. Mientras en sus mejillas aparecía ese tono carmín de antes con más fuerza.

–Basta de preguntas–dije suspirando rendido, había tenido suficiente después de todo–. Ahora, ¿qué quieres hacer?

Le entregué entonces el CD que había encontrado en la habitación de Tadase, el último regalo de la melliza. Este era del 2010 y no había podido escucharlo, mas los títulos de las canciones me llamaban al igual que el género. Ella parecía no entender inglés por la mueca en su rostro, al final terminó preguntándome por el idioma. Algo de lo que me reí quedadamente antes de leerlo y traducirlo para ella.

The Red Jumpsuit Apparatus. Le expliqué que el género tal vez no fuera de su agrado pero ella indicó que realmente quería escuchar, había algo de curiosidad en sus palabras. O tal vez estaba aburrida de ver televisión.

– ¿Cuál es la primera canción?–pregunté para darle play.

–Face Down–dijo tal y como se leía.

Era una buena canción desde luego, pero no creo que si me pide traducirla pueda con el significado nada casto. Presioné el botón para darle a la siguiente.

–La siguiente…–dije mientras lo dejaba en pausa.

–Damn Regret.

Definitivamente no.

– ¿Siguiente?–pregunté dándole al botón.

Me volteé al notar que no respondía, se había quedando mirando el estuche con algo de interés.

– ¿Qué significa your guardian angel?–preguntó mirándome con ojos curiosos.

–Tu ángel guardián–dije recordando con una sonrisa esa canción.

– ¿Puedes poner esa?

– ¿Qué número es?–pregunté antes de poner un dedo en el botón.

–Ocho.

Presioné varias veces el botón y cuando llegué a la ocho le subí el volumen, escuchando la guitarra del comienzo.

– ¿La podrías traducir?–preguntó interrumpiendo mis pensamientos.

– ¿Por?–dije enarcando una ceja

–Me gustaría saber que dice–dijo escuchando como se iba afinando la guitarra.

Cerré mis ojos escuchando la letra, recordando lo deprimente que era.

Suspiré intentando no darle el significado en el que había pensado, la letra era triste en todo sentido y de no ser por ella me podría haber derrumbado con esa canción. La letra hablaba sobre un chico que quería proteger a alguien importante a pesar de todo. Cerré mis ojos sintiendo que tal vez había algo dentro de mí que se sentía movido por la canción. Pronto comenzó a sonar el bajo y la batería, se acentuaran mucho más, la canción estaba por terminar.

El bajo seguía sonando mientras el vocalista hacía que su voz retumbara en toda la sala

–Utilízame como quieras, tira de mis cadenas para deleitarte… y sé que estaré bien, aunque mis cielos se vuelvan grises. Nunca voy a dejarte caer, voy a estar contigo para siempre, estaré ahí a pesar de todo, incluso si salvándote me voy al cielo… Nunca voy a dejarte caer, voy a estar contigo para siempre, estaré ahí a pesar de todo, incluso si salvándote me voy al cielo…

Suspiré antes de dejar caer mi cabeza en el respaldar del sillón, la canción seguía pero repetía el coro interminables veces, mientras la voz se iba apagando. Me disponía a pararme y quitar el disco, pero sentí como alguien pasaba sus brazos por mi pecho.

– ¿Qué haces?–pregunté divertido, mirando como sus facciones se relajaban.

Pude distinguir una sonrisa en su rostro.

–Gracias…–dijo mientras se quedaba dormida en ese instante, haciéndome sentir más miserable de lo que era, porque lo que menos necesitaba de ella eran sus gracias.

Aunque eso hoy había el broche de oro.


Gracias por leer ^^

Attn. Kiriha-chan